martes, 26 de abril de 2016

La canción de la bolsa para el mareo - Nick Cave



Para empezar, aclaremos lo siguiente: este poemario no es un poemario al uso, ni tampoco es tremendamente bueno: pero a los que ya admirasen a Nick Cave por el resto de su carrera artística, seguro que les gustará. Es interesante, o curioso si se prefiere. Y me temo que con Nick Cave no caben términos medios: o le admiras o… le temes (y a los que nos encanta también nos da un poco de miedo).

Nick Cave es un gran compositor de letras y melodías, y su imaginario es tan potente como demuestra en sus discos, o en la espectacular novela de culto “Y el asno vio al ángel”. Pero a este pequeño poemario parece que le falta algo, a pesar de que contenga un buen puñado de imágenes brillantes, e ideas que merecería la pena desarrollar. También está editado con muy buen gusto. Pero da la impresión de que estuviera sin terminar, sin pulir: como si se hubiera entregado a la imprenta demasiado pronto.

La idea de la bolsa para el mareo surgió de una serie de viajes en avión durante una gira: Nick Cave utilizó el papel de estas bolsas para anotar las ideas que se le ocurrían durante los trayectos, y esas mismas anotaciones son las que conforman este pequeño libro, en el que también encontramos reproducciones a color de esas improvisadas libretas.

Hay algo que resulta estremecedor, leyendo el poemario desde la perspectiva de este momento: una idea recurrente que aparece demasiadas veces como para obviarla, dos adolescentes se ponen en peligro en sendos puentes, sin ser conscientes del desenlace fatal que conllevaría una caída desde ese lugar. Al poco tiempo de escribir este libro, uno de los hijos gemelos de Cave, Arthur, murió tras precipitarse por un acantilado en la zona de Ovingdean (Brighton), tras haber consumido LSD, según se publicó meses más tarde.

En la magnífica película documental “20.000 días en la Tierra”, también anterior al accidente, Nick Cave hablaba sobre esta idea y aclaraba que él mismo de pequeño jugaba junto a las vías de un tren, a su paso por un puente. La propia trayectoria de Cave, que también arrastra un pasado marcado por las drogas, parece haber augurado de alguna espantosa manera el infierno familiar que aún le aguardaba, precisamente mientras atravesaba por fin un momento feliz, con una carrera profesional exitosa y una familia que le mantenía alejado de los fantasmas de la religión, de las drogas y de su pasado.


"  Un ángel desplegará las alas y me hablará al oído.

Tienes que dar el primer paso tú solo.

Después el ángel me dará un empujoncito y me enviará hacia lo desconocido.

Tienes que dar el primer paso tú solo.

Avanzo a tientas hacia el borde del mundo.



Por eso, literalmente da vértigo leer este libro ahora. Y aún así, resulta inspirador y  muy brillante en ocasiones, con esos destellos tenebrosos tan propios de Nick Cave. Tanto es así, que si uno ve la película y a continuación lee este libro, o escucha algunas de las canciones… que no se extrañe de que, después, las piernas no le sostengan con toda la firmeza que deberían, o de que la fiebre le aumente unas décimas: esto es el resultado del influjo de Nick Cave, ese hombre cuyo rostro lo conforman otros cien rostros, algunos de los cuales no son humanos.

Nick Cave - foto Rolling Stone, Samir Hussein/WireImage

"  El ayudante del tour manager grita “¡Al escenario!” desde detrás de la puerta y al instante el hielo se derrumba y se derrite y avanzamos por el pasillo y salimos bajo las luces infernales a una atmósfera sofocante, carente de oxígeno. Y mientras ocupamos nuestros lugares en el escenario, invocamos a las nueve musas para que nos ayuden.

Calíope, que ayuda con las baladas épicas,
Euterpe, que ayuda con las canciones tristes,
 Erato, que ayuda con las canciones confesionales,
Clío, que ayuda con los temas antiguos,
Melpómene, que ayuda con las piezas supertrágicas,
Polimnia, que ayuda con las canciones religiosas,
Terpsícore, que ayuda con los temas bailables,
Talía, que ayuda con las canciones divertidas
y Urania, que ayuda cuando la cosa se pone sideral y psicodélica.

Las nueve musas esperan entre bastidores, y cuando las necesitamos, muestran sus acreditaciones y se abren paso a empujones entre los nueve coros de ángeles.

Los serafines, que nos mantienen sexys y espontáneos,
los querubines, que nos impiden hacer cosas demasiado estúpidas,
los tronos, que nos mantienen fuertes y viriles,
las dominaciones, que nos liberan la mente, ¡Adelante!,
los principados, que nos impiden ponernos llorosos y nostálgicos,
las potestades, que nos convierten en pequeños dioses,
las virtudes, que nos mantienen humildes,
los arcángeles, que tratan con los polis,
y los ángeles comunes, que nos mantienen infantiles.

Los invocamos a todos, a todo este ejército de la inspiración, heterogéneo y pendenciero, para que nos infundan con sus rizados bucles las capacidades de combustión y transmutación en el escenario, de modo que podamos empezar, enamorados, y llevar de gira este puto espectáculo.



viernes, 22 de abril de 2016

"Mis cositas", de Déborah Vukušić


recuerdo a mi madre diciendo
"no dejes que te toquen tus cositas
las mujeres se gastan si se dejan"


mamá quiero decirte
ahora que ya es tarde
que los tiempos han cambiado
que muchos hombres han tocado mis cositas
que me he dejado hacer
que me he frotado contra ellos
que me gusta que me gasten
que quiero ser tan fina que me rompa


que me toquen
que me toquen


sólo quiero sentirme viva



A MIÑA COUSIÑA
lémbrome de miña nai a dicir // "non deixes que che toquen a túa cousiña // as mulleres estráganse de se deixaren" // miña nai quero dicirche / agora que xa é tarde // que os tempos mudaron / que moitos homes tocaron a miña cousiña / que me dixei facer / que me esfreguei contra eles / que me gusta que me estraguen / que quero ser fina de me romper // que me toquen // que me toquen // só quero sentirme viva ///

martes, 19 de abril de 2016

Mis propuestas para Sant Jordi


Antes de empezar, aclaremos lo siguiente: en este mar de letras todos los días del año es el día del libro y el día de la poesía; todos los días se mantiene vivo el espíritu de Samhain; todos son buenos para regalar literatura sin ninguna excusa aparente y todos, absolutamente todos hay que celebrar el instante porque nunca seremos tan jóvenes como ahora mismo, ¡brindemos!

Dicho lo cual.

Hay tantos libros donde escoger que puede ser fácil perderse, equivocarse o quedarse sin ideas, no saber qué elegir. No sólo hay un libro adecuado para cada persona, también hay que determinar si es el momento exacto (si no se llega demasiado tarde, si no nos hemos adelantado). Hay libros que me gustan tanto que resultan imposibles de reseñar (cada cual conviva en paz con sus contradicciones). Algunos de ellos están en esta lista que dejo con la intención de que puedan servir de ayuda a más de uno.



