miércoles, 18 de enero de 2017

"El rey de los trasgos", de Angela Carter (fragmentos)

(...)

Encontré al rey trasgo sentado en un tocón cubierto de hiedra, devanando a todos los pájaros del bosque con un carrete diatónico de sonido, una nota alta, otra baja; una llamada tan dulce y penetrante que acudieron alegremente y a empellones. El claro estaba lleno de hojas secas, algunas de color miel, algunas de color escoria y algunas de color tierra. Él parecía hasta tal punto el espíritu del lugar que no me extrañó que el zorro apoyara el hocico, sin miedo alguno, en su rodilla. La luz marrón del final del día desaguaba en la húmeda y densa tierra; todo en silencio, todo inmóvil, y el frío olía a la noche que ya se acercaba. Cayeron las primeras gotas de una tormenta. En el bosque no hay más refugio que la casita del rey trasgo.
Así fue como entré en la soledad embrujada de pájaros de aquel ser, que encierra a sus cosas aladas en jaulas tejidas con mimbre para que le canten.

(...)

La blanca luna que flota sobre el claro ilumina fríamente la tranquila escena de nuestros abrazos. Qué dulcemente deambulo o, más bien, solía deambular cuando era la hija perfecta de las praderas del verano; pero entonces al año cambió, la luz se volvió más clara y yo vi al delgado rey trasgo, alto como un árbol, con pájaros en las ramas, que me atrajo hacia él con su lazo mágico de música inhumana.
Si encordara ese viejo violín con tu pelo, podríamos bailar juntos al son de la música mientras la exhausta luz del día zozobra entre los árboles; tendríamos mejor música que los agudos cantos nupciales de las alondras apiladas en sus bonitas jaulas mientras el techo cruje por el peso de los pájaros que tú has atraído mientras nos arrojamos a tus misterios profanos bajo las hojas.
Me desviste hasta mi desnudez plena, esa piel de satén aperlada color malva, como un conejo desollado; luego me vuelve a vestir en un abrazo luminoso que me circunda por completo, como si fuera de agua. Y derrama hojas secas sobre mí, como al arroyo en el que me he convertido.













La cámara sangrienta
Angela Carter
2014, Editorial Sexto Piso
Enlace aquí

jueves, 29 de diciembre de 2016

Los libros más especiales de 2016


Los listados de favoritos en esta época son todo un clásico, están por todas partes como los jerseys con copos de nieve, los cupones de lotería no premiados o las luces de navidad. Tratándose de libros, suelen parecerme más interesantes que todo eso, así que ahí va mi aportación.

Ensayo


“El crítico como artista” y “La decadencia de la mentira” de Oscar Wilde. Se trata de una minúscula edición de Austral que recopila artículos de este irlandés inmortal, me interesaba sobre todo la parte en la que defiende la unión entre creación artística y tener un espíritu crítico y desde luego no me defraudó: línea a línea, de principio a fin es delicioso, muy apto para subrayar y releer más de una vez.



"Ética promiscua” y “Opening up”, de D. Easton y J.W. Hardy el primero, y de T. Taormino el segundo, para mí son dos libros que van inevitablemente unidos no solo porque ambos formen parte de la estupenda colección UHF de la editorial Melusina, sino porque uno es la continuación casi perfecta del otro. Tratan el tema de las relaciones abiertas o no convencionales, con todas sus casuísticas pero teniendo siempre presente la ética como filosofía de vida: no hacer daño y tener en cuenta los sentimientos de los demás en todo momento. Están basados en testimonios reales y básicamente derriban barreras socialmente impuestas, algo que ayuda a vivir más tranquilamente sin hacer el capullo ni permitir que nos lo hagan.

“El señor de los anillos y la filosofía” de G. Bassham y E. Bronson, este libro es una joyita para frikis cultos, antes de leerlo resulta indispensable conocer muy bien la obra de JRR Tolkien y tener ciertas nociones de filosofía. Perfecto para refrescar conocimientos, repensar multitud de cuestiones desde nuevas ópticas y también para revivir los momentos mágicos de ESDLA. Tanto la edición grande como de bolsillo son cómodas de leer y perfectamente recomendables. Un regalazo para incondicionales del abuelito Tolkien.<3 3="" p="">


Poesía

“La casa de la cruz” de Isabel García Mellado. Ganadora del premio de poesía Ciudad de Burgos, fue publicado en Visor dándole toda la solemnidad y certificado de calidad a esta tremenda poeta madrileña que ya es un clásico en mis favoritos año tras año. Cada poema suyo es ejemplo de buen hacer y aún mejor gusto poético, parece que crea de nuevo cada palabra que escoge, al cargarla de tantos matices y tanto significado… como si hablara en un idioma ancestral utilizando palabras que todos conocemos: leedla y sabréis a qué me refiero.



“La barca del tiempo” de Cristina Peri Rossi, una autora que acabo de descubrir estos meses y que ya me resulta imprescindible, me gusta que sus poemas transgredan el género poético y sean en muchos casos potentes armas de crítica social, elementos reivindicativos de cuestiones de género y sexualidad, etc., sin perder de vista otros temas más clásicos en literatura (la soledad, los viajes, la pobreza, etc.) Inútil ponerse a buscar eufemismos en sus versos, lo que abundan son grandes verdades que no por radicales pierden dulzura en las formas.


“Best-loved” de W.B. Yeats, una antología maravillosamente bien editada que me devuelve los recuerdos de una ruta literaria por el oeste de Irlanda hace unos meses, visitando los lugares feéricos que inspiraron a Yeats pero que también conocieron los primeros pasos de otros de mis ídolos como Bram Stoker u Oscar Wilde.





Novela
“Tu amor es infinito” de Maria Peura, el debut impecable de esta joven autora finlandesa, que consigue tratar el tema del acoso infantil con unas metáforas muy potentes y una prosa lírica impecable. Plantea el eterno dilema maldad/enfermedad mental y hace que seamos más sensibles y empáticos con este tema.





“Acuario” de David Vann, siempre digo que una novedad de este autor es una buena noticia y sé que me repito, pero en este caso tampoco me defraudó en absoluto y disfruté mucho con una nueva entrega de familia desestructurada y prosa delicada y perfecta. Las referencias marinas supusieron un añadido estupendo que no esperaba y que disfruté como una enana. Soy feliz con muy poco.



“Cómeme” de Agnès Desarthe, una novela culinaria que cuenta la aventura emprendedora de una gran mujer, un personaje bellamente dibujado que es la personificación de la resiliencia. Caos, torpeza y ternura que dan lugar a un pequeño restaurante que desearíamos que estuviera situado junto a nuestro portal para poder disfrutarlo a menudo. Edición y traducción también son tan impecables como la trama, estoy muy agradecida a Baile del Sol por proponerme su lectura, fue todo un hallazgo descubrirlo.

Hay un libro más que leí pero del que todavía no puedo hablaros, se trata de la primera novela de alguien de mi entorno más cercano, es una ilusión y un honor vivir el proceso desde tan cerca, tanto la parte creativa todo este tiempo y ahora la gestación editorial: cuando se publique dentro de unos meses lo anunciaré por aquí con toda la fiesta y todo el estruendo del que sea capaz.

Ha sido otro año más de lecturas especialmente nutritivas, los libros son una de esas pocas constantes en mi vida que nunca me defraudan. Sin embargo, para hacer balance de última hora no es suficiente preguntarse qué te ha parecido 2016, sino qué crees que pensaría 2016 acerca de ti.

Besos y gracias a todxs por leer mis reseñas y devaneos.
Mar



miércoles, 21 de diciembre de 2016

La barca del tiempo - Cristina Peri Rossi



“La barca del tiempo” es una antología que recorre la prolífica obra de esta gran autora uruguaya, Cristina Peri Rossi. En orden cronológico, tenemos una selección de poemas extraídos de sus libros, los más antiguos publicados en el año 1971 en su famoso “Evohé” hasta los más recientes que datan de 2015. Más o menos representativos de su obra, todos ellos sorprendentes y de una innegable calidad literaria.

Tanto para lectores fieles que quieran volver a deleitarse entre sus versos, como para lectores curiosos que se acerquen por primera vez a esta autora a la que seguro han oído nombrar, “La barca del tiempo” es una joya editada con esmero. La selección de textos y el prólogo corren a cargo de la experta en la obra de Peri Rossi, Lil Castagnet, con un resultado admirable: una panorámica en alta definición sobre su obra.


