sábado, 21 de marzo de 2015

"Deseo que venga el Diablo" - Mary MacLane


En el año 1902, una joven estadounidense escribió este relato autobiográfico en el que narraba el día a día de su vida gris, pero sobre todo los deseos de colores con los que soñaba en un futuro no muy lejano. Consiguió crear una gran polémica por evocar la figura del diablo como medio para conseguir el éxito y la fama que deseaba fervientemente, e incluso en un primer momento el libro se publicó con el título modificado (“La historia de Mary MacLane”) para poder comercializarse. La joven escritora consiguió que diferentes medios le pidieran su colaboración y tuvo una vida corta a lo largo de la cual vivió tal y como quiso.

Mary MacLane
Es posible que al principio Mary MacLane os caiga mal, muy mal. Pero sentiréis ternura y quizá admiración por ella más tarde, pero solo si llegáis a entenderla. Eso requiere un ejercicio por vuestra parte que no todo lector está dispuesto a hacer. Su historia no es trepidante ni vive mil aventuras, al final no sabemos si el asesino es el mayordomo porque no hay ningún cadáver en la primera página… pero es que lo que tenemos entre manos es mucho más valioso que todo eso, se llama Literatura y se trata de una de esas ocasiones en las que la conexión mágica entre autor y lector atraviesa el tiempo y el espacio y, sencillamente, sucede.

Antes de nada, hay que entender a Mary MacLane dentro de su contexto: se trata de una joven de 19 años nacida en 1881 que observaba aterrada a su alrededor, siendo cada vez más consciente del futuro desolador que le esperaba: una vida simple y anodina, sin salir del pequeño pueblo en el que nació, viviendo a la sombra de un futuro marido al que atender y dar hijos… fue sensata, y muy valiente, y se dio cuenta de que quería vivir SU vida, aunque le costara más, aunque fueran a señalarla siempre con el dedo por no ser quien se esperaba que fuera. Y, ¿ha cambiado mucho todo eso después de cien años? No puedo decir que mucho. Han cambiado leyes, algunas cuestiones prácticas, evidentemente ahora lo tenemos más fácil las que no queremos ser “mujeres virtuosas” de lo que lo tenían entonces. Pero seguimos siendo señaladas con el dedo, y hay fuertes corrientes de individuos retrógrados (entre quienes se encuentran multitud de mujeres, y ése realmente es el verdadero problema) que siguen queriendo conminarnos entre baberos y fogones.

La publicidad de Seix Barral intenta vendernos a Mary MacLane de una forma superficial y rápida diciendo que fue la precursora de los blogs. Incluso en el prólogo de Luna Miguel (pueril y esforzado, que hasta nos saca la sonrisa que aparece viendo a un niño jugando a ser mayor, concentrándose en no salirse de los bordes cuando pinta en un papel) se dice que tiene aptitudes cibernéticas, sin explicar el por qué con argumentos sólidos: es muy fácil deslumbrar con una sentencia brillante… vacía de contenido. Y muy infantil también.

Mary MacLane fue una chica insatisfecha durante su primera juventud y quería que la Fama y la Felicidad aparecieran de la nada y llenaran de color su vida gris: esto le sucede a mucha gente que,  creyéndose genios, convencen a su entorno más cercano de su genialidad, se escudan en que el mundo no está preparado para ella y permanecen en ese estado de comodidad hasta el fin de sus días.

Pues bien, MacLane tenía muy claros sus objetivos y para ello escribió este libro, creó polémica, ganó dinero y con ese dinero se fue (atención: se fue, en pleno comienzo del siglo XX siendo una mujer extremadamente joven, sola y procedente de un entorno rural estadounidense), vivió su propia vida como le vino en gana y jamás contradijo la esencia de los pensamientos que ya de adolescente comenzaron a fraguar la que sería su personalidad definitiva. Una personalidad original y pura, que no estaba basada en nada, fuerte y arriesgada, que no necesitaba de otra más fuerte y dominante que tirase de ella. Bien por Mary MacLane, fuera quien fuese.

¿Fue transgresora? Sí. Pero no por el hecho de escribir un diario (porque se trata de un diario, o un retrato personal como ella prefiere llamarlo, en ningún caso un blog como Seix Barral y Luna Miguel quieren hacernos creer), sino porque no plasmaba en él las típicas aspiraciones de una adolescente de su época. Aunque estuviera equivocada en las formas (algo totalmente lógico en un espíritu joven de cualquier siglo), el trasfondo de todo lo que pensaba era muy sólido y muy puro, estaba muy segura de cómo quería vivir su vida y en eso hay que reconocerle un gran mérito.

Escribe con estilo, cita a Shakespeare en más de una ocasión, a Dickens, a Byron. Disfruta asimilando nuevos conocimientos y es capaz de apreciar la belleza de las cosas pequeñas, nos va a caer bien. Como decimos, adolece de toda esa rebeldía propia de la juventud pero desde luego encontramos el suficiente material entre sus escritos como para considerarla una precursora y un modelo a seguir. Es necesario liberarse de prejuicios antes de leerla (será mucho más fácil si no tenemos ninguno ya en el primer momento, desde luego), y coger con pinzas todas aquellas cosas que dice y que nos hacen pensar que va de farol porque, obviamente, muchas de las cosas las dice para provocar, no piensa todo exactamente tal y como lo expresa, y en cualquier caso el lenguaje es siempre limitado.

En fin, se termina este libro admirando a Mary MacLane y comprendiendo con ternura su naturaleza: a los 19 años quería ser feliz y aún no sabía que quienes analizan las cosas al nivel que ella lo hace, nunca lo es.

El discurso apasionado de Mary MacLane ha atravesado cien años para venir a ponerle voz a nuestra coetánea silenciosa Emily the Strange, si me permiten la comparación: si alguien alguna vez se ha preguntado qué pasa por debajo de la hermosa cabellera de la preciosa niña oscura de los gatos (más allá de las breves sentencias que ella nos brinda), aquí tienen una posible respuesta muy aproximada.

¿Por qué este libro no es un libro más? Porque MacLane era capaz de escribir a pinceladas, otorgando a cada instante un fondo de color, o luz, o contornos o incluso movimiento a todo aquello que escribía, haciendo que la siempre mágica conexión entre autor y lector fuera esta vez un poco más allá. Escribió este libro en tres meses, y unos diez años después redactó un epílogo que nos espera como brillante traca final en las últimas páginas del libro. Ya les he presentado a Mary MacLane: ahora, disfruten de su fantasma.

Mary MacLane
Reseña publicada originalmente en la web Anika entre libros.

lunes, 16 de marzo de 2015

"Pánico al amanecer" - Kenneth Cook


"Pánico al amanecer" es una novela que fue editada en España por Seix Barral en 2011. Pero originalmente se publicó en 1961 en Australia por The Text Publishing & Co., y cuando el lector se abre paso entre las primeras páginas una duda le asalta. Pero avancemos.

Esta es la historia de John Grant, profesor en un pueblo perdido de la Australia del oeste. Angustiado por el calor infernal insoportable, imagina sus escasas semanas de vacaciones como un oasis en el horizonte. Pero una mesa de apuestas se cruza en su camino unas pocas horas antes de partir de viaje, y el resto ya pueden ustedes imaginárselo.

Con estos ingredientes y este título, es inevitable que el lector se malicie una comparación, la duda que asalta tras las primeras páginas, como decía: Kenneth Cook (1929-1987) parece haber escrito una novela que circula en paralelo a aquella más antigua de Arthur Schnitzler (1862-1931), "Apuesta al amanecer". Sin embargo, fijándonos un poco más nos daremos cuenta de que la única coincidencia es que ambas novelas toman como tema central el juego y la ingente cantidad de problemas que atormentan a sus personajes por ese motivo. El título original de la novela de Cook es "Wake in Fright" (Despertar en el miedo, o Levantarse aterrorizado, etc.), y puede que el traductor al español (Pedro Donoso) se haya tomado una pequeñísima licencia traduciendo el título de una manera no exactamente literal que, conscientemente o no, hace un gran guiño indisimulado al título de Schnitzler ("Spiel im Morgengrauenen" en el original).

Pero dejemos a un lado estos paralelismos para argumentar por qué es recomendable esta novela. He de reconocer que no tenía ninguna referencia al respecto y que me la recomendó un librero mientras buscaba otro título muy distinto, en una de esas felices casualidades que ocurren cuando se acude a las librerías adecuadas. "Pánico al amanecer" goza de la misma siniestra intensidad que desprenden los libros de Cormac McCarthy, David Vann o Nick Cave, y prometo que no estoy exagerando: Cook es muy sórdido, rematadamente sórdido, pero de veras que es muy bueno. Para mi gusto, y sin querer desvelar nada, debería haber finalizado esta obra de una forma radicalmente diferente: si me prometen el abismo, y no me apartan del camino, el abismo es lo que quiero obtener al final. Tan sólo eso. Aún así todo, con este final inesperado, el libro sigue siendo magnífico.