Para (eternos) adolescentes soñadores
“La viajera incandescente”, Ana Cerezuela, poesía

“Irlanda”, Espido Freire, novela


Para amantes de los animales
“Mi vida con Potlach”, Inma Luna, novela

“El mar interior”, Philip Hoare, ensayo


Para lectores exigentes de sensibilidad especial
“La casa de la cruz”, Isabel García Mellado, 2016, poesía


“El mundo en el que vivo”, Hellen Keller, autobiografía


Para echarse unas risas (con monóculo)
“Monstruos parisinos” Catulle Mendés, semblanzas

“A contrapelo” Huysmans, novela


Para amantes de lo oculto
“Donde yace Visnú”, Frank G. Rubio, poesía

“Historia de la filosofía oculta”, Alexandrian, ensayo


Para los niños que nos bailan dentro
“Momo”, Michael Ende, novela

“El príncipe destronado”, Miguel Delibes, novela


Para los amantes de los retos literarios
“La niña que amaba las cerillas”, Gaétan Soucy, novela

“Máquinas de amar”, Pilar Pedraza, ensayo


Para amantes y despechados
“Deseo de ser piel roja”, Miguel Morey, novela

“Los enamoramientos”, Javier Marías, novela


Para viajeros
“La tumba de Keats”, Juan Carlos Mestre, poesía

“Aranmanoth”, Ana María Matute, novela


Para excluidos
“El amante lesbiano”, José Luis Sampedro, novela

“Las ventajas de ser un marginado”, Stephen Chbosky, novela



Para inconformistas
“La sociedad del espectáculo”, Guy Debord, ensayo

“Desobediencia civil y otros escritos”, H.D. Thoureau, ensayo


Para los que sienten que han perdido algo
“Siempre hemos vivido en el castillo”, Shirley Jackson, novela

“Circus girl”, Maite Dono, poesía

Para los que no necesitan ninguna excusa
“El nombre en la punta de la lengua”, Pascal Quignard, novela

“El mundo bajo los párpados”, Jacobo Siruela, ensayo


Para los amantes de la luna
“Cuentos de medianoche”, Bram Stoker, relatos

“Sandman”, Neil Gaiman, cómic


domingo, 3 de abril de 2016

"La Abadía de Tintern" - William Wordsworth


El mundo del libro, y sus infinitos matices, me fascina. Los veteranos paseantes de estas aguas lo saben. Hay ocasiones en las que una serie de errores en una edición pueden lograr exasperarme, otras en las que la simple elección de la fuente correcta, o una presentación libre de erratas puede reconciliarme con la vida (por naturaleza tiendo a ser exagerada).

En esta ocasión quiero hablaros de los prólogos. Me fascinan. Ocupan ese espacio inicial tan privilegiado, previo al libro, tan cargado de infinitas posibilidades… y es dramático observar cómo uno tras otro lo desaprovechan, y la pifian. Hay prólogos innecesarios, otros cargados de falsedad y exagerada alabanza (los de escritores “amigos”); también hay prólogos-resumen que sólo te cuentan la trama, hasta el final si hace falta (nunca me han importado los spoiler, es más, creo que la información es poder y siempre quiero saberlo todo, pero maldita sea, para qué me lo cuentas en el prólogo, si he venido al libro para leerlo), en fin. 

Y hay prólogos, como es el caso, que le hacen justicia poética al libro, que lo completan, que lo realzan, que lo sitúan a la perfección en su contexto exacto en el tiempo y en el espacio: que hacen del prólogo, me atrevería a decir, un género literario por derecho propio. Me he emocionado leyendo a Gonzalo Torné en su maravilloso prólogo a Wordsworth: sólo os digo eso.

Es capaz de plasmar a la perfección los detalles del inicio del romanticismo literario en sólo trece páginas (no he hablado de los prólogos interminables, que sólo sirven para lucimiento del prologante y que nadie lee, por cierto); pero además expone con una lucidez apabullante sus propias conclusiones leyendo a Wordsworth (como por ejemplo el por qué hay ocasiones en que hay que leerle al revés, y tiene todo el sentido), también resume los conceptos clave que otros críticos literarios han establecido en relación al autor, las carencias de la poesía contemporánea, el papel fundamental de la Naturaleza en los poemas de Wordsworth y cómo se refleja en el paso de testigo a las generaciones posteriores, etc.: todo, todo, con una lucidez y una elegancia, una querencia por la precisión lingüística que, os lo juro, no sólo reconcilia con los prólogos… es que emociona. De veras, Gonzalo Torné: GRACIAS.

Transcribiría aquí el prólogo exacto, hasta la última coma, pero no quiero apropiármelo, así que dejo solo unos fragmentos:

“Aunque poco traducido en comparación con otros escritores de su rango, el criterio general es que Wordsworth hizo algo con la poesía occidental que no puede ignorarse, de manera que cualquiera que escribe o lee poesía, lo sepa o no, la lee y la escribe wordsworhizada.”

“En estos poemas ambientados en páramos, bajo la sombra de castillos en ruinas, cerca de brezales y pantanos, el mundo ya no se recorre como un cuadro al que el ánimo responde con simpatía o rechazo. No hay adecuación. La naturaleza más bien parece dispuesta como una trampa que hiere a la conciencia para provocarle una crisis que tratará de resolver o mitigar antes de que el poema termine.”

“Wordsworth será considerado con justicia una de las cimas del romanticismo, siempre que usemos la palabra romántico como una pincelada impresionista para referirnos a cientos de personas que, más o menos al mismo tiempo, empezaron a pensar que la correspondencia entre la mente y el mundo, entre las palabras y las cosas, entre la voluntad y el deseo, no era limpia, sino un proceso rugoso, minado de problemas.”

“La brecha que el romanticismo abrió en las creencias trascendentales parece haberse cerrado en una aceptación discreta de la inmanencia. La poesía ha dejado de ser un asunto de mentes afiebradas que flotaban entre la aspereza de la tierra y la dudosa promesa del cielo, para refugiarse en el juego de accésits de las diputaciones provinciales. Cuánto hay de represión histérica en esta política de la mediocridad es una asunto que merecería (aunque quizá sólo convendría) tratarse en un marco más amplio, pero es indiscutible que los poemas del siglo pasado que nadie debería dejar de leer seguían alimentándose de la conciencia desdichada acuñada por Hölderlin y Wordsworth.”

“Wordsworth hizo algo más que escribir poemas como bálsamos para aliviar la herida psíquica que le había inflingido la naturaleza, se pasó diez años luchando contra el mito del desgaste, cada poema ensaya una respuesta, señala un problema nuevo, elabora un matiz o descarta un acuerdo.”

“La poesía de Wordsworth afronta los puntos de fuga de la existencia cuando la belleza del mundo y la intensidad de estar vivo empujan al entusiasmo a una altura donde la conciencia roza el sueño nunca desmentido de la trascendencia. Un estado mental donde considera justa y exacta la idea de vivir más, más, siempre. Wordsworth pertenece a esa clase de hombres para quienes el pensamiento sobre la decadencia personal es algo más que una pasión triste, la oportunidad de disfrutar más intensamente de todo lo que nos será arrancado (todo), un camino seguro para internarse en las regiones extrañas de la melancolía, ese vicio de los entusiastas.”

¿Qué puedo decir después de esto? Yo ahora pienso en un Gonzalo Torné Cicerone esperando en Inverness para darnos la bienvenida a las Highlands.

“La abadía de Tintern”, William Wordsworth, editorial Lumen, febrero de 2010; edición y versión de Gonzalo Torné, eso os digo.

Y ahora, Wordsworth (que habría empalidecido ante una presentación tan a su altura, y se habría sentido muy afortunado, qué duda cabe).


A slumber did my spirit seal;
I had no human fears;
She seemed a thing that could not feel
The touch of earthly years.

No motion has she now, no force;
She neither hears nor sees;
Rolled round in earth’s diurnal course,
With rocks, and stones, and trees.

Un sueño selló mi espíritu;
no tenía miedos humanos;
ella parecía una cosa que no podía sentir
el roce de los años terrenales.

Ahora ya no puede moverse, ni tiene fuerza;
ni escucha ni ve;
gira en el curso diurno de la tierra,
con las rocas, y las piedras, y los árboles.

(1799)

domingo, 27 de marzo de 2016

"El color del tiempo" - Clarisse Nicoïdski


La editorial Sexto Piso ha recuperado una colección de textos que nos llegan como el eco de unas voces muy lejanas. Se trata de la poesía completa de Clarisse Nicoïdski, publicada al completo por primera vez, con traducción de Ernesto Kavi y en edición bilingüe. Todo un lujo. La obra se compone de tres partes principales: una de ellas dedicada a las partes del cuerpo que tienen un lenguaje propio (los ojos, las manos, la boca), es una colección de poemas que data de 1978; una recopilación dedicada a Federico García Lorca y, finalmente, los poemas de la obra “Caminos de palabras” (1980).

