martes 1 de diciembre de 2009

(de mudanza)

jueves 12 de noviembre de 2009

Madrid, sábado, 14 de noviembre

domingo 8 de noviembre de 2009

"Un nudo en la garganta: Quince cuentos canallas" - VV.AA.


Quince autores de tres nacionalidades diferentes se unen en este volumen para ofrecernos una variada selección de aquellos relatos en los que se refleja, de una forma u otra, la cara más ruin del ser humano. La advertencia con que nos encontramos al girar el volumen si estamos viendo la cubierta, es la siguiente:

En la presentación, Carlos Salem me encantó leyendo un fragmento de "Muertos prematuros", el cuento de José Ángel Barrueco que abre esta antología y que salió por azar elegido para ofrecer a los asistentes a la presentación. Con su voz rota y llena de matices, consiguió trasladar al público toda la dureza de los personajes de este cuento enmarcado en uno de los barrios más pobres y conflictivos de una pequeña ciudad castellana.

Además de los mencionados más arriba, (y que pueden verse en la imagen), también me ha gustado encontrarme entre estas páginas a David González -siempre es un placer-, de quien tomo prestadas unas frases de su cuento "Detrás de la iglesia", como muestra, y para terminar:

"(...) Te lo juro por mi madre que no sé a quién habrás podido salir tú. No pareces hijo mío. No tienes sangre en las venas.
Es cierto, papá, no la tengo.
No tengo sangre en las venas.
La tengo en las manos.

jueves 5 de noviembre de 2009

"El viaje del elefante" - José Saramago

"(...) Encaramado en la nuca del elefante, con el saco entre las piernas, vestido con la sucia indumentaria de trabajo, observa con soberbia de vencedor a la gente que lo mira con la boca abierta, señal absoluta de pasmo según se dice, pero que, en realidad, tal vez por ser absoluta, nunca pudo ser observada en la vida real. Cuando montaba a salomón a subhro siempre le parecía que el mundo era pequeño, pero hoy, en el muelle del puerto de génova, objetivo de las miradas de cientos de personas literalmente embelesadas con el espectáculo que les estaba siendo ofrecido, tanto con su propia persona como con un animal en todos los aspectos tan desmedido que obedecía sus órdenes, fritz contemplaba la multitud con una especie de desdén, y, en un insólito instante de lucidez y relativización, pensó que, bien vistas las cosas, un archiduque, un rey, un emperador no son más que cornacas montados sobre un elefante."

miércoles 4 de noviembre de 2009

Madrid, jueves 5 de noviembre

lunes 2 de noviembre de 2009

XIII - Se llamaba Luna y vivía en Valencia

Se llamaba Luna y vivía en Valencia. Dedicaba las mañanas y las tardes a imaginar a qué se parecían las nubes que veía desde los balcones de su dormitorio. Su casa era grande y blanca, adecuada para recibir a diario a miles de personajes. A cual más raro. Parecían zombis, así de dormidos venían. Daba igual lo que Luna dijera o hiciera, si es que alguna vez les decía o hacía algo. Hasta que alguien, en el mundo real o el otro mundo, no les daba un pequeño susto y preguntaba si es que estaban en la luna, ellos vagaban despacio y sin rumbo por los salones de la casa grande y blanca.

Las noches las dedicaba Luna a recoger los objetos que los fantasmas tiraban de las estanterías en su descuidado deambular.

Una vez al año visitaba a su abuela y a sus tías, quienes vivían en el punto más alto del Cerro de Úbeda y en una cabaña a las afueras de Babia, respectivamente.

sábado 24 de octubre de 2009

XII

En la biblioteca. Mostrador. Detrás, hay tres bibliotecarios hablando entre sí.

-Buenas tardes, quería hacer una desiderata.
-¿Cómo?
-Que quería hacer una desiderata.
-Ah, una reserva.
-No, una d-e-s-i-d-e-r-a-t-a.
-(Cara de pez).
-Es una petición de un libro. Uno que no tenéis en el catálogo.

Solo uno de los tres era bibliotecario, (pero los otros también atendían al público), les explicó en qué consistía mientras me pasaba una ficha de solicitud para que la fuera rellenando.

¿Quiénes eran los otros dos, qué camino habían recorrido hasta llegar a sentarse detrás de ese mostrador, sin conocer el vocabulario técnico propio de una biblioteca?