El sol cegador y la consciencia adormecida por los vapores etílicos nos transportan de inmediato a ese gótico sureño que tan bien representan Vann y compañía. En este caso el escenario es Australia, en todo el esplendor de su asfixiante aridez. De camino a las dulces costas refrescantes de Sidney, acompañar a John Grant en su paseo al borde del abismo, es un auténtico placer para lectores sin problemas de vértigo.

"Alguna vez había oído que no se podía pensar en color: pues se equivocaban. Llega un momento en que la mente se llena de colores, verde, naranja y fuego. Pero no, tampoco era eso: eso era el amanecer. Colores increíbles junto a la línea del horizonte."

sábado, 14 de marzo de 2015

Ruta nocturna por el Madrid de los asesinos. Nuevo libro de la Editorial la Felguera


Esta noche se presenta el nuevo libro de la editorial la Felguera con un evento muy especial: una ruta nocturna por el Madrid de los asesinos, que comenzará a las 20.30h en la Plaza de la Paja de Madrid (junto al viaducto, en el corazón del Madrid medieval y lugar perfecto para esconderse, doy fe).



El libro se titula "Diario de los asesinos. Órgano oficial de acuchilladores y ladrones", aquí se puede ver el libro-tráiler y no debo dejar de indicar que solicitando el libro a través de la tienda on-line de la editorial, se envía como obsequio un frasquito de "Pastillas de Cianuro cortesía del Diario de los Asesinos".


¡Nos vemos!

sábado, 7 de marzo de 2015

W.I.T.C.H., Women International Terrorist Conspiracy from Hell


Este vídeo es mi pequeña contribución a los cursos feministas de la Universidad Jaume I de Castellón. Trata sobre las W.I.T.C.H., un grupo americano de lucha por los derechos de las mujeres, procedente de 1968. Aunque la agrupación no resistió mucho tiempo, algunos de sus miembros han seguido luchando por separado y en cualquier caso, hoy nos toca a las demás coger su testigo y seguir luchando.




Mañana, 8 de marzo, se celebra el día de la mujer. Y aunque nuestros son los 365, me tendréis en Cibeles a las 12 en punto para gritar bien fuerte contra el machismo, el capitalismo y el patriarcado. Allí nos vemos.

¡Pasa la palabra, hermana!



"Los dientes del corazón" - Ramón J. Soria Breña


Nos encontramos ante una recopilación de relatos muy particular, puesto que tiene como leitmotiv la comida, desde el punto de vista de un escritor especialmente exquisito en cuestiones culinarias que, con esta colección de relatos un tanto hedonista, ha sabido unir a la perfección dos de sus mayores pasiones, que son la literatura y la cocina. “Los dientes del corazón” reúne más de cuarenta relatos breves y cada uno de ellos juega a ser una receta, aunque lo que encontramos al empezar a leer es mucho más que eso: la explicación de un plato rodeado de una situación, un hilo argumental, de la vida misma.

Ramón J. Soria Breña es el responsable de un blog en el que encontramos los textos culinarios que componen este libro, y otros muchos más. Este blog existe desde 2008 y navegando por él podemos encontrar absolutamente cualquier tipo de receta que deseemos, y junto a ella, una historia que difícilmente nos defraudará. Ramón también ha escrito novelas de aventuras y prepara nuevos proyectos literarios relacionados con la comida.

Recetas noveladas

Según cuenta el propio Ramón J. Soria en una entrevista, le resulta imprescindible dedicar tiempo y esfuerzo a salvaguardar la cocina tradicional del desdén y el olvido al que se está viendo abocada en los tiempos de superficialidad que por desgracia vivimos. Cada vez se dedica menos tiempo a cocinar buenos platos elaborados a base de productos frescos. Por un lado, la calidad de todos los productos se ve disminuida porque la necesidad de abastecer a una población tan exageradamente grande implica manipular de forma artificial animales y plantas para que sean comercializables rápidamente.

Por otro lado, la popularización de la comida rápida (también conocida como comida basura y no sin motivo), y la falta de tiempo de la población sobreexplotada en sus trabajos, da al traste con la más mínima posibilidad de dedicar tiempo a disfrutar de la elaboración y la degustación de buena comida casera. Desde la noche de los tiempos, comer era un acto social que implicaba muchas otras cosas beneficiosas para la sociedad; ahora (imagínense una triste ciudad dormitorio) se trata de un acto que muchas veces se realiza en soledad, con productos de mala calidad, precocinados, envueltos en plásticos, de procedencia dudosa… mientras, para colmo, se ven en televisión concursos de cocineros atacados de los nervios que para nada transmiten el amor por la buena mesa.

Ramón J. Soria Breña es antropólogo y especialista en cuestiones alimenticias, trabaja como crítico culinario y también es experto en técnicas de supervivencia. Pensamos que ha cumplido con creces su objetivo al escribir estos relatos si pretendía activar de nuevo en el lector las ganas por preparar su propia comida artesana cuidando cada detalle.

Algunos ingredientes de más

Cuando uno se enfrenta al reto de comentar una obra tan especial como esta, puede caer rápidamente en el error de propasarse con el empleo de metáforas culinarias haciendo juegos de palabras del tipo: “este libro les dejará satisfechos”, “no esperen al postre para probarlo”, “relatos jugosos en su punto justo de sal”, “una lectura que no empalaga”, “para todos los paladares”, etc., todos ellos horrorosos, innecesarios y pueriles. Pues bien, los dos prólogos de los que podría prescindir este libro son exactamente así, y pueden ustedes obviarlos, si les parece oportuno seguir mi ejemplo.

Dicho lo cual, hay otro aspecto, en este caso propio ya de los relatos, que no quiero dejar de afear, sin menospreciar en absoluto la obra en su conjunto, que me parece una delicia. Se trata de la exagerada relación que el autor establece entre la comida y el sexo. Quizá si solamente encontrásemos unos pocos cuentos en los que los personajes jugasen a mezclar sexo y comida, podría aceptarlo y darlo por bueno, pero la realidad es que termina resultando molesto, por la insistencia.

Y es una lástima, porque los textos, insisto, poseen una gran calidad. Sin embargo, el personaje principal, que suele encajar en el mismo esquema en la mayoría de casos (hombre heterosexual de mediana edad, con gran gusto por la buena mesa, saber hacer en la cocina, con fuertes inclinaciones intelectuales y muy mujeriego) suele protagonizar multitud de escenas en las que conquista a una mujer preparando para ella algunos platos especiales y las escenas sensuales y/o sexuales se entremezclan en demasiadas ocasiones con la comida. Independientemente de los gustos personales de cada posible lector, la realidad es que tal insistencia, en la literatura (y perdón por la licencia en el juego de palabras) empalaga.

Regreso a los orígenes

Este libro destaca porque logra contagiar al lector las ganas por la buena cocina. Además, el lirismo que desprende su prosa sencilla y directa es una reminiscencia a los orígenes: con una descripción simple y nada engolada de una escena familiar en la que la cocina es el punto alrededor del cual gira todo lo demás, es capaz de transportarnos al mundo que nos está siendo arrebatado y en el que verdaderamente querríamos vivir.

Lo que nos propone es el lugar del que procedemos, es decir, el que existía antes de que una pantalla de cristal se interpusiera entre nuestros ojos y la realidad desde que nos despertamos hasta que nos volvemos a dormir. Vivimos en una burbuja irreal, creamos necesidades que sólo pueden satisfacer impulsos binarios y nos alimentamos de compuestos químicos que seríamos incapaces de imaginar. ¿Por qué? Toda esta pérdida de calidad de vida se lleva a cabo en nombre del progreso, y el progreso nos anima a pensar que es lo mejor que nos puede pasar. Así la rueda nunca deja de girar, pero podemos detenernos un instante y dejar que los relatos, tan sencillos y sabios de Ramón J. Soria nos sacudan por los hombros y nos griten la verdad.


Reseña publicada originalmente en El Mar de Tinta.

miércoles, 4 de marzo de 2015

"Yo también soy Frida Slaw", nuevo libro de Isabel García Mellado


Un libro nuevo de Isabel García Mellado es un día de fiesta, de abrir las ventanas, sacudir los manteles, de hacer el mejor pastel. Lo he recibido esta mañana, cuidadosamente editado por Le Tour 1987, y en la página 43 ya me ha hecho llorar dos veces: en cada poema encuentro las cosas que pienso, transcritas con las palabras más desnudas y más bellas.
Pronto os contaré más cosas sobre él.

sábado, 31 de enero de 2015

"Cuentos reunidos" - Clarice Lispector


Necesito hablaros de Clarice Lispector.

