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miércoles, 10 de julio de 2019

"Lo que se puede contar" - David González


Hay un espacio en uno de los estantes de mi biblioteca con más de diez libros de David González. Le he leído desde que era una adolescente que apenas empezaba la universidad, he acudido a muchos de sus recitales, a presentaciones de sus libros, nos hemos cruzado e-mails desde 2009, he reseñado sus libros sin descanso*, le he seguido de cerca a través de amigos y conocidos, incluso fui mecenas durante una temporada que habilitó un blog de pago, “Todo lo demás son palabras”. Recordar a David González es para mí, también, recordar una época de mi vida, ya que le conocí a través de una persona que también, y sin querer, me llevó a otras y después pasaron muchas cosas (que llegan al día de hoy). Pero le había perdido la pista en estos últimos años.

Se ha escrito mucho sobre la poesía maldita de David González. Compruebo que sigue siendo el mismo y que su poesía sigue también siendo la misma, no sé si esto me reconforta o me decepciona. Me gustaría explicarme bien. De alguna manera siento que se agotan todas esas anécdotas de vida que nutren su maravillosa poesía de no ficción (como él mismo la define). Y que en este libro sus textos contienen lo que fue, es decir, lo que ya sabemos unido a su día a día en el presente, que es un tanto desolador: la pobreza se empeña en perseguirle de cerca a dentelladas, la relación con su familia sigue siendo un desastre y su vida amorosa es devastadora. Pero crece el número de lectores que reivindican su obra y que le dan voz a través de la radio, en reseñas de blogs literarios, en tesis doctorales en la universidad, también hay un documental sobre su figura, se puede ver aquí:


“Para mí la poesía, y voy a decirlo claramente, es como un sol que sale de noche. La poesía debe iluminar los rincones oscuros del alma.”

Me pregunto si habría preferido encontrarme a un David González reinventándose a sí mismo y explorando nuevas formas de utilizar su talento, que es mucho. Creo que su capacidad de transmitir es algo innato, así como la facultad para denunciar lo injusto. De lo que nadie puede acusarle es de no haber compuesto una obra original, porque personalidad le sobra, a él y a sus libros. Si habéis tenido la oportunidad de escucharle alguna vez en vivo, sabréis de qué hablo.

Reivindicar la poesía de David González en estos tiempos en que la poesía se ahoga, es quitarle un poco del lastre de la pseudo-poesía de la apariencia, de poetas con morritos, de sombreritos de ala estrecha, de juegos de palabras que no son poesía, de frases (que no son versos) impresas en los pasos de cebra de Madrid: la pseudo-poesía de la Generación Encantada que ya señalaba con desencanto David allá por 2015, y que cada vez es más ruidosa y sinvergüenza. La poesía es cuando no tienes miedo, y cuando no tienes miedo dices la verdad: verdad y David González van de la mano.

“Si en la tapa del primer volumen de El lenguaje de los puños aparece Joe Louis, el boxeador predilecto de mi abuelo Luis, la idea que tenía pensada, una idea creativa que me hacía muchísima ilusión poder llevarla a cabo, era que en el segundo volumen fuese Cassius Clay, púgil favorito de mi padre, quien diera la cara desde la portada, lugar que ocuparía en el tercero Evander Holyfield, mi campeón, mientras que en el cuarto y último volumen, mis propios puños te machacarían el rostro desde la cubierta. Esta era la idea, sí, pero como con tantas otras cosas en mi vida tengo que joderme y renunciar a ella por razones técnicas y económicas, y juntar los volúmenes 2, 3 y 4 en un solo libro que reúne los artículos críticos, y los poemas que en ellos se mencionan, que se han escrito sobre mi poesía en prensa e internet durante el periodo comprendido entre los años 2001 y 2013. De este modo, los críticos son también, sin ellos saberlo, los antólogos de este tocho de más de quinientas páginas, en una edición limitada a tan solo 78 ejemplares.