¿Lo comprarán?

sábado 17 de octubre de 2009

¡Ya está aquí! Recuerdos de un cine de barrio - José Ángel Barrueco


Justo cuando termino la lectura de la esperada reedición de “Recuerdos...”, me lanzo sobre el teclado, para dejar constancia y recomendar con fervor una de esas joyas literarias que todos nos merecemos descubrir y leer de vez en cuando y que tan difíciles son de encontrar. Recuerdo... el día, hace unos 7 años 8, que conseguí un ejemplar de esa antigua edición de este libro (ed. Tecum). Mi familia me esperaba sentada a la mesa para comer, llamándome, pero hasta que no llegué a la última palabra de la última página, no me moví.

Y es que esta novela, autobiografía de una infancia, ponía el broche a los innumerables artículos de opinión publicados en distintos periódicos, que había logrado rescatar buscando en hemerotecas y en un rincón del instituto al que por entonces, iba, en el que se amontonaban pilas de periódicos atrasados.

Oír un disparo, en mitad de la noche, eriza los cabellos de la nuca.

“Recuerdos...” no es solo una autobiografía de una infancia poco usual, la de un niño que vivió en un cine. Además, es el reflejo fiel de una época, entre los 70 y los 80, en una ciudad castellano-leonesa apacible y serena. El lector se ve envuelto en la oscuridad de una sala de cine pero también en las calles solitarias en la noche, en la anécdotas escolares, en el sabor de la libertad que proporcionaban las vacaciones de verano y el menos agradable de los suspensos, en los sucesos más sonados que sacudieron la paz de la ciudad en ocasiones...

En esta edición se han incluido algunas fotografías al final del texto, que ilustran el relato y sacian la curiosidad del lector, un buen detalle, agradable para la vista. Entre estas imágenes, se encuentra la del cine que sirve de marco al relato, un gran acierto ya que, hace unos pocos años, fue derruido, después de pasar un tiempo abandonado, por lo tanto imposible ya de visitar por los curiosos.

Quienes disfruten con el buen cine se podrán ver reflejados entre las líneas de esta historia, cada etapa en la vida de J.A.B. parece ser marcada por un personaje o una película, y abundan las referencias cinematográficas.

Pero lo que no tiene desperdicio son las descripciones de los personajes: los taquilleros, operarios, porteros, los clientes asiduos, los propios miembros de la familia propietaria del cine... no es necesario que se incluyan fotos de ellos: las descripciones logran que puedas imaginártelos a la perfección. Lo mejor y lo peor del ser humano sale a flote a lo largo de multitud de costumbres y anécdotas protagonizadas por estos personajes.

Para los que se queden con ganas de descubrir más de esta historia, añado algunos links de interés (más, en el post anterior a éste):






Ficha del libro en BAILE DEL SOL.














Primeras páginas del libro (el primer capítulo empieza en la pág.
11)











Un regalo inmejorable para estas navidades...




miércoles 7 de octubre de 2009

PRÓXIMAMENTE, en tu librería: "Recuerdos de un cine de barrio" - José Ángel Barrueco

Una nueva edición mejorada de la novela "Recuerdos de un cine de barrio" de José Ángel Barrueco, que vuelve después de 10 años para reconfortar a aquellos que no pudieron conseguir ningún ejemplar de la edición de 1999 y a fascinar a todos aquellos que todavía no hayan tenido la suerte de conocerla.

Para ir abriendo boca, dejo aquí un par de enlaces: para leer las primeras páginas, pincha aquí. Y, para ver el tráiler promocional, pincha aquí.



Seguiremos informando.

lunes 5 de octubre de 2009

"Despedida a medias" - José Ángel Barrueco

DOMINGO, OCTUBRE 04, 2009

El texto de abajo es mi último artículo para el periódico. Estaba previsto para hoy. Era mi despedida (a la fuerza: dejan de pagar las colaboraciones; al menos, las mías). Ni siquiera han querido publicarlo. Pero, ante este tipo de manipulaciones, nos queda el poder de internet. En la red no pueden tapar todas las bocas. La mía, al menos, no.