Puede que este libro posea más valor por lo que representa que por lo que contiene, es decir, los poemas de Clarisse son el testimonio escrito del idioma sefardí, que procede del castellano medieval y que está emparentado con el hebreo, turco y griego, y por eso, el mero hecho de tener este libro entre las manos es como sostener una pieza de un tesoro ancestral de gran riqueza. Leyendo los textos originales se perciben ecos del gallego, catalán, asturiano, portugués y aragonés, por lo que puede decirse que los poemas poseen música propia.

Los orígenes
Clarisse Nicoïdski (Lyon, 1938 – París, 1996) está considerada como la poeta en lengua sefardí más influyente del pasado siglo XX. Entre su obra literaria, prolija y muy heterogénea, encontramos multitud de novelas, un drama, un libreto de ópera, poesía y ensayo crítico de arte, así como una autobiografía. Según su propia introducción a este libro, su lengua materna era el francés, pero su madre era de raíces italianas y origen Sarajevo, y su padre también criado en Sarajevo; ambos se conocieron en España y fueron a casarse a Francia. Esto nos da una pista de la riqueza idiomática y cultural que asimiló Clarisse en su infancia. 

Cuando aún era joven y murió su madre, se percató de que con ella se perdía también la lengua de su infancia, y es que para los de su generación, la muerte de los padres significaba la muerte de un lenguaje. Así fue como se decidió a escribir estos poemas, para que sirvieran en cierto modo de oración (aunque la autora no creyese en ningún dios: era una superstición personal, algo que sentía que debía hacer por muchos motivos para poder seguir adelante), para que llegasen a su madre como homenaje y para que esa hermosa lengua que ella le había enseñado no se perdiera. En su idioma, esto se denominaría un kadish, es decir, una oración que se canta por los muertos.

Las diferentes lenguas que todos sabemos
El poemario se encuentra dividido en tres títulos principales, uno de los cuales hace referencia a partes del cuerpo humano que parecen tener un lenguaje propio. El lenguaje corporal suele ser capaz de transmitir más información y matices que la lengua hablada. Así, los poemas de “Los ojos, las manos, la boca” transmiten, esta vez en sefardí, los pensamientos más recónditos de la mente de su autora. 

Se trata de poemas brevísimos en verso libre que suelen hacer referencia a temas muy primitivos, enraizados poderosamente a la Naturaleza y completamente desnudos. Muy frágiles en apariencia, aunque los arcanos que se mencionan sean poderosos e indestructibles. 

Si nos detenemos en los poemas de “Los ojos”, observaremos que se hacen continuas referencias a la luz, a los colores, soles, puertas, ventanas, sueños… en un continuo juego de palabras visual en el que la luz que vemos, también nos mira a nosotros. Destellos de luces naturales y artificiales y ojos que cuando se cierran, siguen hablando.

“Las manos”, capaces de transmitir pero también de ejecutar acciones, los instrumentos que utilizan en el idioma de sordomudos, y que sin darnos cuenta utilizamos todos para terminar de perfilar nuestras palabras cuando hablamos. Estos poemas, que son como una caricia, transmiten precisamente el lenguaje del contacto físico, capaz de lo más terrible y de lo más hermoso. 

Por último, “La boca”, el instrumento del lenguaje hablado. En estos poemas se definen las sensaciones que pueden producir las palabras pronunciadas en voz alta, haciendo alusiones por ejemplo a elementos sonoros naturales. Son como una advertencia para que cuidemos lo que expresamos en voz alta.

Influencias, homenajes y otros caminos
Uno de los grupos de poemas recogidos en este libro, es un homenaje directo a la figura de Federico García Lorca, y en ellos Clarisse trata de transmitir todos los conceptos y enseñanzas que asimiló leyendo los poemas de uno de sus poetas favoritos: la injusticia, la tierra, el dolor, la belleza de las cosas simples… Esa economía de palabras y las continuas referencias naturales entroncan la poesía de esta autora con la de Anne Sexton y Sylvia Plath.

Pero los poemas más hermosos se encuentran en el último grupo, titulado “Caminos de palabras”. De uno de los poemas de esta parte procede el precioso y sugerente verso que da título al libro, “El color del tiempo”: es un poema que habla del paso del tiempo y del cambio de las estaciones, podemos pensar que también hace alusión indirecta a los cambios que se producen en los idiomas, (leitmotiv de toda la obra) como entes vivos que evolucionan, se van transformando y mueren. 

me colgaré a tus labios
como un canto
si me dejas
como palabra de maldición
me colgaré
a tu hora
cuando se detenga
de espanto
en las calles de mi pasado
donde estarás
caminando

Son poemas más redondos y completos que mezclan, ya más depuradas, las mismas influencias recogidas en los poemas anteriores. La lectura de este libro es un delicado viaje al pasado, un recorrido por todas las cosas que nos conforman. No debería darnos miedo mirar atrás de vez en cuando, aunque recordar sea a veces doloroso. Es más fácil hacerlo de la mano de esta estupenda poeta y de sus versos cálidos del color de la tierra y de los rayos del sol: os recomiendo seriamente este viaje.

jueves, 24 de marzo de 2016

El algoritmo de Ada - James Essinger


Actualmente, existe una corriente feminista reivindicativa muy potente, que se plasma en un enorme interés por dirigir el foco hacia los nombres de un sinfín de mujeres que participaron de forma activa en la vida teórica y técnica de su tiempo, trabajando como auténticas profesionales y favoreciendo con su esfuerzo el progreso de las artes y las ciencias; y cuyos nombres y aportaciones fueron conscientemente eliminados por sus coetáneos por el simple hecho de ser mujeres.

He aquí un ejemplo más de esta corriente, las investigaciones del inglés James Essinger sobre la vida y obra de Ada Lovelace, quien poseía una mente brillante y genial y que sin embargo no pudo desarrollar todo su potencial por culpa de su género, y que además ha pasado a la posteridad maltratada por los autores que se han esforzado en poner en duda sus aportaciones a pesar de ser de alguna manera precursoras de la informática actual y, cómo no, por ser la hija de un poeta popular y caprichoso al que ni siquiera conoció nunca en persona.


Haciendo Herstory

Aunque este término no se menciona en esta biografía, podemos incluir esta obra, sin duda, en la iniciativa que Robin Morgan (Lugar de nacimiento, Año) creó para referirse a la Historia protagonizada por mujeres, o que, mejor dicho, incluía a las mujeres de forma natural, sin sexualizarlas ni marginarlas. Se trata de un juego de palabras que pone de relieve el hecho de que, hasta ahora, siempre se ha tendido a narrar los acontecimientos históricos desde un punto de vista masculino, y de ahí el truncamiento del pronombre femenino inglés HERstory en contraposición al clásico HIStory.

Ada Lovelace, ó Augusta Ada Byron de niña, nació el 10 de diciembre de 1815 en el número 13 de Piccadilly Terrace, Londres. Cuando la pequeña contaba con tan solo un mes de vida, su madre huyó de la residencia familiar, llevándosela con ella para escapar de la penosa existencia que llevaba junto al famoso poeta Lord Byron, quien no sale muy bien parado bajo la descripción que de él hace James Essinger en esta biografía: queda bastante claro que se trataba de una personalidad enfermiza que, pese a la fascinación inicial que producía a quienes le conocían, más bien convenía mantener lejos.

Así pues, su infancia se desarrolló en el seno de una familia perteneciente a la clase alta, pero abochornada por las deudas, las maledicencias de sus coetáneos, y en una sociedad profundamente patriarcal y misógina donde era habitual pensar que la biología dotaba a las mujeres de cerebros más pequeños que los hombres, por lo que estaban incapacitadas para cualquier actividad profesional  y debían ser educadas únicamente para ser sumisas y serviciales esposas.


Las aportaciones de Ada Lovelace a la informática

Ada Lovelace creció bajo la férrea educación de su madre, quien no estaba dispuesta a que su hija se desviase del camino que había diseñado para ella. Se empeñó en estructurar su mente a través de métodos racionales para que no sucumbiera a las ensoñaciones poéticas de su padre, temiendo que de forma natural las heredara.

