viernes, 26 de julio de 2013

"Edgar Allan Poe" - Charles Baudelaire


Poder leer lo que un escritor de prestigio universal pensaba acerca de otro al mismo nivel, cuando uno admira a ambos, es como asistir a un encuentro entre ambos en otra esfera.

Charles Baudelaire reflexiona acerca de la literatura y la persona de Edgar Poe, en una serie de textos en los que se refleja por un lado la delicadeza de la escritura de Baudelaire y la admiración (es casi palpable) que sentía por Poe.

Edgar Allan Poe nació en Baltimore en 1813. (...) Si alguna vez el espíritu del romance —¡espíritu siniestro y tempestuoso!— presidió un nacimiento, sin duda presidió el suyo.

Según Baudelaire, lo que dio prestigio a Poe desde el principio fue su originalidad, gracias a esa forma de escribir tan característica, personal y novedosa con que redactaba sus relatos. También hace hincapié en aspectos como la persecución incansable de la belleza, el gusto por al rima y la introducción de elementos matemáticos (muy importantes en la vida de Poe) en su literatura. El tipo de temas que trataba y su propio magnetismo personal (un halo misterioso en torno a su nombre perdura mucho tiempo después de su muerte), lograron que conociera la fama internacional, ya imperecedera. Este libro también contiene interesantes datos y anécdotas sobre la vida de Poe, y algunas descripciones sobre su trabajo y sobre el arte de la poesía en general, que resultan estremecedoramente bellas...

Es ese admirable, ese inmortal instinto de lo bello el que nos lleva a considerar la tierra y sus espectáculos como un compendio, como una correspondencia del Cielo. La sed insaciable de todo lo que está más allá, y que revela la vida, es la más viva prueba de nuestra inmortalidad. Es a la vez con la poesía y a través de la poesía, con la música, como el alma vislumbra los esplendores situados más allá de la tumba; y, cuando un exquisito poema lleva las lágrimas al borde de los ojos, esas lágrimas no son la prueba de un exceso de gozo, antes bien son el testimonio de una irritada melancolía, de una súplica de los nervios, de una naturaleza exiliada en lo imperfecto que querría adueñarse de inmediato, en la tierra misma, de un paraíso revelado.

Simplemente por estas reflexiones de Baudelaire sobre la poesía (independientemente de los comentarios acerca de Poe) hacen del libro una obra espectacular y hermosa. Se trata de textos extraídos de diferentes publicaciones, recopilados para la ocasión, pero igualmente tienen coherencia y fluidez. Una pequeña obra, secundaria por la tipología, pero esclarecedora y muy, muy agradable, en todo caso.

sábado, 13 de julio de 2013

Bye Bye Blondie - Virginie Despentes


Hace tiempo, comentaba aquí mis impresiones acerca de un libro estupendo, la Teoría King Kong de Virginie Despentes. Como decía entonces, en Teoría King Kong, Despentes reflexiona sobre la realidad femenina en la sociedad actual desmintiendo el mito de la mujer sumisa, dirigiéndose sobre todo a la mujer de clase media con destino sentimental prefijado, abriendo nuevas opciones a la mujer para imponer su voluntad y vivir según su criterio independientemente de los deseos masculinos que pretendan influirla.

Pues bien, hace pocas semanas, me topé por casualidad con otro libro de la misma autora, esta vez una novela, titulada Bye Bye Blondie. Es la primera vez que una editorial trae al castellano esta novela (Pol-len edicions), así que es una suerte (doble, además, porque el libro estéticamente es estupendo). Existen más libros de Despentes (en francés en el original) pero, al menos por el momento, no los tenemos todos disponibles en castellano, y varios están descatalogados y son muy difíciles de conseguir en el mercado de segunda mano: ojalá que Bye Bye Blondie sea en Pol-len el primero de muchos.

Bye Bye Blondie es la historia de amor entre dos adolescentes de estética punk en una pequeña localidad francesa, Nancy, a finales de los años 80. Con respecto al punk, ambos se sienten identificados con el movimiento gracias a la música y a la estética: tratándose de adolescentes, es comprensible que no encuentren reconocimiento en el calado social del mismo, pero tampoco lo hacen según crecen y pasan los años: ambos se conocen en un centro psiquiátrico por diferentes desórdenes mentales, y mientras la chica conduce su vida indefectiblemente hacia el fracaso, las drogas, el vagabundeo y las subvenciones sociales, él abandona la calle y reconduce su destino. 

Ella miró rápido al cristal de la marquesina y pensó que formaban una bonita pareja. Una punkita destroy y un skin psicópata, tenían presencia.

Su historia amorosa pasa por diferentes fases; en general, el libro es desgarrador y no voy a ocultar que leerlo es bastante duro. Sin embargo, encierra una cantidad ingente de frases subrayables e inolvidables, y Despentes se luce como la amazona que es, fuerte, salvaje, indomable pero con una capacidad apabullante para transmitir a través de las palabras.

También le gustaba ser una chica, sola en una pandilla de chicos, y que no le hicieran comentarios. Lo veía como una prueba de su valor “tú eres como un tío”. Cuando sólo era la prueba de que el mundo está mal hecho.

