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domingo, 20 de octubre de 2024

"Dejadme salir, dejadme entrar" - Elise Cowen

 


"

Death, I`m coming

wait for me.

I know you’ll be

at  the subway station

loaded with galoshes, raincoat, umbrella, babushka

and your single simple answer

                to every meaning.

Incorruptible institution,

Thoughtful killjoy of fingerprints

Listen to what she said

<<There’s a passage through the white cabbages.>>

 *

Muerte, ya llego

espérame.

Sé que estarás

en la estación de metro

con tus botas, gabardina, paraguas, pañuelo en la cabeza

y tu única respuesta simple

                a cualquier significado.

Institución incorruptible,

Atenta aguafiestas de huellas dactilares

Escucha lo que ella dijo

<<Hay un pasadizo entre las coles blancas>>.


Elise Cowen nació en 1933 en Nueva York, formó parte del grupo cultural literario Beat, publicó un pequeño puñado de poemas en algunas revistas y se suicidó a los 28 años saltando por una ventana de un séptimo piso: la casa de sus padres. Su familia destruyó su obra por considerarla obscena ya que hacía referencia a drogas y experiencias lésbicas, por lo que en la actualidad solamente se dispone de un cuaderno de poemas que uno de sus amigos conservó (al parecer, tras robarlo a escondidas de casa de los padres de Elise cuando fue a darles el pésame tras el suicidio) y que se publicó muchos años después de la muerte de su autora: son estos poemas los que se recogen en este libro con título enigmático.

La poesía de Cowen camina por lugares liminales, en una constante ambivalencia entre el deseo y la insatisfacción. Estos poemas transmiten una dicotomía: la poeta se siente atrapada pero al mismo tiempo busca acceder a un espacio prohibido o inaccesible.


"

Dear God of the bent trees of Fifth Avenue

Only pour my willful dust up your veins

And I’ll pound through your belly-flat worlds

In praise of small agonies

Suck sea monsters off Tierra del Fuego

Fuck your only begotten cobalt dream

To filter golden pleasure through your apple-glutted heaven

Filter through the uncircumcized sin of my heart.

 *

Querido Dios de los árboles inclinados de la Quinta Avenida

Tan solo vierte mi polvo obstinado hasta saciar tus venas

Y yo apisonaré tus mundos de vientre plano

Alabando pequeñas agonías

Succiona monstruos marinos de la Tierra del Fuego

Jode tu único sueño de cobalto engendrado

Para que se filtre placer dorado por el cielo ahíto de manzana

Que se filtre a través del pecado sin circuncidar de mi corazón. 


Podemos sentir cómo se debate entre el vacío existencial y la búsqueda desesperada de un significado al que agarrarse para sentir que la vida vale la pena. Hay una lucha personal por ser vista, comprendida, aceptada: ¿el hecho de que nos haya llegado una producción mucho menor de textos de chicas Beat que de chicos de su misma generación, quizá tiene algo que ver con esta invisibilización que ella sufría?

Desea ser invitada a la vida de los demás pero también siente un deseo de liberación personal.

Siente/pero no puede expresar. Lo que está atrapado dentro de ella/pero la sociedad no permite.

Los poemas de Cowen cruzan umbrales solo para descubrir que no hay un lugar de descanso verdadero ni satisfacción completa. Como los gatos atrapados en una constante ambivalencia entre querer salir y buscar libertad y luego querer volver a la seguridad del interior. Deseo profundo y contradictorio.

Cowen parece querer salir de algo que la confina y entrar en algo nuevo. El límite se convierte en un espacio cargado de significado. Pero nunca estará satisfecha en ninguno de los lados a causa de su lucha interna, fragmentando su identidad.


"

(…) And practice falling

That’s my pleasure.

No people for it to fallo n

It is difficult to say more about

How the snow falls

*

(…) Y practicando el caer

Ese es mi placer.

No hay personas sobre las que caer

Es difícil decir más sobre

Cómo cae la nieve


En la tradición literaria gótica se establecen algunas normas que rigen la conducta de la figura del vampiro. Una de estas normas establece que los vampiros no pueden entrar en una casa sin ser invitados. Esto genera un poderoso y peligroso juego de roles y abuso de poder, vulnerabilidad y normas sociales.