Un viaje a través de las obsesiones
Este tipo de antologías son perfectas para comprender de un vistazo y a rasgos generales la esencia de la obra de un poeta. Todos los poemarios tienen sus luces y sus sombras, sus textos a la larga prescindibles, en cualquier caso no todos a la altura de ser escogidos para representar a su autor en una futura antología. Así pues, “La barca del tiempo” es una selección que recoge los puntos fuertes de Peri Rossi: tanto su buen quehacer literario como sus temas recurrentes, que de esta forma podemos identificar muy fácilmente.

Para empezar, sus poemas son representativos de la teoría feminista, ya que las reivindicaciones a las costumbres heteropatriarcales de la sociedad se encuentran en muchos de sus versos, siempre con las pinceladas de ironía y humor que reflejan también el carácter de su autora, pero con la suficiente fuerza e indignación como para que el mensaje llegue al lector sin perder la responsabilidad y seriedad que conlleva.

Descubrir de pronto que Dios
es una diosa

También se trata de poesía lésbica sin sutilezas ni eufemismos. En este sentido, es innegable que la autora utiliza la poesía como una herramienta que le resulta perfecta para honrar el cuerpo femenino al que adora, una oda entre páginas que comienza entre las sábanas. Para que no quede ningún lugar a dudas, tenemos incluso poemas en los que muestra su desagrado hacia la biología masculina. La escritura y el erotismo son dos conceptos que funcionan tan bien juntos como demuestran sus versos.

GENEALOGÍA (Safo, V. Woolf y otras) 
dulces antepasadas mías
ahogadas en el mar
o suicidas en jardines imaginarios
encerradas en castillos de muros lilas
y arrogantes
espléndidas en su desafío
a la biología elemental
que hace de una mujer una paridora
antes de ser en realidad una mujer
soberbias en su soledad
y en el pequeño escándalo de sus vidas
Tienen lugar en el herbolario
junto a ejemplares raros
de diversa nervadura

El mismo reflejo en un espejo ajeno
Cristina Peri Rossi es una de esas poetas con las que resulta muy sencillo empatizar. La conexión se lleva a cabo desde el principio. La poesía muchas veces tiene esa magia, nos sorprendemos reconociéndonos de alguna manera en las palabras que vamos leyendo mientras insertamos nuestras vivencias personales entre los huecos de papel en blanco.

Cristina Peri Rossi se muestra feminista y lesbiana pero también sacrílega, atrevida, descarada, divertida, sugerente, amante del arte en todas sus formas, pero destacando por encima de todo el arte pictórico y la literatura. Sus poemas están repletos de referencias a los escritores cuyos versos más tarde han dado forma a los suyos. Cuando conectamos con un autor es muy interesante buscar a la vez sus fuentes, no siempre confesas, en este caso es facilísimo y si un libro siempre nos lleva a otro, Peri Rossi nos brinda decenas de opciones para seguir disfrutando de la lectura.

Cualquier metáfora que erija
como un vestido sobre la epidermis
será artificio.

Los temas recurrentes y sus obsesiones van variando con el tiempo (eso sí: lo esencial se mantiene inalterable). El exilio, los viajes, el desapego por lo material, la pobreza, las mujeres, la violencia del sistema, la intrínseca soledad del ser humano. Sobre este último punto, es difícil explicar cómo una melancolía cansada y silenciosa recorre todos los versos. En un momento dado (los poemas tienden a ser muy narrativos) la autora confiesa que si bien ella misma se compone de todos los libros que le han dado forma, y que desde muy joven prefería comprar libros a comprarse zapatos por ejemplo, desde su perspectiva actual resume que “para qué maldita cosa / servía haber leído todo eso / más que para saber que la vida es triste / cosa que hubiera podido saber sin necesidad de leerlos”. 

En 1972, la autora se exilió y en Uruguay fueron prohibidos todos sus libros, su trayectoria personal es tremendamente difícil y traumática, y se filtra sin parar entre sus versos. Esa vida de rupturas y supervivencia sin duda da forma a su obra.

Sobrevivir también es una nostalgia
de no haber muerto todavía.

La emoción late con fuerza durante todo el recorrido: melancólica o nostálgica, traviesa o empoderante, siempre consciente y palpable. El resultado son poemas inolvidables. Es un honor recomendarla, “te llamaré por mi nombre  / y tú contestarás”; si la leen, vuelvan para decirme si pudieron evitar leerla en voz muy alta.

martes, 29 de noviembre de 2016

La luz impronunciable – Ernesto Kavi



“La luz impronunciable” es un librito muy corto, casi reducido a la mínima expresión de un poemario. Tiene 126 páginas, pero que están plagadas de blancos y de silencios, de páginas que tan solo contienen citas o el título de cada uno de los cantos que lo conforman. Es como un suspiro. Uno de esos suspiros tan cargados que contienen al mundo entero, puesto que en conjunto, es extremadamente sugerente.

Ernesto Kavi, quien se ha encargado de la traducción al español de un buen puñado de títulos editados por Sexto Piso, se presenta ahora como poeta a cargo de la misma editorial. Procede de Ciudad de México, estudió Literatura, Filosofía e Historia del Arte en universidades mexicanas y europeas, y ha vivido en multitud de ciudades diferentes en varios países. Este es su debut como autor.

Pequeños rasgos de originalidad
Este libro contiene elementos innovadores y originales, como por ejemplo la utilización de un pequeño fragmento de partitura de Bach a modo de cita previa a uno de los cantos, por qué no. El hilo argumental gira en torno a la idea de la fugacidad de la vida, desde un punto de vista mayoritariamente pesimista, aunque también hay lugar para la esperanza y la luz (la luz impronunciable). El sentimiento de desolación es lo que atraviesa en mayor medida los poemas, mientras el poeta medita en busca del sentido de la vida y la razón de la existencia del ser humano.

La continua presencia de la luz es altamente significativa en este poemario, ya que es la encargada de iluminarlo todo mientras el poeta lo observa y lo somete a examen en busca de conclusiones válidas: analiza el ciclo de la vida, la alegría, la sabiduría, la bondad, el amor, etc., y todos sus contrarios, dando lugar a una serie de poemas que en conjunto se me antojan un tanto agridulces. A veces parece decirnos que uno se acaba convirtiendo en aquello que persigue; otras, se muestra desolado, derrotado ante la imposibilidad de seguir adelante mientras no encuentre respuestas; pero otras, también, encuentra el sosiego en el amor, si bien es cierto que se centra en el amor de pareja y esa es una idea un tanto dependiente y poco amable.

Que crezcan lentamente
las palabras
bajo la luz
bajo la gracia
O mejor callar
mejor la nada
Tantas bocas
se alimentan de tu bien,
y tú, ¿qué conservas?
sólo la luz
sólo la oscura guirnalda de las letras

Yves Bonnefoy
Transcribo aquí un fragmento de la introducción de Yves Bonnefoy para este libro: Las palabras de la poesía son creadoras de un mundo infinitamente concreto, necesariamente natural, donde el poeta quiere vivir. Me parece una forma preciosa de expresar una idea que además es completamente cierta: cuando la poesía es de verdad, las palabras no sólo son el lugar donde el poeta reside (o una gran parte de sí mismo lo hace) sino que son el medio para dar forma a aquello que ha vivido y sentido de alguna manera (real o imaginada, pero igualmente cierta).

Resulta chocante, si se estudia el libro con atención, que el prólogo de Yves Bonnefoy esté fechado en el mes de mayo de este mismo año y que sin embargo el libro esté dedicado a su memoria: una búsqueda rápida en Internet nos confirma las sospechas: Bonnefoy, escritor francés y buen amigo del poeta, murió en el mes de julio, hace apenas unos meses. A modo de curiosidad, en la misma editorial tenemos un título de este autor procedente de 2013, “El territorio interior”.

La vida a examen
La disposición de algunos poemas no siguen siempre el orden vertical habitual, sino que se derraman a veces de forma caprichosa por las páginas, esto da lugar a una maquetación original que sin embargo ya viene siendo utilizada por otras editoriales y otros poetas desde hace tiempo: pero consiguen el efecto deseado, provocar una sensación de rapidez y movimiento, de forma que es fácil imaginar al poeta observando a su alrededor en diferentes direcciones captando conceptos. Esa vertiginosidad ayuda también a transmitir la idea de la fugacidad del tiempo, que es uno de las ideas clave sobre las que se conforma este poemario: la idea de que una vez transcurrido el tiempo suficiente, todo y todos estamos conminados a desaparecer.