Como nexo de unión con la Teoría King Kong, tenemos a Gloria (alter ego de Virginie) peleando cuerpo a cuerpo con las autoridades que pretenden domesticar su cerebro para hacerlo afín a las convenciones sociales. Se rebela contra padres, profesores, psicólogos, policías y con todo aquel, en fin, que se le ponga por delante. Con una fuerte tendencia a la agresividad y la angustia, es incapaz de superar el comportamiento adolescente de negarse a todo porque sí con tal de imponer, por la fuerza y aunque a veces (sólo a veces) sea absurda, su voluntad. En este sentido, tenemos por un lado la injusticia que supone nacer en una sociedad en la que debes hacer exactamente lo que se espera de ti, y es genial que existan individuos que se rebelen y traten de cambiar el rumbo de esa costumbre establecida. Por otro, y como contrapartida, este es el caso perfecto de alguien que se rebela pero que acaba teniendo una existencia desagradable e insatisfactoria por no jugar con acierto sus cartas y perder toda la fuerza por la boca y por los puños. Al menos, el personaje de Gloria es alguien que lucha, no alguien que vive cómodamente a costa de otros y sin esfuerzo, y sólo dice o aparenta que lucha, como sucede en el mundo real tan a menudo.

A él no le gustaba su pelo rojo. Para empezar, había decretado que ella se afeaba y le preguntaba por qué, con tono de tío competente que ha pensado mucho. ¿Por qué hacía eso? ¿Acaso ignoraba que podía ser bastante bonita? Como carta de presentación, Gloria lo encontraba bastante desagradable. Cero sensación de ser fea, ni repulsiva, en realidad. Por otro lado, es verdad que no se dedicaba a ligar con viejos psiquiatras de pelo blanco... Uno no puede gustarle a todo el mundo, pero el hombre estaba convencido de que, como a él no le gustaba, no era lo correcto. Por una vez, por esa vez, pensó en cerrar el pico.
Él empezó a hacerle preguntas sobre sexo, mirándola fijamente, probablemente para evaluar la reacción. Le habría gustado subirse a la mesa y patearle la cabeza para enseñarle a vivir y que la dejara en paz. Pero evidentemente, ese no era el mejor momento.
Ni de coña hablarle de sexo a ese viejo verde, cero enrollado, bajo esa luz tamizada de amarillo y aquel silencio pesado. Balbuceaba algunas respuestas lacónicas, evitaba su mirada. Encantada de tener plena confianza en su inteligencia escolar, esa que permite satisfacer las preguntas de aquella clase de tipos. Si no, estaría aterrorizada.
"¿Por qué cree que está aquí?
-Ese es el problema: no tengo ni idea."
Mala respuesta. Uno de esos casos jodidos en los que la franqueza, en realidad, no es la mejor opción. Se humilló un poco más:
"Estoy aquí porque mi madre comenzó a chillarme y en lugar de callarme le respondí igual..."
Mala respuesta de nuevo, se leía inmediatamente en la cara del viejo.
"Y en su opinión, ¿por qué rechaza usted ser una mujer?"
Gloria pensó guardarse los comentarios. Así que, aceptar ser mujer era recibir golpes sin querer devolverlos. Vale, capullo, por supuesto.
Mientras, no había sabido muy bien qué responderle. Tenía unas tetas como para que las rodara Russ Meyer, un culo de escándalo, y cuando la dejaban vestirse, le gustaba ponerse faldas con mallas rasgadas, vale, y en sus botas rangers había puesto cordones rosas, no salía nunca sin maquillaje, los ojos muy rojos, los labios muy negros y las uñas pintadas de verde... Era la única chica que conocía capaz de saltar la tapia con tacones... El viejo había manchado de comentarios algunas páginas antes de volver a los temas que consideraba cruciales:
-¿Por qué se afea? ¿Por qué ese corte de pelo? ¿Y ese color?

Si hubiera sido cantante de un grupo, eso le habría dado para hacer una canción "SOS, encerrada con los locos, el doctor quiere que vaya a la peluquería". Pero allí no le servía para nada.
Una vez más, cerrar el pico ¡eh! viejo imbécil, esto se llama movimiento punk. Nada que ver con que tengo un coño, una polla o un par de alas.

Existe una película homónima, dirigida por la misma Despentes y por el momento no disponible en España, en la que los protagonistas se hacen de carne y hueso tras la pantalla. Por lo visto, la relación heterosexual entre los dos adolescentes punkies se convierte en lésbica por arte de birlibirloque.

Se sintió muy gilipollas, una tonta del culo. Por haber esperado con esa confianza. Por haberse sentido tan bien con él. Por haber creído, aunque fuera por un segundo, haber imaginado que eso le podía pasar a ella, una cosa bonita, luminosa y fácil. “Pobre gilipollas”, se repetía, “esto te enseñará a vivir, puta estúpida”.

viernes, 12 de julio de 2013

"Donde yace Visnú" - Frank G. Rubio


ESTRELLA DISTANTE

Esa vieja ramera que construyó el tiempo con las cenizas indómitas de la pluralidad...

Te invito a bailar
y disolver la trama
en la pista oscura,
para mejor impedir
el avance de las agujas
que parecen
tener arena
en sus soportes.

Más allá del relámpago
de la muerte
dirigiremos el silencio
ocultos
y exploraremos el Tiempo,
febrilmente
con una franca sonrisa.