El espacio liminal, el umbral en este caso simboliza la barrera entre lo civilizado y lo salvaje (incontrolable, sobrenatural). La fractura de esta barrera permitirá que el caos y la muerte entren en la vida cotidiana: esto es lo que se utilizaba tradicionalmente como metáfora al relatar cuentos didácticos y moralizantes, utilizando la figura del vampiro como el Mal y explicando que no puede entrar a nuestras vidas a menos que, de alguna manera, lo permitamos (conscientemente o no). Permitirlo dictará nuestra sentencia ya que, al invitarlo, hemos sellado nuestro destino, como lo hizo Mina, como lo hice yo.

Cowen se sitúa en una posición de vulnerabilidad cuando necesita ser invitada, algo que se refuerza con ese doloroso por favor que añade a su petición:

 

Dejadme salir –

–Por favor, dejadme entrar

 

Al igual que invitar al vampiro a entrar es una forma simbólica de caer en la tentación, también podríamos entenderlo como una metáfora de consentimiento sexual.

La invitación, sea como sea, es crucial para que ocurra la transformación: un cruce de límites que puede traer tanto liberación como destrucción. Nunca sabremos exactamente qué umbrales atravesó Cowen para sellar de forma definitiva su destino de una forma tan trágica siendo tan joven, o cuáles no le permitieron atravesar, si fue ese el caso.

“No le importaba ser guapa. Era brillante y excéntrica. Seguía yendo a terapeutas, pero ellos la ‘despedían’, diciendo que no la podían ayudar. […] Estaba realmente fuera de –no en la época adecuada. […] ¡Ay!, si Elise hubiera nacido diez años más tarde habría sido totalmente distinto. El mundo la trató cruelmente porque era tan diferente.

Siempre que hablo de mujeres Beat me vuelvo a referir a ese libro fundacional y exquisito que en 2015 publicó acertadamente muchos de los mejores poemas de todas ellas, “Beat Attitude” traducido, seleccionado y prologado maravillosamente por Annalisa Marí Pegrum.

Hubo mujeres, estaban allí, yo las conocí, sus familias las encerraron en manicomios, se les sometía a tratamientos por electrochoque. En los años 50 si eras hombre podías ser un rebelde, pero si eras una mujer tu familia te encerraba. Hubo casos, yo las conocí. Algún día alguien escribirá sobre ellas.


miércoles, 28 de marzo de 2018

"Los muertos y los vivos" - Sharon Olds


La poesía de Sharon Olds me representa.

Quisiera soñar todas las noches que paseo por las habitaciones de su cabeza. El ritmo de su escritura marca el compás de mis pasos. Aspiro a vivir en un estado de ánimo del mismo color que esta poesía.

GRANDES AMIGAS
El día que mi hija cumplió diez años, pensé en esa
capa lacia, verdosa y brillante de tu
pelo dorado. En la última semana de
tu vida, cuando iba cada día después de clase,
solía escudriñar el sendero hasta tu puerta,
una pared impenetrable como tus cabellos. Intentaba
descifrar su arquitectura, torciendo el gesto
en busca de una señal.
El último día ―sin huella
alguna en el sendero, ni una piedra fuera de sitio―
las enfermeras no me dejaron entrar.

Teníamos nueve años. Nunca habíamos mencionado la muerte
o hacernos mayores. No te había imaginado
muerta
más que tú a mí
ser madre. Pero cuando tuve a mi hija
le puse tu nombre, como si te extrajese
por una grieta entre los ladrillos.
   Ahora tiene diez años,
   Liddy.
Te ha sobrevivido, con su pelo negro fulgente como
la tierra en la que se moldeó el camino,
el sendero hacia ti.


Olds es literatura de verdad: que brota desde los recuerdos más íntimos, de las vísceras y de los genitales; tan limpia y tan sucia como sólo puede serlo el ser humano. Precisamente, da la impresión de que a Olds no le asusta ser humana. Y esto no es tan habitual. Mientras la mayoría pasa de puntillas por su única oportunidad para pisar el mundo, Olds escarba la tierra con las uñas de pies y manos, le muestra los colmillos a cada nueva bocanada de aire.


EL SIGNO DE SATURNO
Algunas veces mi hija me mira con un
oscuro gesto de ámbar, como mi padre
a punto de desmayarse de indignación, y recuerdo
que ella nació bajo el signo de Saturno,
el padre que devoró a sus hijos. A veces
su oscura y muda nuca
me recuerda a él inconsciente en el sofá
cada noche, con la cara vuelta.
Algunas veces le oigo hablar con su hermano
con esa frialdad que en él pasaba por madurez,
esa rabia endurecida por la voluntad, y cuando ella se enfurece
en su habitación, y da un portazo,
puedo ver su espalda, vacía y vasta,
cuando él se desvanecía para escapar de nosotros,
y se tumbaba mientras el bourbon convertía su cerebro
en carbón. A veces veo ese carbón
ígneo en los ojos de mi hija. Al hablar con ella,
intentando persuadirla hacia lo humano, su carita
limpia se ladea como si no pudiera
oírme, como si estuviera atenta
a la sangre de su propio oído, en vez de a mí,
a la voz de su abuelo.


