martes, 25 de agosto de 2015

"No entendéis nada" - Terafobia


"Me habéis visto, me habéis oído, me habéis juzgado, con todo lujo de detalles y parámetros.

Habéis encontrado mis escondites, habéis medido el compás de mi respiración, habéis analizado hasta el color de mis sandalias.

Habéis hecho un retrato robot de mi corazón, habéis escudriñado mis palabras, deducido mis sueños, calibrado mis emociones.
Habéis encontrado cientos de claves para desencriptar mi mente y, contra todo pronóstico, no habéis entendido nada.

Y es que vosotros no sabéis cómo me cambia la cara en primavera, no habéis visto mi alma estirándose al sol. No me habéis sentido vibrar en un concierto, no sabéis qué música suena en mi cabeza cuando río. No me habéis apretado la mano hasta quedarme dormida, no tenéis ni idea de cómo beso, de cómo bailo, de cómo suspiro, y no entendéis nada.

¿Qué vais a entender? Si nunca me habéis visto explorar lo inexistente, si no sabéis cuántas veces he viajado en el tiempo, si no entendéis que hay lugares a los que nunca vais a poder seguirme, si no sabéis a qué sabe un cortocircuito en mi planeta, si ni siquiera habéis adivinado de qué color veo el cielo.

¿Qué queréis entender, si no entendéis nada?

*

Descubrí el canal de Terafobia este verano, durante una baja que no tendría que haber sucedido, y nunca le agradeceré lo suficiente que me hiciera olvidar el enfado, el dolor y los 40 grados a la sombra mientras veía sus vídeos.

Ana Cerezuela, que en su canal de YouTube adopta el personaje de Terafobia, crea contenidos que siguen la línea de la pasión por el conocimiento, del crecimiento personal, del amor por la literatura; se despoja de todo eso que hace parecer falsas e inseguras a las personas (peinados elaborados, afeites varios, complejos maquillajes, falsas poses) y se enfrenta a la cámara con su inteligencia y su privilegiada cabeza como único (e inestimable) reclamo.

Me ganó con un vídeo titulado "Yo no hablo rápido" en el que se mostraba harta de las quejas que recibía por parte de quienes piensan lento y no pueden seguir su ritmo, o aquel en el que explicaba por qué abandonar el primer año de una carrera que no te gusta no significa inevitablemente perder el tiempo. 

Me devuelve la esperanza en una generación que nacía mediados los 90 y que imagino incapaz de mantener la concentración, pegada a una pantalla y sin interés por el arte y la cultura. Pero esto no es así, o al menos hay honrosas excepciones. En algunos vídeos habla sobre los libros que lee y que le gustan, como por ejemplo este en el que recomienda algunos distinguiendo entre aquellos que "quiero para mí", que "quiero para el mundo" y "lo que creo que es bueno". Que se le ocurra hacer esas distinciones ya me parece ingenioso, y muy correcto y acertado por su parte. Por otro lado, me encantaría poder guiar sus lecturas veinteañeras, sobre todo porque, maldita sea, comete el doloroso error de recomendar a (¡taparos los ojos!) Coelho (¡¡perdón!!), pero Giordano es muy aceptable, J.K. Rowling es casi imprescindible y lo cierto es que creo que camina en la dirección literaria correcta (todos cometemos errores de juventud, y estos nos ayudan luego a saborear mejor la buena literatura).

Su lista de reproducción "Antología" reúne todos aquellos vídeos en los que lee ante la cámara textos de producción propia, como este "No entendéis nada" que enlazo arriba y que puedo escuchar en bucle sin cansarme. Espero sinceramente el día en que esta chica publique un libro en alguna editorial que sepa captar su esencia, porque seré de las primeras en comprarlo.

Sé que su cabeza está muy bien amueblada, que sus ojos miran sin miedo con el filtro de la lírica y que su corazón late al compás de las personas buenas. ¿Por qué?, me diréis. Pues bien, sus colaboraciones en el canal de Spanish Queens así lo corroboran. Así que no dejéis de entrar a curiosear un poco su mundo, si me queréis hacer caso.

jueves, 20 de agosto de 2015

Ágatha


Ágatha tiene el pelo azul y el universo en los ojos, que miran al infinito. Por el momento no voy a deciros dónde vive pero, si por casualidad os topáis con ella dentro o fuera de los túneles, decidle por favor que la estoy buscando.




Cold you felt
Like a wooden doll went through his hell
But I found you ran away with you
Talked to you
Saved you too
Day by day
More veils disappeared
And turned to grey
Fell to ashes
Took away your fears
Smiles came back
No more tears
Leave behind dusty backyards
Come with me come with me
For you and me
For heaven's sake
Blue Heart
Take away those lost and poors years' sorrows
Blue Heart
Face these joyful eyes of your tomorrow
Blue Heart
Run with me uphill where summits touch the sky
Blue Heart
Take away those lost and poors years' sorrows
Blue Heart
Face these joyful eyes of your tomorrow
Blue Heart
Fly with me and we will never say goodbye
Deep dark eyes
Taste your ruby blood
You hypnotized
Made me risk all what seemed worth to me
Golden leaves
Got the key
From then on
Sand could feed
No rose will lose it's thorn
All the valleys
Of this unknown land
Will stay green
Take my hand
Leave behind dusty backyards
Come with me come with me
For you and me
For heaven's sake
Blue Heart
Take away those lost and poors years' sorrows
Blue Heart
Face these joyful eyes of your tomorrow
Blue Heart
Run with me uphill where summits touch the sky
Blue Heart
Take away those lost and poors years' sorrows
Blue Heart
Face these joyful eyes of your tomorrow
Blue Heart
Fly with me and we will never say
goodbye

martes, 18 de agosto de 2015

"Ser grieta" - Sor Kampana


Madrid, agosto, un verano agridulce; y solo han pasado unas semanas desde que la Editorial Alba me arrebatara de golpe las ganas de v̶i̶v̶i̶r̶ leer (ya os hablaré sobre ello).
El azar me lleva de la mano hasta una biblioteca pública y me quita la venda de los ojos delante del típico expositor de libros recomendados.
Entre otros libros anodinos que no sacuden mi abulia veraniega, enseguida me sorprende "Ser grieta" con un diseño b/n bastante sofisticado, una presentación editorial que promete al menos cierta calidad de contenido, y sigo detectando señales...: Sor Kampana, no me suena nada, pero esa K junto a esas connotaciones religiosas me está indicando protesta, lucha activa, insumisión, me gusta; las campanas me evocan rápidamente ese aviso al que se refería mi admirado David González en el vídeo promocional de su poemario "Campanas de Etiopía": La poesía es como una campana. Y yo soy el que la toco. Avisando del peligro. No me equivoco en absoluto. Por otro lado, al coger el libro había pensado que el pseudónimo correspondía a una escritora, por aquello de estar en femenino, y cuando lo abrí me di cuenta de que el autor era un tipo, un valenciano nacido en el 63, y entonces me gustó aún más. ¡Qué cañero!, pensé (y qué atrevido), y tampoco me equivocaba.

¿Dónde he estado encerrada para no haber conocido hasta ahora a este autor? Me pregunto. Nadie lo sabe. Lo importante es que ya lo conocí y que se encuentra a salvo y en remojo en este mar de letras saladas.

Dice el prólogo de David Trashumante, entre otras verdades:

Y es que ser grieta es luchar por recuperar la vida libre de convencionalismos sociales, escapar de la retórica rutina del engranaje y posicionarse del lado de los desheredados, de los inadaptados y los declarados dementes por el sistema uniformizador capitalista. Es posicionarse del lado de Los Despojos del Espectáculo y con ellos, El Alimaña, Alex Badal y cía..., hacer la gira más larga y patética de la historia de las promociones editoriales. Como recién cagaditos de Guy Debord, hijos bastardos de La Sociedad del Espectáculo que ya treinta y tantos años antes vaticinaba que nos íbamos a dar la gran hostia como especie. 

Pienso en el gesto bobino que recibo cada vez que recomiendo a Guy Debord a gente que lee mal o que no lee nada, pienso en el escalofrío que me recorre el espinazo tras darme de bruces contra un muro de cemento una vez más por haberlo intentado..., y cierro los ojos mientras exhalo el aire despacio por haber encontrado, una vez más, alguien con quien entenderme eso sí (cómo no), entre las páginas.

Sor Kampana, a quien da vida Antonio Belarte Aliaga, es creador de poesía social de buena calidad. No tiene nada que ver con los poetas a los que admiran últimamente las adolescentes, y que tras versos coquetos que aluden directamente a la emoción facilona y rápida, no transmiten nada. Al menos nada que sea cierto.