La razón por la que empecé a leerla es porque dos periodistas a quienes admiro y respeto, ya que poseen un bagaje cultural envidiable y un gusto cultural exquisito, no solo adoran y recomiendan la literatura de Clarice Lispector, sino que directamente querrían ser ella. Y esta afirmación, tan rotunda y definitiva, derrumba por completo cualquier atisbo de duda o pereza que tuviera antes de sumergirme de lleno en su mundo.

Es cierto que no se trata de una lectura para masas y que quizá puede costar un poco adaptarse a su discurso, pero también es cierto que a medida que van pasando las primeras páginas llega un momento en que esto sucede sin que uno se dé cuenta, y que luego no hay vuelta atrás.

"Esta vez era un amor más realista, nada romántico; era el amor de aquel que ya ha sufrido por amor."

No existe en el mundo entero literatura de calidad que sirva para no pensar. Cualquier librero que se precie os explicaría por qué está harto de que le hagan esa consulta que todos odian, “quiero un libro para no pensar”. ¿Quién querría un alimento que no le nutriese, quién un amor que no le inspirase? La lista de comparaciones sería infinita. Con Clarice Lispector pensaréis, eso puedo asegurarlo, y eso es maravilloso.

Existe una estupenda edición de sus relatos, editada por Siruela en 2013, con la que es muy fácil comenzar a disfrutar de esta gigante de las letras. Se titula sencillamente “Cuentos reunidos” y contiene 74 joyas en forma de cuentos ordenados cronológicamente por fecha de publicación original. Aquí podemos encontrar tesoros como el cuento titulado “El huevo y la gallina” en la que Lispector filosofa de forma magistral sobre este pequeño animalito poco frecuente en la literatura, y que sin embargo es relativamente recurrente a lo largo de sus cuentos (se termina adorando la figura de la gallina una vez que Lispector te la explica…) La figura de la mujer, su soledad y desolación, la pérdida de ilusión y energías por culpa del machismo patriarcal, también está perfectamente representada, y es el motivo principal por el que Lispector es autora de cabecera de los feministas más leídos. Solo alguien con su fuerza y sensibilidad puede crear textos atrevidos y rompedores para su época (nació en 1920), y que reflejen tan bien la realidad femenina, siempre tan menospreciada, ridiculizada y vapuleada en pos de los intereses masculinos.

Leyendo un poco acerca de su vida, descubrimos que entre sus referentes literarios más influyentes se encuentran genios de la talla de Queiroz, Hesse o Dostoievski. Sin duda, su principal aportación a la Literatura es el discurso interior sin concesiones, siempre profundo y en ocasiones enfermizo, si se me permite la expresión: quiero decir que explora zonas de la mente humana que tienden a permanecer inexploradas, por un lado no se atreve cualquiera a introducirse en ellas y por otro, hay que ser muy bueno para plasmar por escrito todo eso. Siempre con una serenidad y un pulso envidiables, logra transmitir todo aquello que desea seleccionando en cada instante la palabra exacta: es una de esas pocas elegidas que sabe sacar partido a las penosas limitaciones del lenguaje. Diosa Lispector.

Pero será mejor que cada uno saque sus propias conclusiones. A continuación, dos cuentos, uno con la primera infancia y otro con la adolescencia como excusas... para contar además otras muchas cosas en los espacios que quedan en blanco entre letra y letra.

Clarice Lispector


FELICIDAD CLANDESTINA

Ella era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio pelirrojo. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía éramos planas. Como si no fuese suficiente, por encima del pecho se llenaba de caramelos los dos bolsillos de la blusa. Pero poseía lo que a cualquier niña devoradora de historias le habría gustado tener: un papá dueño de una librería.

No lo aprovechaba mucho. Y nosotras todavía menos: incluso para los cumpleaños, en vez de un librito barato por lo menos, nos entregaba una postal de la tienda del papá. Para colmo, siempre era algún paisaje de Recife, la ciudad donde vivíamos, con sus puentes más que vistos. Detrás escribía con letra elaboradísima palabras como “fecha natalicia” y “recuerdos”.

Pero qué talento tenía para la crueldad. Mientras haciendo barullo chupaba caramelos, toda ella era pura venganza. Cómo nos debía e odiar esa niña a nosotras, que éramos imperdonablemente monas, delgadas, altas, de cabello libre. Conmigo ejercitó su sadismo con una serena ferocidad. En mi ansiedad por leer, yo no me daba cuenta de las humillaciones que me imponía: seguía pidiéndole prestados los libros que a ella no le interesaban.

Hasta que llegó el día magno de empezar a infligirme una tortura china. Como por casualidad, me informó de que tenía El reinado de Naricita, de Monteiro Lobato.

Era un libro grueso, vágame Dios, era un libro para quedarse a vivir con él, para comer, para dormir con él. Y totalmente por encima de mis posibilidades. Me dijo que si al día siguiente pasaba por su casa me lo prestaría.

Hasta el día siguiente, de la alegría, yo estuve transformada en la misma esperanza: no vivía, nadaba lentamente en un mar suave, las olas me transportaban de un lado a otro.

Literalmente corriendo, al día siguiente fui a su casa. No vivía en un apartamento, como yo, sino en una casa. No me hizo pasar. Con la mirada fija en  la mía, me dijo que le había prestado el libro a otra niña y que volviera a buscarlo al día siguiente. Boquiabierta, yo me fui despacio, pero al poco rato la esperanza había vuelto a apoderarse de mí por completo y ya caminaba por la calle a saltos, que era mi manera extraña de caminar por las calles de Recife. Esa vez no me caí: me guiaba la promesa del libro, llegaría el día siguiente, los siguientes serían después mi vida entera, me esperaba el amor por el mundo, anduve brincando por las calles y no me caí una sola vez.

Pero las cosas no fueron tan sencillas. El plan secreto de la hija del dueño de la librería era sereno y diabólico. Al día siguiente allí estaba yo en la puerta de su casa, con una sonrisa y el corazón palpitante. Todo para oír la tranquila respuesta: que el libro no se hallaba aún en su poder, que volviese al día siguiente. Apenas me imaginaba yo que más tarde, en el transcurso de la vida, el drama del “día siguiente” iba a repetirse para mi corazón palpitante otras veces como aquella.

Y así seguimos. ¿Cuánto tiempo? No lo sé. Ella sabía que, mientras la hiel no escurriese por completo de su cuerpo gordo, sería un tiempo indefinido. Yo había empezado a adivinar, es algo que adivino a veces, que me había elegido para que sufriera. Pero incluso sospechándolo, a veces lo acepto, como si el que me quiere hacer sufrir necesitara desesperadamente que yo sufra.

¿Cuánto tiempo? Yo iba a su casa todos los días, sin faltar ni uno. A veces ella decía: Pues el libro estuvo conmigo ayer por la tarde, pero como tú no has venido hasta esa mañana se lo presté a otra niña. Y yo, que no era propensa a las ojeras, sentía cómo las ojeras me ahondaban bajo mis ojos sorprendidos.

Hasta que un día, cuando yo estaba en la puerta de la casa de ella oyendo silenciosa, humildemente, su negativa, apareció la mamá. Debía de extrañarle la presencia muda y cotidiana de esa niña en la puerta de su casa. Nos pidió explicaciones a las dos.

Hubo una confusión silenciosa, entrecortada de palabras poco aclaratorias. A la señora le resultaba cada vez más extraño el hecho de no entender. Hasta que, esa mamá buena, entendió al fin. Se volvió hacia la hija y con enorme sorpresa exclamó: ¡Pero si ese libro no ha salido nunca de casa y tú ni siquiera quisiste leerlo!

Y lo peor para esa mujer no era el descubrimiento de lo que pasaba. Debía de ser el horrorizado descubrimiento de la hija que tenía. Nos observaba en silencio: la potencia de perversidad de su hija desconocida, la niña rubia de pie ante la puerta, exhausta, al viento de las calles de Recife. Fue entonces cuando, recobrándose al fin, firme y serena le ordenó a su hija: Vas a prestar ahora mismo ese libro. Y a mí: “Y tú te quedas con el libro todo el tiempo que quieras”. ¿Entendido? Eso era más valioso que si me hubiesen regalado el libro: “el tiempo que quieras” es todo lo que una persona, grande o pequeña, puede tener la osadía de querer.