Con el paso del tiempo, Ada demostró fuertes aptitudes para las ciencias, y en este sentido Essinger explica bien cómo pasó su corta vida buscando con tenacidad mentores con los que aprender cada vez más, para tener acceso a conocimientos que le estaban vetados y con los que estaba convencida de poder llegar a dar forma a muchas de las cosas que imaginaba: artilugios capaces de volar, o máquinas habilitadas para digitalizar datos y que se pudieran destinar a multitud de aplicaciones prácticas: máquinas, en fin, que hoy nos resultan cotidianas y obvias, pero que en aquel momento sólo eran quimeras y que convertían en locos a quienes las imaginaban.

A la sombra de Babbage, un gran matemático varón, como no podía ser menos, Ada tradujo y anotó prolijamente un artículo científico que explicaba el funcionamiento de la máquina analítica creada por éste, donde añadió por su cuenta la relación que ella establecía entre esta máquina y el telar de Jacquard, creado hacía poco tiempo y cuyo funcionamiento le había fascinado. Aunque no fue capaz de desarrollar el modo en que esto podría llevarse a cabo, supo (auguró) que la digitalización de datos podría aplicarse a multitud de procesos de tratamiento de información mediante el uso de algoritmos. Por desgracia, hasta mucho tiempo después estos indicios no tomaron forma, y podemos pensar que, de haberse dado más credibilidad a su trabajo de investigación, la informática podría haber nacido un siglo antes.


Pros y contras de la Herstory

Sin duda, me posiciono claramente a favor de que se otorgue justa presencia a las mujeres que han contribuido al progreso de la vida humana, aunque se haga inevitablemente de forma póstuma. Pero la tendencia no debe estancarse ahí, puesto que se limitaría a segregar por género aunque se hiciera de la forma más bienintencionada posible. Lo realmente interesante es que en algún momento, y de una vez por todas,  deje de diferenciarse a los humanos por una simple e irrelevante cuestión biológica, que en todo caso sólo afecta a la vida íntima de cada individuo y que, por tanto, a nadie importa.

Este libro es un paso más para conseguir la inclusión real e igualitaria de las mujeres en la vida profesional, y sin embargo, al tratarse de una biografía, no está exento de cuestiones personales que atañen únicamente a la vida personal de Ada Lovelace, y que, por tanto, a nadie deberían importar. Se hace constante hincapié, por ejemplo, en esclarecer si hubo o no un flirteo amoroso con su mentor Babbage, para colmo sin una respuesta clara; se enumeran también, prolijamente, los amoríos de su padre, quien se hizo famoso en gran medida por alardear de una intensa vida sexual, sin cuestionar la calidad de su obra, etc.

El origen de la informática, en fin, interesa principalmente y por definición a los propios informáticos: pero, al añadirse todo el embrollo relativo a la vida estrictamente personal de Ada Lovelace, se consigue ampliar considerablemente el público potencial de este libro, que buscará entre las páginas los modos en que Ada Lovelace accedió al conocimiento a pesar de ser mujer; de qué escabrosas e injustas maneras se la ocultó y acalló; cómo se sintió por todo ello su débil espíritu femenino; y de qué modo compaginó sus inclinaciones científicas con las obligaciones derivadas de la maternidad, etc. Es decir, su aportación profesional convenientemente aderezada de detalles morbosos.

A pesar de que toda esa parte podría reducirse considerablemente, este libro está muy bien documentado y aporta una gran cantidad de información muy interesante, está escrito con distancia y respeto y en muchas ocasiones deja a merced del lector las conclusiones, tras exponer los datos de alguna cuestión concreta, lo que es de agradecer, sin duda. Por todo ello lo considero un acierto y recomiendo su lectura.

lunes, 14 de marzo de 2016

Las luces nómadas - Esteban Martínez Serra



CAMIONES
¿Qué leyes actúan en este raro mecanismo
de la memoria? ¿Cómo se explica que recuerde
aquel camioncito con las bombonas de butano (…)
y no recuerde, en cambio, un beso de consuelo
o el tacto reparador de las manos de mi padre?
¿A qué extraña razón responde esta impostura?
¿Será que en esto de recordar, o de olvidar,
la invención propone el sabotaje?
Hijos, cuando en unos años me inventéis de nuevo (…)
recordad que vuestro padre fue feliz, a veces (…)


MORADAS
Hay casas con gatos,
aunque nadie los haya visto
merodeando entre los muebles.
Y casas con pájaros
—hasta enormes bandadas—
sin que por ello el aire se inquiete
en los estrechos corredores.
Incluso, lo sé, hay casas con lobos
que aúllan niebla equinoccial
por el ojo de las cerraduras,
 y casas con anacondas dormidas
y casas con tigres camuflados, expectantes.
En la nuestra, allá en la montaña,
sólo iridiscentes insectos de angustia
levantándose, algunas noches,
de los ojos inconcebibles de mamá.


CEMENTERIOS
¿Por qué aquí los cementerios
están en un lugar apartado y secundario,
a la intemperie de unos pocos hombres?
Yo quiero ciudades orgullosas de sus muertos,
que los dejen hablar libremente de sus cosas
en las plazas, bajo la sombra de un castaño,
en jardines familiares donde corre el vino
y los comentarios ociosos, pared con pared
de un centro comercial o de un teatro,
compartiendo patio con la escuela…
Si no es así, estar muerto será un agravio
y habrá que recordar que, ante la ley,
todos los hombres, sea cual sea su condición,
somos iguales.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Nu)n(ca - Luigi Amara



El catálogo de otoño de la editorial Sexto Piso viene con una entrega impecable. Se trata del sexto libro de poemas del escritor Luigi Amara (Ciudad de México, 1971), un poemario muy especial que tiene una línea argumental tan precisa como delicada.

Si en otras ocasiones he hecho hincapié en la presentación formal de los libros de Sexto Piso, les aseguro que esta vez se han superado a sí mismos: tras las suaves tapas de cartón con textura ondulada, encontramos guardas dobles de color marrón y una postal ilustrada con una fotografía muy especial en torno a la cual giran los poemas.


El estupor

Este poemario gira en torno a un concepto muy especial: el estupor, o la fascinación que nos provoca todo aquello que se mantiene oculto.

Explica perfectamente Pascal Quignard, en su maravilloso “El nombre en la punta de la lengua” (Arena Libros, 2006), la sensación tan humana de intentar atrapar el nombre preciso para designar algo que se nos escapa, el ensueño en el que nos sumimos persiguiendo ese nombre que creemos estar a punto de atrapar, bailando en la punta de la lengua.

Pues bien, cuando Luigi Amara se puso frente a la antigua fotografía de la modelo desconocida que posa de espaldas, retratada por Onésipe Aguado, le abordaron una serie de sensaciones relacionadas con lo oculto y la imposibilidad de nombrar, y decidió volcarlas a esta pequeña colección de delicadísimos poemas (que bien puede entenderse como un poema largo, dividido en secciones; todos persiguen la misma temática y estilo, y ninguno de ellos tiene título individual).

Precisamente, en el mismo libro que citaba, decía Quignard que “El poema es el nombre encontrado (…) el poema es exactamente lo contrario que el nombre en la punta de la lengua”.

La maestría y la elegancia de estos textos residen precisamente en la aparente facilidad que tiene Luigi Amara a la hora de nombrar las cosas; así, por ejemplo, define el término “ruinas” como “los restos del pasado convertido en puzzle”. Su capacidad para nombrar lo inaprensible y mostrarla a los estupefactos lectores, sin salir de su abstracción, es comparable a la de Giorgio Agamben en “La muchacha indecible”, otro precioso libro de la misma editorial que comenté aquí hace algún tiempo.



La atracción del lado oculto

Pocas veces tendremos la oportunidad de asistir a un despliegue de talento tan grande para hacer un pie de foto tan perfecto como este, un pie de foto que es un poemario redondo. Derrocha sensibilidad mientras fabula e imagina, inventando diferentes vidas para la modelo de espaldas y meditando acerca de la atracción que siempre nos produce lo desconocido. En algunas ocasiones (como en este caso) aquello que deseamos descifrar puede llegar a convertirse en una obsesión.