Invado entonces
de forma deliberada
y acariciante
el reflejo contenido de tu anatomía:

el cosmos entonces,
hechicera,
nos parecerá un reflejo
que susurra sus principios
en la voluptuosa Rueda.

Desde los principios
del mundo:
una urdimbre
de lejanas estrellas.

La sociedad secreta,
fundiendo paisajes de un sueño,

y el Volcán,
busco apagar la luz
y
comienzo a musitarme,
mientras la ciudad duerme,
oscuros secretos...

Somos la Torre que habita en tus ojos.


APOTOLAKI

El gusano cortado perdona el arado.
William Blake

Con la pericia de las barracudas
despréndete de las cosas y de los rostros,
sé un extranjero delante del espejo y
lanza tu última mirada a un crepúsculo sin estrellas.

Hay una luna que me recuerda que las ciudades no existen
que me conduce jíbara,
con la perspectiva de las semillas,
a una playa sin idiomas, a un aire sin mundo...

Derrámate pues en la carretera
como una miríada alevosa de insectos y
búscate un lugar donde morir fosilizado
lejos del prisma de los minutos...

Dios es un lugar muy cercano que conduce
con exquisita violencia
hacia la Noche.

Dicen que los relojes buscan Allí
un sueño que nunca termina.

viernes, 5 de julio de 2013

Bartleby el escribiente y otros cuentos - Herman Melville


Mientras aprendo, embelesada, de las teorías de Gilles Deleuze, Bartleby se cruza de nuevo en mi camino. Releo en esta ocasión la ya mítica nouvelle de Herman Melville sobre este escribiente extraño en una deliciosa edición de Alianza, que incluye otros cuatro cuentos de Herman Melville que no conocía. 

Bartleby, un copista que decide empezar a declinar las tareas que le son encomendadas en su trabajo, es un personaje que encarna la imposibilidad de escapar a las leyes sociales estipuladas: cuando alguien se separa de la sociedad-rebaño, ésta le persigue hasta encerrarle o infringirle daño o castigo. Bartleby es un buen ejemplo de ello.

Del resto de cuentos me fascina “La veranda”, un cuento de tintes feéricos escrito con una sencillez y una delicadeza fascinantes. Versa sobre un tema encantador: la pátina de fantasía que muchas veces, casi sin querer, extendemos sobre la realidad para hacer del día a día algo más habitable y soportable. Es algo que hasta los humanos menos mágicos practican, aunque casi nunca se den cuenta. En este caso, el protagonista del cuento localiza una casa que se ve desde la suya en la lejanía, e imagina para ella un entorno mágico, mientras ese lugar le atrae y reclama cada vez con más fuerza: un cuento maravilloso. 


Volviendo a Bartleby, (que, por más veces que uno lo lea, insiste en seguir teniendo siempre el mismo maldito final) esta lectura me descubre detalles nuevos. Presto más atención a los otros dos copistas secundarios, Nippers y Turkey y al pequeño recadero Ginger Nut. Verdaderamente, añaden frescura al comienzo del relato y consiguen que no sea tan sombrío desde el principio. Poco a poco la atención se centra en Bartleby, delgado, pálido, silencioso. ¿Cómo no fijarse en él, como no sentir simpatía inmediata sobre alguien tan diferente al resto, cómo no dejarse llevar por la ternura? Bartleby encarna nuestros miedos y frustraciones, los lleva al límite, nos muestra qué sucedería si el terror o la inacción (o una producto del otro, o viceversa, sí, incluso viceversa) nos paralizasen y condenasen al fracaso nuestra existencia.

No existe justicia para Bartleby, esta sociedad no ha reparado en esos individuos que no desean someterse a ella, no hay lugar en el que refugiarse. Su final es injusto, injusto, injusto. 

Al respecto de Bartleby, Gilles Deleuze, Giorgio Agamben y José Luis Pardo tienen mucho que decir. Existe en la editorial Pre-Textos un libro magnífico que incluye el relato de Herman Melville sobre Bartleby más tres ensayos de los citados filósofos: “Preferiría no hacerlo”.

En este libro, Deleuze, (heterogéneo, prolijo en recursos, perspicaz y con una redacción impecable), reflexiona sobre el lenguaje analizando la sintaxis de la frase original I would prefer not to, una sentencia extraña que inquieta a todo aquel a quien vaya dirigida y que desestabiliza toda norma de comportamiento social establecido: “Pese a ser una construcción normal, suena como una anomalía”. A partir de sus reflexiones sobre las peculiaridades que provoca esa frase en cualquier idioma, expone algunas sentencias sublimes: 

A primera vista, podría parecer que la fórmula es una mala traducción de un idioma extranjero. Pero, a decir verdad, su propio esplendor desmiente tal hipótesis. Sucede más bien como si fuera la fórmula la que socavase la lengua con una especie de idioma extranjero (...) aún siendo cierto que las obras maestras de la literatura constituyen una suerte de lengua extranjera en el interior del idioma en que están escritas, ¿qué impulso de locura, qué inspiración psicótica ocupa el lenguaje en tales ocasiones?

Giorgio Agamben principalmente establece referencias históricas entre Bartleby y la forma de copiar textos en civilizaciones remotas, con ejemplos concretos, observando la acción de escribir desde un punto de vista metafísico. Acerca del personaje de Bartleby, comenta:

Como escriba que ha dejado de escribir es la figura extrema  de la nada de la que procede toda creación y, al mismo tiempo, la más implacable reivindicación de esta nada como potencia pura y absoluta. El escribiente se ha convertido en la tablilla de escribir, ya no es nada más que la hoja de papel en blanco. No es, pues, de extrañar, que se demore tan obstinadamente en el abismo de la posibilidad y no parezca tener la menor intención de salir de él.