¿Cómo contar lo que siguió? Yo estaba atontada y fue así como recibí el libro en la mano. Creo que no dije nada. Tomé el libro. No, no partí brincando como siempre. Me fui caminando muy despacio. Sé que sostenía el grueso libro con las dos manos, apretándolo contra el pecho. Poco importa también cuánto tardé en llegar a casa. Tenía el pecho caliente, el corazón pensativo.

Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí unas líneas maravillosas, volví a cerrarlo, me fui a pasear por la casa, lo postergué más aún yendo a comer pan con mantequilla, fingí no saber dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría por unos instantes. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad. Para mí la felicidad siempre habría de ser clandestina. Era como si ya lo presintiera. ¡Cuánto me demoré! Vivía en el aire… Había en mí orgullo y pudor. Yo era una reina delicada.
A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo.

Ya no era una niña más con un libro: era una mujer con su amante.



NIÑO DIBUJADO A PLUMA

¿Cómo llegar alguna vez a conocer al niño? Para conocerlo tengo que esperar a que se deteriore; sólo entonces estará a mi alcance. Helo allí, un punto en el infinito. Nadie conocerá su hoy. Ni siquiera él mismo. En cuanto a mí, miro, y es inútil: no consigo comprender algo que sólo es actual, totalmente actual. Lo que conozco de él es su situación: el niño es aquel a quien acaban de nacerle los primeros dientes y es el mismo que será médico o carpintero. Mientras tanto, allí está él sentado en el suelo, con una realidad que he de llamar vegetativa para poder entenderla. Treinta mil de esos niños sentados en el suelo, ¿tendrían la oportunidad de construir otro mundo, que tuviese en cuenta la memoria de la actualidad absoluta a la cual ya pertenecemos? La unión haría la fuerza. Allí está sentado, empezando todo de nuevo pero para su propia defensa futura, sin ninguna oportunidad verdadera de empezar realmente.

No sé cómo dibujar al niño. Sé que es imposible dibujarlo a carbón, pues hasta la pluma mancha el papel más allá de la finísima línea de actualidad extrema en que él vive. Un día lo domesticaremos hasta hacerlo humano, y entonces podremos dibujarlo. Pues eso hemos hecho con nosotros mismos y con Dios. El propio niño contribuirá a su domesticación: se esfuerza y coopera. Coopera sin saber que la ayuda que le pedimos está destinada a su autosacrificio. En los últimos tiempos incluso se ha entrenado mucho. Y así seguirá progresando hasta que, poco a poco –por la bondad necesaria mediante la que nos salvamos–, haya pasado del tiempo actual al tiempo cotidiano, de la meditación a la expresión, de la existencia a la vida. Realizando el gran sacrificio de no ser un loco. No soy loco por solidaridad con los miles de nosotros que, para construir lo posible, también han sacrificado esa verdad que sería una locura.

Pero, entre tanto, helo allí sentado en el suelo, inmerso en un vacío profundo.

Desde la cocina la madre se cerciora: ¿sigues allí quietecito? Convocado al trabajo, el niño se levanta con dificultad. Se tambalea sobre las piernas, con toda la atención vuelta hacia dentro: su equilibrio entero es interno. Conseguido esto, ahora toda la atención es hacia fuera: observa lo que el acto de levantarse ha provocado. Pues el incorporarse ha tenido consecuencias y más consecuencias: el suelo se mueve incierto, una silla lo supera, la pared lo delimita. En la pare está el retrato de El Niño. Es difícil mirar ese retrato alto sin apoyarse en un mueble, para eso todavía no se ha entrenado. Pero he aquí que su propia dificultad le sirve de apoyo: lo que lo mantiene de pie es justamente la atención que pone en el retrato alto, mirar hacia arriba le sirve de grúa. Pero comete un error: parpadea. Pestañear lo desliga por una fracción de segundo del retrato que lo estaba sustentando. Se deshace el equilibrio: en un único movimiento total, el niño cae sentado. De la boca entreabierta por el esfuerzo de vida escapa una baba clara que escurre y gotea hasta el suelo. Mira la gota muy de cerca, como si fuera una hormiga. El brazo se alza, avanza en arduo mecanismo de etapas. Y de golpe, como para sujetar lo inefable, con inesperada violencia aplasta la baba con la palma de la mano. Parpadea, espera. Finalmente, pasado el tiempo necesario de espera de las cosas, aparta cuidadosamente la mano y examina en el parqué el fruto del experimento. El suelo está vacío. En una nueva y brusca etapa se mira la mano: la gota de baba está pegada en la palma. Ahora también de esto sabe. Entonces, con los ojos muy abiertos, lame la baba que pertenece al niño. Piensa en voz alta: niño.

–¿A quién llamas? –pregunta la mamá desde la cocina.

Con esfuerzo y gentileza él mira la sala, busca a quien la mamá dice que está llamando, se voltea y cae hacia atrás. Mientras llora, ve la sala distorsionada y refractada por las lágrimas, el volumen blanco crece y se le acerca –¡mamá! –, lo absorbe con brazos fuertes, y he aquí que el niño está de pronto muy alto en el aire, muy en lo caliente y lo bueno. Ahora el techo está más cerca; la mesa, debajo. Y, como no puede más de cansancio, empieza a desviar las pupilas hasta que las va hundiendo bajo la línea del horizonte de los ojos. Los cierra sobre la última imagen, los barrotes de la cama. Se duerme agotado y sereno.

El agua se ha secado en la boca. La mosca aletea en el cristal. El sueño del niño está surcado de claridad y calor, el sueño vibra en el aire. Hasta que, en repentina pesadilla, sobreviene una de las palabras que ha aprendido: se estremece violentamente, abre los ojos. Y para su terror no ve más que esto: el vacío caliente y claro del aire, sin mamá. Lo que piensa estalla en llanto por toda la casa. Mientras llora va reconociéndose, transformándose en aquel que la mamá reconocerá. Casi desfallece de tanto sollozar, tiene que transformase urgentemente en algo que pueda ser visto y oído porque si no se quedará solo, tiene que volverse comprensible porque si no nadie lo comprenderá, si no nadie se acercará a su silencio, si no dice y cuenta nadie lo reconoce, haré todo lo necesario para ser de los demás y que los otros sean míos, brincaré por encima de mi felicidad real, que sólo me traería abandono, y seré popular, hago trampa para que me amen, es totalmente mágico esto de llorar para recibir a cambio: mamá.

Hasta que el ruido familiar entra por la puerta y el niño, mudo de interés por lo que es capaz de provocar el poder de un niño, para de llorar: mamá. Es mamá, no se ha muerto. Y su seguridad consiste en saber que tiene un mundo para traicionar y vender, y que lo venderá.

Es mamá, sí, mamá, con un pañal en la mano. No bien ve el pañal, él se echa a llorar de nuevo.

–¡Pero si estás todo mojado!

La noticia lo sorprende, se renueva la curiosidad, pero ahora es una curiosidad cómoda y garantizada. Mira con ceguera la humedad propia, en una segunda etapa mira a la mamá. Pero de pronto se estira y escucha con todo el cuerpo el corazón latiendo pesado en la barriga: ¡pii-pii!, lo reconoce de golpe con un grito de victoria y de terror. ¡El niño acaba de reconocer!

–¡Claro que sí! –dice orgullosa la mamá–. Claro que sí, mi amor, es el pii-pii que ha pasado por la calle, le contaré a papa que ya lo has aprendido. Y vaya si no se dice así: ¡pii-pii, mi amor! –dice la mamá tirando de arriba abajo y después de abajo arriba, levantándolo  por las piernas, echándolo hacia atrás, tirando de nuevo de abajo hacia arriba. En todas las posiciones el niño conserva los ojos bien abiertos. Secos como el pañal nuevo.


sábado, 29 de noviembre de 2014

Entrevista a Inma Luna a propósito de su novela "Mi vida con Potlach"


“Mi vida con Potlach” es una de las sorpresas editoriales de los últimos meses. Se trata de una novela que se aleja rotundamente de la mediocridad habitual gracias a la profesionalidad de su autora y la falta de aspiraciones engoladas: difícilmente dejará indiferente a los lectores de buen criterio literario. Su autora, Inma Luna (Madrid, 1966), es periodista y antropóloga. Antes había publicado una gran cantidad de producción literaria, siendo esta su primera novela. Acaba de reeditar su primer poemario, “Divina”, también con Baile del Sol, y otro de sus poemarios más recientes es “Cosas extrañas que sin embargo ocurren”, a cargo de la editorial Cangrejo Pistolero (2013). Atendiendo a su producción en prosa, existe un libro de relatos titulado “Las mujeres no tienen que machacar con ajos su corazón en el mortero” (Baile del Sol, 2008).