A lo largo del poemario encontramos desperdigadas multitud de referencias cultas (literarias y pictóricas), que lo enriquecen ofreciendo otras posibilidades al lector más allá de este libro. Por ejemplo, encontramos algunas ligeramente ocultas como esta de Melville: “Como un Ahab terrestre / tras la ballena blanca / de aquel hombro”; y otras totalmente explícitas como a Thomas de Quincey, René Magritte, John Asbery, Yves Klein, Velázquez… y un largo etcétera.

Todas ellas muy buenas y oportunas, aunque la forma de intercalarlas sea casi siempre demasiado obvia: sería interesante que estuvieran un poco más veladas y así jugaran con la inteligencia del lector. En cualquier caso, aportan una cantidad increíble de matices a los versos donde se incluyen.


Aquello que se nos niega

Me quedo con una de las conclusiones que se desprenden de la lectura de este poemario: la que insinúa que un retrato de una mujer de espaldas es una forma de representar gráficamente que las mujeres deben de decir “no”, en muchas ocasiones, dejando al lector el desarrollo del amplísimo argumentario que se deriva de esta idea.

Hacia la última parte del libro, los poemas se vuelven más narrativos y oníricos, mostrando imágenes ligeramente esquizoides: no tan descriptivo, o quizá no de una manera tan clara, sino muy abstraída y críptica.

Ya en el final, a través de precisas referencias mitológicas, Amara concluye que el personaje sin rostro no ha de ser sino la misma Muerte. En esta parte vuelca sus miedos, le aterra el frío implacable de su beso: lo anticipa, y tiembla. Así pues, este libro es una profunda reflexión filosófica en forma de poema. Lúcida y elegante, sutil e inteligente, tengo que quitarme el sombrero una vez más. Mirando a los ojos y de frente, dando la cara, eso sí: me ha encantado.

martes, 1 de marzo de 2016

Beowulf - J.R.R. Tolkien tr.


Beowulf es un poema épico anónimo, una epopeya cuyo origen se sitúa entre los siglos VIII y XII, dependiendo de las fuentes que lo han estudiado. Actualmente, el original se encuentra en la British Library de Londres, en un delicado estado de conservación. Fue escrito originalmente en inglés antiguo, en verso aliterativo (que consiste en la repetición de fonemas al principio de las palabras). La editorial Minotauro lo ha incluido en su lujosa colección “Biblioteca Tolkien”, con una cuidadísima y magnífica edición, que incluye comentarios y otros textos originales de Tolkien, además de varias ilustraciones de su autoría.

J.R.R. Tolkien dedicó su vida a la literatura, y además de crear un mundo nuevo en sus libros, creando toda una mitología inglesa, recuperó escritos antiguos mediante la traducción al inglés moderno. Es el caso del relato medieval “Sir Gawain y el caballero verde”, considerado uno de los mejores textos artúricos ingleses: no solo lo tradujo sino que también se encargó de su edición, y podemos decir que gracias a él tenemos hoy día acceso a esta maravillosa obra, cuya edición prologada por Luis Alberto de Cuenca y con traducción de Francisco Torres Oliver podemos consultar aquí.



Una mirada a la literatura del pasado

Resulta muy enriquecedor detenerse por un instante, echar un vistazo hacia atrás y recuperar las obras antiguas. No podemos pretender haberlo inventado todo en el siglo XXI y resulta cada vez más evidente que existe un palpable desapego por todo lo pretérito, como si no fuera precisamente eso lo que nos conforma y sobre lo que caminamos en el presente.

Además, sin una formación clásica es muy difícil formar adecuadamente nuestro criterio. Como sucede en música, pintura y muchas otras disciplinas, una sólida base educativa resulta esencial para comprender en toda su complejidad el arte contemporáneo.

Esta edición de Beowulf no sólo resulta enriquecedora para conocer a fondo más aspectos acerca de la ingente obra de J.R.R. Tolkien, sino que también nos brinda una ocasión perfecta para acercarnos a la literatura épica que se realizaba hace cientos de años.


No solo para filólogos

En este libro encontramos mucho más que la traducción del poema “Beowulf” realizada por Tolkien. Para empezar, tenemos una introducción minuciosa de su hijo Christopher. Como suele suceder en todas las obras de su padre que se encarga de editar, leer sus explicaciones aporta información, pero resulta un tanto tedioso: no sólo explica detalladamente todo el proceso de escritura original y sus propias recuperaciones o transcripciones posteriores, sino que también se encarga de explicar de qué color era el papel original donde su padre escribió cierto tipo de notas al margen con qué tipo de letra y cambio de color en la tinta a partir de cierno número de verso… regando e l texto de la expresión “mi padre” de forma incansable.

Los amantes del universo Tolkien alaban la tarea de Christopher por acercarnos textos que tras la muerte del genio en 1973, se habrían quedado sin publicar, pero es cierto que sus introducciones y comentarios son exageradamente prolijos en detalles.

En cuanto al texto “Beowulf”, se trata de un poema épico narrativo de tiempo muy lento, que narra las aventuras del héroe que da nombre al poema, con un total de 2763 versos. En la primera parte encontramos a un Beowulf más joven que deberá enfrentarse al gigante Grendel y a su madre, una bruja absolutamente temible a quien también conseguirá vencer. Más adelante, y convertido ya en rey de los gautas, deberá librar al pueblo de la amenaza de un fiero dragón.


Un regalo inesperado

En un primer momento, puede parecer que la presentación formal de este libro aprovecha la fama del creador de los hobbits para vender a sus fans un libro que no escribió él, y que “tan solo” tradujo. Pues bien, tras leer el libro con detenimiento nos damos cuenta de que cualquier amante de la literatura épica clásica, y devoto lector de Tolkien, encontrará aquí buenos ejemplos acerca de la influencia que los textos antiguos tuvieron en la creación de la Tierra Media, ya que Tolkien tomó elementos de aquí y allá y conformó con ellos todo un mundo nuevo que sigue inspirando y asombrando a lectores de todas las edades alrededor del mundo.

Pero no sólo eso. También encontramos dos textos (un cuento y un poema narrativo) escritos por Tolkien en relación a las aventuras de Beowulf: “Sellic Spell” (“Un cuento maravilloso”) y “El Lay de Beowulf”.

También en este regalo final interviene Christopher, añadiendo a los textos originales todo tipo de anotaciones añadidas, como por ejemplo las explicaciones sobre su origen, las diferentes versiones que dieron lugar al texto final y, en el  caso de “Sellic Spell”, donde Tolkien se refiere a Beowulf como “Abejalobo”, también se incluye la traducción de este cuento al inglés antiguo, un esfuerzo que realizó Tolkien para dotar al texto de una expresión norteña que no se apreciaba de igual manera en inglés moderno.

Todo esto nos da una idea del ingente trabajo intelectual y filológico del maestro Tolkien, nos sumerge por unas horas en su mundo y nos sigue dando alas para soñar. Por todo ello, lo recomiendo no solo como lectura de entretenimiento o de verano, sino como libro de cabecera a tener muy en cuenta en la biblioteca Tolkien.

sábado, 27 de febrero de 2016

La Furia - Théroigne de Méricourt


Théroigne de Méricourt (Lieja, 1762 – París, 1817) es una gran olvidada en la Historia de Francia. Fue pionera del feminismo guerrero y combatió durante los años de la Revolución Francesa mediante la creación de batallones de amazonas. Sin embargo, su nombre no es conocido ni aclamado, a pesar de que Delacroix se basara en ella para representar a la Libertad en el famoso cuadro “La Libertad guiando al pueblo” (1830), expuesto en el parisino Museo del Louvre.

En este libro, la sociedad secreta La Felguera, disfrazada de editorial, pone a nuestro alcance documentos (proclamas, manifiestos, ilustraciones y mucho más) que se mantenían fuera de los círculos comerciales, para que conozcamos mejor a esta heroína francesa y completemos las lagunas de las que adolecen los libros de Historia de la educación obligatoria.

Lucha armada: lo que sucede si eres mujer

Con este libro, el equipo de la Felguera ha querido rendir un justo homenaje a la figura de Théroigne de Méricourt, reuniendo textos de diferentes procedencias en un libro con una presentación física envidiable, a la manera a la que nos tienen acostumbrados: buenas calidades, inmejorable maquetación, ilustraciones, etc.