Las ideas que se deprenden de la lectura de “La luz impronunciable” son variadas, y como siempre están sujetas al juicio del lector que las aprecia, al momento en que se da lugar la lectura, etc. Me gustaría resaltar dos aspectos principales. Por un lado, el hecho de que todo, incluso las cosas que menos nos agradan, pueden ser descritas con palabras dulces. Por otro, la enseñanza de que es necesario disfrutar del presente de forma sana y positiva sin necesidad de anticipar problemas que a lo mejor ni siquiera van a llegar, puesto que en este caso el poeta sufre continuamente porque se mantiene en una visión demasiado derrotista de la vida, centrada tan solo en las partes negativas de la existencia.

Ernesto Kavi se nos antoja aquí un pequeño ser humano luchando contra los elementos, o contra los monstruos de desolación que pueblan su cabeza. Es fácil empatizar con este sentimiento (mientras no nos dejemos arrastrar por él) puesto que todos nos hemos sentido así alguna vez, sobre todo cuando las cosas no terminaron como queríamos.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Tartufo el impostor - Molière


Habitualmente recomiendo lecturas, en este caso será un poco diferente, pero no tanto. Lean a Molière, claro que sí. Pero el Tartufo se estrenó en 1664, hace tanto tiempo que desentrañar el argumento ya ni siquiera se puede considerar spoiler. En cualquier caso, no contaré el final, prefiero recomendar la obra de teatro que se estrena hoy en el teatro Fernán Gómez (Centro Cultural de la Villa) en Madrid, y que sea la compañía Venezia Teatro la que les cuente el resto.

Ayer tuve la gran suerte de acudir al preestreno de esta obra, y me impresionó tanto, tanto, que salí de allí emocionada, inspirada, llena de energía y por supuesto con unas ganas locas de repetir la experiencia y de compartirla con todos los que se cruzaran en mi camino.

Suele decir el actor y vlogger mexicano Alan Estrada que una entrada para el teatro o un billete de avión (tren, bus, etc.) son pases que siempre te aseguran una experiencia, y es cierto. También es habitual escuchar que el buen teatro es aquel capaz de modificar algo de ti mismo, de forma que salgas de la sala habiendo cambiado un poco, con la capacidad mejorada de cuestionarte el mundo o habiendo aprendido a mirar desde otro lugar, ya sea fuera o dentro de ti mismo.

Venezia Teatro ha adaptado Tartufo con tanto acierto que ha conseguido crear una suerte de poderosa magia que trasciende el escenario y golpea al público. Durante los primeros minutos Vicente León, encarnando a Madame Pernelle, se mete al público en el bolsillo, podría decirse que literalmente. Se come al personaje, resplandece y hace brillar al resto del reparto, establece el altísimo nivel de calidad que vamos a disfrutar en lo sucesivo. Cuando reaparece lo hace transformado en Orgón y así lo veremos hasta el final de la obra.

En este punto estábamos ya todos con la boca abierta. Poco a poco fuimos disfrutando de las intervenciones del resto del reparto, ninguna defrauda, están todos perfectos, se perciben muy bien conectados entre ellos y muy cómodos. En cada momento se podría pulsar "pause" y la escena sería una postal perfecta. Brilla Marian Aguilera como Elmira, la segunda y joven esposa de Orgón. Poderosa, madura, sabia, tan brillante como una súper heroína y tan seductora como una actriz de los años veinte.

Brilla también Esther Isla, como la sirvienta de la casa de Orgón: tiene la suficiente confianza con la familia como para intervenir en sus asuntos personales y es amiga de Mariana, hija de Orgón, y de la ya citada Elmira. Esther tiene tablas, desparpajo, energía y tanta, tanta gracia que en todo momento tiene al público deseoso de su próxima intervención para estallar de risa. Pero también tiene la capacidad de conmover, lo cierto es que su personaje, aunque todos lo son, es tan rico en matices y redondo y complejo como el ser humano lo es.

Null García e Ignacio Jiménez dan vida a Mariana (hija de Orgón, a quien éste quiere casar con su íntimo amigo el estafador Tartufo) y Valerio, la pareja de amantes y prometidos cuya inminente boda peligra por la aparición de Tartufo en la familia.


Por fin, la aparición que todos esperábamos, la entrada de Rubén Ochandiano devenido en Tartufo. Es el personaje principal y que da título a la obra y sin embargo es el gran odiado: sólo Orgón está engañado, el reparto y los espectadores saben que se trata de un embustero, un embaucador que se aprovecha de la generosidad sin límites de Orgón para conseguir quitarle todo lo que tiene. Y sin embargo, nos hace dudar. Nos hace dudar, maldita sea. Si alguna vez han estado ante un encantador de serpientes, un prestidigitador de la palabra, alguien hermoso por fuera y podrido por dentro que te sonríe mientras te tiende la mano y hace lo increíble por que no te des cuenta de que su aliento está podrido mientras te habla, entonces sabrán de lo que hablo. Tartufo es exactamente eso.

Ochandiano lleva el increíble vestuario de la obra a otro nivel. Un sobretodo medieval, granate y aterciopelado con una cruceta en la espalda que combina a la perfección con unos pantalones negros rajados a la altura de las rodillas, una simbiosis perfecta entre el siglo XVII y el XXI que instantáneamente se nos antoja un vampiro salido de una de las novelas de Anne Rice. Es imposible no adorar su influjo mientras despreciamos su vileza. Es sublime.

La adaptación del texto, a cargo de Pedro Villora y dirigida por José Gómez-Friha, ha recortado personajes sin perder en absoluto la esencia de la obra, también ha intercalado elementos modernos que la acercan a los ciudadanos urbanitas de 2016 con guiños salpicados muy oportunos (Tartufo fuma en un vapeador, saca fotos con su móvil o pincha música en una tablet; Mariana hace referencia a su contrato indefinido y Valerio en un arranque de valentía se nos muestra con una camiseta de súper héroe, etc.) También es muy de agradecer las interactuaciones puntuales que tienen los actores tanto con el público como con el espacio del que disponen. Pero no contaré más, les mantendré en vilo, como se sentirán una vez sentados en la sala y se enciendan las luces, con la sonrisa temblando entre los labios, esto es teatro de verdad, vayan y vean.

lunes, 14 de noviembre de 2016

"El molino de sal del diablo"



La madre del diablo, la vieja Magog, estaba un poquito disgustada porque su hijo, el diablo en persona, se encontraba dando vueltas alrededor del horno del infierno. Se encontraba trasteando con el horno, y cogía una cosa de aquí y otra de allá. Su madre se dio cuenta de que había algo que le preocupaba. A la vieja Magog, que quería a su hijo muchísimo, le disgustaba mucho todo aquello, así que le dijo:
—¿Qué es lo que te pasa, muchacho? Chico, es que no me dejas tranquila ni un momento, es que no paras. Te pasas todo el rato con el horno: remueves el fuego y no paras de coger cosas y de tirarlas al suelo. ¿Qué es lo que te preocupa?
—Madre, soy un desgraciado —le dijo.
—¿Y por qué te sientes tan desgraciado, hijo?
—Desde que llegó la última alma a la que atormentar han pasado varias semanas. Y ya estoy harto de martirizar a las mismas almas de siempre. Ya no me produce ningún placer. Solo podría volver a ser feliz con almas nuevas: con gente a quien nunca antes se haya sometido a tormento.
Y como quería ayudar a su hijo, su anciana madre se puso a pensar y a pensar. Sabía que allí fuera, en la tierra, había cientos de almas. Los humanos no se estaban muriendo tan rápidamente como de costumbre, y esto hacía que el diablo se sintiera muy infeliz. Su madre anduvo mirando en todas las cavernas del infierno. Allí siempre había encendida una gran hoguera, y encerrados en jaulas se encontraban todos los diablillos. Desde las jaulas miraban hacia afuera, y sus rostros y uñas eran horribles. Estaban atrapados en el infierno para atormentar a las almas que llegaban procedentes de la tierra.
La madre del diablo se dijo: “Me gustaría ayudar a mi muchacho. No es feliz, y si no le ayudo, se acabará marchando. Pasarán semanas, y luego meses, pero él no volverá. Y cuando él no está, yo me pongo triste.”
En aquel momento fue cuando alzó la vista hacia una estantería hecha de piedra, junto a la caverna de la chimenea del infierno. Sobre ella se asentaba un molinillo: la posesión favorita del diablo. Su madre no sabía de dónde lo había sacado. Era un molino de sal, y cuando el diablo se sentía solo o triste, se colocaba el pequeño molino de sal sobre la rodilla, lo acariciaba y luego lo volvía a colocar en la estantería. Su madre sabía que a su hijo le encantaba, pero no tenía ni idea de dónde lo había sacado. Lo que sí sabía era que, si quería hacer a su hijo feliz, tenía que conseguir unas cuantas almas a las que poder atormentar: gente que fuera al infierno por causar problemas en la tierra.
Así que se echó el chal sobre los hombros y se acercó al lugar en el que estaba el molino. El diablo se encontraba ocupado removiendo el fuego y dándole la vuelta a los carbones de la hoguera. ¡Y ella agarró a toda prisa el molinillo de la sal! Se lo puso debajo de su viejo chal negro, un chal de miles de años de antigüedad, y se dijo: “Si necesita algo, tendré que ayudarle a conseguirlo”.
Y entonces la vieja Magog se marchó del infierno y subió desde las profundidades de él hasta la tierra.