Aquí encuentro versos que me gustan mucho, de esos cargados de contenido, que no desperdician ni una sola de las sílabas de los que están compuestos, y que siguen transmitiendo más mensajes agazapados cuando el lector se toma un momento para leer entre líneas.

Ser grieta es ser el objeto punzante que rasga el muro de lo impuesto, ser el primer pinchazo que inicia la fisura, o ser uno más en un montón de granos de arena, ser uno de esos pececitos enanos que un buen día se agrupa con el resto y todos juntos se comen al pez grande; es atreverse y gritar hasta hacer desaparecer la injusticia, es no permitir que los convencionalismos tradicionalistas sigan provocando ni un segundo más de dolor a los más débiles.

(...) no les miréis a los ojos,
podríais veros reflejados
y morir de culpa o de asco.

Leo como un sediento emocionado, encontrando entre las páginas aquello que quiero leer |*que me lea por dentro, y así es como llega sin avisar EL poema (que me destroza).

Si caes destrozado junto a un portal
y el horizonte es un adoquín;
si el pavimento te parte la cara
y los sueños reptan
buscando sumideros
en los que gotear su desencanto;
si el cielo es una pálida utopía,
desgarrada,
y el amor pasa de largo
y escupe al espantajo desparramado;
entonces,
y sólo entonces,
eres el poema,
un sucio poema
a punto de manchar el asfalto
y salpicar a los viandantes.

La cursiva, la negrita y las cicatrices, son mías.

Los versos de Sor Kampana han sido musicalizados por Extremoduro, Kutxi Romero, Marea y otros muchos. Comenzó su andadura en plena década ochentera valenciana y al parecer tiene un largo historial de literatura de combate que estoy deseando investigar en breve. Los aires punk, la pérdida de modales causada por el hartazgo, la protesta sin ambages contra la injusticia... me recuerdan al canal de YouTube de Koala Rabioso y por afinidad al grupo de punk-rock Penadas por la Ley; a las granadinas A.C.A.B.A.D.A.S. y a todos esos agitadores culturales de conciencias que cada día luchan, en fin, para abrirnos los ojos a todos.

(...) Mañana volveré a salir de mi infierno
para perturbar vuestra paz,
y os recuerdo que también caeréis,
ahogados en vuestro propio caos,
que la suerte se acaba,
que no espero permiso ni perdón,
que no pienso parar,
que nadie me detendrá.

Este libro es capaz de traerme incluso fantasmas como el de Percy Shelley y los tatuajes de botellas con mensaje dentro, a través de este poema (maldita sea) intergaláctico.

Toma unos poemas incendiarios,
introduce tus entrañas en una botella,
ponle una mecha de voz
y ya tienes dispuesto tu particular cóctel molotov;
sal recitando a la calle sin pasamontañas,
vuelca vehículos de prestigiosa estupidez
y levanta barricadas de desnudez,
enciende tu artefacto poético
y que arda el desamparo en los autobuses
y la soledad en cada esquina,
y que ardan los contenedores
de basura emocional.

Que resplandezca en las calles
al fin
la conciencia de saberse vivo,
las implicaciones del colapso necesario
y la risa
rebosando sumideros,
para que la empatía sustente nuestras vidas
y guíe nuestros actos
más allá de los sueños.

Este magnífico poemario está dividido en tres secciones, a saber: "Desde mundos resquebrajados", "Fisura a fisura" y "Abriendo grietas en el muro". Es en este último apartado donde el autor definitivamente se deja llevar y es más directo, artístico y cargado de contenido. De verdad que me entusiasma, podría seguir copiando poemas y poemas hasta transcribirlo entero; sólo unos versos más (a favor de los derechos LGTB), y adiós.

(...) Desde su cielo paternal
un ojo viril nos mira,
abrasador,
horrorizado,
beligerante;
y maldicen nuestros cuerpos desnudos,
y aborrecen los sexos indefinidos,
y condenan los roles descarriados,
somos y seremos humanos libres
gozando
las grandezas del instinto.


P.D.: La cursiva, la negrita y el escalofrío emocionado, una vez más, son míos.

domingo, 9 de agosto de 2015

Beat Attitude


La generación beat es sobradamente conocida por todos: popularmente, se sabe que la conforman un grupo de autores estadounidenses que en la década de los cincuenta dieron lugar a un fenómeno cultural debido a las temáticas novedosas que trataron y a su llamativa forma de vida. Su literatura se basaba en la filosofía oriental, la libertad sexual, el rechazo de los valores clásicos, el uso de drogas y otra serie de preceptos que encontramos en sus libros y en las numerosas películas que se han rodado sobre todos ellos.

Pero los nombres que se conocen, los únicos que se han hecho mundialmente conocidos, son los de Allen Ginsberg, Jack Kerouac,  William S. Burroughs, Gregory Corso , Neal Cassady, Carl Solomon y algunos otros. Todos hombres. Y es precisamente a través de unas declaraciones de Gregory Corso en una conferencia de 1994, de donde parte la idea original de este libro: también hubo mujeres, el problema es que se silenciaron brutalmente sus voces. Ahora veremos por qué, y qué tenían que decirnos.


Qué pasó con las mujeres beat
Desde nuestra perspectiva actual es más fácil realizar una panorámica sobre este asunto; sobre todo porque muchas de esas mujeres que formaron parte de la generación beat, reducidas prácticamente a la clandestinidad, aun siguen vivas, escribiendo y dando charlas. Por ejemplo, autoras como Hettie Jones, ruth weiss (una autora que se niega a usar letras mayúsculas), Anne Waldman, Joanne Kyger o Diane di Prima.

Este libro recoge una selección de poemas de diez mujeres procedentes de la Beat Generation: Elise Cowen, Joanne Kyger, Lenore Kandel, Diane di Prima, Denise Levertov, ruth weiss, Janine Pommy Vega, Hettie Jones, Anne Waldman y Mary Norbert Körte.

Lo que pasó fue que el férreo heteropatriarcado imperante en los EE.UU. de los años 50 entendía como enfermedad mental cualquier impulso creativo que procediera de una mujer. Los hombres, por su parte, sí tenían libertad creadora y se les consideraba genios, artistas o precursores culturales. Pero cuando las mujeres quisieron expresarse de la misma forma, sufrieron el encierro en manicomios por parte de sus familiares, donde se les sometía a electrochoques y otras prácticas aberrantes. 

Ellas no tenían, en fin, la libertad de escoger la vida que querían vivir, aunque tuvieran el mismo talento que sus coetáneos varones, y aunque para la Literatura fueran igual de imprescindibles que ellos. Eso fue lo que pasó con las mujeres beat.


siempre he sido a la vez
tan mujer como para derramar lágrimas de emoción
y tan hombre 
como para conducir mi coche en cualquier dirección

*Hettie Jones*


Irredentas voces femeninas
A pesar de los esfuerzos por acallarlas, algunas de estas chicas consiguieron ver publicados sus poemas. Estos textos quedaron esparcidos en revistas agotadas o ediciones de coleccionista muy difíciles de encontrar. Pero fueron muy prolíficas y el paso de los años destruyó el estigma que las silenciaba, por lo que muchos de sus libros afortunadamente han podido llegar a nuestros días. Además, como ya hemos mencionado, un buen puñado de estas mujeres siguen en activo a día de hoy.

Sus roles sociales como madres, amas de casa, musas o amantes dificultaban su acceso a las editoriales. Incluso sus propios compañeros de generación (varones), influenciados por los convencionalismos machistas de la época, asistían extrañados al empeño de sus compañeras por crear todo tipo de obras artísticas.

De haber conseguido silenciarlas por completo, se habría formado un lamentable vacío en la literatura de aquella época: la obra de estas mujeres tiene sobradamente la misma calidad que la realizada por varones, y es igualmente representativa de los valores que caracterizaron a esta generación. Como bien se dice en el magnífico prólogo de Annalisa Marí Pegrum para este libro, “nunca es tarde para volver a la generación beat, sobre todo si es para reconstruir y expandir su historia”.  

Es la primera vez que se publica un libro en español con estas características, que reúna la obra de mujeres de la Generación Beat en una preciosa antología. Además, la presentación siempre impecable de la Editorial Bartleby nos ofrece la versión inglesa original de todos los textos junto a su traducción al castellano a manos de Annalisa Marí Pegrum, lo que convierte a este libro en una auténtica delicia.