Lo que sucedió con Théroigne es que fue acusada de histeria y maltratada hasta conseguir apartarla de la vida pública, política y bélica. No interesaba que una mujer tomase las riendas y formase parte del curso de la Historia, menos aún durante la época de la Revolución Francesa que, como todo el mundo sabe, tuvo lugar en el fácilmente recordable año de 1789.

Esta luchadora consiguió rodearse de un ejército de mujeres para luchar por aquello en lo que creían, resucitando así el mito de las amazonas, exigiendo la formación de batallones de mujeres armadas. También dio alas a muchas mujeres gracias a otras iniciativas, como la creación de clubes feministas en plena Revolución, ya que estos estaban perseguidos por Robespierre, que pretendía cerrarlos.

Su carácter irreductible sembró el terror entre la aristocracia en aquel momento, muchos hombres la rechazaron y sufrió un final tan doloroso como injusto. Cuando cayeron los girondinos, fue ella quien se opuso a los extremistas para evitar que la Revolución entrase en su época más sanguinaria: esto hizo enfurecer a un grupo de mujeres revolucionarias que la acusaron de traición y la azotaron salvajemente en público.

Nunca soportó el peso de esta humillación, y desde entonces vagó en soledad, huyendo de París y volviéndose loca. Tal y como dice Michelet en el prólogo de este libro, era una mujer que no entraba en razón porque quizá le sobraban razones.


Delacroix, Baudelaire y Sarah Bernhardt

Tal y como comentaba al principio, el pintor Eugène Delacroix se basó en esta luchadora para configurar la ya inmortal “Libertad guiando al pueblo” que todos almacenamos en nuestro archivo visual: pues bien, se trata de la mismísima Théroigne de Méricourt, con gorro frigio y bandera tricolor.

La Libertad guiando al pueblo - Eugène Delacroix

También otros artistas han inmortalizado su figura de una manera u otra, si bien el cuadro de Delacroix es el más conocido y representativo. Charles Baudelaire se refiere a ella en uno de los poemas incluidos en el maravilloso “Las flores del mal”, que dice así:

¿Habéis visto a Théroigne, amante de
las matanzas, excitando al asalto a un
pueblo sin calzado, con las mejillas y los
ojos de fuego, representando a su
personaje, y subiendo, con el sable en la
mano, las escaleras reales?

En 1902, en París, se representó una obra dirigida por Paul Hervieu, titulada “Théroigne de Méricourt: una pieza en seis actos”, y la actriz que daba vida a la heroína era nada más y nada menos que Sarah Bernhardt. En este libro se incluye una imagen del cartel original de la obra, así como una larga serie de preciosas instantáneas de Bernhardt caracterizada.

Muchas otras representaciones gráficas de otros autores (dibujos, grabados, etc.) están incluidas en este estupendo libro ilustrado.


Proclamas, manifiestos y algo más

¿Qué tipo de textos podemos encontrar en este libro? Artículos de corte histórico y político de varios escritores que esclarecen el papel decisivo de Théroigne en los años de la Revolución Francesa: Hernández Castellanos, Nicole Regnier, Esquirol  o Lamartine. Pero también tenemos textos de su puño y letra, como sorpresa final hacia la última parte del libro.

El primer texto redactado por la heroína con el que nos topamos, es un discurso pronunciado en la Sociedad Fraternal de los Mínimos en 1792. En él, la guerrillera avisa del peligro en el que aún se encuentran y recuerda a los ciudadanos la importancia de su deber para con la patria. Su intención es alertar a la población (femenina, principalmente) para no bajar la guardia y pasar a la acción mediante reuniones, entrenamientos, etc.

En otro comunicado, “A las 48 secciones”, alerta de las maniobras que se están llevando a cabo para provocar una guerra civil que ella pretende evitar, y pide la organización y unión de la población para hacer frente a los abusos del poder.

Por último, tenemos una serie de textos mucho más polémicos por otros motivos bien distintos, que escapan por completo de la línea del libro (histórica y política), y que los editores admiten que se desconoce la autoría, si bien a lo largo de los años se han atribuido a esta heroína. Son textos relacionados con la prostitución, desde un punto de vista que no queda muy claro si es irónico. Pudieron haber sido escritos por cualquier persona de su tiempo, atribuyendo la autoría a Théroigne y aprovechándose de su fama: en cualquier caso, creemos que le hacen un flaco favor si la intención es enaltecer su recuerdo, ya que es demasiado contradictorio que una heroína guerrillera y feminista se avenga a establecer teoría acerca de las buenas prácticas en la prostitución: no tiene demasiado sentido. O se persigue la igualdad de géneros, o se defiende la sumisión femenina… no hay lugar para la ambigüedad. A pesar de esta última objeción, el libro es muy pertinente, documentado y recomendable.


domingo, 31 de enero de 2016

La necesidad del ateísmo - P.B. Shelley


¿Quiénes eran los románticos  ingleses? ¿Hacían algo más aparte de abstraerse en la poesía y vivir apresuradamente? ¿Establecían cátedra sobre algún asunto, se implicaban en los problemas de la sociedad? Percy Bysshe Shelley fue uno de los autores destacados de este movimiento, quizá ligeramente ensombrecido por la fama de su inseparable amigo el poeta Lord Byron. En este volumen encontramos una gran cantidad de datos sobre su biografía y mucho más acerca de sus artículos y escritos en prosa, más desconocidos y un tanto olvidados.

La editorial Pepitas de Calabaza, (cuyo nombre, a modo de curiosidad, procede de la película “Amanece que no es poco”) comenzó su andadura en 1998, y desde entonces ha iluminado el panorama editorial español con grandes aportaciones y estupendos rescates literarios, como podemos comprobar visitando su catálogo. Este libro es un punto de partida perfecto para sumergirse en su valioso y heterogéneo catálogo.



Romanticismo inglés y otros excesos

Si algo aprendemos con la lectura de “La necesidad del ateísmo” es a ubicar a P.B. Shelley dentro de su época y contexto. Su espíritu libre y profundamente justo no pudo soportar la desigualdad imperante en todos los aspectos de la sociedad, y se rebeló contra las instituciones y contra todo aquello que estuviera socialmente establecido, viviendo de una forma coherente a su pensamiento a una velocidad tan vertiginosa que le conminó a morir a la edad de treinta años.

Algunos de los principales poetas románticos ingleses son William Wordsworth, Samuel Taylor Coleridge, Lord Byron, Percy Bysshe Shelley y John Keats, precedidos por William Blake. Si bien las relaciones entre todos ellos fueron confusas y no siempre fáciles, sus libros han llegado hasta nosotros y han establecido las pautas acerca de una nueva forma de escribir y vivir la poesía que fue muy novedosa y radical en su momento.

El movimiento surge a finales del s. XVIII a partir de las tensiones producidas por las revoluciones francesa e industrial. Se parte de un profundo rechazo a todos esos cambios, y los poetas se basan en la antigüedad clásica para extraer de ella los temas y los motivos de sus obras.

Pero volviendo a Shelley, en los textos introductorios de este magnífico libro encontraremos toda la información relativa a su biografía, y aprenderemos, con todo lujo de detalles, cómo formó su personalidad rebelde y libre en la prestigiosa escuela de Eton y en la universidad de Oxford (de donde sería expulsado por sus escritos revolucionarios), leyendo filosofía y literatura clásica, experimentando con la electricidad, estudiando a los antiguos alquimistas y entusiasmándose con la literatura gótica.


Shelley y las religiones

¿Por qué rechazaba Shelley las religiones? Porque había invertido mucho tiempo en leer, aprender y establecer sus propias deducciones al respecto. Y se basaba en grandes autores para afirmar brillantes sentencias como la siguiente: “La religión significa intolerancia en sí misma. Las diferentes sectas solo toleran sus propios dogmas (…) Saben que les temes; pero si te mantienes de pie al margen, entonces ellos te temen a ti”.