En “Los vivos y los muertos” hay lugar para sus padres y hermanos, una mirada a un pasado hostil; también, para su marido e hijos, su presente y sus recuerdos recientes. Palpita de vida cada verso, sangra cada palabra, casi se respiran los olores. El pasado se refleja cruel en las pupilas de sus hijos, pero Olds hace que el terror al paso del tiempo se convierta en arte cuando se detiene el tiempo suficiente para transformar la vida en poesía.


LA ÚNICA CHICA EN LA FIESTA DE LOS CHICOS
Cuando llevo a nuestra hija a la fiesta de la piscina
la dejo entre los chicos. Ellos dominan y
se agitan, ella allí elegante y pulcra,
con su sobresaliente en matemáticas desplegado en el aire.
Se quedarán en bañador, su cuerpo duro,
Indivisible como un número primo,
se tirarán en la parte que más cubre, restará
ella su altura de tres metros, lo dividirá por
miles de litros de agua, números
que rebotan en su cerebro igual que las moléculas de cloro
en el claro azul de la piscina. Cuando salgan,
su coleta, como un lápiz negro, le colgará
por la espalda, su apretado bañador de seda
con dibujos de hamburguesas y patatas fritas
relucirá en el aire festivo, y verán
su cara dulce, solemne y
sellada, factor de uno, y verá
sus ojos, dos por barba,
sus piernas, dos por barba, y las curvas de sus sexos,
uno por barba, y en la cabeza hará su
frenética manipulación, como las gotas
brillan y caen elevadas a mil desde su cuerpo.


jueves, 6 de julio de 2017

Juntemos las tribus - Carolyn Forché


Carolyn Forché (Detroit, Michigan, 1950) publicó este primer poemario de juventud cuando tenía 24 años y con él ganó el Premio de la Universidad de Yale a Jóvenes Poetas. Cuenta con el apoyo de Joyce Carol Oates y su obra muestra un fuerte compromiso político y social, aunque en este poemario se centra en otros temas, como veremos.

La traducción de este poemario, en edición bilingüe, corre a cargo de Claribel Alegría y Llillian Levy, y no encontramos ningún prólogo introductorio que nos hable de la obra de Forché, algo poco común en los tiempos que corren y que sin duda se agradece bastante. El universo prólogos, con su larga estela de favores, resulta agotador, pocas veces son necesarios.

La quema de los gusanos del tomate

En este volumen, la poética de Forché es muy narrativa. Presenta ese tipo de poemas libres que transforma las frases en versos a fuerza de economizar palabras y reordenar las pocas elegidas de forma que entre ellas exista cierto ritmo interno; así, ya solo falta seccionar las frases y ordenarlas en forma de columna para dar lugar a un poema. También encontramos unos pocos textos planos, muy líricos pero sin la apariencia formal de poema. Hay menos metáforas que imágenes explícitas.

“Juntemos las tribus” se divide en tres partes de extensión similar. En la primera, “La quema de los gusanos del tomate”, Forché pone en orden sus recuerdos y lo que podrían ser los recuerdos de sus antepasados, dando lugar a una suerte de poesía autobiográfica, o balance póstumo de algunas situaciones que recuerda.

Son poemas que evocan situaciones domésticas propias de otras generaciones, y que, sin estar ya presentes ni ser válidas en la actualidad, de alguna manera siguen conformando el acervo cultural de la autora. Por ejemplo, suenan ecos machistas y heteropatriarcales en el discurso sumiso de su abuela:

Crió a mi padre y a otros nueve
en un país ajeno
Búscate un hombre bueno
cásate
no hay nada más

Canto que se avecina
En esta segunda parte, que es la que más me ha gustado, encontramos otro tipo de poemas. Quedan a un lado las cuestiones domésticas, el trabajo en la casa y el campo, las estructuras sociales, etc. Aquí hay sobre todo poemas dedicados a la Naturaleza y recuerdos de juventud. Tenemos incluso un poema epitafio e invocaciones a los seres vivos, cantos a los ríos y las montañas, la descripción de un rito antiguo en una comunidad, etc. Este apartado es el más evocador en ese sentido, con ecos de folk nórdico.