A las vacas les gusta Mozart
A los ciervos les encanta Van Morrison
Las águilas pescadoras se postran para escuchar Dire Straits
y el mundo entero se detiene con la novena de Beethoven
*Mary Norbert Körte*


La actitud beat en las mujeres
La antología “Beat attitude” nos brinda un precioso trampolín de partida, con una ilustración de cubierta colorida y psicodélica que resulta perfecta para esta ocasión. Las formas florales y caprichosas, a la manera de los test Rorschach, son rostros femeninos y cuerpos humanos en actitud de meditación si nos fijamos bien, y tanto los tonos psicodélicos como el conjunto lisérgico nos da muchas pistas acerca del libro que tenemos entre manos.

La antología reúne a un total de diez autoras, y presenta cinco poemas seleccionados de cada una de ellas. Observamos que todas ellas se expresaban de una forma muy concisa, y que tenían muchas cosas importantes que decir; pero sobre todo que, cuando tenían la oportunidad de expresarse, iban al grano. Se trata de poemas muy homogéneos que incluso resultarían intercambiables entre unas y otras poetas (especialmente para todos aquellos que no hemos tenido hasta ahora otro acceso a sus escritos).

Estas chicas no solo son brillantes, es que quizá alcancen más calidad en sus poemas que sus compañeros varones de generación. Quién sabe si la vanidad de ellos fue otro factor clave para silenciarlas, aprovechando su posición social más privilegiada. Hasta hace pocos años todos los focos los han apuntado a ellos, es algo que olía a chamusquina, ocultaban algo: ahora lo sabemos.

Aunque solamente tenemos unos pocos poemas de cada una, todos contienen una fuerza tan arrolladora, que por sí solos son capaces de transmitirnos la idea de una obra completa de sus autoras. Sin duda, representan perfectamente sus miedos, sus mundos, sus sueños, sus problemas y reivindicaciones. La selección realizada para esta antología es magnífica, ya que todos y cada uno de los poemas contienen matices identificables de la generación beat, en cuanto a temas y formas.

Estas escritoras son atrevidas, iluminadas, inspiradoras, fuertes, libres, indomesticables, capaces, talentosas… unas luchadoras admirables que, aún teniéndolo complicadísimo para escribir, lo hicieron, haciéndonos llegar un testigo muy valioso de capacidad y superación. Es delicioso leerlas, a todas y cada una de ellas. No en vano, este libro se publicó por primera vez en febrero de 2015 y en abril ya se presentaba una segunda edición: por algo será… tiene un valor incalculable, no se lo pierdan.


"Nana para un bebé, nonato"
Cielo 
cuando te abras paso
encontrarás
una poeta,
apenas la opción ideal.
No puedo prometerte
que nunca pasarás hambre
o que no estarás triste
en este mundo
descuartizado
y reducido a cenizas
pero puedo enseñarte
cielo
a amar tanto
que tu corazón se rompa
por siempre jamás.
*Diane di Prima*

Reseña publicada originalmente para la revista on-line de crítica literaria El Mar de Tinta. 

El mono en el espejo - Xabier López López


Xabier López López, autor de un buen puñado de novelas para adultos y algunas infantiles y juveniles, ha ganado multitud de premios literarios; la editorial Baile del Sol publica por primera vez una de sus obras, “El mono en el espejo”, que en el año 2002 fue galardonada con el Premio Lueiro Rey de Novela Curta, un premio anual procedente del Concello do Grove con el patrocinio de la Diputación Provincial de Pontevedra.

Traducida del gallego por Marta García Seoane, esta es sin duda una de las entradas más brillantes del catálogo de Baile del Sol; una novela breve y potente que está a la altura de la calidad de otros grandes aciertos en narrativa por parte de esta editorial como son “Mi vida con Potlach” de Inma Luna o “Los dientes del corazón” de Ramón J. Soria Breña, por citar solo algunos de los que más me han gustado.


Un sol cegador: gótico sureño
El relato es inicialmente anodino y costumbrista, pero enseguida comienza a salpicarse de datos inquietantes, de una forma sutil pero continua, que consigue asombrar al lector de la misma manera que el paseante advierte sorprendido las primeras gotas de lluvia en el suelo antes de ser consciente de estarse mojando. Y al final, lo que realmente tenemos entre manos es una novela de realismo psicológico que juega continuamente a poner a prueba la inteligencia del lector.

Posiblemente el mejor término que define a esta novela es inquietante. Tenemos a un anodino profesor de literatura que disfruta conformado de una vida bastante gris, y que juega a relacionar cualquier anécdota sin importancia con alguno de los múltiples libros que almacena en su memoria. De este modo encontramos referencias literarias salpicadas a lo largo de toda la novela, en un ejercicio de lucimiento por parte del autor que demuestra sus conocimientos y también recomienda de alguna manera sus lecturas favoritas.

Poco a poco nos damos cuenta de que todas las referencias al verano, el calor, la indolencia, el bochorno, la pereza, la sed, la luz excesiva y cegadora… crean un marco literario con elementos propios del gótico sureño, un subgénero de la novela gótica procedente del sur de los EE.UU., y al que pertenecen algunas obras de autores como Faulkner, Stephen King, William Gadis, Joyce Carol Oates, Nick Cave o Cormac McCarthy. 

El final, absolutamente inesperado y escalofriante, nos confirma la cercanía de esta novela con los autores y el género citados: pero no vamos a desvelar en absoluto la trama, que deberá descubrir el lector por sí mismo.


Miedos atávicos, leyenda  o realidad
Xabier López López se sirve principalmente de dos mitos para construir el argumento en “El mono en el espejo”, y conformar la compleja personalidad del protagonista, cuya realidad, plagada de destellos, vapores etílicos y confusión mental, se nos escapa debido a que solo contamos con su versión y los pocos datos que deja caer cada puñado de párrafos.

Por un lado tenemos el mito del niño salvaje, que hace referencia a todas esas leyendas de humanos criados por manadas de animales. Desde siempre han circulado multitud de historias falsas al respecto, pero también tenemos algunos casos documentados.

Quizá la procedencia gallega del autor haya auspiciado esta base argumental. Galicia es una región plagada de mitos y leyendas y sus habitantes, especialmente los de regiones más pequeñas o alejadas del ruido del siglo XXI, conservan ese precioso contacto con los animales y la Naturaleza del que nos despoja la civilización y el progreso, convirtiéndonos en fotocopias andantes y deshumanizadas.

El otro mito es el que da título a la novela: el mono en el espejo hace referencia a todos aquellos experimentos de laboratorio que se han realizado con diferentes animales, colocándoles delante de un espejo para estudiar sus reacciones. Se dice que simios, delfines, elefantes y urracas son conscientes de su propia existencia y que interactúan con su reflejo de manera similar a como lo haría un ser humano cuando lo descubre.

Digresiones y un final inesperado
La técnica que más influye a la hora de propiciar ese ambiente continuamente inquietante es, sin duda, la digresión: los cambios de tema inesperados se ramifican a lo largo de todo el texto. La finalidad del autor es aportar datos relativos al argumento principal, de forma rítmica y constante, pero espaciados, de modo que se mantenga en vilo la intriga del lector. Así, encontramos multitud de digresiones literarias, costumbristas, recuerdos del protagonista, etc.

Poco a poco, y cuando más nos vamos acercando hacia el final, Xabier López juega con mucho acierto a evocar todos los fantasmas del lector con la vieja estrategia de asustar precisamente con aquello que no se nombra. Es la mente del que lee la que anticipará imágenes horripilantes acerca de lo que podría pasar, sea cual sea el desenlace. 

En todo caso, ni la trama ni el final son absolutamente claros ni se solucionan por completo: los cabos sueltos deberá atarlos cada lector a su manera.

Me parece una novela espléndida y la recomiendo a todos aquellos lectores que se atrevan a perderse entre sus luces y sus sombras.

Reseña publicada originalmente para la web de crítica literaria El Mar de Tinta.

jueves, 30 de julio de 2015

En mi pradera - Frédéric Boyer

Tengo entre manos uno de esos casos en los que la influencia de los clásicos marca la diferencia. Descubro al poeta FrédéricBoyer a través de la cuidada traducción de Ernesto Kavi en edición bilingüe, y asisto a una muestra de verdadero talento, con una pieza poética única, que lejos de hacerse larga y repetitiva, resulta inspiradora y me cautiva. “En mi pradera” es el primero de sus libros que se traduce al español, y sinceramente espero que sea el primero de muchos.