Shelley fue el primer defensor público del ateísmo en Inglaterra, con todo lo que ello supone. La firme creencia en sus propias ideas le llevó a verse expulsado de la universidad y a ser desheredado por parte de su familia, que gozaba de una posición muy privilegiada (su padre era miembro del Parlamento y él iba a heredar el título de barón). Podría haber evitado esta exclusión social simplemente retrayéndose de sus afirmaciones, pero fue coherente y prefirió vivir una vida difícil pero auténtica, al margen de todo lo que despreciaba.

En este libro encontramos textos relacionados con muchos otros temas que le interesaban y preocupaban además de la religión: la injusticia social, la precariedad laboral, los abusos del poder, la teoría poética, el anarquismo, la república, la traición, la pena de muerte, la dieta libre de carne animal y muchos otros. Todos ellos son textos breves, de unas pocas páginas, de gran interés y magistralmente redactados y traducidos, que se leen rápidamente y aportan una gran luz a estos temas y a la persona de Shelley como pensador y creador. Los editores nos brindan además una cronología resumida y muy completa para localizar con facilidad los grandes hitos de la vida de este infatigable autor.

“La necesidad del ateísmo”, que da título al libro, es un texto breve que escribió junto a su compañero inseparable de Oxford, Thomas Hogg. En él se declaran ateos por falta de pruebas y aportan decenas de argumentos basados en la ciencia y en la observación, que dificultan la creencia en la existencia de ninguna deidad. Entienden que cualquier dios es una mera hipótesis creada por el hombre, y plantean la sospecha de que ninguna religión acepta que se pongan en tela de juicio sus dogmas, sino que estos deben admitirse y darse por válidos. Pero hay muchas otras razones, y todas ellas están contenidas en este libro.


Mensajes en botellas

El pensamiento de Shelley se vio fuertemente influenciado por William Godwin y Mary Woldstonecraft, padres de Mary Shelley (autora del mundialmente conocido “Frankenstein”). Mary W., precursora del feminismo mundial, fue clave en la reafirmación del pensamiento igualitario que Shelley había defendido de una forma natural desde siempre.

El libro imprescindible de Mary W. es “Vindicación de los derechos de la mujer”, un ensayo atrevido y brillante y de rabiosa actualidad sobre la igualdad entre hombres y mujeres. Pero si leemos otro de sus libros, “La educación de las hijas”, encontraremos grandes incoherencias en su pensamiento, quizá influenciadas por la presión social machista de su época, que impedían a la mujer revelarse contra las costumbres establecidas.

En cuanto a Shelley, su difícil relación con el matrimonio se justifica precisamente en la creencia de que los condicionamientos sociales perturbaban el amor en las relaciones entre personas. Por ello, defendía el amor libre y las relaciones abiertas. No obstante, y aún en contra del matrimonio, se casó dos veces a lo largo de su corta vida, y defendía  su forma de actuar basándose en unos fundamentos teóricos.

Pero sus  razones no impidieron que su primera mujer, Harriet Westbrook, se suicidara cuando Shelley la abandonó por Mary Shelley, recordándole los principios de amor libre en los que creía. Y es que en el siglo XVIII o en cualquier otro, un abandono repentino a favor de un nuevo amor, nunca ha sido fácil de gestionar. La literatura mundial está llena de grandes ejemplos al respecto.

Shelley hacía copias de sus escritos y las repartía manualmente. También lanzaba botellas al mar tras rellenarlas con sus escritos revolucionarios, entre otras acciones de propaganda. Quién sabe si no sería posible encontrar algún día, en cualquier orilla del planeta, una de estas botellas con mensaje dentro y recibir directamente de manos de Shelley su testigo. Mientras tanto, en este magnífico libro encontraremos material suficiente para compartir con él una hermosa travesía.

viernes, 29 de enero de 2016

"Duermevela" - María Rodés


Este libro es una excusa perfecta para hablaros de sueños.

María Rodés presenta una recopilación con algunos de los suyos, ya que tiene la costumbre de anotarlos cada mañana al despertar, desde hace años. “Empecé a escribir mis sueños a raíz de una crisis creativa. Quería salir de mis temáticas habituales y buscar nuevas formas de expresarme que no pudieran ocurrírseme de manera consciente. Primero experimenté un poco con la escritura automática y una cosa llevó a la otra. Coloqué un cuaderno de color negro en mi mesita de noche y me propuse escribir lo que recordara de cada sueño todas las mañanas.” Definitivamente, el color de las tapas de ese cuaderno me parece clave. ¿De qué color habría de ser si no, un libro de ilusiones?


Pero existen muchos más, miles de textos maravillosos que han sido escritos en sueños, o volcados al papel ya en la vigilia, recordando algo soñado. También, multitud de películas y canciones en torno a la misma idea. Por ejemplo, el fantástico libro de Jacobo Siruela “El mundo bajo los párpados”, publicado por Atalanta en 2011. En él, se hace un repaso de los sueños que han marcado el devenir de la Historia. Se trata de una lectura inesperada, genial, que no se parece a nada. Un libro inclasificable y absolutamente delicioso.

Basada en el extrañísimo libro de Réjean Ducharme, “El valle de los avasallados” (2009), encontramos la última película que rodó Jean-Claude Lauzon antes de sufrir el accidente de aviación que le rrebató la vida. Se trata de la complejísima y sorprendente “Léolo”, procedente de 1992, que cuenta la historia del niño Léo Lauzon, o Léolo Lozone, como se autodenomina. También inclasificable, deja un extraño sabor de boca al espectador (profundamente agridulce), y de ella rescato la ya mítica frase "Porque sueño, no lo estoy. (Porque sueño, no estoy loco)”.


La escritora Isabel Bono reparte su actividad bloguera en varias bitácoras, una de ellas completamente dedicada a sus sueños, que transcribe con frecuencia desde 2008. Se llama “La espuma de las noches”, (en homenaje, supongo, a Boris Vian). Isabel tiene una facilidad especial para la delicadeza, por lo que es capaz de transmitir una gran cantidad de sensaciones con un puñado de frases.

Y, si pensamos en el autor de sueños más universal, inevitablemente pensamos en Freud. Padre de los famosos complejos de Edipo y Electra junto a Jung, ahora son muchos los que piensan que él fue el gran traumado por excelencia y que utilizaba sus investigaciones especialmente para entenderse a sí mismo, lo cual me parece muy loable de ser cierto. Sus obras más populares son los volúmenes de “La interpretación de los sueños”, en las que Freud analiza la utilidad de buscar en el subconsciente el origen de los traumas del paciente. A partir de ahí, dedicó al psicoanálisis su vida profesional.

Hay algo precioso, que me niego a obviar en esta lista: la Biblioteca de los Sueños que aparece en los cómics de la serie “Sandman” de Neil Gaiman. El Bibliotecario del Sueño, un personaje llamado Lucien, custodia una inmensa biblioteca compuesta por libros inconclusos en la realidad, que han sido imaginados o escritos en sueños. Por supuesto, esta biblioteca es infinitamente más voluminosa que cualquier otra que pueda imaginarse, y que exista en la realidad. Al parecer, este personaje no fue creado por Neil Gaiman, sino que pertenecía originalmente al cómic Tales of the Ghost House, de DC (años 70).

En cuanto a canciones, la lista también podría ser eterna, pero quiero dejar constancia aquí de dos debilidades personales: por un lado, “The dream song” de Joan Baez, una canción onírica, salvaje y preciosa en la que oigo, cuando la escucho, esa pequeña parte de mi historia que cuenta cómo una niña eterna, descalza, que no sé si es ella o soy yo, caprichosa me arrebata algo que en realidad nunca me perteneció. El otro tema es “Blue heart”, de Deine Lakaien, un tema que escuché de casualidad precisamente a los pocos días de haber tenido un sueño demasiado vívido, y al que por fin pude poner banda sonora. Pero sobre esa historia ya escribí por aquí hace tiempo.

Apenas he hablado de María Rodés, ya dije al principio que esta vez su libro sólo sería una excusa. Pero es interesante, de verdad. Junto a los textos, hay una serie de dibujos infantiles de la misma autora-niña que, si evidentemente no aportan una calidad artística visual arrebatadora, sí que añaden ternura e inciden sutilmente en la idea de cómo el subconsciente y nuestras primeras impresiones acerca del mundo, influyen tanto en nuestros sueños de cada noche como en nuestra vida diaria.