Despedida a medias

Detesto las despedidas. Dejan un poso de amargura, un sabor agridulce, que no conviene a nuestros paladares. De hecho, no deberíamos despedirnos nunca. De nadie. Ni siquiera de nuestros muertos: los míos, los que dejé atrás, los que se fueron, aún me visitan en mis sueños. De este periódico, donde tantos nos hemos forjado escribiendo, y que a tantos nos ha acogido, guardo en la memoria los adioses escritos de quienes dejaron su puesto, por unas u otras causas. Quizá el más emotivo, o el que yo recuerdo con más afecto, fuese el de mi antiguo director, Francisco García, en su diana titulada “Hasta siempre”. En aquel texto minimalista, como todos los suyos, escribía: “Llegó la hora del cambio de destino, que nunca se augura pero siempre llega, de la llamada a nuevas metas y horizontes; la hora del adiós que es hasta pronto o hasta siempre”. Es conveniente que no olvidemos esas palabras: “Nunca se augura pero siempre llega”. Paco apostó por mí hace ya casi diez años. Primero, como columnista semanal. Luego, diario. Creo que a él se lo debo todo; para mí supuso aliento, soporte y auxilio en los momentos bajos. Desde entonces hasta ahora, en que el camino se termina, he escrito para este periódico algo más de 3.100 artículos. Esa cifra es mi medalla, y por supuesto también lo es el apoyo de los familiares, los amigos, los compañeros de oficio y los lectores, tanto los compinches como los enemigos. La gente que me aguantó y la que no. Incluso las personas más cercanas a mi círculo me dieron alguna vez un tirón de orejas, seguramente merecido porque soy humano.
Estamos en tiempos de crisis. En tiempos oscuros. De recortes, despidos y cambios de rumbo. Hay nubarrones sobre nosotros y aún queda por llegar lo peor, la tempestad. Una vez me dijo un colega, cuando estudiábamos juntos en la universidad: “Estamos abocados al fracaso”. No se me han olvidado esas palabras, pero hoy se hacen extensibles al país. España está abocada al fracaso. Decía un personaje de “The Dark Knight”: “La noche es más oscura justo antes del amanecer. Os lo prometo, no tardará en amanecer”. Veremos. Porque a mi alrededor sólo veo gente que cae a la lona. Lo importante es que siempre nos quedan fuerzas para incorporarnos. Dicen que, cuando una puerta se abre, otra se cierra. A Zamora le restan aún energías. Es una ciudad que ha soportado de todo. Lean con atención estas palabras: “No, Zamora no se ha perdido en una hora. Pero sí se ha perdido en años y más años de cercos, de olvidos de sus posibilidades, de murallas de silencio para sus necesidades, de portillos por donde se han traicionado sus bienes y haciendas más comunes y por donde ha ido exportándose la flor de sus habitantes”. No son recientes. Las escribió el poeta zamorano Justo Alejo en el 77. Y, hoy, el cuento es el mismo.
Dije al principio que detesto las despedidas, y de ahí el título de este último artículo diario. Seguiré apareciendo por aquí, si nada lo impide, cada domingo, junto a la tribu de colaboradores dominicales. Con el texto de hoy se cierra una etapa. Casi diez años en los que he visto (con pesar) cómo algunos columnistas se iban. Una etapa plena, sin embargo. De aprendizaje. De forja en la escritura, igual que si uno asistiese con puntualidad a un gimnasio para fortalecer sus músculos. Y coincide con la reedición de mi primer libro: una década después. Como si en estos años hubiera trazado un círculo que ahora se cierra y completa. Amigos, les espero a la vuelta de la esquina, dándole a la tecla, y me despido con una cita de J.D. Salinger: “No cuenten nada a nadie. Si lo hacen, empezarán a echar de menos a todo el mundo”.

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Pues eso, Internet no puede tapar todas las bocas...

Ayer debía haberse publicado el último artículo diario de José Ángel Barrueco. Pero ni siquiera le dejaron despedirse. Por eso este artículo de despedida ahora circula por un montón de blogs, para que igualmente llegue a todo el mundo. Desde ayer, los zamoranos nos quedamos sin la columna de opinión "Escrito en el viento" que, a diario, durante diez años, hacía del periódico de nuestra ciudad algo mucho más interesante. Me da mucha pena porque muchos descubrimos a Barrueco gracias a esta columna, que tan pronto te sorprendía con un lugar maravilloso que merecía la pena visitar, como con el hallazgo de un buen libro, un nuevo escritor, una película, una reflexión surgida del más mínimo detalle observado, un paseo entre la niebla por las calles de Zamora y lo mejor para mí, aquellas perlas en forma de cuentos que también salieron a veces, o una novela por entregas entre las páginas del dominical, en fin... un regalo cada día.

Todo cambia, y lo que antes suponía una búsqueda infinita en la hemeroteca, entre papeles, hasta encontrar viejos artículos, con el paso del tiempo se hacía tras un click de ratón, a través de Internet y la hemeroteca virtual. Ahí están, 10 años, 3.000 artículos. Pero también, montones de colaboraciones en otros medios y un blog estupendo al que por suerte nadie le tapará nunca la boca, y donde podremos seguir viendo a diario todos los éxitos de este pedazo de escritor, José Ángel Barrueco.