Esta entrevista surge por la gran calidad de la novela que tenemos entre manos: “Mi vida con Potlach”. Después de leerla, estábamos deseando conocer a Inma y preguntarle acerca de un buen puñado de cuestiones. Su predisposición para concertar una cita y realizar la entrevista fue inmediata, y comprobamos en persona que su amabilidad es tan grande como la sonrisa que luce en todas sus fotografías. Nos citó en un local absolutamente encantador, y tras un té de nombre evocador y la mejor música de fondo, esto fue lo que nos contó: 


“Mi vida con Potlach”, el proceso.

Pregunta: En primer lugar, hasta ahora conocíamos su trayectoria literaria a través de sus relatos publicados, pero principalmente por su poesía, que además nos parece muy íntima, muy femenina y muy personal (que se aleja un tanto de la poesía narrativa)… ¿cómo surge ese salto a la novela, qué sucede?

Respuesta: Aparte de poesía, siempre he escrito también relatos: para mí, la diferencia esencial entre escribir poesía y narrativa está sobre todo en lo que hay de ficción en cada cosa. En la poesía no hay nada de ficción, es decir, todo lo que pongo sobre el papel es lo que realmente pienso, lo que siento. Quizá no todo lo experimento, pero sí es mi visión del mundo. Ahí no hay nada ficticio, no hay ningún personaje creado. Para eso me habían venido muy bien los relatos, había conocido muchos personajes muy interesantes.

P: No ha caído en la trampa del poeta que de pronto irrumpe en la narrativa escribiendo prosa lírica o incluyendo poemas entre los capítulos… ¡y queremos darle la enhorabuena por ello! ¿Cómo ha sido la experiencia escribiendo narrativa?

R: Yo tenía una idea en la cabeza: quería contar cómo a veces, aunque nos cerremos a las sorpresas que la vida nos depara, la vida se empeña en irnos cambiando ese trayecto: cómo era casi inevitable que la vida fuese cambiando el camino que tú has elegido. Pero no sabía con qué historia iba a explicar esto. Entonces, como no tenía experiencia en novela, al principio empecé a redactar esquemas, a pensar por capítulos, a hacer la dinámica que puedes encontrar en cualquier taller de cómo escribir una novela. Bueno, pues fui incapaz de funcionar así. Entonces, empecé a escribir de una manera más intuitiva, y en ese otro comienzo surgió Luis, el protagonista de la novela, que en principio yo no sabía ni siquiera si iba a ser un hombre, no lo tenía nada claro.

Pero de repente aparece esta voz y me resulta muy potente. Entonces me dejé llevar absolutamente. Y de verdad que ha sido un personaje agradecidísimo porque me ha contado muchas cosas. Ha habido mucha parte mágica, porque realmente me dejaba llevar. Tenía todas las facetas que yo necesitaba para contar esta historia: esa cierta paranoia, esos problemas que tiene, cómo intenta que su vida se convierta en una cuadrícula para salvarse del dolor… que en realidad es por lo que yo creo que a veces nos volvemos un poco inmóviles, porque creemos que cualquier paso que demos puede hacernos daño. Si no tuviésemos miedo al dolor seríamos mucho más osados. Necesité un trabajo de constancia, que es lo que requiere esto por contra de la poesía, (que para mí no requiere ningún esfuerzo).

P: ¿Cómo describiría la experiencia al darle voz a un protagonista masculino?

R: Ha sido muy, muy, muy interesante porque en cada tesitura que Luis se encuentra yo tengo que pensar como él, y tengo que entender por qué él piensa así, por qué se relaciona de esa manera con las mujeres, qué le ha pasado para tener esos prejuicios cada vez que se enfrenta a una relación, qué miedos le atenazan y por qué… y ver esto desde un punto de vista masculino, cuando yo además he hecho una literatura muy femenina. Ponerme en la piel de Luis ha sido un ejercicio precioso, porque me ha servido a mí también de mucho. Ponerte en lugar del otro pero no de una manera paternalista. Y la verdad es que los lectores hombres me han dicho que le veían bastante real, que era un hombre sensible pero que no parecía algo impostado.

P: ¿Por qué le interesaba meterse en la piel de un personaje con problemas mentales? ¿Hay un por qué?

R: ¡Eso también fue cosa suya! (Risas). En principio tampoco tenía pensado que tuviese ningún problema mental. Me venía muy bien ese punto de inflexión en un momento de su vida, cómo él empieza con esa crisis brutal que tiene, para que se replantearse qué hacer. Ese aspecto es muy útil para indagar en esa mente, en su forma de ver la vida, y también para ver cómo se enfrenta a otra visión con la que él no está familiarizado, y sobre todo, cómo se da cuenta de que tiene sentimientos que desconocía: intentar ayudar a gente que no conoce, que le ayuden a él…

P: ¿En qué proyectos literarios está trabajando actualmente?

R: Estoy trabajando en otra novela, pero igual, con paso lento porque me cuesta, y además casi no corrijo, con lo cual cada página esta destilada absolutamente: tardo muchísimo en escribirla porque no me gusta lo superfluo en nada, ni en la poesía ni tampoco en la novela. No quiero contar cosas que no sean imprescindibles, por eso voy corrigiendo a la vez que escribo, el proceso es lento. Estoy escribiendo una novela que creo que tiene muy poco que ver con ésta tanto en el tono como en los personajes; quería en principio que fuese un poco más ligera porque ésta es un poco densa en algunas partes, pero… ¡no me está saliendo tampoco tan ligera como me gustaría! (Risas). También estoy haciendo un poemario que sacaré para el mes de julio con una editorial de Huelva que se llama Crecida.

- La escritora Inma Luna -

Feminismo en la literatura.

P: Actualmente existen movimientos de carácter feminista, de igualdad de géneros, tanto a nivel político y social como, concretamente, literario.  Por ejemplo, se está presentando por muchas ciudades el documental “Se dice poeta” de Sofía Castañón, que reivindica la igualdad de la presencia femenina en todos los ámbitos de la industria de la literatura, y en el que participan escritoras de tu círculo y/o generación. ¿Se siente identificada con estos movimientos? ¿Ha tenido que luchar con más fuerza en alguna ocasión dentro del ámbito literario por ser mujer?

R: Yo he tenido mucha suerte: cuando he querido publicar, he publicado. He escrito mucho de siempre, pero no he querido publicar hasta muy tarde porque todo lo que había escrito no me parecía digno de ser publicado. El primer poemario lo presenté a un concurso y gané la publicación, del que ahora ha salido la segunda edición (“Nada para cenar”). A partir de ahí casi todo me lo han ido pidiendo las editoriales.

Ahora bien: ¿qué le pasa a una escritora?, ¿qué le pasa a una mujer en general? Lo mismo, la misma dinámica que podemos experimentar en cualquier otro campo pasa en la literatura. Casi siempre somos un grupo aparte. No hay todavía un campo abierto de hombres y mujeres en nada: están los hombres, que ocupan la parte genérica de cualquier cosa (del arte, de la literatura…), la parte masculina es la que puede interesar a todo el mundo, siempre nos encontramos con esa barrera.

Me preguntan: ¿tú escribes para mujeres? ¡Pues no, nunca en mi vida he escrito para mujeres! ¿Escribo como mujer? Pues claro, escribo como mujer como pinto como mujer, como aprieto un tornillo como mujer… todo lo que hago en mi vida lo hago como una mujer, y además no reniego de eso para nada. Y lo que siento y experimento no me planteo si es femenino, es que es mío y sale de mí. Pero es que creo que ningún hombre se plantea si lo que hace es masculino. El problema que veo es que todo lo masculino es genérico, como ocurre con el lenguaje, y luego está lo femenino, que casi siempre son intereses que sólo corresponden a una parte de la sociedad. Parece que lo femenino no interesa en general, con ese choque te encuentras siempre. Tenemos que tener una alarma constante.

Por ejemplo, yo noto que me invitan mucho a festivales, a recitales. Pero a mesas redondas me invitan a muy pocas, esas casi siempre son de hombres… ¡salvo que hablen de literatura femenina! Entonces sí me llaman. Estoy segura de que quien lo organiza ni siquiera se acuerda. Tenemos que estar alerta. A veces no sabría decir si es discriminación… que sí que lo es… a lo mejor no voluntaria, pero existe, y se percibe.

Mi trabajo no sólo va destinado a las mujeres: hablo de la vida, que nos interesa a todos, y hablo de la maternidad porque me parece una experiencia relevante, pero no sólo para las mujeres. Este tema sólo se utiliza a nivel universal cuando interesa, es decir, cuando se trata de comprar cosas: si te interesa que los padres tengan en cuenta que tienen que comprar. En general parece que la maternidad es una cosa de la mujer, tanto para bien como para mal. Si quien diese a luz fuese un hombre, ¿te imaginas?, ¡tendría todos los privilegios del mundo! Y la maternidad no es una debilidad: es lo que hace que el mundo siga. El hecho de que ahora esté de moda hablar de algunos temas feministas me parece maravilloso.