“Lo que se puede contar” es una colección de poemas autobiográficos y narrativos, que dejan poco lugar a la imaginación. Se trata de la séptima entrega del ciclo “Los que viven conmigo”. Es lo más cercano a diario personal con forma de poesía que he leído en mucho tiempo, pero este siempre fue el estilo de David. Su poesía es dura y cruda, dolorosa y auténtica, sucia y cruel de tan realista.

Sin embargo, David es alguien que parece escurrírsenos entre los dedos. Lleva mucho tiempo molestándose cada vez que alguien le pide que se cuide y después de tantos años esa maldición no parece ser ninguna broma: no es un artificio para vender, un aura de misterio o una excusa para ir de duro: es real. Mientras escribo esto, leo un artículo on-line de 2016 donde hablaba de un suicidio pasivo, de dejarse morir, de muchas drogas y de problemas con las autoridades: se quejaba de tener pocos lectores a pesar de tener decenas de libros en el mercado y haber sido traducido a varios idiomas.

Su obra está exageradamente dispersa en multitud de editoriales y algunos de sus títulos ya son imposibles o casi imposibles de conseguir. No sé. Tenía una amiga que ironizaba con el hecho de perderle la pista a alguien y encontrarle después de los años “debajo de la misma farola”. Criticaba duramente la falta de ambición, el estancarse, la mediocridad. Y estoy de acuerdo sólo en el sentido de que es cierto que nadie regala nada… pero también lo es que poner toda la energía en una sola cosa que nunca funciona, o no como a ti te gustaría, definitivamente no es una buena opción. Pero es que hay gente que literalmente no sabe cómo hacer, o no puede hacer las cosas de otra manera.

Creo que lo que me ha pasado con este poemario es que he percibido que más allá del mensaje vitalista que siempre transmitía David (y que, de alguna manera, también está aquí), me ha dado la sensación de que son los poemas de alguien que ha tirado la toalla, y por eso me ha dejado descorazonada leerlos. Quizá había olvidado que la poesía de David te rompe literariamente la nariz de un derechazo cada vez que abres alguno de sus libros por cualquier página.

Uno de los recuerdos más bonitos que atesoro es que, en sus e-mails, David siempre se despedía así:

Tu amigo, David González, con un abrazo fuerte y solidario, agradecido.



*Haciendo click sobre la etiqueta “David González” que aparece justamente aquí debajo, se puede acceder directamente a todos los textos sobre David que hay en este blog, desde el año 2008. Ha llovido desde entonces…

Estaré sorteando un ejemplar de este libro en mi perfil de Instagram (@marapsara) hasta el 15 de julio, ¡participa!

lunes, 8 de junio de 2015

"Campanas de Etiopía" - David González


Me temo que la de Campanas de Etiopía no es una reseña que deba escribirse en frío.

Podría decir que he hecho una lectura serena y meditativa, pero lo cierto es que he leído de una forma compulsiva y voraz. Leo a David González desde que iba al instituto: han pasado unos cuantos años y esas ansias por devorar palabras, cuando tengo un libro suyo nuevo entre las manos, no me abandonan nunca. La sensación después de leer tampoco cambia: los poemas de David alimentan a puñados violentos esa parte irracional, antigua, profunda y chamánica que habita (estoy segura) en cada uno de nosotros. La despierta y la mantiene alerta hasta la próxima lectura.