CANCIÓN DEL LLANO
Cuando suceda, deja que vengan los pájaros.
Deja que caigan mis manos, no me las cruces.
Y desnuda entre el pelo que crece sobre los muertos,
ata las plumas de las doncellas.

Tápame los ojos con dos monedas, cúbreme
la cabeza con las cestas de maguey
que han acarreado agua.

Traigan los tambores de batea  bailen.
Quémenme con una rama de mezquite
y pónganse de collar
mis huesos.

El lugar que se teme yo lo habito
En esta tercera y última parte encontramos otro puñado de poemas de temática diferenciada. Son textos a veces domésticos (que ya no se centran tanto en el pasado y los recuerdos, sino en el presente de la autora), a veces carnales, que sin ser sexuales sí incluyen algunas referencias a pinceladas sobre su orientación bisexual. En conjunto, estos poemas son un estallido de vida y energía, que dejan el pudor en la entrada y caminan descalzos y seguros.

(…) Cuchareo la manteca, la vierto sobre la leche caliente, le agrego sal, finalmente bato la mezcla con una cuchara, cuando mamá no está, como ahora, puedo pensar. Puedo mirar el campo donde Joey disparaba contra los fardos de heno, donde yo lo espiaba, me valía de cualquier pretexto para salir. ¿Qué deseaba yo en ese entonces? Cómo pensaba yo por las noches en algún hombre sin rostro, luego bajaba yo las manos hasta agarrar el cuenco de mi coño, mis manos pequeñas, mi cuerpo plano. Las cortinas henchidas, el mosquitero abierto de par en par. Oscuro, los montículos del edredón subiendo y bajando, la cama chirriante se remecía. Me da trabajo dormir, sabiendo que debo ocultar lo que estoy haciendo, sin saber qué es. Al principio sólo tenía que desnudarme para él, me daba vergüenza. Los grillos hacían chirriar sus patas en las flores. Estaba atada. Estaba exprimida, golpeada, vendida, me metían los dedos, me hacían girar colgando de una cuerda. Tengo que hacer esto o me muelen como carne o como forraje para caballos. Las noches olían al aliento de las vacas. Retiraba mis manos y dejaba que el viento me limpiara. Figuraba la almohada para que pareciera el pecho de Joey y me dormía. Bato la masa con los puños, vuelvo a estirarla hacia mí, la punzo y vuelvo a espolvorearla con harina.

No conocía a Carolyn Forché y este poemario me ha dejado muy buen sabor de boca. Quizá técnicamente no son los mejores poemas que podemos encontrar en las mesas de novedades de las librerías; si a veces parece atrevida, desde luego nunca es exhibicionista. En todo caso, se trata de una forma de literatura honesta y en absoluto presuntuosa, muy recomendable.

domingo, 9 de agosto de 2015

Beat Attitude


La generación beat es sobradamente conocida por todos: popularmente, se sabe que la conforman un grupo de autores estadounidenses que en la década de los cincuenta dieron lugar a un fenómeno cultural debido a las temáticas novedosas que trataron y a su llamativa forma de vida. Su literatura se basaba en la filosofía oriental, la libertad sexual, el rechazo de los valores clásicos, el uso de drogas y otra serie de preceptos que encontramos en sus libros y en las numerosas películas que se han rodado sobre todos ellos.

Pero los nombres que se conocen, los únicos que se han hecho mundialmente conocidos, son los de Allen Ginsberg, Jack Kerouac,  William S. Burroughs, Gregory Corso , Neal Cassady, Carl Solomon y algunos otros. Todos hombres. Y es precisamente a través de unas declaraciones de Gregory Corso en una conferencia de 1994, de donde parte la idea original de este libro: también hubo mujeres, el problema es que se silenciaron brutalmente sus voces. Ahora veremos por qué, y qué tenían que decirnos.


Qué pasó con las mujeres beat
Desde nuestra perspectiva actual es más fácil realizar una panorámica sobre este asunto; sobre todo porque muchas de esas mujeres que formaron parte de la generación beat, reducidas prácticamente a la clandestinidad, aun siguen vivas, escribiendo y dando charlas. Por ejemplo, autoras como Hettie Jones, ruth weiss (una autora que se niega a usar letras mayúsculas), Anne Waldman, Joanne Kyger o Diane di Prima.