Oigo a muchas mujeres más jóvenes que yo: “Soy feminista, pero no radical”. ¡Pero es que tienes que ser radical  hasta el máximo… radicalísima! Nos las cuelan, hay miles de cosas que no eres consciente que estás haciendo o te estás tragando en la tele y esto no tiene que ser así. Tenemos que ser muy radicales, claro que sí: muy radicales pero no en el sentido de ataque, es una cuestión de defensa.


Cuestiones sociales, literarias y más.

P: ¿A nivel global, qué opinión le merece el panorama literario actual de este país?

R: No estoy muy al tanto, pero lo que veo es que hay corrientes subterráneas, gente haciendo cosas que me parecen interesantes. De la literatura española contemporánea no me gusta casi nada. Hay excepciones, pero en general lo que llega a las librerías y lo que aparece en Babelia me parece malo, o por lo menos a mí no me interesa. Coordino un club de lectura y hemos leído cosas muy buenas y otras que te preguntas cómo se pueden publicar y vender durante tanto tiempo. Leímos “La alegría es un té contigo” de Mamen Sánchez… no puede estar peor escrito. Pero es que el último de Julia Navarro (que también lo leímos porque iba a venir a la librería) me pareció nefasto.

En poesía hay cosas que me encantan, y muchas son mujeres. Me encanta lo que están haciendo Ana Pérez Cañamares, Sofía Castañón, Sonia San Román… hay gente que está haciendo un trabajo muy bueno. Pero, ¿cómo está el panorama? Como todo, difícil, la cultura está en declive absolutamente. Luego hay grupúsculos semi mafiosos haciendo cosas de las que no participo, me muevo en ambientes mucho más gratificantes. La gente que he conocido en el campo de la literatura ha sido muy generosa conmigo.

Cuando me preguntan: “¿Vives de la poesía?”, digo: “Sí, vivo de la poesía porque es lo que me da la vida”. Recitar para la gente me encanta, porque hay un punto de conexión preciosa, es como un paso más del libro.

P: ¿Cuáles son sus principales referentes literarios?

R: Mi diosa es Clarice Lispector, es la escritora que más me gusta y más difícil me parece, pero siempre que la leo pienso: “Yo quiero hacer esto, quiero escribir con esta depuración”. Ella era una mujer que pensaba tanto en la literatura, que todo lo que ha escrito sobre literatura, yo lo firmaría. Es como si leyera lo que pienso, me encanta. Aparte, hay libros sueltos… me gusta volver a los libros de Juan Rulfo, “Pedro Páramo” y “El llano en llamas”, que son dos libros deliciosos; Yasunari Kawabata también me gusta mucho; algunas cosas de Gioconda Belli me parecen muy interesantes, las manos comerciales, quizá. En poesía me gustan Jaime Sabines, Laya…

P: Una de las grandes cualidades que ennoblecen a algunos de los personajes principales de esta novela, es su generosidad sin fisuras, ¿cree que es una de las grandes taras de la sociedad, la falta de empatía y de generosidad entre las personas?

R: Creo que no está perdido, que hay gente muy generosa, lo que pasa es que no sabemos mucho de ella. Esa gente no llega a los medios de comunicación, se ve mucho más la suciedad que nos rodea, que en esa no hay ninguna empatía, efectivamente.

El otro día fui a una Caixa, tienen un cuaderno con los pisos que venden, lo cogí y estaba lleno de dramas: cada piso de esos se lo han quitado a una familia y lo venden por una miseria. Es tan triste ver eso… ¡que te lo ofrezca una entidad que está ganando millones y millones, y tenga ahí esa exhibición del dolor! Es terrible, es horroroso. Se lo dijimos al director, “Estos son los pisos que quitáis a la gente”. Claro, no saben qué decir porque no pueden justificar eso.

Pero entre esa gente que han echado de los pisos estoy segura de que a su alrededor hay gente generosa que les está ayudando a sobrevivir, porque si no, ¡estarían las calles llenas! Así, hay una red de gente que está ayudando a los que estos están destruyendo. Ayer oía que la gente sigue aguantando gracias a la economía sumergida… mentira, siguen aguantando gracias a las familias, de las pensiones de los ancianos, de los 500 euros de la pensión, esa persona, sus hijos y sus nietos. Si eso no es empatía y generosidad… Esa gentuza nos está robando y además quiere hacernos creer que la culpa es nuestra. Viendo estos agujeros, ¿cómo pueden decir que es inviable la renta básica de Podemos? ¡Suma, suma todo lo que has robado!

P:  Esta novela nos transmite un gran mensaje de aliento, de la superación a pesar de las dificultades… ¿cuál es el mensaje principal que desea transmitir a los lectores?

R: Sobre todo me encantaría que pudiese ayudarnos a estar más abiertos a la vida. Aunque tiene momentos tristes, es esperanzadora. La sociedad está construida sobre unos cánones equivocados. Es un sistema que a veces se olvida de la persona, sólo mira lo superficial.

En la maternidad y la corresponsabilidad, ¿quién decide que una historia de una noche implique ya a dos personas de por vida? Es un tema muy interesante que va en paralelo a la novela. También estoy de acuerdo en lo que tú dices, es una novela de superación, y de descubrimiento. También de sentimientos. No hemos hablado de Potlach, pero no vamos a desvelar quién es… es un personaje que Luis no sabía que le iba a hacer tanta falta, y en realidad la novela es todo el tiempo que comparte con ese personaje, y cómo va formando parte de sí mismo. También es una novela de descubrimiento en ese sentido: cómo él descubre cómo pueden ser las mujeres, (no la que él tenía en su cabeza), cómo puede ser la gente, y cómo puede ser él mismo.

Todo le va haciendo a comprenderse a sí mismo para enfrentarse de otra manera al mundo. Creo que es una buena fórmula para todos: conocernos, entendernos, perdonarnos lo que nos tenemos que perdonar y tener esa visión un poco más relajada y optimista frente a lo que nos rodea.


Para saber más de Inma Luna, mantiene un blog de literatura y aquí encontramos una relación de su bibliografía.


Entrevista realizada originalmente para la web literaria El Mar de Tinta.

lunes, 24 de noviembre de 2014

"El intelectual melancólico" - Jordi Gracia



“El intelectual melancólico” es un pequeño ensayo que encaja a la perfección en el catálogo de altísima calidad de Anagrama. Un reencuentro con la intelectualidad más pura, una dosis de finura y buen hacer en un mundo hostil donde los intelectuales parecen verse obligados a convertirse en melancólicos.

Jordi Gracia es catedrático de Literatura Española en la Universidad de Barcelona, así como crítico en periódicos catalanes y madrileños. Es autor de varios ensayos sobre historia de la literatura, otros sobre autores cuya obra admira y coordinador de diversas antologías.

Cómo detectar al intelectual melancólico
La principal aportación de Jordi Gracia es esa: la de exponer con gran claridad una teoría personal basada en la observación del mundo intelectual que le rodea, y hacerlo además con una finura, una elegancia, un buen gusto y una ironía tan sutil que es imposible no disfrutar leyéndolo incluso aunque uno no esté de acuerdo con lo que cuenta: pero a fe que en el Mar de Tinta lo estamos.

Y es que la conjunción de los términos “intelectual” y “melancólico” ya a priori es divertidísima, y anticipa a la perfección tanto el tema que se va a tratar como el tono desde el que va a enfocarse. Uno empieza a leer el libro y descubre además que el título inicial era “Panfleto contra el prestigio de la melancolía entre los intelectuales afectados por el síndrome del narciso herido” y si aún le faltaba alguna razón para seguir leyendo, ya las tiene todas.

El intelectual melancólico es, en fin, todo aquel  ser dedicado a las letras que ve con horror cómo sus publicaciones tienen menos éxito del que cree que por justicia merecen, y se enfada observando las cifras insultantemente elevadas de otros autores que cree que intelectualmente no le llegan ni a la suela del zapato. Entonces se ofende y ataca y piensa que cualquier pasado fue mejor, que el mundo de la cultura está tan muerto que ya casi desaparece.

Melancolía VS solemnidad
En este libro encontramos frescura, y las ganas de contagiar el amor por el conocimiento y por las cosas bien hechas. Porque si el intelectual melancólico no para de criticar a todos los escritores de medio pelo que no tienen calidad, gasta todas sus fuerzas en darles precisamente aún más publicidad. Lo que debería hacer, según este libro, es trabajar por aportar su trabajo de calidad al mundo de la cultura y dejar de criticar una inercia que con su mismo comportamiento está alimentando.