Sigo impresionada con la altísima calidad de las apuestas poéticas del catálogo de Sexto Piso. Por primera vez se arriesgan con FrédéricBoyer (Francia, 1961), un novelista, ensayista, poeta, dramaturgo y traductor, que también ha impartido clases de literatura en la universidad y que actualmente es editor jefe de Humanidades en el Grupo Bayar.


La influencia de la literatura clásica
Según leo en la biografía de Boyer, ha dirigido una nueva traducción de la Biblia en el Grupo Bayard, y también traduce textos antiguos de forma paralela a su trabajo como editor y escritor. Hasta ahora se ha encargado de traducir obras como las “Confesiones de San Agustín”, “Fedra” y el “Cantar de Roldán”.

Este gusto por la literatura clásica y antigua nos da una clara idea de sus influencias. Si bien su estilo al escribir es actual, sí observamos un especial cuidado en la ejecución: simetría, repeticiones muy medidas y espaciadas, meticulosidad y orden, atemporalidad, etc. Los temas que trata son ancestrales (el propio yo, la búsqueda de un refugio, la añoranza, el desamparo, etc.)

También observamos que su dominio del lenguaje es total, y que sin duda se enriquece aún más gracias al amplio abanico de idiomas que conoce. Pongamos un ejemplo. 

Por la noche mi pradera duerme bajo la bóveda celeste como si los ojos la miraran fijamente y cuidaran de ella” / “La nuit ma prairie dort sous une voûte étoilée comme si des yeux la fixaient et veillaient sur elle

Quizá parezca un texto muy simple, pero creo que realmente es una pequeña virguería literaria que evoca de forma sutil una imagen sin nombrarla directamente: es decir, en ningún momento incluye la palabra “estrellas”.

También he querido ver referencias literarias actuales bastante evidentes, a Guy Debord y a Cormac McCarthy, en versos como: “No es un espectáculo mi pradera. No es un país para viejos. Ni monumentos por contemplar ni calles que atravesar. Sino la cabellera de un guerrero. Sino la piel tatuada de una mujer. Oh mi pradera, ¿dónde estás?”

¿Qué es la pradera?
La pradera es un término que se repite a menudo a lo largo de todo el poema, además de ser el que da título al libro. No debemos asimilarlo de forma literal, porque de ese modo perderíamos todos los matices y significados añadidos que Boyer consigue otorgarle.

Como bien indica la nota editorial en la solapa trasera del libro, «”En mi pradera” es un amuleto, una canción, una fórmula mágica que nos mantendrá a salvo, cada vez que lo leamos, de las ruinas del mundo que caen sobre nosotros».

No podría definirlo mejor. Efectivamente, en este largo poema se hace especial hincapié en la evocación de todo aquello que el autor añora en el mundo que conoce y le rodea, y que debe existir en ese otro universo paralelo donde aspira habitar.

En el fondo, y pese a la apariencia delicada y preciosista, este poema es un grito de socorro, la necesidad de respirar aire puro, debido a la angustia de vivir aquí: y es sorprendente la maestría que aplica para conseguir hacerlo tan fácil, tan hermoso: tan relajante y sugerente.

Podemos empezar a leer las primeras páginas del libro en este enlace.

Volver a casa
“La pradera” podría definirse también como el deseo del regreso a los orígenes; la necesidad de rodearnos solamente de aquello que nos identifica. Muchos artistas a lo largo de la Historia se han visto atormentados por esta necesidad imperiosa de un regreso que parece no llegar nunca, por la imposibilidad de recorrer un camino que no saben dónde empieza, si es que existe.

También, y quizá sea este el caso de Boyer, muchos autores han tenido la fuerte sensación de no pertenecer al siglo en el que han nacido, y ese sentimiento de desapego les ha llevado a clamar por un viaje imposible, que siempre es el de ir atrás en el tiempo. En literatura, este sentimiento de nostalgia lo han plasmado en sus obras autores como Lord Byron, Joris-Karl Huysmans, Walter Scott, Marcel Proust, Virginia Wolf, Borges u Oscar Wilde.

Quizá la respuesta sea esta: que libros exquisitos como “La pradera” sean el comienzo de ese camino, y que estos magníficos autores nos acompañen a recorrerlo para llegar a ese lugar que todos, aunque nos lo neguemos, echamos de menos.


Conclusiones...
Poesía culta de alta calidad, con ricas influencias literarias clásicas y tratamiento de la nostalgia como tema principal.


Reseña publicada originalmente en la revista on-line de crítica literaria El Mar de Tinta.

viernes, 10 de julio de 2015

La versión de Nelly - Eva Figes


¿Quién es Nelly, y sobre todo, qué le ha sucedido? No lo sabemos. La narración se desarrolla en un inquietante ambiente de bruma permanente, de hecho la sensación es haber entrado a curiosear en la cabecita extraña de la protagonista, la señora Dean. Pero por más que nos esforcemos, no conseguiremos desentrañar su pasado y explicarnos su presente, así que más nos vale dejar de intentarlo para centrarnos en disfrutar de la narración y, sobre todo, captar los mensajes que Eva Figes nos lanza a través de su personaje atormentado.

Eva Figes (1932-2012), escritora británico-judía, procedía de una familia de supervivientes del holocausto alemán: arrastró durante toda su vida el trauma infantil de tener que huir de Berlín con tan solo siete años, dejando atrás a sus abuelos, que fueron apresados y murieron en un campo de concentración. En España su obra es muy desconocida, esta novela es tan uno de los pocos libros que se han traducido al castellano, a pesar de que su obra es ingente y de gran calidad.

Registro con nombre falso en un hotel
Tenemos entre manos una rareza: se trata de una obra que contiene multitud de pinceladas de novela negra pero se trata de un híbrido, un ejercicio de creación rompedor por parte de su autora. Ante todo, se trata de una novela metafórica, porque juega desde el principio a poner a prueba nuestra inteligencia aportándonos datos que debemos procesar para saber a qué pieza del puzzle corresponden.

Si algo tiene este libro es un prólogo que, junto con una nota inicial de los editores, conforman una introducción magnífica a un libro que, debido a su rareza, requiere de, al menos, unas pequeñas aclaraciones previas para ayudar al lector a situar la obra en su contexto y ser capaz de comprenderla en todos sus significados.

Eva Figes tuvo una buena educación y pudo dedicarse a las letras, y llegó a recibir importantes premios literarios británicos, pero en castellano hay muy pocas obras suyas traducidas, además de “La versión de Nelly”:  “Actitudes Patriarcales” (Alianza Editorial, 1972), “Viaje a ninguna parte” (Edhasa, 2009), “La luz y Monet en Giverny” (Antonio Machado Libros, 2015).

Arrastró desde pequeña el trauma infantil de haber tenido que huir de Berlín, lugar en el que nació, por el odio salvaje de quienes hasta entonces habían sido sus vecinos. Nunca se perdonó haber perdido a sus abuelos por ese motivo, y como es habitual, volcó todas esas marcas personales en su obra literaria.


El cisne negro
Eva Figes demuestra con creces su gran inteligencia en esta novela, puesto que aunque al principio pueda resulta r un texto extraño y deslavazado, queda patente que nada está escrito al azar, y que cada frase ocupa su lugar preciso para que el lector consiga un enfoque final perfecto para entenderlo todo.

Sin ir más lejos, podemos centrarnos en un dato que no hay que pasar por alto, ya que realmente hay muy poca información, y cada pista es muy valiosa. Por ejemplo, el nombre del hotel no es en absoluto azaroso: Black Swan, el cisne negro, nos lleva a dos líneas de pensamiento.

Por un lado, se llama “Cisne negro” a todos aquellos inventos o acontecimientos que marcan un hito en la Historia debido a su rareza: hechos que hasta ese momento sólo existían en la ciencia ficción y que por tanto eran aún imposibles, pero suceden, dando al traste con las creencias mantenidas hasta el momento. La mente humana ha de adaptarse a esos hechos desprendiéndose de lo aprendido hasta el momento, o modificando la información que se tenía, y esto da lugar a procesos mentales complejos que dejan huella en la psique humana.

Esto puede compararse perfectamente, a nivel personal, con hechos y vivencias traumáticos en la vida de este personaje que le hayan dificultado, o incluso invalidado el poder seguir adelante con su vida normal. Esta teoría debe su nombre a un momento en el que aún no se habían descubierto cisnes de color negro, que por cierto, sí existen en la realidad: así pues, podemos decir que es algo así como una meta-teoría, o una teoría que se retroalimenta a sí misma.