José Luis Pardo, por su parte, examina la figura del escritor y del lector uniéndolas en una sola, convirtiendo a uno en otro, fundiendo ambas tareas en una misma y excluyendo de esta unión al copista que no comprende aquello que transcribe. 

El matrimonio entre lectura y escritura (que hace de todo lector un escritor in fieri y de todo escritor un lector in actu) es la clave de esa “invención reciente” que llamamos literatura.

También trata el asunto de la identificación entre el lector y la obra literaria, así como de otros muchos relativos a la figura de Bartleby cuestionándose multitud de aspectos (y exponiendo estas interrogaciones al lector para que construya pensamiento propio en base a ellas) con el fin de comprender mejor al personaje y sus motivaciones. Finalmente, asocia su figura con la del apóstol Bartolomé, estableciendo las conexiones y similitudes entre ambos, creando un vínculo inesperado, haciendo rizoma.

Devengamos en Bartleby, ¿por qué no? Hagamos línea de fuga: elijamos no hacerlo.

miércoles, 26 de junio de 2013

"Butes" - Pascal Quignard


CAPÍTULO IX

De pronto lo antiguo se precipita.
Lo antiguo cae de las nubes.
Es el rayo mismo.
El trueno es la voz de este animal enorme y extremadamente negro que se llama tormenta.
Los relámpagos saltan desde lo alto del cielo con el deseo de venir a tocar la tierra.


Butes, Pascal Quignard: Editorial Sexto Piso, 2011


Butes mantiene esta intensidad todo el rato, es la delicadeza, la magia. Es uno de los libros más especiales que he leído nunca.

Me aproximo al secreto.
¿Qué es la música originaria? El deseo de arrojarse al agua.

martes, 25 de junio de 2013

"Comentarios sobre la sociedad del espectáculo" - Guy Debord


Cuando leí "La sociedad del espectáculo" me quedé absolutamente encantada con las teorías de Guy Debord y su asombrosa lucidez (esto puede comprobarse aquí); pero no sabía que ese libro (tan pequeño, tan eterno) tenía continuación en este que leo ahora, "Comentarios sobre la sociedad del espectáculo", editado magistralmente, como es habitual, por Anagrama.

Estos "Comentarios..." tienen tanta relevancia y aplicación hoy día como los postulados de "La sociedad del espectáculo": sin embargo, se comprenderán mucho mejor habiendo leído antes este último. Los comentarios son mucho menos crípticos y abstractos que "La sociedad...", y mucho más reflexivos. No obstante, fueron escritos veinte años más tarde (1988), con un margen suficiente para observar la pertinencia de las teorías expuestas (en 1967) y su aplicación en la sociedad capitalista. Precisamente, hacia el final de estos "Comentarios..." Guy Debord alude a este hecho de la siguiente manera, autocomplaciente (con razón) y sin ambages: 

Me enorgullezco de ser un ejemplo, muy raro hoy día, de alguien que ha escrito sin quedar desmentido enseguida por los acontecimientos; y no digo desmentido cien veces o mil veces, como los demás, sino ni una sola vez. No dudo de que la confirmación que están encontrando todas mis tesis ha de continuar hasta el final del siglo y aún más allá. La razón es sencilla: he comprendido los factores constitutivos del espectáculo "en el fluir de su movimiento, y por tanto sin perder de vista su lado perecedero", es decir, encarando el conjunto del movimiento histórico que pudo edificar este orden y que ahora está comenzando a disolverlo.

Este libro que, como decía, reflexiona detenidamente sobre la repercusión de "La sociedad del espectáculo" en la propia sociedad del espectáculo, también aporta una buena cantidad de ejemplos prácticos (sucesos políticos y sociales que pusieron de manifiesto el acierto de sus teorías); también explica el porqué de la redacción inicial de "La sociedad del espectáculo" dentro del ambiente de aquella época (en el marco de la Internacional Situacionista, movimiento del que fuera fundador), e incluso ejemplifica la mala gestión cultural y la depauperación de la industria de la literatura en la sociedad del espectáculo con datos acerca de la traducción de su propio libro:

El trabajo intelectual asalariado tiende normalmente a seguir la ley de la producción industrial de la decadencia, conforme a la cual la ganancia del empresario depende de la rapidez de ejecución y de la mala calidad del material utilizado. Desde que esa producción tan resueltamente liberada de cualquier traza de miramientos para con el gusto del público ostenta en todo el espacio del mercado, gracias a la concentración financiera y, por consiguiente, a un equipamiento tecnológico cada vez mejor, el monopolio de la presencia no cualitativa de la oferta, ha podido especular cada vez más descaradamente con la sumisión forzada de la demanda y con la pérdida del gusto, que es momentáneamente su consecuencia entre la masa de la clientela.