La literatura de David González no se parece a nada, y se mantiene siempre fiel a sí misma. No se sale indemne de sus libros: por las cosas que cuenta y por cómo las cuenta, y personalmente creo que de un libro no se puede pedir mucho más. Él es auténtico y sigue su propio estilo, no necesita de ningún clan de palmeros sin personalidad a su alrededor para autojustificarse y sobrevivir: representa todo lo contrario a los mediocres que se arriman al sol que más calienta. Esto lo explica sin tapujos en el poema"Tinieblas":

TINIEBLAS 
autores sin talento
que roban tu luz
para que también
a ellos se les vea
y al final
la triste realidad:

o solo se les ve a ellos
y poco y mal

o no se nos ve a ninguno

se acerca el tiempo de los poetas menores 
charles simic 

Tiene tanta razón, que debería haber altavoces en todas las calles pregonando esto, para eliminar de una vez por todas esa lamentable tendencia. De tan ridículo, es hasta divertido recordar ahora los intentos de burda copia e imitación que unos cuantos han intentado hacer de la poética de David, las falsas lisonjas disfrazadas de amistad para medrar dentro de este estilo realista y visceral (sin tener nada que contar y sin talento para hacerlo), o para publicar en las mismas editoriales de las que precisamente ahora él se despide, veremos si en esto también resulta un ejemplo a imitar. Además de publicar una obra considerablemente extensa en diferentes editoriales, lo que ha hecho David por la literatura en este país es dar voz, con su ayuda, contactos y multitud de antologías, a otros muchos escritores que, lo merecieran o no, no conseguían salir por sí mismos del anonimato.

Uno de los rasgos que caracterizan sus últimos libros, es la inclusión de las citas al final del poema, dotando al texto de una nueva dimensión, enriqueciéndolo con matices añadidos a su significado. Al igual que en "Tinieblas" vemos lo acertada que resulta al final la cita de Charles Simic, en el poema "Tierra" hace lo propio Dostoyevski y, además, ambos poemas, para mí, se dan la mano.

TIERRA 
gente que irrumpe en tu vida
igual que un cohete
prometiéndote las estrellas
y que sale de ella de igual modo
como un cohete
cuando por fin descubre
que tú ya has estado en ellas
en las estrellas

pero has elegido

regresar a la tierra

poseo mi subsuelo 
fiodor dostyevski 


Alguien tenía que decir de una vez lo que pensamos todos. Sin disfraces absurdos ni actitudes teatreras y siempre falsas.

Defiendo y creo en la poética de David porque a pesar de conocerle y encontrarle en todos los eventos a los que hemos podido coincidir desde hace años, nunca jamás me ha pedido nada: ni ha querido comprar reseñas con libros regalados, ni me ha eliminado de su círculo de contactos por no hablar de sus libros en estos mares: no es algo de lo que puedan presumir todos. Por eso también sólo comento aquellos libros y autores en los que creo y de los que disfruto. Este es el único tipo de ejemplo que quiero seguir: el de la honradez, la sinceridad, el trabajo y el agradecimiento. No entiendo la literatura (ni la vida) de otra manera.

¿Por qué recomiendo siempre a David González cuando alguien tuerce el gesto si hablamos de poesía? Porque sus libros son perfectos para empezar a disfrutar de la máxima expresión de la literatura (la poesía) de una manera que cualquiera pueda comprender, ya que son narrativos y lineales, y siempre aguarda al final de cada poema un golpe de efecto magistral e inesperado. Nunca inventa nada que no surja de su propia experiencia, ni habla de cosas que no conoce o en las que no crea. Y si no, hagan la prueba, lean cualquiera de sus libros y luego me cuentan.

A pesar de que, por su propia condición y el tipo de temáticas que trata, parece condenado al malditismo, es un poeta maldito que sin embargo puede presumir de haber servido, en vida, de objeto de un trabajo de fin de carrera: la filóloga Natalia Salmerón Suero ha redactado un estudio de sobresaliente, titulado "Aquello que conservamos después del naufragio", y que de momento puede adquirirse con la compra del poemario "Campanas de Etiopía" a través de la web de la editorial Origami.