Por otro lado, este mismo “cisne negro” lo encontramos en el ballet “El lago de los cisnes”, encarnado en un personaje que a su vez es el desdoblamiento de otro: a causa de un encantamiento, hay un cisne que se hace pasar por otro para engañar al príncipe y conseguir fraudulentamente su amor. Pues bien, Nelly lleva estos dos cisnes en su interior, el blanco y el negro luchando entre sí en una batalla por ver si vence su fuerte personalidad que le anima a luchar por vivir su propia vida, o bien, si finalmente es incapaz de hacer frente a la sociedad patriarcal y claudica a favor de los caprichos de un marido-dueño, autoritario y cruel. Y es en ese hotel (es en esa lucha) donde está alojada.

Eva Figes: literatura y feminismo
Figes formó parte del movimiento conocido como “Segunda ola del feminismo”, siguiendo los pasos de Simone de Beauvoir. En esas décadas de los 60 y los 70 se volvieron a reclamar todos aquellos derechos igualitarios por los que las mujeres habían empezado a luchar a finales del siglo XIX y principios del XX.

Para comprender mejor esta novela, he leído “Actitudes patriarcales”, un ensayo en el que Eva Figes expone claramente sus principios feministas. Se trata de un estudio magnífico, que va más allá del típico texto de protesta feminista que se centra tan solo en la experiencia personal de quien lo escribe: en este caso, se trata de un ensayo histórico y antropológico  perfectamente documentado, en el que Eva Figes aporta su visión personal con respecto a las actitudes patriarcales mientras explica situaciones machistas actuales basadas en la evolución de la sociedad, contextualizando perfectamente tiempo y lugar en cada caso. Esta edición de Alianza, procedente de 1972, ya es muy difícil de encontrar en librerías de segunda mano, y los ejemplares ya están amarillentos y envejecidos, por lo que convendría que se publicase una reedición actualizada.

En “La versión de Nelly”, asistimos a la evolución psicológica de una mujer que parte de cero tras haber perdido la memoria y no entender nada acerca de su entorno más cercano. Poco a poco nos percatamos de que existe una lucha en su interior: existe una Nelly domesticada y reducida casi a cero, con una personalidad sumisa y conformista, que no se atreve a luchar por su propia autonomía; por otro lado, y disociándose de ella en un esfuerzo que parece dejarla exhausta, hay otra Nelly que observa con incredulidad a su otro yo, desde un punto de vista mucho más potente y luchador, que se niega a aceptar ser moldeada por los caprichos de ningún hombre machista, esclavista y autoritario.

Es la lucha diaria a la que las mujeres seguimos estamos sometidas, en todos y cada uno de los ámbitos de nuestra vida, desde los más generales a los más íntimos. Por ese motivo, y por lo bien trazada que está, se puede afirmar que tenemos entre manos una novela magnífica cuya actualidad sigue vigente hoy en día.

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PUNTOS A FAVOR
La cuidada presentación estética del libro, que incluye un recortable de cartulina para construir el precioso hotel donde se desarrollan los hechos de la novela: un regalo magnífico e impecable.

PUNTOS EN CONTRA
He localizado más de veinte erratas diseminadas por todo el texto que, junto con expresiones que resultan extrañas en castellano, dan al traste con una edición tan cuidada en todos los demás aspectos.


Reseña escrita originalmente para la web de crítica literaria El Mar de Tinta.

jueves, 2 de julio de 2015

Salvar las apariencias - Owen Barfield


Tenemos entre manos una obra rara, curiosa y llamativa, escrita por un autor londinense que no debería ser tan desconocido en nuestra lengua: Owen Barfield (1898-1997). Quizá sí suene más el nombre de los Inklings, el grupo de sabios de Oxford que se reunía en la taberna oxoniense Eagle and Child… pues bien, Owen Barfield fue el fundador de dicho grupo, que se componía de personalidades tales como J. A. W. Bennett, Lord David Cecil, Adam Fox, C. S. Lewis, Warren Lewis (hermano mayor de C. S. Lewis), J. R. R. Tolkien, su hijo Christopher Tolkien y Charles Williams, entre otros.

Así pues, con la publicación de este libro se salva una carencia sin duda espantosa de la industria editorial española: es imposible encontrar libros de este autor traducidos al castellano: tenía que ser una editorial tan esmerada y cuidadosa como Atalanta la que pusiera fin a esta sequía imperdonable. Gran parte de la obra de Barfield está dedicada al estudio de Rudolf Steiner, pero también encontramos libros de creación literaria, poética y narrativa. Quizá este sea el primer avance de un esfuerzo editorial para recuperar sus obras y poco a poco podamos dar la bienvenida a nuevos libros en castellano de este autor.


El hombre y la Naturaleza

En esta obra, Barfield se encarga de buscar en la Historia los motivos por los cuales la relación entre el hombre y la Naturaleza es tan distinto actualmente en comparación con el momento en el que se comenzó a poblar el planeta. Y no sólo por qué ha variado, sino cómo influye en todos los demás aspectos de la vida el hecho de que ambos se hayan escindido de una forma tan marcada y artificial.

No resulta muy sencillo avanzar en la lectura de este libro si no se tienen ciertos conocimientos filosóficos y literarios, debido a las continuas referencias que se hacen a lo largo del texto, y también por el uso de una terminología compleja en ocasiones. Pero como bien explicó Barfield a C.S. Lewis en una conversación que aún hoy se recuerda: “la Filosofía no es una materia, sino un camino”. Así pues, cada uno puede recorrerlo adaptándolo a su velocidad y a sus necesidades.

Para aclarar un poco más el contenido de “Salvar las apariencias”, diremos que no se trata de un libro sobre metafísica, sino que se sitúa en paralelo a la evolución de las ciencias de los últimos siglos, y que trata de explicar las consecuencias que se desprenden de esa evolución que aún hoy se mantiene imparable.


Miremos un arcoíris

Cuando Barfield se refiere al hecho de “salvar las apariencias”, quiere decir (resumido de una forma excesivamente simple) que existen fenómenos (apariencias) que se nombran para explicarlos y acercarlos (salvarlos) al hombre: este libro trata de explicar cómo afecta el lenguaje a la relación que se tiene con los fenómenos: hasta qué punto el hombre interactúa o no con ellos. El arcoíris es el ejemplo que toma para comenzar a explicar sus teorías. (Para saber más, el libro se puede empezar a leer aquí).

Owen Barfield era católico, según se desprende de las notas biográficas que circulan por la red. Sin embargo, en este libro no lo manifiesta abiertamente, si bien cita numerosos extractos de la Biblia, y los últimos capítulos se centran en las religiones con el cristianismo a la cabeza. Pero no deja de resultar curioso que precisamente se encargase de estudiar, entre otros temas, el de la relación entre los hombres y los fenómenos, puesto que a este respecto la Iglesia da unas órdenes muy claras a sus fieles (quienes deben creer a ciegas sin cuestionar nada): que todo fue creado por su dios y que nadie debe ponerlo en duda, pues incurriría en pecado.

Así pues, resulta curioso, como decía, que Owen Barfield se abstraiga de su condición de humano por un instante y revise cuidadosamente la Historia para determinar en qué momento el hombre tomó conciencia de sí mismo como un ser (erróneamente) independiente de la Naturaleza. Esta perspectiva sería más lógica desde un punto de vista pagano, pero en todo caso nunca nos atreveríamos a poner en tela de juicio su validez. Sus referentes son brutales y su narrativa, muy convincente. Queda a juicio de cada uno aceptar o no sus conclusiones.


El lenguaje y los fenómenos

Hacia la mitad de “Salvar las apariencias”, Owen se centra en el estudio del lenguaje: en concreto, en cómo se explica la aparición del lenguaje en tanto en cuanto hacía alusión directa a los fenómenos que rodeaban al hombre, y cómo ese lenguaje le permitía interactuar con ellos.

Cuando se refiere a la sabiduría griega como cuna del pensamiento occidental, asegura que si atendemos a los matices de la lengua griega descubriremos signos incuestionables de una participación viva en la Naturaleza, y que es precisamente esa participación la que permitió a los griegos la creación de las obras escultóricas, que aún hoy conocemos, con esa calidad sobresaliente, y no solo por el hecho de tener una gran habilidad manual para crearlas. Esta participación en la Naturaleza, asegura, en el mundo actual se ha perdido totalmente, porque antiguamente el hombre formaba parte de la Naturaleza de una forma que hoy nos resulta difícil de concebir.