Personalmente, me quedo con esos fragmentos en los que Debord ataca a las clases dirigentes sin concesiones, aludiendo a la falta de valores, de cultura y a la mala gestión política de la que somos víctimas:

El juicio de Fuerbach acerca del hecho de que su tiempo prefería "la imagen a la cosa, la copia al original, la representación a la realidad" se ha visto plenamente confirmado por el siglo del espectáculo, y eso en varios ámbitos en los que el siglo XIX había querido mantenerse apartado de lo que era ya su naturaleza profunda: la producción industrial capitalista. La burguesía difundió el espíritu riguroso del museo, del objeto original, de la crítica histórica exacta, del documento auténtico. 
(...)
El punto culminante se alcanza sin duda con la ridícula fascinación burocrática china de las grandes estatuas del enorme ejército industrial del primer emperador, que tantos hombres de Estado en sus viajes han sido convidados a admirar in situ. Lo cual demuestra, ya que ha sido posible burlarse de ellos tan cruelmente, que ninguno de ellos contaba entre la multitud de sus asesores con un solo individuo que entendiera de historia del arte de China ni de fuera de China. Es sabido que su formación es de otra índole muy distinta: "El ordenador de Su Excelencia no ha sido programado para responder sobre este particular". La constatación de que por primera vez se puede gobernar sin poseer el menor conocimiento de arte ni sentido alguno de lo auténtico y de lo imposible bastaría por sí sola para conjeturar que todos esos papanatas ingenuos de la economía y de la administración acabarán probablemente por conducir el mundo a alguna gran catástrofe, en el caso de que su práctica efectiva no lo hubiese ya demostrado.

Por último, una idea fundamental que por sí sola podría justificar la existencia de este libro: la constatación de la desaparición del concepto clásico del consejo de sabios como formato ideal de gobierno de un pueblo, así como de los grupos de debate e intercambio social y político:

Es que ya no existe el ágora, la comunidad general, ni tan siquiera unas comunidades limitadas a organismos intermedios o instituciones autónomas, a los salones o a los cafés, a los trabajadores de una sola empresa; no queda sitio en donde el debate sobre las verdades que conciernen a quienes están ahí pueda librarse a la larga de la apabullante presencia del discurso mediático y de las distintas fuerzas organizadas para aguardar su turno en tal discurso. No existe ya el juicio, con garantías de relativa independencia, de quienes constituían el mundo erudito; por ejemplo, de quienes antaño cifraban su orgullo en una capacidad de verificación que les permitía aproximarse a lo que se llamaba la historia imparcial de los hechos, o al menos creer que ésta merecía ser conocida. No queda ya ni verdad bibliográfica incontestable, y los resúmenes informatizados de los ficheros de las bibliotecas nacionales borrarán sus huellas con tanto mayor facilidad.

Las sentencias de Debord impresionan por su actualidad y acunan y acompañan en estos (en palabras de Javier Marías) tiempos ridículos.

Aquello de lo que el espectáculo puede dejar de hablar durante tres días es como si no existiera.


lunes, 24 de junio de 2013

"El sexo y el espanto" - Pascal Quignard


El taedium de los romanos se prolongo hasta el siglo I. La acedia de los cristianos apareció en el siglo III. Reapareció bajo la forma de melancolía en el siglo XV. Regresó en el siglo XIX con el nombre de spleen. Y regresó en el siglo XX con el nombre de depresión. No son más que palabras. Un secreto más doloroso habita en ellas. Del orden de lo inefable. Lo inefable es lo "real". Lo real no es otra cosa que el nombre secreto de lo más detumescente en lo profundo de la detumescencia. A decir verdad, no hay más lenguaje que el lenguaje. Y todo lo que no es lenguaje es real.

El sexo y el espanto. Pascal Quignard, Editorial Minúscula, 2006.


Quignard, como novelista, es asombroso: como ensayista, admirable.
Siento verdadera ansiedad por seguir consiguiendo libros suyos, pero eso me hace sentir bien.

domingo, 23 de junio de 2013

"Rizoma" - Gilles Deleuze


Quizá no sea yo quien (desde luego no todavía) para comentar ninguna obra de Gilles Deleuze. Pero algunos de los conceptos que él propone en sus libros me parecen tan increíbles y hermosos, que quiero darle voz en este espacio para extender su obra como un virus, para que este blog haga rizoma con el concepto de rizoma, para que lo haga con Deleuze.

Hablaré sólo del concepto de rizoma. Rizoma como planta que se extiende y se extiende... ocupando espacios de terreno favorables, contra la idea de árbol que enraíza profundamente en la tierra, un punto estático que crece tan solo hacia arriba, sin abarcar ningún otro espacio a su alrededor.

¡Haced rizoma y no raíz, no plantéis nunca! ¡No sembréis, horadad! ¡No seáis uno ni múltiple, sed multiplicidades! ¡Haced la línea, no el punto! La velocidad transforma el punto en línea. ¡Sed rápidos, incluso sin moveros! Línea de suerte, línea de cadera, línea de fuga. ¡No suscitéis un general en vosotros! Nada de ideas justas, justo una idea (Godard). Tened ideas cortas. Haced mapas, y no fotos ni dibujos. Sed la Pantera Rosa, y que vuestros amores sean como los de la avispa y la orquídea, el gato y el babuino.