Es solo el tiempo el que pondrá a cada uno en su lugar: las obras de consumo de masas nunca pasan a la posteridad. Como bien dice Gracia, “casi cada nuevo libro de éxito y casi cada nuevo autor con público encarnan una agresión programada contra el buen gusto” pero también, “la calidad es exigua y es minoritaria, que las grandes obras son grandes porque son pocas”.

Así que, si uno consigue publicar en un medio que llegue a otros, ¿de qué sirve criticar la mediocridad que ya todos sabemos que impera y que muchas veces nos deja tan mal sabor de boca al comprobar que es precisamente lo que tiene éxito popular? ¿Por qué no convertir esa inquina y esa crítica mordaz en razones que estimulen el buen gusto en las masas?

El intelectual melancólico se escuda en la solemnidad como refugio contra los ataques de la estupidez imperante en el mundo de la supuesta cultura. Es una opción como cualquier otra, sí, pero, ¿es la mejor?

Un regreso al buen gusto es posible
No se trata solo de recuperar la calidad en el mundo de las letras, es algo que va más allá: signos de pérdida de nivel como sociedad no son sólo la falta de interés por la cultura o la enfermedad de la titulitis. Es la pérdida total de los valores, en un mundo en el que la palabra que te den no valdrá nada, el dandy de disfraz será el que más te mienta y los jóvenes, sentados con gorra visera a la mesa, fotografiarán el plato que van a comerse y lo compartirán en Internet satisfechos. Los viejos ya no son sabios de los que aprender por su experiencia sino muebles molestos de los que desprenderse con la mayor celeridad posible. Podrían hacerse listas interminables, en fin, de ejemplos similares.

Pues bien, ¿qué podemos hacer? Este libro nos contagia el entusiasmo por no seguir esa inercia y sin embargo sí releer a los clásicos, aprender de ellos, filtrar nuestras lecturas con lupa en el maremágnum de publicaciones y novedades de nuestras librerías favoritas. El mundo de la cultura no está muerto, por suerte. Huyamos de la mediocridad, tenemos mucho, mucho que aprender, sigamos haciéndolo. Autores como Jordi Gracia están ahí para ser nuestros aliados.

Publicado originalmente en El Mar de Tinta.

domingo, 23 de noviembre de 2014

"Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas" - Oscar Sipán


El último libro de relatos de Oscar Sipán (Huesca, 1974) merece que vuelva a abrir la puerta de este blog con sonido chirriante de fondo y abra para ventilar mientras me quedo mirando un rato los post que cuelgan de las paredes.

Los relatos de Oscar Sipán son carne de concurso no amañado, su fuerza reside en las metáforas y en las historias que no pueden dejarte indiferente si las lees; en las vueltas de tuerca y en el forzado inteligente de situaciones. Lo que no son los relatos de Oscar Sipán, desde luego, es una colección de relatos más, eso por descontado. Aunque tenemos un formato típico con título y cita inteligente de escritor renombrado al comienzo de cada relato, también encontramos otros elementos que los distinguen de las colecciones de cuentos más tradicionales. Por ejemplo, el título del libro no corresponde a ningún cuento del interior. Quizá parece algo insustancial pero es algo que un lector que sabe apreciar los detalles, agradece. El título es el del libro, y nada más. Encontramos también guiños entre cuentos que los encadenan de alguna manera (sin ser unos continuación de otros) y que aportan consistencia y madurez al conjunto. Son trucos de escritor con tablas y saber hacer.

Por otro lado, los cuentos son breves y gozan de una precisión de cirujano, consiguiendo con un pequeño puñado de frases crear el efecto deseado en el lector: uno termina de leer con las cejas alzadas y la mirada recorriendo de lado a lado los muebles de la habitación, pensando acerca de la historia que acaba de leer, dudando si continuar rápido a por el siguiente o detenerse un poco más en los muebles de la habitación con el dedo entre las páginas del libro.
Son buenos, son muy buenos, no sabría cómo explicarlo mejor.

Acerca de Oscar Sipán, conviene añadir que invirtió el dinero recaudado en premios literarios para cofundar su propia editorial, que se llama Tropo y que a día de hoy sigue funcionando, y que ha publicado algunos libros interesantísimos entre los que se encuentra uno que últimamente sale casi a diario en la televisión, aquel en el que un soldado joven denuncia la podredumbre del esqueleto del ejército español. El libro, del que ya se han vendido miles y miles de ejemplares, se titula “Un paso al frente” y lo último que oí hace unos días es que el joven teniente L. G. Segura había sido detenido por órdenes de los bestias de sus superiores, que siguen enfadados por no haber sabido inculcar el miedo a denunciar en uno de los reclutas a los que domesticaban. Se ha organizado una protesta multitudinaria para la próxima semana.

Los cuentos de Sipán, por su parte, siguen recorriendo las mesas de los jueces de concursos literarios a día de hoy: la última noticia es que fue uno de los cinco finalistas del premio Gabriel García Márquez con “Quisiera tener la voz de Leonard Cohen para pedirte que te marcharas”. Habrá que seguirle la pista a partir de ahora, y enviarle la acostumbrada enhorabuena de sal desde este mar recién ventilado.

sábado, 11 de octubre de 2014

"La muchacha indecible" - Giorgio Agamben y Monica Ferrando


Sexto piso edita “La muchacha indecible” con un cuidado y un gusto también indecibles. Se trata de una obra original de 2010 que ha sido traducida del italiano para esta ocasión por Ernesto Kavi. Agamben, autor de multitud de tratados filosóficos, lingüísticos y otros, se recrea esta vez en los misterios de la mitología griega, en busca de la figura de Kore y de los detalles que conforman su naturaleza.

Para la artista Monica Ferrando la figura de Kore no supone ningún misterio. Ya en 1992 había debutado con una serie de pinturas titulada “Kore”. Es a ella y no a Agamben a quien se atribuye la selección de textos clásicos. Además, colabora en este volumen con un brevísimo texto de dos páginas que sin embargo le da un baño de síntesis y estética a las cincuenta que ocupa (salpicado de imágenes) el texto de Agamben.

Asir el aire

Giorgio Agamben (Roma, 1942) y Monica Ferrando (Novi Ligure) consiguen en esta rareza retratar a Kore, en su indecibilidad y cripticidad. Con palabras Agamben, con ilustraciones Ferrando (que también escribe sobre ella estableciendo su figura como musa de los pintores, en uno de los fragmentos estilísticamente más logrados de todo el libro) la presentan al lector enmarcada en el halo de misterio y leyenda que le es propio.
Se trata de un delicioso y delicado paseo por la mitología griega, a pinceladas como susurros de viento sobre la piel. Si querían homenajear y dar a conocer a figura de Kore al público, lo han logrado de la forma más hermosa posible. En este mundo absurdo del siglo XXI, es más necesaria que nunca una pausa para volver la mirada y dirigirla a los ancestros, a todo aquello que nos enseñaron y que ya se nos ha olvidado.


Kore en imágenes

Las ilustraciones que adornan y complementan al texto en este libro aportan calidad y frescura en el mediocre mundo actual de los libros ilustrados. No sigue la corriente de los imitadores de Lacombe ni realiza bocetos pueriles como trabajos terminados, lo cual ya es mucho decir. Pero es que además sus ilustraciones transmiten emociones y conforman el complemento perfecto al texto. Por tanto, el lector que goce de un buen gusto estético y aprecie el arte en todas sus expresiones, disfrutará doblemente con este ejemplo de buen hacer estético: pictórico y literario.



Se trata de más de cuarenta imágenes realizadas con diversas técnicas y sobre distintos tipos de soporte. Esto hace que la colección sea madura, diversa, original, llamativa y de gran calidad. El lector que se detenga a reflexionar sobre ellas será capaz de realizar un viaje a las llanuras del Etna y galopar por el aire a lomos de caballos inmortales.

Para todos aquellos que quieran saber un poco más de mitología pero les dé pereza acudir a los textos clásicos, o no sepan cómo enfrentarse a ellos, tienen en este libro la manera perfecta de adentrarse en los mitos y disfrutar de una experiencia estética del más alto nivel.


El mito de la muchacha indecible

Lo que se desprende la multitud de fragmentos seleccionados de obras clásicas, es que Kore (Perséfone), hija de Deméter y Zeus, raptada por Hades (Plutón), conducida al inframundo. Deméter se desesperó buscando a su hija perdida y durante ese tiempo la vegetación dejó de crecer, y es así como se explicaba el proceso de las cuatro estaciones, por el descenso y el regreso de esta figura femenina, aunque los detalles, como siempre sucede en los mitos, cambian según las fuentes que se consulten.