Este libro recoge una selección de poemas de diez mujeres procedentes de la Beat Generation: Elise Cowen, Joanne Kyger, Lenore Kandel, Diane di Prima, Denise Levertov, ruth weiss, Janine Pommy Vega, Hettie Jones, Anne Waldman y Mary Norbert Körte.

Lo que pasó fue que el férreo heteropatriarcado imperante en los EE.UU. de los años 50 entendía como enfermedad mental cualquier impulso creativo que procediera de una mujer. Los hombres, por su parte, sí tenían libertad creadora y se les consideraba genios, artistas o precursores culturales. Pero cuando las mujeres quisieron expresarse de la misma forma, sufrieron el encierro en manicomios por parte de sus familiares, donde se les sometía a electrochoques y otras prácticas aberrantes. 

Ellas no tenían, en fin, la libertad de escoger la vida que querían vivir, aunque tuvieran el mismo talento que sus coetáneos varones, y aunque para la Literatura fueran igual de imprescindibles que ellos. Eso fue lo que pasó con las mujeres beat.


siempre he sido a la vez
tan mujer como para derramar lágrimas de emoción
y tan hombre 
como para conducir mi coche en cualquier dirección

*Hettie Jones*


Irredentas voces femeninas
A pesar de los esfuerzos por acallarlas, algunas de estas chicas consiguieron ver publicados sus poemas. Estos textos quedaron esparcidos en revistas agotadas o ediciones de coleccionista muy difíciles de encontrar. Pero fueron muy prolíficas y el paso de los años destruyó el estigma que las silenciaba, por lo que muchos de sus libros afortunadamente han podido llegar a nuestros días. Además, como ya hemos mencionado, un buen puñado de estas mujeres siguen en activo a día de hoy.

Sus roles sociales como madres, amas de casa, musas o amantes dificultaban su acceso a las editoriales. Incluso sus propios compañeros de generación (varones), influenciados por los convencionalismos machistas de la época, asistían extrañados al empeño de sus compañeras por crear todo tipo de obras artísticas.

De haber conseguido silenciarlas por completo, se habría formado un lamentable vacío en la literatura de aquella época: la obra de estas mujeres tiene sobradamente la misma calidad que la realizada por varones, y es igualmente representativa de los valores que caracterizaron a esta generación. Como bien se dice en el magnífico prólogo de Annalisa Marí Pegrum para este libro, “nunca es tarde para volver a la generación beat, sobre todo si es para reconstruir y expandir su historia”.  

Es la primera vez que se publica un libro en español con estas características, que reúna la obra de mujeres de la Generación Beat en una preciosa antología. Además, la presentación siempre impecable de la Editorial Bartleby nos ofrece la versión inglesa original de todos los textos junto a su traducción al castellano a manos de Annalisa Marí Pegrum, lo que convierte a este libro en una auténtica delicia.


A las vacas les gusta Mozart
A los ciervos les encanta Van Morrison
Las águilas pescadoras se postran para escuchar Dire Straits
y el mundo entero se detiene con la novena de Beethoven
*Mary Norbert Körte*


La actitud beat en las mujeres
La antología “Beat attitude” nos brinda un precioso trampolín de partida, con una ilustración de cubierta colorida y psicodélica que resulta perfecta para esta ocasión. Las formas florales y caprichosas, a la manera de los test Rorschach, son rostros femeninos y cuerpos humanos en actitud de meditación si nos fijamos bien, y tanto los tonos psicodélicos como el conjunto lisérgico nos da muchas pistas acerca del libro que tenemos entre manos.

La antología reúne a un total de diez autoras, y presenta cinco poemas seleccionados de cada una de ellas. Observamos que todas ellas se expresaban de una forma muy concisa, y que tenían muchas cosas importantes que decir; pero sobre todo que, cuando tenían la oportunidad de expresarse, iban al grano. Se trata de poemas muy homogéneos que incluso resultarían intercambiables entre unas y otras poetas (especialmente para todos aquellos que no hemos tenido hasta ahora otro acceso a sus escritos).

Estas chicas no solo son brillantes, es que quizá alcancen más calidad en sus poemas que sus compañeros varones de generación. Quién sabe si la vanidad de ellos fue otro factor clave para silenciarlas, aprovechando su posición social más privilegiada. Hasta hace pocos años todos los focos los han apuntado a ellos, es algo que olía a chamusquina, ocultaban algo: ahora lo sabemos.