El concepto línea de fuga aparece cuando una de las extensiones del rizoma ocupa un espacio de terreno que resulta no ser favorable. En ese momento, esa extensión se corta, lo que no significa que el rizoma al completo, ni ninguna otra de sus partes, se vea afectado. Supongo que esto tiene mucho que ver con alejarse de aquello que hace daño, o lo que es lo mismo, con el más puro instinto animal (...habrá que apoyarse directamente en una línea de fuga que permite fragmentar los estratos, romper las raíces y efectuar nuevas conexiones. Un rizoma puede ser roto, interrumpido en cualquier parte, pero siempre recomienza según ésta o aquella de sus líneas, y según otras).

En “Rizoma” (Pre-Textos, 2013), Gilles Deleuze y Félix Guattari introducen a dos voces intercaladas (rizomáticas) el concepto de rizoma que se completa en el libro “Mil mesetas: capitalismo y esquizofrenia” (Pre-Textos, 2010). Sin embargo, para disfrutar de una primera toma de contacto con las teorías de Deleuze, para los no iniciados, es muy recomendable el libro de Maite Larrauri, titulado “El deseo según Gilles Deleuze”, publicado en la colección “Filosofía para profanos” de Ediciones Tándem. En este libro, además del concepto de rizoma, también tenemos a los huracanes gozosos contra los huracanes resentidos, la desterritorialización (línea de fuga), la orquídea y la avispa...

El rizoma es una multiplicidad que cambia a medida que aumentan sus conexiones.

Libros que, ciertamente, son muy baratos: sirven para toda la vida.

martes, 18 de junio de 2013

"Agua" (un poema de Adriana Bañares)


Me han abierto el pecho en canal sin anestesia, y en
su interior no vi un ser humano: solo vi agua. Agua
densa y muy azul. Mi interior solo es gelatina que
ocupa cada recoveco de mi cuerpo. Mi alma es agua.
Variable, voluble, agua.
Por eso comprendí que en verdad era mi mente
quien ve, pues mis ojos son agua, parte de alma. El
concepto de satisfacción es un concepto auxiliar del
concepto de verdad. Soy una asignación insatisfecha,
incontingente, maleable, café mi sangre, de agua
hecha. Si lloro, es porque mi alma se desborda. Por
eso cuando llego al orgasmo siento literalmente que
me derrito. Todo mi cuerpo se hace agua.

No hay cuerpo, solo soy alma.


Adriana Bañares, Ánima esquiva, Editorial Origami, 2013

Adriana tuvo la amabilidad de dedicarme un ejemplar de "Ánima esquiva" en la feria del libro de Madrid hace unos días, y yo leí este poema vestida de azul, con armadura de escamas.

jueves, 30 de mayo de 2013

"De umbral en umbral" - Paul Celan


LEVANTES LA PIEDRA QUE LEVANTES

Levantes la piedra que levantes-
despojas
a quienes precisan el amparo de las piedras:
desnudos
renuevan ahora el enredo.

Tumbes el árbol que tumbes-
construyes
el lecho en donde
las almas una vez más se estancan
como si no vibrara
también este
eón.

Digas la palabra que digas-
agradeces
el deterioro.


[Hagas lo que hagas].



JUNTOS


Ya que la noche y la hora,
al nombrar en los umbrales
a los que entran y salen,

bendijo lo que hicimos,
ya que nada más nos mostró el camino,

no han de venir las sombras
por separado, pero si
hubiera más de lo que hoy se anunció,

no sonarán las alas
antes para mí que para ti-

Sino que rueda sobre el mar
la piedra que planeaba a nuestro lado
y en el surco que traza
desova el sueño vivo.

[La noche bendijo lo que hicimos].



Paul Celan, De umbral en umbral. Editorial Hiperión, 2008.

jueves, 23 de mayo de 2013

"Tierra" - David Vann


Tierra. Eso es, tierra. Tierra caliente y seca es lo que van a saborear en el paladar todos ustedes si tienen la suerte, o el buen tino, de adentrarse en las páginas de esta impresionante novela. ¿Han sujetado alguna vez un terrón duro dentro del puño apretado bajo el sol del verano? ¿Han intentado desprenderse alguna vez de su existencia terrenal? ¿Han sentido, alguna vez, el horror de la locura...?

David Vann es una suerte de sutil demiurgo del horror, de artesano de la manipulación psicológica, que guía con mano experta hacia la demencia usando por toda herramienta la literatura. Refinado y sereno, despiadado, y sin más límites que el de la imaginación más poderosa. Después de “Sukwan Island” y “Caribou Island”, sus dos novelas anteriores, llega una tercera entrega tan a la altura de las dos previas, que da vértigo.

David Vann, maldito seas, David Vann. 
Arcángel deslumbrante 
que guardas tras tu espalda un gigantesco 
serrucho oxidado.

David Vann tiene una capacidad muy especial para tejer historias que giren alrededor de relaciones familiares, ya sean paternofiliales, de pareja o de cualquier otro tipo. Sus novelas se nutren de esos pequeños gestos de odio contenido que se producen en entornos creados por convencionalismos sociales. Porque, ¿qué le debe, exactamente, un hijo a sus padres, si no es responsable de su nacimiento? ¿En nombre de qué debe alguien soportar cualquier tipo de maltrato (o de rutina insatisfactoria) de parte de su pareja, si su relación ha sido libremente elegida, si no hay absolutamente nada que obligue a mantenerla? Es precisamente lo artificial de las relaciones humanas lo que siembra la semilla que poco a poco va ensanchando la brecha.