Se trata de una obra compleja pero que aporta un punto de vista que se aleja de las doctrinas actuales: resulta enriquecedor sobre todo porque nos obliga a intentar ponernos en la piel de los primeros hombres que poblaron la Tierra, en un ejercicio de empatía casi imposible a pesar de que pertenezcamos a la misma especie. Y es que ha pasado tanto, tantísimo tiempo, que a pesar de nuestros instintos, y nuestra supuesta memoria atávica, ya no podemos deducir fácilmente cómo pensaban. 

Pero este libro es un recorrido en la historia, y también tenemos ocasión de situarnos por ejemplo en la Edad Media, una época supuestamente oscura, para imaginar cómo veía el mundo alguien que sufría las influencias de esos siglos, tan distintos a los de ahora. Los esfuerzos se caracterizan porque acarrean satisfacciones, y la que se desprende de leer este libro no es pequeña. 


“ Las raíces [de las palabras] son el eco de la propia naturaleza resonando en el hombre. O, mejor dicho, el eco de lo que una vez sonó y se formó en ambos al mismo tiempo.


Reseña publicada originalmente en la revista de crítica literaria El Mar de Tinta.

viernes, 19 de junio de 2015

"Ángeles fósiles" - Alan Moore


Tenemos entre manos una obra de uno de los genios más brillantes –y oscuros a la vez– que conocemos, Alan Moore. El autor de “V de Vendetta”, “From Hell”, “Watchmen” o “Promethea” tiene algo importante que decir sobre la magia y sobre el arte, de modo que cuando terminemos de leer “Ángeles fósiles” sepamos por qué ambos pueden llegar a ser lo mismo.

Es una gran suerte que los lectores más exigentes, cultos y amantes de lo extraño puedan contar con la editorial La Felguera. Qué sería de ellos sin esas presentaciones de libros atípicas por las calles de Madrid a la luz de la luna, ese gusto por los envíos de libros con regalo adjunto de utensilios raros, ese afán por rescatar del olvido los textos más controvertidos, contraculturales y oscuros que uno pueda imaginarse… Bienvenidos a un éxito más. Con ustedes, el genio: Alan Moore.

Que alguien encienda la luz

Vamos a adentrarnos en las catacumbas de lo maldito, en el baúl de lo olvidado, en el pasillo de los libros prohibidos, en el recuerdo de otro tiempo en el que la filosofía oculta significaba otra cosa. Y quién mejor para darnos la bienvenida que Servando Rocha, mientras nuestros ojos se acostumbran a las pupilas dilatadas.

Servando nos explica con calma y elegancia cómo empezó todo: cómo el cristianismo arrasó los encantadores cultos paganos más antiguos, de qué herramientas se sirvieron para convencer sembrando el terror… y de cómo fueron surgiendo otras corrientes (ocultas y siempre perseguidas) que seguían la estela de los ritos antiguos y entendían la vida de otra forma: cómo muchas veces todas esas otras maneras de hacer las cosas derivaron en la alquimia y la búsqueda de la piedra filosofal. Y en qué ha terminado por convertirse el ocultismo en nuestros días.

La introducción es magnífica, sobria y contenida; es el discurso del profesor cultivado que sabe transmitir sus conocimientos y del que sus alumnos sospechan (están seguros) que acumula mucha más información de la que les proporciona: quizá no es el lugar, quizá no es el momento… quizá ya deba tomar la palabra Alan Moore.


Y la oscuridad se hizo

Resulta obvio que Alan Moore sabe muchísimo más sobre filosofía oculta de lo que expone en este libro. De hecho, no se puede ser un simple curioso y escribir algo así, dando tantas ideas y aportando tanta luz a la materia como él hace. Es más, a lo largo del libro Alan Moore se luce continuamente haciendo una exposición ágil y rápida de referencias cultas sobre la materia, oportunas y realmente divertidas. Párrafos repletos de citas a autores y a sus obras, a la manera de chistes privados entre ocultistas, lectores y expertos: es delicioso.



Se trata de un libro muy especial que está dirigido a un público realmente amplio, aunque a primera vista no lo parezca. Por un lado, no profundiza demasiado en asuntos ocultistas, eso queda para otros libros; y, por otro, enfoca de forma directa la magia al mundo del arte, precisamente para abrir esa rama del conocimiento a nuevos formatos y posibilidades, por lo que el público que puede disfrutar y aprovechar este libro, es enorme y muy variado.

Alan Moore deja muy claro que a día de hoy la magia está de capa caída, que las formas tradicionales de manejarla están desfasadas y que poco a poco está condenada a desparecer, al menos tal y como la conocemos, si no hacemos algo por evitarlo.

Otra puntualización importante es que, pese a todos los esfuerzos que se han hecho durante décadas, la magia (como el psicoanálisis, por ejemplo), no es una ciencia, ya que sus resultados no pueden probarse en un laboratorio. Así pues, afirma que una ubicación urgente dentro del arte insuflaría vida a la magia y la dotaría del prestigio del que, a día de hoy, nos guste o no, carece. Es una bonita forma de pasar su testigo a las nuevas generaciones, con este grito de auxilio cargado de buenas ideas.


Antecedentes de este libro

“Ángeles fósiles” fue escrito para la revista de corte ocultista “Kaos”, pero la publicación desapareció antes de que este texto viera la luz. Su propia naturaleza parecía condenarlo a aparecer desde entonces solamente  en algunas otras publicaciones underground de la misma temática, y se convirtió así en un texto de culto, buscado por muchos curiosos y admiradores que sabían de su existencia.

El rescate hace unos meses por la editorial La Felguera ha supuesto un éxito más en su espectacular catálogo, ya que no sólo el contenido es magistral… es que además han hecho una edición de lujo. Profusamente ilustrada y, como ya adelantábamos al principio, con un prólogo (“El hermoso hechizo de los magos anarquistas”) de Servando Rocha que ilumina y dirige al lector por el sendero correcto.


No podemos dejar que “Ángeles fósiles” se convierta en una obra menor de Alan Moore, porque quizá, quién sabe, este libro cambie el rumbo de las cosas, favoreciendo la inspiración a mucha gente que quizá empiece a crear en otras direcciones, entendiendo la magia como arte y devolviendo de esta forma, (según los deseos de Alan Moore) los poderes chamánicos que los magos tenían al principio.

Y aunque no estemos de acuerdo absolutamente en todo lo que Moore afirma, sí podemos utilizar esta lectura como herramienta para hacernos preguntas que reafirmen o pongan en duda nuestras convicciones acerca de esta materia. Quizá sea hora de dar al traste con toda esa supuesta magia efectista y abrumadora, que llena páginas y publica horóscopos: magia maltratada, como deja claro Alan Moore en este libro. La magia es otra cosa, algo más intenso y precioso, que cada uno debe descubrir por sí mismo. Quizá, como comienzo para profanos,  solo sea la vida, cuando uno decide vivirla de verdad, y no pasar de puntillas por ella, bordeándola.

Reseña publicada originalmente en la revista de crítica literaria "Mar de Tinta".

domingo, 14 de junio de 2015

De "Volver y cantar", Luis Suñén

"Aquello que hoy recuerdas está escrito en alguna parte" (de "Sol y tapias", pág. 11)

DO UT DES
Tuviste suerte
cuando, al nacer,
la vida te dijo
y ha cumplido
que te daría tanto
como recibiera de ti.
Hoy sólo vagamente
recuerdas sus palabras
y ella insiste:
una amenaza,
un don a veces.
(pág. 32)