Aunque solamente tenemos unos pocos poemas de cada una, todos contienen una fuerza tan arrolladora, que por sí solos son capaces de transmitirnos la idea de una obra completa de sus autoras. Sin duda, representan perfectamente sus miedos, sus mundos, sus sueños, sus problemas y reivindicaciones. La selección realizada para esta antología es magnífica, ya que todos y cada uno de los poemas contienen matices identificables de la generación beat, en cuanto a temas y formas.

Estas escritoras son atrevidas, iluminadas, inspiradoras, fuertes, libres, indomesticables, capaces, talentosas… unas luchadoras admirables que, aún teniéndolo complicadísimo para escribir, lo hicieron, haciéndonos llegar un testigo muy valioso de capacidad y superación. Es delicioso leerlas, a todas y cada una de ellas. No en vano, este libro se publicó por primera vez en febrero de 2015 y en abril ya se presentaba una segunda edición: por algo será… tiene un valor incalculable, no se lo pierdan.


"Nana para un bebé, nonato"
Cielo 
cuando te abras paso
encontrarás
una poeta,
apenas la opción ideal.
No puedo prometerte
que nunca pasarás hambre
o que no estarás triste
en este mundo
descuartizado
y reducido a cenizas
pero puedo enseñarte
cielo
a amar tanto
que tu corazón se rompa
por siempre jamás.
*Diane di Prima*

domingo, 7 de septiembre de 2014

nos abrazaremos como dos que nunca nacieron


EL BARQUERO

Tres años después de su muerte, mi padre
vuelve a trabajar. Después de veinticinco años
desempleado, está muy contento
de haber sido contratado, llega puntual,
trabajador incansable. Se sienta
en la proa de la barca, dulce timonel,
de espalda a los pasajeros. Está muerto,
pero se arrodilla erguido, mirando hacia delante,
a la otra orilla. Alguien ha cerrado
su boca, de modo que se lo ve más cómodo
-ni sediento, ni necesitado- los ojos
abiertos, bajo el iris la línea negra
que apareció con su muerte. Está tranquilo.
Su nuevo empleo es una broma entre los dos,
le encanta bromear conmigo, no ha perdido
su cara de póquer. Mascarón de proa de marfil,
hombre alto, demacrado, costillas, pezones, labios,
cada vez que traigo a alguien
y lo pongo en el barco y lo empujo,
mi padre lo lleva remando a través del río
hacia la lejana orilla. No hablamos:
él sabe que se trata de alguien
de quien me quiero deshacer, alguien
que me hace sentir fea y asustada. No le digo
como lo hacías tú. Él conoce el oficio
y lo disfruta. Cuando arrojo a alguien dentro
él no mira hacia atrás: lo lleva directamente
al infierno. Quiere trabajar para mí
hasta que yo muera. Sabe que entonces
iré hasta él, subiré a su barca
y me dejaré llevar, estiraré mi mano amplia
hacia la suya, lo ayudaré a desembarcar,
nos abrazaremos como dos que nunca nacieron,
desnudos, sin respirar, nos cubriremos
hasta los labios con el oscuro manto de la tierra
y descansaremos juntos al final de la jornada.


Sharon Olds escribió estos poemas a lo largo de nueve años. Todos siguen el hilo argumental de la especial (por compleja, no por tierna) relación que mantenía con su padre, relatando episodios de la enfermedad que terminó con su vida sobre todo. 
Es magnífico descubrir que existan poetas que no utilicen las anécdotas derivadas de relaciones familiares con una bochornosa falta de estilo literario (como suele suceder), centrándose en laurear hasta la saturación por azúcar a unos parientes que adoran, o a echar pestes sin gracia hacia aquellos con los que se llevan mal, o que los han rechazado.
Sí es cierto que algunos de estos poemas pueden herir la sensibilidad del lector (pero qué no lo hace ya hoy en día) por ser demasiado explícitos describiendo los aspectos más purulentos de una enfermedad... pero también lo es que el poemario incluye además poemas cargados de referencias mitológicas, ancestrales, arraigadas a la Naturaleza y que son un verdadero regalo para el intelecto.
Al menos en España, los premios literarios siguen siendo polémicos en la actualidad sin vistas de que esto cambie: no sé cómo funciona en Estados Unidos, pero el caso es que Sharon Olds tiene tantos que prefiero omitir la secuencia para no aburrir a un posible lector. El libro nos depara una sorpresa final con un epílogo en el que Olds comenta su entusiasmo al saberse traducida al español, de la siguiente forma: "(...) que este libro camine atravesando la pared del lenguaje, desde su sala de parto en inglés norteamericano, hacia su nuevo hogar, en español". Así que ahora ya lo sabéis, El padre está en casa.

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