Suele ser el miedo (siempre suele ser el miedo) lo que conduce o empuja a las personas a establecer relaciones artificiales bajo la premisa de la racionalidad, bajo normas sesudamente diseñadas y socialmente establecidas para el bien de todos (aunque sólo se mantengan por la fuerza de la costumbre, aunque apesten), bienintencionadas y juiciosas que, por su propia naturaleza, tienden a quebrarse al ser obligadas a existir en un mundo que es esencialmente salvaje.
Suele ser el miedo a la soledad.

Pero las familias que habitan las novelas de David Vann no son familias sencillas a las que les haga felices salir a pasear juntos en bicicleta los domingos.

David Vann, maldito seas, David Vann. 
Arcángel deslumbrante 
que guardas tras tu espalda un gigantesco 
serrucho oxidado.

Se trata de círculos con un pasado complicado y una altísima predisposición a las ideas enfermizas, ese tipo de familia de apariencia normal ante los vecinos, pero que, sin embargo...

Sin embargo, lo que sucede es que nuestro artífice del mal plantó en secreto la semilla del odio en el suelo que estaban pisando, en irónica, sombría y maliciosa espera de los previsibles resultados.

“Tierra” posee multitud de características que la relacionan con las ya citadas novelas anteriores. Pero si nos centramos en ella, observamos que la demencia de su protagonista, aún siendo ya genética como se deriva del comportamiento de la parte de su familia que nos es presentada, también se ve alimentada por lecturas de contenido espiritual. David Vann cita obras de Hermann Hesse, Richard Bach, Gibran Jalil Gibran y Carlos Castaneda. También, en algún momento, uno de los personajes comenta que todos ellos no han hecho nada más que copiar mal a Blake.

Resulta obvio que la lectura de este tipo de libros no es algo dañino en sí mismo, pero se juega con la capacidad que tienen de incendiar una mente a la que sólo hace falta aplicar la chispa adecuada para liberar la tragedia hacia la que ya existía predisposición desde siempre.

Según ha confesado David Vann en algunas entrevistas a tenor de la publicación de “Tierra”, el protagonista de esta novela comparte rasgos biográficos con él mismo (y eso, con la novela entre las manos, resulta aterrador saberlo): siendo muy joven, buscó respuestas en las filosofías New Age y llevó a cabo rituales espirituales basados en la meditación, llegando a creer que podría caminar sobre el agua, todo ello como terapia para aprender a enfrentarse a sus miedos personales.

David Vann, maldito seas, David Vann. 
Arcángel deslumbrante 
que guardas tras tu espalda un gigantesco 
serrucho oxidado.

Ahora, confiesa estar convencido de que detrás de todas esas prácticas misteriosas nunca se esconde nada más que el sexo, y que lo que entonces creía ver como algo bello y esencialmente puro, no era más que su propio egoísmo no reconocido: es decir, que buscar continuas señales destinadas a sí mismo, tanto en las personas que le rodeaban como en las cosas que veía, denotaba un egocentrismo que no solucionaría con estas prácticas espirituales.

Partiendo de esta base, y según explica él mismo, el tema del libro es cómo la filosofía (mal entendida, y el paréntesis es mío) puede conducir a la violencia. A día de hoy, David Vann reniega de todos los autores de ese estilo que le sirvieron de referencia en su juventud, ya que, según dice, basan sus teorías en vaguedades y no conducen realmente a nada.


Sol y tragedia griega

Carnal y descarnada, en esta novela hay una localización muy concreta, hay una madre y un hijo girando en círculos mientras se miran y se miden de una forma muy tensa, y hay una abuela, una tía y una prima que actúan de coro para completar el conjunto, mientras añaden ingredientes para que al final, bien sea la madre o el hijo, uno de los dos muerda primero.

También hay un personaje que a pesar de estar en todo momento fuera de escena, fue la fuente y la causa de toda la violencia en la familia. El sol acude cada día puntual a su cita para crear aún más tensión proyectando su luz cegadora. La noche sólo trae fantasmas, nunca calma, no cura. El resto del mundo, no existe.

David Vann, maldito seas, David Vann. 
Arcángel deslumbrante 
que guardas tras tu espalda un gigantesco 
serrucho oxidado.

Es absolutamente recomendable, pero aviso: es muy difícil escapar al encanto tenebroso de este mago de las letras.

martes, 21 de mayo de 2013

"La Bella, enigma y pesadilla" - Pilar Pedraza

Las sirenas (Klimt, 1899)

«Odiseo viola la dulzura del canto con el punzante y obsceno mástil de su barco, sometiendo con ello a las atroces cantoras que, según algunos, se suicidan, despechadas, como la Esfinge tebana al ser despojada del velo de sus enigmas: idea absurda, que Homero no transmite. ¿Puede morir la Muerte? ¿Va la Muerte a suicidarse porque un simple súbdito suyo, un mortal, la burle de momento valiéndose de una treta infantil y siguiendo los consejos de una turbia hechicera? No: ahí está y ahí se queda la isla de las cantoras, con sus huesos y sus flores, esperando tranquilamente, bajo los astros, a que aparezca un nuevo barco. Ahí la encuentran los Argonautas —antes que Odiseo en el mito, en la cronología literaria después, ya que el episodio es narrado por el poeta helenístico Apolonio—, que logran pasar ante ella, gracias a la potencia del canto de Orfeo.