Cuando Zeus ordenó que se dejara en libertad a Kore, la condición fue que durante su regreso la muchacha no comiera nada, pero fue tentada con granos de granada (que también están representados en algunas de las ilustraciones de Monica Ferrando en este libro) y por ese motivo obligada a regresar a los infiernos a por semillas cada cierto tiempo (dependiendo de la duración de las estaciones en las diversas regiones del mundo donde se relatase este mito), provocando así la desesperación o la alegría de Deméter y por tanto el paso de las estaciones en la faz de la tierra: el brote de la vida con el calor y la muerte en los meses más fríos.




Kore se sitúa en la línea que separa las dos caras de una contradicción, en la falta de certeza. Como se sitúa entre la vida y la muerte, la artista Monica Ferrando la nombra musa de la pintura, puesto que esta es la representación gráfica de lo que está vivo, mientras que la pintura se aprecia y el ojo es capaz de verla, pero no de asirla, está viva y está muerta. Es la contradicción maravillosa que estos dos cuidadosos autores han querido plasmar, y lo han hecho así de bien: sirvan estas palabras como enhorabuena.

domingo, 21 de septiembre de 2014

"Así empieza lo malo" - Javier Marías


La nueva novela de Javier Marías estará por fin disponible en las librerías este martes 23 de septiembre.
El autor será entrevistado esta misma noche en el programa "Página 2" de la 2 de TVE, acerca del contenido de la inminente publicación en este otoño que no podía empezar mejor.

domingo, 7 de septiembre de 2014

nos abrazaremos como dos que nunca nacieron


EL BARQUERO

Tres años después de su muerte, mi padre
vuelve a trabajar. Después de veinticinco años
desempleado, está muy contento
de haber sido contratado, llega puntual,
trabajador incansable. Se sienta
en la proa de la barca, dulce timonel,
de espalda a los pasajeros. Está muerto,
pero se arrodilla erguido, mirando hacia delante,
a la otra orilla. Alguien ha cerrado
su boca, de modo que se lo ve más cómodo
-ni sediento, ni necesitado- los ojos
abiertos, bajo el iris la línea negra
que apareció con su muerte. Está tranquilo.
Su nuevo empleo es una broma entre los dos,
le encanta bromear conmigo, no ha perdido
su cara de póquer. Mascarón de proa de marfil,
hombre alto, demacrado, costillas, pezones, labios,
cada vez que traigo a alguien
y lo pongo en el barco y lo empujo,
mi padre lo lleva remando a través del río
hacia la lejana orilla. No hablamos:
él sabe que se trata de alguien
de quien me quiero deshacer, alguien
que me hace sentir fea y asustada. No le digo
como lo hacías tú. Él conoce el oficio
y lo disfruta. Cuando arrojo a alguien dentro
él no mira hacia atrás: lo lleva directamente
al infierno. Quiere trabajar para mí
hasta que yo muera. Sabe que entonces
iré hasta él, subiré a su barca
y me dejaré llevar, estiraré mi mano amplia
hacia la suya, lo ayudaré a desembarcar,
nos abrazaremos como dos que nunca nacieron,
desnudos, sin respirar, nos cubriremos
hasta los labios con el oscuro manto de la tierra
y descansaremos juntos al final de la jornada.


Sharon Olds escribió estos poemas a lo largo de nueve años. Todos siguen el hilo argumental de la especial (por compleja, no por tierna) relación que mantenía con su padre, relatando episodios de la enfermedad que terminó con su vida sobre todo. 
Es magnífico descubrir que existan poetas que no utilicen las anécdotas derivadas de relaciones familiares con una bochornosa falta de estilo literario (como suele suceder), centrándose en laurear hasta la saturación por azúcar a unos parientes que adoran, o a echar pestes sin gracia hacia aquellos con los que se llevan mal, o que los han rechazado.
Sí es cierto que algunos de estos poemas pueden herir la sensibilidad del lector (pero qué no lo hace ya hoy en día) por ser demasiado explícitos describiendo los aspectos más purulentos de una enfermedad... pero también lo es que el poemario incluye además poemas cargados de referencias mitológicas, ancestrales, arraigadas a la Naturaleza y que son un verdadero regalo para el intelecto.
Al menos en España, los premios literarios siguen siendo polémicos en la actualidad sin vistas de que esto cambie: no sé cómo funciona en Estados Unidos, pero el caso es que Sharon Olds tiene tantos que prefiero omitir la secuencia para no aburrir a un posible lector. El libro nos depara una sorpresa final con un epílogo en el que Olds comenta su entusiasmo al saberse traducida al español, de la siguiente forma: "(...) que este libro camine atravesando la pared del lenguaje, desde su sala de parto en inglés norteamericano, hacia su nuevo hogar, en español". Así que ahora ya lo sabéis, El padre está en casa.

martes, 12 de agosto de 2014

"¡Oh Capitán! ¡Mi Capitán!"

¡Oh Capitán! ¡Mi Capitán! Nuestro viaje ha terminado;
el buque tuvo que sobrevivir a cada tormenta, ganamos el premio que buscamos;
el puerto está cerca, escucho las campanas, todo el mundo está exultante,
mientras siguen con sus ojos la firme quilla, el barco severo y desafiante:

Pero ¡oh corazón! ¡Corazón! ¡Corazón!
Oh, las lágrimas se tiñen de rojo,
mi Capitán está sobre la cubierta,
caído muerto y frío.

¡Oh Capitán! ¡Mi Capitán! Levántate y escucha las campanas;
levántate, izan la bandera por ti, por ti suenan las cornetas;
por ti ramos y cintas de coronas, por ti se amontonan en las orillas;
por ti llama la influyente masa, giran sus rostros impacientes;

¡Aquí Capitán! ¡Querido padre!
Este brazo bajo tu cabeza;
es como un sueño sobre la cubierta,
has caído muerto y frío.

Mi Capitán no responde, sus labios están pálidos e inmóviles;
mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad;
el barco está anclado sano y salvo, el viaje ha terminado y se ha hecho;
de un viaje temeroso, el barco triunfador, entra con su objetivo realizado;

exultamos, ¡oh costas y tañidos, oh campanas!
Pero yo, con triste pisada,
camino en cubierta donde está mi Capitán
caído muerto y frío.

WALT WHITMAN
Poema escrito a la memoria de Abraham Lincoln tras su asesinato en 1865.
Dedicado desde aquí a lo inmortal que aún permanece de Robin Williams, feliz tránsito, ¡¡oh Capitán, mi Capitán!!

miércoles, 6 de agosto de 2014

"Campo Santo" - W. G. Sebald


(...) Kafka, que a menudo se sentía como un espectro entre sus semejantes, sabía con qué ansia insaciable rondan los muertos a los que todavía no lo están. Toda su literatura puede entenderse como una forma de noctambulismo o como el estado que lo precede. "Sin peso, sin huesos, sin cuerpo he deambulado dos horas por las calles, pensando en lo que había soportado mientras escribía esta tarde", anota una vez. Envía de noche a Berlín cartas de murciélago, y él mismo es el fantasma del que cuenta a Milena que apura en el aire los besos que ha enviado antes de que puedan llegar a su destino. Zischler cita también el pasaje de una carta en e que Kafka cuenta cómo, en un recorrido hasta casa en el tranvía, "al vuelo, fragmentariamente, leía con esfuerzo los carteles", ante los que pasaba. Por curiosidad, comenta Zischler, Kafka se empapa de imágenes. Para él eran evidentemente un sustitutivo de la vida que no podía llevar, un alimento sin sustancia con el que, en sus sueños de noche y de día, desarrollaba continuamente los fantásticos guiones en los que, una y otra vez, se convertía en un estrafalario personaje cinematográfico. Qué episodio más extraño es aquel en que, como cuenta Max Brod en una postal, estando en el médico se ve obligado a echarse en un canapé, por un pequeño desfallecimiento, y de pronto se siente de tal modo como una muchacha, ¡que trata de arreglar con los dedos su falda de muchacha! ¿Y no son esas secuencias oníricas, en la camera obscura de su alma, películas proyectadas por las que deambula como su propio espectro? Zischler, con la mayor delicadeza, sabe sondear las corrientes que hay entre realidad e imaginación. Las películas sobre las que escribe son para él en realidad sólo la lámina a través de la cual cae una luz nueva sobre la intensidad de un trabajo de sueño y duelo, casi ininterrumpido, entre realidad y ficción. Los Diarios de Kafka están llenos de relatos de experiencias en las que lo cotidiano, exactamente como en el cine, se disuelve entre nuestros ojos en imágenes ingrávidas.

"Kafka en el cine", Campo Santo, W. G. Sebald.

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