Aunque resulta más sencillo definir un estilo o una generación desde la distancia, Natalia analiza a David González con sabiduría y cautela dentro de su contexto, en base a la poesía que se hace actualmente, y ha terminado por definir su obra como "poética de la consciencia", designación con la que el poeta se siente absolutamente identificado y cómodo. Efectivamente, la clasificación dentro de los "poetas de la conciencia crítica" o la "poesía de no ficción" que David defiende desde hace años, sin ser incorrectas se quedan cortas, y lo que ha querido Natalia es transmitir que David da voz a los más desfavorecidos porque ha sido o es uno de ellos, ya que no es lo mismo hablar desde la experiencia propia, que desde el cómodo sillón de la casa familiar con la televisión de fondo y las necesidades cubiertas (aunque la intención sea buena).

"González denomina a su poesía como poesía de no ficción por los temas que trata y por diferenciarse de las poéticas hegemónicas que dominan el panorama literario. Pero, ¿es justo este término? Sí y no: sí, porque su obra no ficcionaliza la realidad y presenta los hechos tal y como ocurren; no, porque denominar un estilo o una tendencia con un término negativo, siendo este vocablo uno de los que definen a la literatura, le hace perder efectividad y, en cierta medida, lo aleja de ella. De mismo modo, pienso que la definición de lo poético, en general, pero concretamente de su poesía debería atender a la impresión que produce, al sentimiento que genera, por lo que términos como poesía de choque, de la evidencia, de la conmoción, del quiebro se ajustarían mejor a la expresión de lo que he denominado poética de la consciencia." 

En su estudio, "Aquello que conservamos...", Natalia realiza un estupendo recorrido por la evolución de la literatura, la política y la conciencia social de España en las últimas décadas, enlazando con acierto esas influencias con las características que definen la poética de David González. También, y sobre todo, destripa y define con precisión de cirujano la obra completa de David, por lo que una lectura a tiempo de "Aquello que conservamos...", puede resultar muy enriquecedora para cualquier lector interesado o curioso. A mí, personalmente, me ha encantado. Conozco bien la obra de David y creo que no deja ningún cabo suelto y, lo que es igualmente importante, redacta con una finura y un respeto implícito que es digno de mencionarse, y agradecerse.

Sinceramente, espero que aunque la publicación de "Campanas de Etiopía" marque la despedida con al editorial Origami, sea posible que los siguientes Cuadernos "Los que viven conmigo", del que estas campanas son su primera parte, vean poco a poco la luz en alguna otra editorial donde encajen mejor este tipo de libros, que les den voz y que sean fáciles de encontrar en las librerías, cosa que ahora no sucede.



Book-trailer del libro "Campanas de Etiopía"

miércoles, 3 de junio de 2015

Nuevo libro de David González


Hay cosas que nunca cambian. Las que son de verdad, en concreto, nunca cambian. 

La literatura de David es de verdad; lo sabrán, si todavía no lo han leído, cuando sientan que sus palabras se están quedando con ustedes para siempre, lo confirmarán cuando salgan de sus libros convertidos en una persona nueva: una versión mejorada de ustedes mismos, concretamente.

Lo cierto es que para mí es un verdadero placer seguir leyendo sus libros (los nuevos, pero también revisando los más antiguos), y que me siga conmoviendo (pese al paso del tiempo, pese a todo, pese a todos). Para esta feria del libro en Madrid, uno de mis libros pendientes es, sin lugar a dudas, "Campanas de Etiopía", el último que editará con Origami, según explica él mismo en este post; un poemario que estoy deseando leer.
Al igual que la vida sigue, los libros surgen imparables, como el próximo que está empezando a anunciar y que se titula "El hombre de las suelas de viento". Se trata de una reedición de uno de sus libros más apreciados, su libro "de y con Rimbaud" como él mismo explica, y del que ya está listo el diseño de la cubierta que comparto al inicio de este post. Publica la editorial Arma Poética e incluye el prólogo de Manuel Vilas. El binomio Rimbaud / David González y la semejanza del título con aquél tan querido de mi infancia "Zapatos de fuego y sandalias de viento" (Ursula Wölfel), hace que ya esté deseando hacerme con un ejemplar de este nuevo título que está por llegar.
Ojalá la presentación de este libro traiga de una vez al poeta a tierras madrileñas, donde le echamos de menos.