Los del periódico todavía no saben lo que han hecho. Que les... den.

lunes 14 de septiembre de 2009

"La historia que me escribe" - Fernando Trías de Bes

Hace tiempo flipé con "El coleccionista de sonidos", por lo que unos días atrás empecé con entusiasmo "La historia que me escribe". Aunque no me ha gustado tanto como "El coleccionista...", es una novela que igualmente se queda dando vueltas por tu cabeza mientras intentas dar forma a toda la información.

"La historia..." es una novela cuyo protagonista procura a lo largo de su vida mantener los pies sobre la tierra, pero que finalmente se ve envuelto en una extraña fantasía de la cual es imposible salir, por más que se empeñe en que la razón se imponga. Todo gira en torno a la cinta de Moebius y una panda de bohemios obsesionados y embarcados en una corriente artística que sigue la misma lógica que la extraña cinta: unas manos que se dibujan mutuamente, un escultor devorado por su escultura, un extraño y recóndito poblado del que no se puede salir y... un escritor al que su propia novela está escribiendo sin que él lo sepa.

¿Que qué cosas te hace replantearte la novela...? Pues en general, la propia existencia. (¿No será todo una fantasía?) Y, más en concreto... ese tipo de cosas que a veces se hacen sin pensar, sin querer, casi en contra de la propia voluntad... ¿quién o qué te dirige a hacerlas?

¿Qué es dentro y qué es fuera?

viernes 11 de septiembre de 2009

"La elegancia del erizo" - Muriel Barbery

A medida que avanza la trama aumenta la cantidad de frases que te gustaría apuntar en un papel. El principio es raro, pero la última parte es una pasada. No quiero contar nada más.

martes 4 de agosto de 2009

XI

viernes 31 de julio de 2009

"Kafka y la muñeca viajera" - Jordi Sierra i Fabra

Menudo hallazgo. Una historia preciosa.

Una niña perdió a su muñeca en un parque de Berlín, y su gran suerte fue que el mismísimo Kafka la vio llorar y se acercó a ella para calmarla. Le contó que su muñeca no se había perdido sino que se había ido de viaje y que para explicárselo le había escrito una carta qué él había recibido. La niña le preguntó por qué a él, y ¿por qué si no...?

" -Porque soy cartero de muñecas."

Esta historia ocurrió realmente y, aunque muchos detalles se desconocen, Jordi Sierra i Fabra ha completado con su imaginación esas lagunas.

Durante varias semanas la niña recibió cartas de su muñeca, que cada vez llegaban de un lugar distinto del planeta. A quién no le hubiera gustado que le sucediera algo así en su infancia.

jueves 30 de julio de 2009

"11-M: La novela gráfica"

Ya han pasado 5 años desde entonces, pero al recordar aquel día a través de estas viñetas, el pelo se sigue poniendo de punta.

Aquí se explica todo lo que pasó, desde el principio hasta el final, a través de la mirada de un periodista, un policía y una víctima del atentado. Aun he descubierto muchos datos que no conocía, como dónde se adquirió todo el material para fabricar las bombas o algunas de las pistas que se encontraron en la investigación policial.

Las viñetas probablemente más impactantes, que reflejan una parte de la historia en la que nunca me había dado por pensar, son aquellas que muestran el momento en el que los asesinos colocan las mochilas-bomba en los trenes. En ese momento pueden ver y sentir a su lado a decenas de personas que tranquilamente leen, aun con sueño, o miran por la ventana o miran a sus compañeros de vagón o miran al suelo mientras se dirigen a sus destinos como lo hacen cada día: ¿qué pensarían en aquellos momentos, al ver la mirada de las personas a las que iban a matar, allí a su lado? Siempre uno se fija, cuando entra en cualquier vagón. Sin querer haces un chequeo rápido de quién viaja a tu lado, aun sin darte cuenta. Ves su ropa, el título del libro que están leyendo, o el del periódico. Les oyes si van hablando. Son gente como tú.

¿Que estabas haciendo cuando te enteraste del atentado? Lo recuerdas, ¿verdad...? Al igual que recuerdas lo que hacías cuando sucedió lo de las Torres Gemelas... ¿No te preguntas por qué aun lo sigues recordando? Si ya ha pasado mucho tiempo desde entonces. Lo que hacías el día anterior y siguiente a la misma hora, ¿a que ya no lo recuerdas?