(…)

—¿Podemos tener algo de sal para la cena?
—¡Ah, capitán! —respondió el cocinero-. Te pido perdón. Olvidamos la sal, y ya no queda ni una pizca en todo el barco.
—Pues no podemos comer sin sal —dijo el mercader.
Y a continuación dijo:
—Esperad un momento, tengo algo que me dio una anciana. Y me dijo que lo único que tenía que hacer para tener sal era pedírsela.
Se dirigió a su camarote y cogió el precioso molinillo. Era de madera y tenía una rueda en la parte trasera. Lo colocó sobre la mesa y, delante de los marineros, del cocinero y de todos los demás, dijo:
—Aquella anciana me contó que lo único que tenemos que hacer es “pedirle sal”.
Todos se miraron unos a otros y dijeron:
—¿Cómo se puede conseguir sal haciendo solo eso?
El mercader preguntó:
—¿Nos puedes dar algo de sal?
Y en aquel mismo momento la ruedecita empezó a girar. La sal empezó a salir y a salir sin parar: llenó la mesa y el suelo. A continuación llenó la bodega, los camarotes y todo lo demás. El molino continuó funcionando sin detenerse, hasta que el mercader y los marineros quedaron cubiertos de sal hasta la cintura.
—¡Para, páralo! ¡Detenlo! —gritaban.
Pero no había manera de detenerlo. El molino continuó produciendo sal y más sal, hasta que muy pronto todo el barco estuvo cubierto: la bodega, los camarotes, la cabina de mando… ¡Todo el barco se llenó de sal, todo! Pasó un día, y en el infierno dijo el diablo:
—Madre, te queda solo un día más para devolverme el molino de sal.
La vieja Magog se frotaba las manos de regocijo, mientras decía:
—¡Sí, tú dame otro día!
Llegó un momento en que el molino produjo tanta sal que el barco no pudo soportar el peso de un grano más. Y como es natural, se hundió el barco en el mar con los treinta y tres marineros, el mercader y el molino de sal. Todo acabó sepultado en el fondo del mar. Y en el infierno el diablo se llevó una gran sorpresa, ¡cuando vio aparecer a treinta y tres marineros y un mercader! El diablo miró a su alrededor y dijo:
—¡Madre, tenemos visita!
—Sí, hijo, tienes visita —le respondió—. Se trata de unos marineros y un malvado mercader. Y estoy segura de que, durante unos cuantos días, serás muy feliz con ellos.
—Madre, ¿y qué hay de mi molino de sal? —le preguntó el diablo.
—Pues hijo, yo le di el molino de sal al mercader, y este se lo llevó a bordo. Pidió sal allí… y tu molino hizo que el barco se hundiera en el fondo del mar. Es por eso por lo que tienes aquí a treinta y tres marineros, sin contar al mercader. ¿Es que esto no te mantendrá feliz durante un tiempo?
—Pero, madre —le dijo—, ¿y qué pasa con el molino?
—Hijo, el molino está en el fondo del mar, y allí se quedará girando hasta que llegue su hora.
El diablo sonrió a su anciana madre.
—Está bien, madre—le dijo—, por el momento me olvidaré del molino de sal. Aún lo tengo en la cabeza, pero, con los treinta y tres marineros y el mercader, seré feliz durante algún tiempo.
Mientras tanto, el molino de sal siguió girando en el fondo del mar, y aún lo hace. Y esta es la razón por la que el agua del mar es tan salada y por la que al mar se le llama: ¡el charco en el que rema el diablo!

Duncan Williamson
La bruja del mar y otros cuentos de los hojalateros escoceses
Ed. Calambur

Ficha del libro en la web de la editorial, aquí

lunes, 24 de octubre de 2016

Diccionario Sampedro



Se cumplen ya tres años de la irreparable pérdida de José Luis Sampedro (1917-2013), literato, docente, economista y miembro de la Real Academia Española que legó una obra prolija y multidisciplinar en la que su preocupación por el ser humano se aprecia desde una perspectiva múltiple.

Sus herederos han seleccionado una recopilación de textos que definen de forma resumida algunos de los conceptos clave de su obra. Así, un paseo por este “diccionario” sería algo similar a coger al azar sus obras y curiosear entre aquellos fragmentos que otros han subrayado durante su lectura.

Sampedro comprimido
Este volumen encierra las claves principales de la obra del maestro Sampedro, y se presenta bajo una sucesión de 50 términos ordenados alfabéticamente (Agua, Alma, Amistad, Amor, Androginia… y así sucesivamente, hasta llegar al último, Violencia). En cada uno de los apartados, encontramos una selección de citas bibliográficas donde se desarrolla cada uno de los términos en cuestión, de una forma más o menos directa. Los textos proceden tanto de sus novelas como de sus ensayos económicos, charlas y conferencias transcritas, etc.

Así pues, este libro es adecuado para quienes quieran adentrarse de una forma suave en el pensamiento de Sampedro, pero también para sus lectores más incondicionales, puesto que también ellos encontrarán  algunos textos de origen más inaccesible que a lo mejor no conocían. En cualquier caso, es uno de esos libros que conviene tener cerca para poder consultar en un momento dado la opinión de un hombre sabio sobre algún aspecto que nos preocupe o nos interese.

Lucidez y sabiduría
Tal y como se nos indica en este libro, la figura de Sampedro es una de las más respetadas y queridas de la historia reciente de España; y no es para menos. Ha quedado plasmado en su obra y lo transmitía cada vez que hablaba: no sólo se trataba de una persona extremadamente inteligente, formada y muy culta, sino que (y esto es lo que hace que definitivamente brille) era un hombre profundamente bueno. El cariño y la empatía que emanaban de su mirada, son difíciles de explicar con palabras.

Muchos de los términos que aparecen en este “diccionario” se centran en la preocupación de Sampedro por la igualdad, por la importancia de ser quien cada uno realmente es, sin importar las convenciones sociales de cada entorno. Por ejemplo, fue el creador de un término, “Ipsoterapia”, sobre el que merece la pena detenerse: significa ayudar a cada cual a vivir de acuerdo con su ser auténtico y su derecho a realizarse, sin más restricciones que el respeto a los demás.

Sampedro sostenía que los prejuicios y el entorno entorpecían el desarrollo personal de los individuos, y que por eso en muchas ocasiones se complica vivir una vida satisfactoria y plena. También señalaba a las imposiciones morales y religiosas como piedras represoras en el camino de las personas, ya que no sólo entorpecen el progreso, sino también la libre elección de los límites de forma personal por cada individuo, dando por hecho que no se pueden contemplar como aberrantes hechos que existen y se dan en la naturaleza, y que lo que insisten en llamar pecados no es más que la vida misma.

En este sentido, novelas inolvidables como “La vieja sirena” y “El amante lesbiano” son grandes cantos a la libertad individual transgrediendo todos los límites y derribando todas las barreras que la sociedad impone, y viviendo plenamente con el único precepto de no hacer jamás daño a nadie. Leerlos, sin ninguna duda, ayuda a respirar mucho más profundo.