domingo, 21 de abril de 2013

Excusa (por David González)


EXCUSA

no, yo no trabajo
en una fábrica de armas
ni levanto muros de cemento armado
o redes de alambre de espino
no, yo no trabajo
en ese ramo de la construcción
ni soy el brazo de la ley
que trata de llegar al cuello
o a las ropas de inmigrantes i legales
cuando tratan de pasar por encima
de esos muros y alambradas
ni tampoco soy,
en otro orden de cosas,
el gancho, la porra, el rifle o el arpón
que asesinan a sangre fría
focas, ballenas o cualquier otra especie
animal que se les ponga por delante
no, yo no trabajo
en ninguna de esas historias
o en otras por el estilo
no, lo lamento,
yo no tengo vuestra excusa:
yo no tengo
crías que alimentar


David González, Loser, Bartleby Editores, 2009 

Poema dedicado a todos aquellos que cuando van a recibir un golpe, ponen a sus crías delante.
Y les dejan en herencia, para el futuro, un mundo por el que no han luchado cuando hubieran debido hacerlo.
Y les inculcan como ejemplo su propia cobardía.
Y nunca, nunca hay que ocultar de una forma tan vil la cobardía.

viernes, 30 de marzo de 2012

"No hay tiempo para libros: Nadie a salvo" - David González


David González no necesita presentación: ni prólogos, ni introducciones. Sus poemas son siempre mucho más claros y directos de lo que ningún texto con ese propósito pueda serlo jamás: son directos, crudos, desnudos, feroces, crueles cuando es necesario, tiernos en ocasiones, técnicamente encomiables, limpios. Sinceros.

El poeta asturiano utiliza la poesía como género para expresar su verdad, a través de vivencias y pensamientos. Muchos podrán imitarle pero su estilo fresco y puro es muy difícil de lograr. Ocurre que David tiene una personalidad propia, que resulta obvio que no es sólo fachada: no imita a nadie, no necesita eso para crearse un personaje a través del cual dar una imagen falsa, como le ocurre a muchos otros. Su estilo llega al lector de esa forma tan poderosa precisamente porque es auténtico y puro.

Este poemario analiza los mismos temas que aparecen sin cesar a lo largo de toda la obra poética de David: los mismos temas que han marcado su vida. A saber: la violencia, la calle, las drogas, la cárcel, la pobreza, la humildad y la propia poesía como vía de escape a todo eso.

Por último, hay otra cosa que me hace pensar que este libro es brillante y redondo: al final de cada poema, hay una frase, una cita siempre muy breve, procedente de otros libros y canciones, que de alguna manera continúan el poema al tratar el mismo tema que éste: estas citas nos dan también pistas acerca de las influencias externas del poeta, ofrecen una vuelta más de tuerca a la idea inicial del poema y resultan enormemente enriquecedoras.


el salto

en saltar de un tejado

a otro:

en eso consistía la apuesta:

en saltar de un tejado

a otro:

del tejado podre de una fábrica
de escamas y esqueletos de pez al

tejado impecable del mesón del chino:

era un tejado a dos vertientes:
sobre el caballete, en fila india:
alfonso, el hijo del de la imprenta:
pedro, el de la calle atocha:
rufino, el hermano del rata:
horacio, en el saliente:
y yo: el más pequeño de todos:

era un salto gutural: generacional:
desde una altura considerable además:
suficiente como para romperse la crisma
y dejar la vida contra los cristales de botellas ro
tas:
clavos con tétanos: y astillas de las tablas
que medraban, como la mala hierba,
en los adoquines del callejón que discurría
entre la fábrica y el mesón:
alfonso y pedro se echaron atrás:
dicho de otro modo: les entró la cagalera:

horacio, rufino y yo saltamos:

alfonso tiene mujer y dos hijos:
pedro también: mujer y dos hijos:

horacio saltó del caballete

al caballo

y la palmó de sobredosis hace siglos:
cuando yo apenas empezaba a drogarme:

luego de pegarle el tirón al bolso,
rufino saltó por encima de la anciana,
a la que hizo caer por las escaleras:
el ataúd ya la esperaba abajo: en el portal:

la última vez que coincidí con él,
en la segunda galería de la cárcel provincial,
hace de esto veintitrés, veinticuatro años,
aún estaba pagando por aquella muerte:

lo que trato de explicarte es lo siguiente:

aunque entonces no fuésemos conscientes de ello:
horacio, rufino y yo: los tres que saltamos,
calculamos mal la distancia y nos precipitamos
al vacío:



la caída libre
es caer, pero al menos es libre:
margaret atwood



sal

Musa pone copas
7 días a la semana
en la sal:
desde las 02.00 h
hasta el cierre:
a eso de las 12.00 h:

y no tiene nada:

david escribe poemas
7 días a la semana
en su escritorio:
desde las 06.00 h
hasta el cierre:
a eso de las 21.00 h:

y no tiene nada tampoco:

aparte de deudas:
Musa & david
no tienen nada de nada:

ni casa propia:
ni coche:
ni hijos:
ni tarjetas de crédito:
ni vacaciones:

en realidad:
y esto es lo más jodido:
Musa & david
ni tan siquiera
se tienen ya

el uno

al otro:


¿acaso nos figurábamos hace años que
nos convertiríamos en esto:
djuna barnes

sábado, 7 de agosto de 2010

Entrevista en Radio Alternativa a David González (fragmento)

« A mí me fastidian mucho los poetas que escriben solamente al amor, o al desamor, ¿no? o a la naturaleza. Además, no hace falta... hasta un ciego lo ve: miras la naturaleza, se está destruyendo todo, entonces ¿a qué estáis cantando, a qué pajaritos, a qué arbolitos, a qué hostias si se está todo destruyendo?
Cantáis al amor: número de divorcios en España al año... ¡no sé cuántos son!, número de cornudos y cornudas, a montones, o sea, estáis contando una mentira. Entonces, joder, hay más temas que el amor, hay otros temas, temas más cotidianos, temas que afectan a la gente que se levanta por la mañana para ir a trabajar a las seis de la mañana, gente que tiene que ir a comprar el pan y la leche, no sé... (...) Si tú perteneces a una clase social alta, y eres poeta, deberías escribir sobre esa clase social alta, sobre lo que conoces, ¿no? Sobre tu realidad. Con lo cual, yo conocería tu realidad. Ahora, si me estás contando peliculitas, encima, en rima y métrica, que esto ya está súper superado, sobre el amor, tío... pues mira, yo lo siento mucho, pero paso. »

Escucha la entrevista completa, ¡aquí!

Y, siguiendo con David, y ya para terminar, nadie debe perderse este vídeo tan chulo de "El demonio te coma las orejas":


lunes, 5 de julio de 2010

domingo, 25 de abril de 2010

"El debut del chico tatuado (Relatos completos 1998-2009)" - David González

Leer este libro deja un sabor agridulce.

Dulce, porque desde la primera frase me acuerdo de "Reza lo que sepas" (David González, Ed. Eclipsados, 2006), el primer libro donde recuerdo haber leído relatos de un autor del que solo conocía algunos poemas, aunque ya había decidido que merecería la pena seguirle los pasos.

Agrio, porque lo que se puede encontrar dentro de sus páginas son relatos absolutamente duros y feroces, y son relatos autobiográficos. Están escritos con letra apretada y los márgenes son muy estrechos. En ellos, la piedad no tiene mucho espacio.

Sobre todo me sorprende la multitud de lecturas que se pueden hacer de sus frases, donde cada palabra pesa como una losa que se posara sobre la conciencia.