THE RESURRECTION
El cuadro muy de ese momento
que me hubiera gustado vivir
de principio a fin
representaba a los muertos
saliendo de sus tumbas
el día de la resurrección.
Salían como aturdidos,
sin haberse despejado del todo
del sueño que muchos habían creído eterno,
desperezándose, quitándose de encima un velo
que podría ser la placenta de la tierra
que primero se tragó su carne
y luego separó sus huesos
como en una infantil
lección de anatomía.
Unos dejaban los panteones familiares
decorados con el lujo que
seguramente no disfrutaron en vida.
Otros llevaban pegados todavía
pedazos de barro,
rastros vegetales.
Eran los enterrados directamente
en el suelo del cementerio, sin caja
ni lápida, los más pobres,
y habían servido como humus cálido y acogedor
a los rosales y a los brezos.
Había también negros
que conservaban un cuerpo fuerte y anguloso,
como si el músculo hecho en el trabajo
muchas veces atroz hubiera
sobrevivido al esfuerzo, más aún,
se hubiera reforzado bajo tierra,
tomando el mismo alimento
que yerbas y gusanos.
Todos salían sin dolor y los ayudaban
los últimos vivos,
aquellos que no habían tenido que morir
porque el día de la resurrección los pilló todavía
en el mundo,
trabajando, durmiendo,
acostados con sus hombres o sus mujeres,
ordeñando a los animales,
quizá robando o levantando
falso testimonio.
Sus rostros reflejaban los de todos
la alegría de encontrarse con sus padres
tal vez con los hijos muertos antes que ellos
en la decisión más atroz de la naturaleza
de ver de repente el cielo de su pueblo
y en sus descendientes su propio rostro,
las marcas familiares heredadas de generación en generación,
y sus casas, los árboles, aquello
que un día fuera suyo,
que ganaron con su trabajo
y que no necesitarían nunca más,
acudían las mujeres terminándose de atar los delantales
y los hombres limpiándose la grasa
en sus monos azules, sudando todavía,
asombrados de lo que veían,
serenos también porque
sabían que el momento habría de llegar,
que los vivos recibirían a los muertos.
Había desaparecido el pavor de los sermones
porque la resurrección no era
un alarde de trompetas
ni un repicar de truenos y el fuego
no aparecía por ninguna parte
y nadie pensaba, entre tanta
alegría, en el Juicio,
por eso los hombres y las mujeres,
se abrazaban olvidando las riñas de la noche,
los gritos de los niños más pequeños,
las quejas de los ancianos o de los enfermos,
la mano levantada contra el otro,
el oído del vecino impertinente,
la envidia y la maldición.
Los muertos que volvían a la vida
no recordaban sus fracasos,
ni su vivir como
la sucesión de la suerte o la desgracia
sino como aquello que les había
esperado, perfecto ya
en su anhelo, olvidando
dónde estarían
los que no merecieron
la vida eterna
y sabiendo que
al fin todo era ya
principio para siempre.
(pág. 28)

jueves, 11 de junio de 2015

"El nombre en la punta de la lengua" - Pascal Quignard


Observo que existen varias formas de escribir. Una podría ser aquella en la que el escritor recibe una inspiración que le procura un comienzo estupendo, o una idea de partida genial, y que se lanza a ella atolondradamente dando lugar a una obrita que podría haber sido algo estupendo. Un "pero si lo teníamos todo" que sólo sacia a los lectores menos exigentes que son la mayoría.

Por otro lado tenemos esos libros que están llenos de conjuros huecos. Invocaciones vacías. Sucesiones interminables de más y más páginas repletas de sonidos, de ecos, de ideas, de brillos y reflejos, de palabras bonitas. Son esos que saben que disponen de un material a su alcance (el lenguaje) con el que podrían tejer magníficas obras literarias. Saben también qué buscan los lectores hambrientos de palabras que les lean por dentro: y les engañan, poniendo ante sus ojos libros que parecen ser aquello que están buscando. Pero nadie sabe de verdad qué contienen esos libros, porque ni el autor mismo sabe en realidad qué ha escrito. Y tampoco le importa, porque ha elaborado un discurso convincente con palabras llamativas, y vende mucho, y también satisface a esos lectores superficiales que también son la mayoría.

Finalmente tendríamos la Literatura, la de verdad. Aquella que habita entre las páginas de los libros que no gustan a la mayoría, son más difíciles de leer, exigen de toda nuestra concentración. Las palabras que los conforman están escogidas con cuidado de geisha, con habilidad de prestidigitador, con paciencia de jardinero, con cariño de madre. Son los únicos libros que nutren a los lectores más exigentes que son menos pero por suerte existen.

"El nombre en la punta de la lengua" pertenece a esta tercera categoría y creo que es uno de los mejores libros que he leído en todo este año. Bien dice Pascal Quignard que "no sabemos qué sorpresas nos deparará el pasado". Este minúsculo tratado revela los motivos de los silencios de Quignard para quien sepa descifrarlos.

Quignard se sumió en dos largos silencios durante su infancia. Hay una imagen recurrente que explica la perplejidad que le indujo al mutismo, o la incapacidad de tomar otra resolución que la de estar callado. Esa imagen es la de su madre deviniendo en personaje mitológico fascinante y aterrador, imponiendo el silencio alrededor, concentrada y mutada de sí misma para conseguir atrapar ese nombre que bailaba travieso en la punta de su lengua.

"El nombre en la punta de la lengua" es un libro que hay que subrayar con tinta dorada.

Tenemos dos bloques principales. Tras una advertencia (que no introducción) de Pascal Quignard, encontramos un relato exquisito que procede de los antepasados normandos del autor. Es la historia de la bordadora Colbrune, y de la maldición en la que se sumió mientras se afanaba por conseguir el amor del sastre Björn haciendo trampas.

Todos deberíamos tatuarnos ese nombre...

Un poco más adelante, y ya por completo bajo el influjo de la fascinación, nos encontramos con el "Pequeño tratado sobre Medusa", donde Quignard recrea el viejo mito y establece la relación del mismo con su propia vida.

"Cuando escribo una novela me siento como un ciervo que se aleja y busca la paz en el corazón del bosque". Quignard, escribe por placer poemas en latín.

Comenzó a leer profesionalmente para la editorial Gallimard en 1969 y se convirtió en secretario general de la editorial en 1990. Al mismo tiempo, compaginaba su labor en el mundo de las letras con la música: consejero del Centro de Música Barroca, presidente del Concierto de las Naciones presidido por Jordi Savall, y fundador, junto a François Miterrand del Festival de Ópera y Teatro Barrocos del palacio de Versalles.

Tal y como podemos leer en las solapas de este libro: "En 1992 dejo la prensa y los jurados literarios. En 1993 dimito de la presidencia del Concierto de las Naciones. A finales de 1994 disuelvo el Festival de Ópera Barroca de Versalles y a últimos de abril dimito de las Ediciones Gallimard."

Desde 1994 Pascal Quignard sólo escribe, y lee. Tiene ahora 67 años.

Según ha declarado en entrevistas: "Hace 13 años que dejé la seguridad de un trabajo y corté con el mundo editorial. Los primeros meses, el primer año, es extraño: no tienes citas, comidas, cenas, entrevistas organizadas. Nadie te llama. Hay una cierta forma de venganza, que es lógica, porque si tú has querido alejarte, los demás sienten eso con cierta agresividad. La sociedad tiende a comportarse de manera mafiosa". La negrita es mía: es algo que he comprobado.

"Creo que una de las cosas más tristes, más siniestras que le pueden ocurrir a uno es tener que simular alegría y felicidad todo el tiempo, como esas personas que viven de salir en la pequeña pantalla: me suicidaría si tuviese como oficio el ser feliz por obligación. ¡Qué suplicio!

Pascal Quignard, un tanto tenebroso

miércoles, 10 de junio de 2015

"Diez poetas, diez músicos" - Editorial Calambur


Casi nunca leo antologías, prefiero los poemarios de un solo autor que voy eligiendo en base a recomendaciones, descubrimientos en librerías o boletines de novedades, bibliotecas... pero las antologías (y quizá las desdeñe torpemente porque en ellas puedo encontrar nombres desconocidos de poetas estupendos...) me dan pereza.

Sin embargo esta cayó en mis manos hace unos días y lo cierto es que me llamaron la atención dos cosas: tenía curiosidad por descubrir qué música habían inspirado los poemas (el libro incluye un CD) y por otra parte, Calambur es la editorial que publica a Juan Carlos Mestre (¡veneración!), por lo que me inspiraba confianza.

Pues bien: la música no me gustó en absoluto: todas los temas son prácticamente iguales y no tienen ninguna conexión con el poema en el que se basan, o yo no se la he encontrado. No entiendo por qué los diez recuerdan a operetas repetitivas, simples y tediosas. Creo que en el libro se encuentran poemas bastante buenos que podrían haber inspirado temas musicales verdaderamente preciosos. Precisamente el prólogo lo explica muy bien: música y poesía van de la mano. Indiscutiblemente. Y cuando se tiene la suerte de asistir a un recital poético en el que uno o varios músicos acompañen al rapsoda, cuando ambas partes son profesionales y se crea esa conexión mágica entre ellos, es indescriptible.

Transcribo aquí algunos de los poemas más inspiradores del libro:

*De María Victoria Atencia:

TERNURA
Quizás no sea ternura la palabra precisa
para este cierto modo compartido
de quedar en silencio ante lo bello exacto,
o de hablar yo muy poco y ser tú la belleza
misma, su emblema, aunque tan próxima y latiendo.
Y es también un destino unánime que vuelvan
a idéntico silencio cuando llegue la hora
de la tregua indecible mi palabra y tu zarpa

*De Antonio Gamoneda:
[sin título]
Yo estaré en tu pensamiento, no seré más que una
sombra imprecisa;

habré existido un instante en que la alegría y la piedad
ardían en tus ojos.