Cuando decimos que “el tiempo es oro”, que es como decir “el dinero es la medida de todas las cosas”, estamos reduciendo todo a lo que da el oro, al dinero, a términos económicos. El tiempo no es oro, el tiempo es vida. Y reducir el tiempo a dinero, es reducir vida a dinero. Equivale a decir “lo que no da el dinero, lo que no vale dinero, no importa, no es vida”, lo cual es un reduccionismo economicista absolutamente aberrante; es confundir una economía de mercado con una sociedad de mercado. Vivimos en una sociedad que da valor a lo que tiene precio en el mercado y no valora lo que no lo tiene.
No soy enemigo del mercado, soy enemigo de que se mercantilice toda la vida humana.
José Luis Sampedro, maestro.

sábado, 22 de octubre de 2016

Un mal sueño recurrente


Instantes en los que la realidad
     | se paraliza |
resulta imposible reaccionar
regresan, como un mal sueño recurrente
como un mantra repetido
desde la noche de los tiempos
como un soplo de aire ártico en Svalbart
como una noche en la isla de magia negra de Ambrym

Así es como el corazón
que latía a ritmo de poema
se convierte en uno más
dibuja sus condolencias
con un rastro sucio
de hojarasca y lluvia seca

El desasosiego amenaza a dentelladas
me alejo acunando una piraña entre mis brazos
apaciguando a la tormenta que vendrá
mordiendo lágrimas con sabor a hierro
y maldiciendo porque otra vez
hace un frío horrible
en ese punto exacto del estómago

Qué pudo salir mal si caminaba
con una ofrenda de pan entre mis manos
pronunciando una por una las palabras adecuadas
no hice preguntas, acaté las normas que regían
prendí risas infantiles como abalorios por el pelo

Pero algo cayó desde muy alto
y nadie pudo oír cómo se rompía
no explicaron nunca qué pasó
no sé si fui culpable
desde entonces siempre sueño que resbalo




Del texto y la fotografía: 
© Todos los derechos reservados - Mar López, 2016 

miércoles, 5 de octubre de 2016

Cómeme - Agnès Desarthe



La obra de Agnès Desarthe se encuentra muy dispersa entre varias editoriales en España: desde el año 2000, sellos como Random, Luis Vives o Corimbo han publicado algunos de sus títulos traducidos. En esta ocasión, Baile del Sol se suma a esta estela para darnos a conocer este título que vio la luz por primera vez en su idioma original en 2006. La obra de Desarthe está dirigida principalmente al público infantil, también traduce libros de otros autores y de forma más puntual también ha experimentado con el género ensayístico.

“Cómeme” es un sugerente título que hace referencia a la etiqueta de los famosos pastelillos con grosella de la Alicia de Lewis Carrol, una referencia literaria que en esta novela se utiliza para narrar el sentimiento humano de sentirte demasiado grande o demasiado pequeño frente a las situaciones del día a día. Además, la protagonista da un gran paso en su vida abriendo un restaurante, por lo que las alusiones gastronómicas del título, metafóricas y literales, son múltiples y resulta divertido advertirlas.

Myriam o cómo sacar fuerzas de flaqueza
Agnès Desarthe tiene un don. Esta novela es una minuciosa exploración de la personalidad caótica y compleja de Myriam, una mujer de mediana edad que es la personificación de la resiliencia, una superviviente a la que su pasado le persigue de cerca cada mañana para clavarle los colmillos del recuerdo.

Myriam nos es presentada en el momento en el que parece que ya no le queda nada que perder y quizá por ello decide hacer una locura para que su vida recobre el sentido: falsifica la documentación necesaria para que le concedan un crédito con el que iniciar su propio negocio, y este valiente y divertido gesto ya nos coloca ante un personaje cargado de recursos para burlar las cuchilladas del capitalismo, una mujer que sobrevive con lo puesto y que parece necesitar sólo el aire justo en los pulmones para tomar impulso y tirarse de cabeza hacia su futuro.

Por todo esto, las peripecias de Myriam suponen un ejemplo para los lectores que se acerquen hasta sus páginas. Además, la traducción de Iballa López Hernández es impecable, y hace posible que “Cómeme” se lea con una fluidez y una delicadeza que son el marco perfecto para una historia tan lírica, estimulante y agridulce como ésta.

Bébeme, rezaba la etiqueta del frasco de Alicia. La niña bebió y, como un telescopio que se repliega, notó que encogía. Cómeme, ponía en la galleta, Alicia comió y se estiró hasta alcanzar el tamaño de un abedul. Demasiado pequeña o demasiado grande, mi vida no guarda la proporción debida y nunca estoy a la altura de lo que decido hacer. Cuánto me gustaría recobrar mi tamaño original, el tamaño que me permitiría meterme en el guante del día y no sentir que me está grande ni estrecho.

Indigestión, ¿qué es eso?
Una crítica al respecto de “Cómeme” afirmaba que era un bocado tan delicioso como indigesto, esto aparece en la faja publicitaria de libro y creo que la editorial se ha hecho un flaco favor eligiendo ese fragmento que no es totalmente positivo, es contradictorio y además no estoy de acuerdo con el término “indigesto”: para nada se sentirá mal el lector que se acerque hasta estas páginas.

Hay libros que tienen la capacidad de revolver los estómagos más delicados e incluso algunos recios, se me ocurren “Carmilla” de Le Fanu o “Y el asno vio al ángel” de Nick Cave, entre tantos otros. Pero “Cómeme” precisamente tiene la facultad de dibujar sonrisas en la cara de quienes lo leen, es extraordinariamente sencillo empatizar con su protagonista desde el primer instante, admirar su fuerza y lamentar sus pesadillas, alegrarse por sus logros, etc.

Existen otros personajes en la novela, un pequeño puñado de preciosas personas que aparecen como salidos de la nada para acompañar a Myriam en el tramo de camino del que somos espectadores. Aunque sus personalidades no están en absoluto tan desarrolladas como la de la protagonista (a la que Desarthe se ha esmerado en dibujar para nosotros con todo lujo de detalles), sí resultan muy interesantes porque se trata ante todo de personas buenas, con sus propias circunstancias pero siempre con rasgos que los excluyen de alguna manera del grueso de la sociedad.

¿Acaso no ve la marca en mi frente, el estigma de la mujer con un corazón de piedra?

Los fantasmas pisándote los talones
Asistimos al momento en que Myriam se reinventa a sí misma sacando fuerzas de flaqueza, como ya he explicado. Pero no sabemos hasta más tarde de qué recuerdos huye, qué fantasmas la persiguen. No sabemos si es algo a lo que podrá sobreponerse, si se trata de una situación solucionable, si es quizá Myriam una delincuente, si es inocente o es culpable.

¿Qué pasó? Eso es algo que tendrá que descubrir cada lector: mientras avanza la trama, se van dando pequeñas pistas. De este modo, Agnès Desarthe teje sabiamente los hilos: por un lado, el presente que poco a poco avanza, por otro el pasado que al mismo tiempo se desvela. Se trata de una solución técnicamente muy inteligente para contar la historia, que mantiene aún más atrapado al lector que una narración lineal convencional.

Se atreve además a explorar un tema controvertido cuando detalla lo que sucedió hace años, algo que pondrá al lector contra las cuerdas de su propia ética y le hará situarse a favor o en contra de todos los personajes implicados. Finalmente, regala un final quizá un tanto previsible y esperado, pero igualmente emocionante.

Su inteligencia me fascina tanto como la ausencia de ruido en el cosmos.

Myriam resulta ser una mujer alocada pero llena de vida y energía, una de esas personas que resultan encantadoras por su forma original de apreciar los pequeños detalles, alguien que de forma innata sabe elegir el marco perfecto para cada foto, o decir la palabra exacta para conseguir que te sientas a su lado como en casa.

“Cómeme” es tan humano que devorarlo es casi un acto de canibalismo, un hallazgo que brilla con luz propia y que resulta una lectura perfecta para hincarle el diente incluso sin necesidad sin tener hambre.


martes, 27 de septiembre de 2016

Ayer - Agota Kristof



La dependencia emocional crea monstruos. Quien la sufrió lo sabe. Y si es enfermizo sufrir dependencia de otra persona y basar en ella todo lo que creemos que nos reporta felicidad, mucho peor puede ser depender de una idea, o de una persona imaginaria: esperar a que aparezca alguien gemelo a nuestra imagen soñada y mientras tanto vivir una existencia triste y anodina, dejándose llevar por la inercia gris del día a día.