Pág. 82: "No me hacía falta haber leído a Oscar Wilde para comprender que a partir de entonces la vida sería un problema, y serio, para mí, por lo que, en consecuencia, yo también iba a ser, o a tratar de ser, un problema para la vida... para la vida de los demás, quiero decir."



Pág. 52: " Pero, Y SÍ HAY PEROS QUE VALGAN, en la cárcel,

todas las tardes, justo después de cenar, los pies negros [gitanos], se reúnen en una sala en la que hay un televisor y una mesa de ping-pong, forma un corro y a continuación se arrancan por bulerías y por rumbas, seguidos por sus guitarras y sus palmas, y entonces, y sólo entonces, si te acercas a ellos y te fijas bien, puedes ver, reflejado en sus rostros,


el resplandor

de las hogueras."

Como con estos breves ejemplos queda ilustrado, al menos fugazmente, el contenido del libro, en vez de extenderme con más impresiones personales, voy a pasar enseguida a hacer algo más útil: decirte que lo leas, que te hagas con un ejemplar, y que lo leas, porque te garantizo que no te quedarás igual después de hacerlo. Y, luego, me cuentas.

domingo, 24 de mayo de 2009

"Loser" - David González

Los poemas de David González no consiguen dejarme nunca indiferente. Desde que lo leí por 1a vez, ya hace tiempo, decidí que no me iba a perder nada de lo que desde ese momento publicara, y trataría de rescatar todo lo ya publicado, para devorarlo con los ojos.

Los poemas de David transmiten mucha energía, son crudos, rabiosos, reales: pero siempre, en el fondo, tiernos; y por dolorosos que sean los temas que tratan, sabes que te los está contando alguien bueno, que se subleva en contra de la injusticia y siempre va a favorecer al débil y que parece, con una percepción algo infantil de las cosas, no saber por qué le ha tocado a él tener que hacer de víctima tantas veces en este juego.

En esta ocasión, los poemas se enriquecen con las ilustraciones de distintos artistas que los acompañan. No tiene desperdicio.

Pero no es loser, no digas loser. Es winner...


martes, 9 de diciembre de 2008

"El demonio te coma las orejas [1997-2008]: Poesía de no ficción" - David González

Se trata de una reedición de uno de los primeros trabajos de D. González, donde se incluyen nuevos textos y se amplía y mejora el resto.

Lo más destacable es la autobiografía, ya que ningún poema es ficticio: se advierte el desahogo del sufrimiento en las palabras. Pero no, eso sería lo segundo más destacable: lo primero es lo bien escrito que está.

Sin pretender compararlos, y solo para ilustrar levemente la forma en que está escrito: al igual que en la prosa de Javier Marías se advierte un evidente (y precioso) ritmo poético, la poesía de David González tiende hacia la prosa por la falta de rima en los versos y, sin embargo, posee una fuerza y una cadencia que ya quisieran para sus poemas muchos que se hacen llamar poetas.

Muchas de mis impresiones ya las recoge el prólogo, prolijo y bien documentado, que no se deja (títere con cabeza) por el camino ningún detalle. Una de esas ideas a las que me refiero es que la experiencia de la lectura de este libro es comparable a la de haber visto una película. En cualquier caso, mientras lo lees te fijas con pena cómo cada vez van quedando menos páginas (así que más te vale que echen humo...), que ya lo vas a terminar y que sin embargo por más que lo intentas no eres capaz de leer ni siquiera un poco más despacio, solo quieres más, solo quieres que no se acabe.

No me gusta repetir y esto lo dice todo aquel que comenta la obra de David, y es que es una gran verdad: su poesía es perfecta para todos aquellos que nunca leen poesía. Porque les encantará, en todos los sentidos de la palabra. Y porque no van a encontrar la poesía convencional que esperan.









Cubierta (que no portada) de
la primera edición de "El demonio...".
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