Vista la representación desde el contracampo, ¡qué soledad la de las Sirenas, reinando entre huesos y desperdicios, alisándose las plumas al sol, en una isla remota cuyas flores no llegan a atenuar con sus perfumes los vapores de la corrupción! ¡Qué alegría las embriagaría cuando vieron aparecer en el horizonte el corvo bajel de proa azulada, con su cargamento de hombres atezados, comandados por Odiseo, el héroe de los cabellos como racimos de jacintos! ¡Y qué ofensa para ellas que cantos tan elaborados, tan sabiamente dosificados en sus perfumes y venenos, fueran a parar a oídos sordos, a orejas taponadas con la cera segregada por las abejas industriosas, las estúpidas abejas que trabajan y trabajan y trabajan y se afanan mientras las cigarras, los pájaros y las Sirenas cantan en los árboles, las rocas y las nubes!

¿Qué sintió la blanca Leucosia cuando aquel frágil cascarón de pino pasó sin detenerse ante sus ojos glaucos, cuando su canto encontró un muro de cera que le impedía llegar al corazón de los itacenses, que poco antes habían hozado como cerdos en las moradas de Circe?

¿Acaso no fue lo peor de todo para Ligia el hecho de sentir que la melodía fascinaba a Odiseo y que unas maromas de áspero cáñamo le retenían atado al poste de tormento de una impotencia que era potencia contra ella?

¿Qué pensó Parténope cuando las espirales de armonía que salían de su boca de virgen se enredaban en el áspero palo? ¿No resultó peor que ser violada en cualquier burdel de puerto por un marino extranjero al que las dulzuras de su acento resultaran indiferentes?

Ser vencidas por los ritmos arrebatadores de Orfeo constituyó una derrota soportable, incluso honrosa; ser rebasadas por excombatientes que hacían oídos sordos, una humillación.»

(...)

«Las Sirenas de mar me interesan poco, salvo la Doña Teodora de Álvaro Cunqueiro, griega de nacimiento, que a la muerte de su amigo el vizconde portugués, quiso meterse monja en un monasterio de la laguna de Lucerna. Como tenía la cola rosada y se la quería teñir de luto, recurrió a Don Merlín. Realizó éste el encargo sumergiéndola en una tina llena de un caldo cuyos ingredientes recojo, por si alguien se ve en la tesitura de tener que enlutar un pescado. Son los siguientes: polvo de oro sulfatado, cuatro mezclas de corteza de nogal, extracto de campeche y crémor tártaro. Hay que remover esto durante una hora con una varita de plata y luego añadir un puñado de sal. Con tal mixtura, la cola viene a quedar de un color negro brillante, con un filo de oro en el borde de cada escama. Y es lástima que las Sirenas de mar carezcan de ombligo, porque si lo tuvieran, el mejor aderezo de este luto consistiría en una cuenta de azabache —piedra, por otra parte, que protege del mal de ojo— puesta en él, o bien una monedita de oro como las que traen las moras en las orejas y en los chalequillos.»


Pilar Pedraza
La bella, enigma y pesadilla
Tusquets, 1991

miércoles, 15 de mayo de 2013

hai excomunion


Ningún dios tiene nada que ver en esto: es solo un aviso.

martes, 7 de mayo de 2013

22 de mayo, nuevo libro de Javier Marías: "Tiempos ridículos" (Alfaguara)


Alfaguara anuncia para el próximo día 22 de mayo la publicación de un nuevo recopilatorio de artículos de opinión de Javier Marías, como viene siendo habitual aproximadamente cada dos años desde hace tiempo. Se titulará "Tiempos ridículos" y en él podremos encontrar los últimos noventa y seis textos publicados en El País Semanal cada domingo.

El artículo que da inicio a esta colección es "Isabel monta a Fernando", un texto especialmente brillante sobre cuestiones gramaticales llevadas al extremo (y al error estrepitoso) por algunos colectivos bastante histéricos. Entre otros artículos inolvidables, "Noventa y nueve patadas y media", aunque podría seguir hasta enlazarlos todos, me temo.

22 de mayo, no lo olviden, anoten el recordatorio con tinta dorada y brillante, si les parece. Nos vemos entre sus páginas.

domingo, 5 de mayo de 2013

"Mártir de ciego"


Como cuando de niño las encendidas sombras son mi refugio
y cómo aprendí a escribir a oscuras mientras escuchaba roncar al
cielo con sus estrellas en la habitación de al lado,
y qué placer tan íntimo dejarme llevar lejos, tumbado en las
nubes, poblado de fuegos sin término.

Salgo a la calle vestido de novia
y no hago caso de las alimañas que corren en los rumores de la gentes,
salgo a la calle vestido de novia
con una comitiva de niñas desnudas que llevan la cola en sus cenicientas manos,
salgo a la calle vestido de novia
y dando la espalda a los confines del mundo arrojo el ramillete
que marchitará en otro pecho,
salgo a la calle vestido de novia
atravesando el paseo de la noche bajo una llovizna de colores que
traspasen la tierra
para que el tiempo que me aguarda levante el velo que mi existencia oculta
y yo responda —haciendo temblar cada una de mis letras como
colegialas del rubor—: sí quiero.


Delicatessen underground, Sergio Oiarzabal: Masmédula, 2008.

Imagen extraída de este lugar (más estampas gloriosas).

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