Solo el viento puede ahuyentar al miedo.

“Ayer”, la virguería literaria de la que quiero hablar hoy, trata de una de esas vidas marcadas por la violencia y la pobreza que apenas consigue progresar en la rueda hostil del capitalismo, huyendo de su país y recibiendo las dentelladas de la pobreza del obrero y la xenofobia de los locales.

La madre sigue escribiendo a la dirección de Vera y le devuelven las cartas con la indicación FALLECIDA. La madre de Vera se pregunta qué querrá decir eso en esa lengua extranjera.

La soledad, que puede ser tan dulce y reconfortante como el hogar en un agujero de un hobbit, se presenta aquí como un enemigo contra el que luchar en vano: una soledad fría y húmeda, en absoluto amable.

Ayer dormí largo y tendido. Soñé que estaba muerto. Veía mi tumba. Estaba abandonada, cubierta de malas hierbas. Una vieja se paseaba entre las tumbas. Le pregunté por qué no cuidaba la mía.
—Es una tumba muy vieja —me dijo—. Fíjese en la fecha. Ya nadie sabe quién está aquí enterrado.
Miré la lápida. Era del año que corría. No supe qué responder.

La trama de “Ayer” contiene tantas casualidades que puede hacerse difícil dejarse llevar: es tan irreal a veces, que resulta tan justa y exactamente ficticia como lo es siempre la vida real.

—(…) ¿Qué harías tú en mi lugar?—Ni idea. Ni siquiera sé qué hacer en mi propio lugar.

lunes, 19 de septiembre de 2016

El arte de conversar - Oscar Wilde (fragmentos)



Londres está lleno de niebla y de gente seria. No sé si la niebla produce a la gente seria o si la gente seria produce la niebla, pero todo el asunto me altera bastante los nervios.
El abanico de Lady Windermere

Para conocer la cosecha y la calidad de un vino no es necesario beberse toda la botella. Media hora debe ser suficiente para decidir si un libro vale la pena o no. Diez minutos deberían bastar si uno posee el instinto para la forma. ¿Quién quiere vadear todo un libro insulso? Con probarlo basta.
El crítico como artista

Después de tocar a Chopin me siento como si hubiese llorado pecados que nunca cometí, como si me hubiese dolido de tragedias que no eran mías. Siempre me parece que la música produce ese efecto: crea un pasado que ignorábamos y nos llena con la sensación de pesares que se han escondido de nuestras lágrimas.
El crítico como artista

SEÑORA ALLONBY: La luna está hermosa esta noche.
LORD ILLINGWORTH: Vayamos a verla. Hoy día admirar algo inconstante es encantador.
Una mujer sin importancia

Encuentra la expresión para una pena y te será querida. Encuentra la expresión para un placer y su éxtasis será más intenso.
El crítico como artista

Un recaudador de impuestos llamó una vez a la puerta de los Wilde en Tite Street.
–¡Impuestos! ¿Por qué debería pagar yo impuestos? –dijo Wilde.
–Pero, señor, usted es el propietario de la casa, ¿no es así? Usted vive aquí, duerme aquí.
–Ah, sí, ¡pero duermo muy mal!
(En conversación)

SEÑOR CARSON: Suponga que un hombre que no fuese un artista hubiese escrito esta carta. ¿Diría usted que se trata de una carta apropiada?
OSCAR WILDE: Un hombre que no fuese un artista no podría haber escrito esa carta.
SEÑOR CARSON: ¿Por qué?
OSCAR WILDE: Porque sólo un artista podría escribirla. Nadie más puede escribir con ese lenguaje a menos que sea un hombre de letras.
SEÑOR CARSON: ¿Puedo sugerir, por el bien de su reputación, que este “tus labios rojos pétalos de rosa” no tiene nada de maravilloso?
OSCAR WILDE: Depende en gran medida de cómo se lea.
SEÑOR CARSON: “Tu esbelta alma dorada camina entre la pasión y la poesía.” ¿Es esta una frase hermosa?
OSCAR WILDE: No cuando usted la lee, señor Carson: lee bastante mal.

(…)

SEÑOR CARSON: ¿Bebe usted champagne?
OSCAR WILDE: Sí, el champagne muy frío es una de mis bebidas favoritas, totalmente en contra de las órdenes de mi doctor.
SEÑOR CARSON: No nos importan las órdenes de su doctor, señor.
OSCAR WILDE: A mí tampoco.

(Del primer juicio)

viernes, 16 de septiembre de 2016

Tras los pasos de W.B. Yeats

Detalle de una puerta del castillo, Dublín, Irlanda

Fui a Irlanda para encontrar el rastro de W.B. Yeats, o esa fue la excusa. Hay muchos otros escritores nacionales de los que los irlandeses se sienten extremadamente orgullosos: James Joyce, Bram Stoker, Oscar Wilde, Bernard Shaw y muchísimos, muchísimos otros a los que yo ni siquiera conocía y que conviven en el Dublin Writers Museum (18 Parnell Square, Dublin) en un encantador edificio georgiano del siglo XVIII.

Allí se encuentran, por ejemplo, pases de mano de las obras de teatro de Wilde cuyo enorme éxito disfrutó en vida, anotaciones del puño y letra de los autores, objetos personales y primeras ediciones de las obras más emblemáticas, como esta de Drácula ante la cual me quedé sin aliento.

Primera edición, de "Drácula" de Bram Stoker
Pases de mano originales y ediciones antiguas de las obras de Oscar Wilde (1)
Pases de mano originales y ediciones antiguas de las obras de Oscar Wilde (2)
Pero volvamos a Yeats. La familia del escritor procedía de Sligo, una pequeña localidad de la costa oeste de Irlanda, y allí todo tiene su impronta. La moderna galería de arte The Model expone continuamente series de pinturas originales de Jack, el hermano de Yeats, y la entrada es gratuita. Junto al río y la oficina de turismo se encuentra un pequeño museo dedicado exclusivamente a la memoria del escritor, el Yeats Memorial Building, la entrada es asimismo gratuita y expone algunos retratos del autor, ediciones antiguas de sus libros autografiados por él mismo y algunas cartas y otros objetos que han sobrevivido al paso del tiempo.

Objetos personales de Yeats en el Yeats Memorial Building, Sligo, Irlanda (1)
Objetos personales de Yeats en el Yeats Memorial Building, Sligo, Irlanda (2)
Objetos personales de Yeats en el Yeats Memorial Building, Sligo, Irlanda (3)
Busto de Yeats, un tanto siniestro
Posee también una pequeñísima librería donde sin embargo se pueden adquirir algunas joyas editadas con un gusto exquisito, una cafetería con los poemas de Yeats escritos a modo de mural en las paredes, y una terraza encantadora con vistas al río. La visita es absolutamente recomendable.

Estatua de Yeats, de dudoso gusto, en las calles de Sligo, Irlanda
Murales con fragmentos de la obra de Yeats en Sligo, Irlanda (1)
Murales con fragmentos de la obra de Yeats en Sligo, Irlanda (2)
Murales con fragmentos de la obra de Yeats en Sligo, Irlanda (3)

Murales con fragmentos de la obra de Yeats en Sligo, Irlanda (4)

Yeats estaba tan enamorado de su tierra que escribió un poema, "Under Ben Bulben", en el que hablaba del lugar donde querría que estuviese situada su tumba por el resto de los tiempos, bajo el monte Ben Bulben en la parroquia de Drumcliff. Así pues, aunque murió en Francia en 1939, sus restos fueron repatriados a Irlanda años más tarde (existe controversia al respecto, no está claro que realmente esto se llevase a cabo). Y allí está.

La lápida de Yeats con el famosísimo epitafioCast a cold Eye On Life, on Death. Horseman, pass by! 

Under Ben Bulben

(…)
Under bare Ben Bulben’s head
In Drumcliff churchyard Yeats is laid.
An ancestor was rector there
Long years ago, a church stands near,
By the road an ancient cross.
No marble, no conventional phrase:
On limestone quarried near the spot
By his command these words are cut:
Cast a cold eye
On life, on death.
Horseman, pass by!