When I really woke I was frozen in between

I didn’t know who I was, it was a

dream inside a dream

Oh what a dream

*


miércoles, 27 de enero de 2016

Echar de menos duele


Rápidamente se escapa el tiempo, sádicamente inclemente, terriblemente inaprensible, y al mismo ritmo se van acumulando ausencias.

Quién te lo iba a decir a ti, ¿verdad? Y sin embargo ahora ahí estás, sintiendo la sangre circular suicida en dirección contraria, el nudo férreo invadiendo la garganta, la emoción a flor de piel a cada instante. “Te echo de menos” es solo un mensaje de whatsapp entre millones, mil otros lo conminarán al olvido digital en breve, y sin embargo…

Sin embargo ahí está, brillando incansable entre tus ojos mucho después de apagar la pantalla. Obligándote a repetirlo en bucle hasta alcanzar el insomnio.

And here it comes again

¿Será te echo de menos y nada más?¿Te echo de menos y también hay algunas cosas que no fui capaz de decirte? ¿Te echo de menos porque es lo que se espera que digas en esas ocasiones? Pero siempre te ha dado igual lo políticamente correcto, y entonces piensas que quizá es un te echo de menos y la sangre ha decidido circular en dirección contraria, igual que la tuya, y que quizá no hayamos sabido gestionar convenientemente nuestro tiempo, y ahora ya se ha acabado.

I miss you like a phantom limb

Decides que no te puedes quedar ahí, al fin y al cabo no hay mucho que puedas hacer, o eso crees, y ya aprendiste por la vía áspera que vale más cortarse un brazo a tiempo y huir, que perder la vida intentando abrazar lo inaprensible.

I don’t need you but I’m still craving

Echar de menos duele más aún cuando todos los presagios indicaban lo contrario y tú juzgaste inútil rescatar la vieja coraza azul que, al fin y al cabo, tampoco obraba milagros.

Milenrama, eucalipto, pasiflora, ruda. Un puñado de noches después.

I needed more, I had to go

Del texto:
© Todos los derechos reservados - Mar López, 2016

miércoles, 20 de enero de 2016

"¿De qué se ríe la Gioconda? O por qué la vida de las mujeres no está en el arte" - Clara Obligado


Clara Obligado (1950) ha fijado su atención, desde hace mucho tiempo, en el desprecio hacia la mujer que existe en esta sociedad patriarcal y machista, y esto se ha visto reflejado en su obra, tanto ensayística como de creación literaria. “De qué se ríe la Gioconda” es un libro que escapa a la clasificación rápida, se diría que se trata de un ensayo artístico y literario de enfoque feminista, pero yo prefiero pensar que es una pequeña autobiografía, o el diario de una mujer intelectual que reflexiona sobre las carencias igualitarias que observa en la sociedad.

Se trata de una lectura sencilla que se basa en la revisión de ciertos tópicos que en una u otra medida todos arrastramos debido a la educación, al bombardeo publicitario, a las costumbres de las generaciones que nos han precedido, etc. 

Así, hace un recorrido a través de sus hitos literarios personales, revisando con nuevos ojos aquellas obras que en su día admiró y en las que ahora advierte terribles carencias. Por ejemplo, se pregunta por qué no hay mujeres protagonistas, por qué si aparecen siempre cumplen papeles secundarios, infantilizados o de servidumbre… en las obras de Freud, Conan Doyle, Tolkien, Clarín y muchos más. De paso, establece conexiones con las etapas de su vida que estos autores han marcado, y nos cuenta desde una perspectiva feminista las dudas, contradicciones e inseguridades que ha atravesado en su relación con los hombres, su juventud, su madurez, su divorcio, etc., todo esto en breves pinceladas que sirven para esbozar una pequeña biografía de la autora. 

Es decir, parece haber reflexionado acerca de las carencias femeninas que ahora advierte en las obras literarias, para establecer paralelismos con su vida y hacer, de una vez por todas, un necesario repaso de sus éxitos y fracasos, con perspectiva de pasado; a veces una explicación tardía es preferible a una eternidad de incertidumbre.

El hecho de que todos estos autores fueran machistas y/o misóginos queda a la elección de cada uno: Clara Obligado presenta sus pruebas al respecto. En todo caso, lo que está fuera de toda duda es que ellos reflejaron la realidad de su tiempo y del lugar que les tocó vivir, siendo o no conscientes de que estaban alimentando una inercia realmente dañina para quienes tenían la suerte, o la desgracia, de nacer con sexo femenino.

En el caso de algunos autores, se reflexiona acerca de sus carencias afectivas, posibles traumas infantiles, etc., que quizá fueran el punto de partida que les llevó a crear historias donde la mujer cumplía únicamente papeles maternales y derivados. Por ejemplo, es el caso de James Barrie, que creció bajo la sombra de su hermano mayor muerto por accidente; su madre dejó de cuidar del resto de sus hijos debido a la depresión en la que se hundió. Así, Barrie refleja la crueldad que se esconde en el mundo infantil en autobiografías y en obras como Peter Pan. Un libro clave en el imaginario de cualquiera hoy día, y que quizá no se habría llegado a escribir si no fuera por los anhelos de Barrie de llegar a ocupar el lugar de ese hermano muerto en el que sus padres habían depositado todas sus ilusiones.

Una de las partes más divertidas es precisamente la que da título al libro: están recogidas las impresiones y teorías de diferentes pensadores en torno a la enigmática sonrisa, y es curioso porque se puede observar que cada uno de ellos explica la sonrisa de la Gioconda en base a sus propias obsesiones y frustraciones.

Los análisis no son en ningún caso muy profundos, ni Clara Obligado parece tener la pretensión de crear una obra de mayor trasfondo filosófico, feminista o social; incluso habría cabida para muchísimos más autores con sus correspondientes obras machistas y misóginas, pero los que están son lo suficientemente conocidos como para que el lector identifique rápidamente los puntos clave detectados por Clara Obligado y su objetivo a nivel global (que me parece de lo más loable), y haga a su vez la introspección sobre sus hitos culturales, sus incertidumbres, sus certezas… en materia de género y también sobre su papel en la sociedad.



La Gioconda, diferentes perspectivas. Fuente Cultura Inquieta

martes, 12 de enero de 2016

"El rumbo de los días" - Waldo Leyva



RETRATO DE LA EXTRAÑA

(óleo sobre tela)

Sentada, con un vestido negro
que le cubre
desde el cuello a los pies,
está la niña.
La escalera de piedra
va subiendo
de su cuerpo a la puerta
y a unas flores delante
del cristal de la ventana.
El rostro está de frente
pero la niña mira
hacia otra parte.
No es de tristeza el gesto
ni hay rastro de humedad
en las pupilas.
Acaba de llorar,
o está llorando aún, por dentro.
Hay un hueco
en el pecho de la niña
que se puede tocar.


*


COMO UNA SOMBRA MÁS

Todos piensan en su palabra amordazada,
en sus ojos huérfanos
y la quietud inexplicable de su rostro.
Para nadie resulta sospechoso
que recorras sola la ciudad
buscándote a ti misma,
o que el amanecer te sorprenda,
sin rumbo, frente al mar,
frente al espejo solo de tu cuarto,
frente a tu piel desnuda y quebradiza.
Tus ojos también pueden secarse.
Lo curioso, lo que no me explico,
es que prefieras seguir pasando al fondo.
Sus ojos huérfanos, lo sabes como yo,
con su mejor disfraz para salir al mundo
para que todos crean en su palabra amordazada.
En realidad, lo sabemos tú y yo,
desde hace mucho tiempo sólo le quedan gestos
con los que finge pequeñas y falsas muertes cotidianas.
Algunas veces sospecho de tu renuncia.
¿No puedes prescindir de ese juego de ausencias?
De tanto borrar tu imagen, en el espejo
hay solo una sombra desnuda y quebradiza.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...