Pero también quiero permanecer desconocido dentro de ti.

Desconocido. Simplemente envuelto en tu felicidad.

Tú distraída en tu luz y yo apenas viviente en ella, y
así, imperceptiblemente amado, esperar la desaparición.

Aunque quizá estemos ya separados por un hilo de sombras
y casa uno está en su propia luz

y la mía es la que tú vas abandonando.


*De Clara Janés:

V
La menta y el espliego y el romero,
el hinojo, la salvia, la ajedrea,
el tomillo, la malva, el estragón,
el anís estrellado y el poleo,
la angélica y el boldo, la violeta,
la ortiga y el llantén, la celedonia,
la maría luisa y la verbena,
la tila, el azahar y la artemisa,
la manzanilla, el brezo, la borraja,
la amapola, el helenio, el malvavisco
y también la cicuta.


lunes, 8 de junio de 2015

"Campanas de Etiopía" - David González


Me temo que la de Campanas de Etiopía no es una reseña que deba escribirse en frío.

Podría decir que he hecho una lectura serena y meditativa, pero lo cierto es que he leído de una forma compulsiva y voraz. Leo a David González desde que iba al instituto: han pasado unos cuantos años y esas ansias por devorar palabras, cuando tengo un libro suyo nuevo entre las manos, no me abandonan nunca. La sensación después de leer tampoco cambia: los poemas de David alimentan a puñados violentos esa parte irracional, antigua, profunda y chamánica que habita (estoy segura) en cada uno de nosotros. La despierta y la mantiene alerta hasta la próxima lectura.

La literatura de David González no se parece a nada, y se mantiene siempre fiel a sí misma. No se sale indemne de sus libros: por las cosas que cuenta y por cómo las cuenta, y personalmente creo que de un libro no se puede pedir mucho más. Él es auténtico y sigue su propio estilo, no necesita de ningún clan de palmeros sin personalidad a su alrededor para autojustificarse y sobrevivir: representa todo lo contrario a los mediocres que se arriman al sol que más calienta. Esto lo explica sin tapujos en el poema"Tinieblas":

TINIEBLAS 
autores sin talento
que roban tu luz
para que también
a ellos se les vea
y al final
la triste realidad:

o solo se les ve a ellos
y poco y mal

o no se nos ve a ninguno

se acerca el tiempo de los poetas menores 
charles simic 

Tiene tanta razón, que debería haber altavoces en todas las calles pregonando esto, para eliminar de una vez por todas esa lamentable tendencia. De tan ridículo, es hasta divertido recordar ahora los intentos de burda copia e imitación que unos cuantos han intentado hacer de la poética de David, las falsas lisonjas disfrazadas de amistad para medrar dentro de este estilo realista y visceral (sin tener nada que contar y sin talento para hacerlo), o para publicar en las mismas editoriales de las que precisamente ahora él se despide, veremos si en esto también resulta un ejemplo a imitar. Además de publicar una obra considerablemente extensa en diferentes editoriales, lo que ha hecho David por la literatura en este país es dar voz, con su ayuda, contactos y multitud de antologías, a otros muchos escritores que, lo merecieran o no, no conseguían salir por sí mismos del anonimato.

Uno de los rasgos que caracterizan sus últimos libros, es la inclusión de las citas al final del poema, dotando al texto de una nueva dimensión, enriqueciéndolo con matices añadidos a su significado. Al igual que en "Tinieblas" vemos lo acertada que resulta al final la cita de Charles Simic, en el poema "Tierra" hace lo propio Dostoyevski y, además, ambos poemas, para mí, se dan la mano.

TIERRA 
gente que irrumpe en tu vida
igual que un cohete
prometiéndote las estrellas
y que sale de ella de igual modo
como un cohete
cuando por fin descubre
que tú ya has estado en ellas
en las estrellas

pero has elegido

regresar a la tierra

poseo mi subsuelo 
fiodor dostyevski 


Alguien tenía que decir de una vez lo que pensamos todos. Sin disfraces absurdos ni actitudes teatreras y siempre falsas.

Defiendo y creo en la poética de David porque a pesar de conocerle y encontrarle en todos los eventos a los que hemos podido coincidir desde hace años, nunca jamás me ha pedido nada: ni ha querido comprar reseñas con libros regalados, ni me ha eliminado de su círculo de contactos por no hablar de sus libros en estos mares: no es algo de lo que puedan presumir todos. Por eso también sólo comento aquellos libros y autores en los que creo y de los que disfruto. Este es el único tipo de ejemplo que quiero seguir: el de la honradez, la sinceridad, el trabajo y el agradecimiento. No entiendo la literatura (ni la vida) de otra manera.

¿Por qué recomiendo siempre a David González cuando alguien tuerce el gesto si hablamos de poesía? Porque sus libros son perfectos para empezar a disfrutar de la máxima expresión de la literatura (la poesía) de una manera que cualquiera pueda comprender, ya que son narrativos y lineales, y siempre aguarda al final de cada poema un golpe de efecto magistral e inesperado. Nunca inventa nada que no surja de su propia experiencia, ni habla de cosas que no conoce o en las que no crea. Y si no, hagan la prueba, lean cualquiera de sus libros y luego me cuentan.

A pesar de que, por su propia condición y el tipo de temáticas que trata, parece condenado al malditismo, es un poeta maldito que sin embargo puede presumir de haber servido, en vida, de objeto de un trabajo de fin de carrera: la filóloga Natalia Salmerón Suero ha redactado un estudio de sobresaliente, titulado "Aquello que conservamos después del naufragio", y que de momento puede adquirirse con la compra del poemario "Campanas de Etiopía" a través de la web de la editorial Origami.

Aunque resulta más sencillo definir un estilo o una generación desde la distancia, Natalia analiza a David González con sabiduría y cautela dentro de su contexto, en base a la poesía que se hace actualmente, y ha terminado por definir su obra como "poética de la consciencia", designación con la que el poeta se siente absolutamente identificado y cómodo. Efectivamente, la clasificación dentro de los "poetas de la conciencia crítica" o la "poesía de no ficción" que David defiende desde hace años, sin ser incorrectas se quedan cortas, y lo que ha querido Natalia es transmitir que David da voz a los más desfavorecidos porque ha sido o es uno de ellos, ya que no es lo mismo hablar desde la experiencia propia, que desde el cómodo sillón de la casa familiar con la televisión de fondo y las necesidades cubiertas (aunque la intención sea buena).

"González denomina a su poesía como poesía de no ficción por los temas que trata y por diferenciarse de las poéticas hegemónicas que dominan el panorama literario. Pero, ¿es justo este término? Sí y no: sí, porque su obra no ficcionaliza la realidad y presenta los hechos tal y como ocurren; no, porque denominar un estilo o una tendencia con un término negativo, siendo este vocablo uno de los que definen a la literatura, le hace perder efectividad y, en cierta medida, lo aleja de ella. De mismo modo, pienso que la definición de lo poético, en general, pero concretamente de su poesía debería atender a la impresión que produce, al sentimiento que genera, por lo que términos como poesía de choque, de la evidencia, de la conmoción, del quiebro se ajustarían mejor a la expresión de lo que he denominado poética de la consciencia." 

En su estudio, "Aquello que conservamos...", Natalia realiza un estupendo recorrido por la evolución de la literatura, la política y la conciencia social de España en las últimas décadas, enlazando con acierto esas influencias con las características que definen la poética de David González. También, y sobre todo, destripa y define con precisión de cirujano la obra completa de David, por lo que una lectura a tiempo de "Aquello que conservamos...", puede resultar muy enriquecedora para cualquier lector interesado o curioso. A mí, personalmente, me ha encantado. Conozco bien la obra de David y creo que no deja ningún cabo suelto y, lo que es igualmente importante, redacta con una finura y un respeto implícito que es digno de mencionarse, y agradecerse.

Sinceramente, espero que aunque la publicación de "Campanas de Etiopía" marque la despedida con al editorial Origami, sea posible que los siguientes Cuadernos "Los que viven conmigo", del que estas campanas son su primera parte, vean poco a poco la luz en alguna otra editorial donde encajen mejor este tipo de libros, que les den voz y que sean fáciles de encontrar en las librerías, cosa que ahora no sucede.



Book-trailer del libro "Campanas de Etiopía"
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