Estas palabras confirman mi opinión acerca de los cementerios, lugares de un valor incalculable por los que conviene pasear de cuando en cuando porque están llenos de energía positiva que te llena de ganas renovadas de seguir viviendo.

Aunque murió en Francia en 1939, los restos de Yeats fueron trasladados hasta este lugar siguiendo sus deseos. Drumcliff es ahora un pequeño lugar que atrae a curiosos, una capilla pequeña y humilde rodeada de un precioso cementerio de tumbas ya viejas, una tiendecita-café a pocos metros y nada más: la presencia del Ben Bulben cercano presidiendo todo.

La visita puede completarse visitando el lago Glencar, cuya impresionante cascada sorprende al llegar (está oculta por la vegetación y se accede por un camino que se aleja del lago). Este sitio sirvió de inspiración al poeta para escribir uno de sus poemas más representativos, Stolen Child. Si tienen suerte, su guía lo recitará con la solemnidad y musicalidad que solo los irlandeses, al más puro estilo hobbit, pueden otorgarle a un poema: su gusto y su facilidad para transmitir historias es maravilloso, y allí se hace palpable.

Cascada junto al lago Glencar, Sligo, Irlanda
The Stolen Child

(…)
Where the wandering water gushes
From the hills above Glen-Car.
In pools among the rushes
That scarce could bathe a star.
We seek for slumbering trout
And whispering in their ears
Give them unquiet dreams:
Leaning softly out
From ferns that drop their tears
Over the young streams.
Come away, O human child!
To the waters and the wild
With a feary, hand in hand,
For the world’s more full of weeping than you can understand

En Sligo también está enterrada la madre de Bram Stoker, pero el acceso al lugar está prohibido y sólo pude imaginarla: si se hubiera tratado de la tumba del escritor, saben los leprechauns que me hubiera atrevido a saltar la verja a medianoche armada con una linterna y la cámara de fotos.

Los escritos de Yeats están plagados de referencias feéricas, en más ocasiones he citado el maravilloso volumen “Mitologías” que publicó hace unos pocos años la editorial Acantilado, aunque también se pueden encontrar otras ediciones de estos cuentos de hadas de tradición oral transcritos por Yeats. Estas historias siempre tienen un componente divertido por lo irreal, pero a la vez solemne y respetuoso puesto que todos estamos hechos de las historias que nos han dado forma, y en el caso de Yeats había algo profundamente real en los cuentos que había escuchado desde niño.

Lago Gill rodeado de niebla y montes, Sligo, Irlanda
Es cierto que leer mucho llega a desarmarte ante la difícil tarea de discernir entre realidad y ficción llegado el caso. Predisposición, sugestión, hechizo, embeleso: puede explicarse de cualquiera de estas formas pero uno se queda atónito cuando la Naturaleza se impone, y entonces se entiende que a partir de ese entorno se hayan dado forma durante siglos a las historias y a las criaturas feéricas más inexplicables.

Cliffs of Moher, Doolin, Ireland
Los acantilados de Moher, las geométricas formaciones rocosas de las costas, los montes planos erosionados, la vegetación exuberante, los lagos con oleaje, las islas encantadas, los pueblos plagados de locales con música tradicional en directo y, cómo no, la amabilidad infinita y las ganas de reír que habitan en los ojos de los irlandeses.

Formaciones rocosas geométricas en los alrededores de Doolin, con los acantilados al fondo
Hay una cita de Oscar Wilde, que se encuentra en la desgarradora obra “De Profundis”, y que dice así:
Society, as we have constituted it, will have no place for me, has none to offer; but Nature, whose sweet rains fall on unjust and just alike, will have clefts in the rocks where I may hide, and secret valleys in whose silence I may weep undisturbed. She will hang the night with stars so that I may walk abroad in the darkness without stumbling, and send the wind over my foot prints so that none may track me to my hurt: she will cleanse me in great waters, and with bitter hebs make me whole.

Pues bien, un mural con un precioso poema de Yeats que no conocía, me hizo recordarlo de pronto desde el primer verso, e instantáneamente se convirtió en mi favorito y de alguna manera le dio sentido a todo:

The Song of Wandering Aengus

I went out to the hazel Wood,
Because a fire was in my head,
And cut and peeled a hazel wand,
And hooked a berry to a thread:
And when white moths were on the wing,
And moth-like stars were flickering out,
I dropped the berry in a stream
And caught a little silver trout.

When I had laid it on the floor
I went to blow the fire aflame,
But something rustled on the floor,
And some one called me by my name:
It had become a glimmering girl
With apple blossom in her hair
Who called me by my name and ran
And faded through the brightening air.

Though I am old with wandering
Through hollow lands and hilly lands,
I will find out where she has gone,
And kiss her lips and take her hands;
And walk among long dappled grass,
And pluck till time and times are done
The silver apples of the moon,
The golden apples of the sun.

Retazos de Yeats también en la playa de Strandhill, Sligo, Irlanda

De todas las fotografías en este post: 
© Todos los derechos reservados - Mar López, 2016 

Oso – Marian Engel



"Oso" es el ejemplo perfecto de cómo estropear una buena idea. Esta novela es originaria de 1976, y por la información en torno a ella rompí mi habitual recelo hacia la editorial Impedimenta (en los últimos años sólo les había agradecido que editaran a Cartarescu, pero incluso él llegó a saturarme).

"Oso" es una novela corta, de tan sólo 170 páginas, que empieza muy bien: la protagonista principal es una chica solitaria que se dedica a realizar clasificaciones documentales e inventarios, y la novela comienza cuando le encargan trasladarse temporalmente a una casa construida en una remota isla canadiense para inventariar la documentación que allí se encuentra. Una no estudió Biblioteconomía por azar, precisamente: así que me encontré encantada con una historia tan apetecible entre las manos, que además está bastante bien escrita: con frases cortas pero directas e inteligentes, que nada tienen que ver con las frases cortas simples y condescendientes de la literatura para masas.

La protagonista Lou se encuentra viviendo en un lugar al que sólo se puede acceder por barca, en esa casa vieja donde se empiezan a detectar atisbos de abandono. La casa incluye una suerte de mascota, un oso manso encadenado. A pesar de que le indican que debe extremar las precauciones porque se trata de un animal salvaje al fin y al cabo, ella decide hacerse amiga de él, llevarlo de paseo y a bañarse, y finalmente le permite entrar en la casa.

Y ahora voy a destripar el final, sé que no suele gustar conocer el desenlace de las historias (no sé por qué: la información es poder) así que, sí, alerta por spoiler, los espíritus delicados dejen de leer aquí.

La luz matinal era veteada, pajiza, verde, una presencia móvil en las ventanas. La cocina nadaba en una especie de penumbra submarina. Una vez listo el desayuno, se lo llevó fuera, a la escalera de la leñera, para desayunar con luz. Acababa de sentarse cuando descubrió al oso mirándola desde la puerta de su cabaña.

Oso. Allí. Mirando.

Ella también lo miró.

En algún momento de nuestras vidas todos tenemos que decidir si somos o no somos platónicos, pensó. Soy una mujer, estoy sentada en una escalera, como tostadas con beicon. Eso es un oso. No es un oso de peluche, no es el osito Pooh, no es el koala del logotipo de una aerolínea. Es un oso de verdad.

¿Era necesario estropear una novelita tan grata con semejante desenlace? ¿Qué falta hacía que Lou se sintiese atraída sexualmente por el oso, y que, además, llegase a creer que se había enamorado de él? Los últimos capítulos son escenas encadenadas en las que el oso masturba a Lou. Por qué, por qué, por qué. Qué demonios nos han hecho los animales para que no dejemos de inventar nuevas formas de denigrarlos.

Procuró concentrarse en lo externo, en sus fichas, en sus notas. Contempló la biblioteca y  comprendió que para que el trabajo le durase todo el verano tendría que mentir. No le quedaba ni una semana de trabajo real. Podía irse pronto, pero no quería irse.

Quise pensar al principio que se trataba de sueños de la protagonista que se hacían pasar como reales para engañar al lector y luego aclarar las cosas… pero, no. En fin, es una novela extremadamente agridulce, hay fragmentos encomiables pero que se quedan absolutamente deslavazados con el increíble giro que lo enturbia todo. A mí me hubiera gustado saber esto antes de embarcarme tan alegremente en la lectura, eso es todo.

jueves, 18 de agosto de 2016

Fieras y esferas


" Desde que la leí, no sabría decir dónde, me resultó deliciosa una anécdota contada por la madre de Schopenhauer, escritora ella misma, sobre los gustos de la buena sociedad a finales del siglo XVIII: al atravesar los Alpes las damas alemanas que se dirigían a Italia para pasar el verano cerraban las cortinas de sus carruajes para no tener que contemplar los agresivos perfiles de las montañas. Los Alpes eran de mal gusto. Sin embargo, únicamente una generación después, a principios del siglo XIX, el arte europeo se llenaba de agrestes cordilleras y recónditos valles. Los pintores querían enfrentarse directamente, à plein air, a los paisajes más abruptos; los poetas exaltaban la comunión con la tierra; los músicos se lanzaban a una escala de sonidos que duraría un siglo largo. Sería interesante saber, por ejemplo, qué hubieran opinado las recatadas damas alemanas, que evitaban la visión de los Alpes, sobre una obra como la Sinfonía alpina de Richard Strauss.

En cualquier caso la actitud de estas damas es mucho menos extravagante y frívola de lo que ahora pueda parecernos, acostumbrados a dos siglos de exaltación de la "naturaleza". Esta exaltación, bien reciente, es una consecuencia directa del asentamiento de una civilización urbana que proyecta sus carencias y sus malas conciencias en el espacio que aparece como más antagónico al de la propia ciudad. Cuanto más indomable se suponga este espacio mayor es el grado de catarsis con el que fantaseará el habitante de la urbe. Así nace la sensibilidad romántica europea: una cultura ya urbana que, como tal, expresa una nostalgia sin precedentes por un ámbito que se considera perdido o extraordinariamente alejado de la vida cotidiana.

Las damas a las que se refiere la madre de Schopenhauer participan todavía de una atmósfera anterior, ilustrada y rococó, en la que se admiran los jardines racionalistas, aunque sean exuberantes, y en la que si se acude a la "naturaleza" es por juego estético, por ánimo de recrear esas metamorfosis alegóricas en las que los dioses amables compiten con una humanidad refinada y lúdica. Es cierto, no obstante, que mientras las damas alemanas se dirigen a la Riviera para sus veraneos la época se está dislocando con violentas revoluciones, no sólo políticas o sociales.

Mientras está afilándose la hoja de la guillotina destinada a seccionar la cabeza de Luis XVI el arte europeo se desliza hacia un inconformismo radical, inédito que incluye una reformulación rotunda de la idea de "naturaleza". En Gran Bretaña poetas como Wordsworth o Blake y en Alemania Goethe convocan una nueva visión, mayúscula, de la Naturaleza en la que las coordenadas físicas se hallan yuxtapuestas a las míticas, a las psicológicas, a las religiosas. El mito de la Naturaleza empieza a ocupar el centro de la experiencia estética como contraposición a una creciente sensación de marginalidad por parte del hombre que se autodenomina moderno. El Werther de Goethe ofrece la senda que no deja de ganar adeptos en toda Europa. Es el momento del significativamente llamado Sturm und Drang. En tanto en el París revolucionario David pinta la muerte de Marat con tintes neoclásicos, en el norte de Alemania Caspar David Friedrich empieza a pintar esos paisajes insoportables para las damas de su país. Quien mejor entiende la nueva perspectiva en música es Haydn, quien con sus últimas sinfonías abre la puerta hacia el naturalismo cósmico de Beethoven. Recién estrenado el siglo XIX los románticos proclaman solemnemente, como filosofía y como poética, el retorno a la Naturaleza.

Es una proclamación paradójica pues el retorno supone una estancia previa que en realidad no se había producido o que, cuando menos, el arte no había expresado. Es difícil encontrar en la anterior historia artística europea formulaciones afines a la romántica. El mito de la Naturaleza, con su grandiosidad mística y su fuerza salvadora un mito que, aunque empalidecido, se perpetúa en nuestra ecología contemporánea apenas tiene precedentes fragmentarios y dispersos.


Maldita perfección
Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza
Rafael Argullol
Editorial Acantilado, 2013

jueves, 11 de agosto de 2016

Un monstruo viene a verme - Patrick Ness



Hace unos meses, a raíz de una reseña de Libros del Asteroide que tocaba temas como los celos, la libertad y la mentira, comentaba por aquí que no es lo que pienses o sientas lo que habla de ti, sino que son tus actos los que te definen como persona. Este libro juvenil vuelve a llevarme hasta la misma conclusión, a través de otro enfoque.

“Un monstruo viene a verme” no es una novela de crecimiento al uso. Se trata de la difícil experiencia que atraviesa un joven adolescente, Conor O’ Malley, que debe enfrentarse a las consecuencias de una familia desestructurada, a la enfermedad y al acoso escolar. Todo se le pone en contra y en su situación no es de extrañar que desarrolle mecanismos de defensa de carácter psicótico: los monstruos que aparecen en esta novela no la convierten en un libro de fantasía, espada y brujería o similar, sino que se trata de monstruos muy reales, pero no daré más pistas para no desvelar datos de la trama.


Lo que definitivamente aporta el matiz diferenciador de "Un monstruo viene a verme" con respecto a las típicas novelas de aventura adolescentes, es el tratamiento de las contradicciones humanas, un tema complejo que no suele aparecer reflejado en los argumentos debido a su complejidad: no es fácil explicar a través de una historia que algo puede estar bien y mal al mismo tiempo. Normalmente, lo que se hace es presentar personajes arquetípicos y por tanto ligeramente deshumanizados, que representan de una forma muy clara el bien y el mal, se llega a una conclusión, etc. Sin embargo, Patrick Ness dibuja un protagonista tan humano con unos fantasmas tan reales que casi se perciben su alientos en la nuca, me parece que es una apuesta muy valiente y muy inteligente a la vez.

Últimamente se habla mucho de este libro porque en octubre de este año se estrenará la película basada en el mismo, que dirige el español Juan Antonio Bayona e interpretan actores como Liam Neeson, Felicity Jones, Sigourney Weaver y el pequeño Lewis MacDougall en el papel protagonista. El guionista es el mismo Patrick Ness, por lo que es de esperar que la trama sea muy fiel al libro.


Por lo demás, la novela es una delicia también en lo que a presentación formal se refiere: editada en España por DeBolsillo con magníficas y oscuras ilustraciones de Jim Kay, el trabajo de maquetación es digno de resaltar, ya que intercala texto e imagen de una forma muy cuidada, de modo que algunas ilustraciones rodean el texto enmarcándolo, u ocupan dos páginas continuas resaltando delicadamente todo el texto, cuyos márgenes adoptan formas caprichosas. Se lee en un par de horas, está muy bien escrito e invita a la reflexión, al regreso a lo esencial.


Por último, el personaje del monstruo contiene referencias mitológicas, un punto a favor del libro que definitivamente lo alejan del grueso de la literatura típicamente adolescente, como se puede apreciar desde este fragmento:


¿Que quién soy? dijo, y luego gritó. ¿Que quién soy?

Parecía que el monstruo seguía creciendo, cada vez era más alto y más ancho. Un viento súbito lo rodeó, y el monstruo abrió los brazos tanto que parecía que le llegaban a horizontes opuestos, tanto que parecían lo bastante grandes como para abarcar el mundo.

¡He tenido tantos nombres como años tiene el tiempo! dijo con un rugido. ¡Soy Herne el Cazador! ¡Soy Cernunnos! ¡Soy el eterno Hombre Verde!

El monstruo bajó uno de los brazos, atrapó a Conor y lo elevó en el aire; el viento se arremolinó en torno a ellos haciendo que las hojas que formaban la piel del monstruo se agitaran airadamente.

¿Que quién soy? rugió de nuevo. ¡Soy la espina dorsal que sostiene las montañas! ¡Soy las lágrimas que lloran los ríos! ¡Soy los pulmones que respiran el viento! ¡Soy el lobo que mata al gran ciervo, el gavilán que mata al ratón, la araña que mata a la mosca! ¡Soy el gran ciervo, el ratón, la mosca que son comidos! ¡Soy la serpiente del mundo que se devora la cola! ¡Soy todo lo que no está domesticado y no se puede domesticar! Acercó a Conor uno de sus ojos. Soy esta tierra salvaje, y he venido a por ti, Conor O'Malley.

Pareces un árbol.

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