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miércoles, 14 de octubre de 2020

"Yo soy el monstruo que os habla" - Paul B. Preciado


Hace menos de un año, Paul B. Preciado se encontraba en un escenario frente a un público compuesto por tres mil quinientos psicoanalistas reunidos para las jornadas de l’École de la Cause freudienne en París. Su discurso, compuesto en base a su experiencia personal como hombre trans no binario, incluía en un momento dado una pregunta que interpelaba al público, donde Paul invitaba a levantar la mano a todas aquellas personas que se definieran públicamente como homosexuales: le abuchearon y se rieron. Una mujer que se encontraba en las primeras filas dijo que Paul era Hitler y que tenían que hacerle callar, mientras el resto aplaudía y silbaba. Los organizadores intervinieron para indicarle que su tiempo se agotaba y no pudo terminar el discurso completo tal y como lo llevaba preparado. Repito: hace menos de un año.

¿Qué había pasado para que esto sucediera así? Lo mismo que pasa cada día en pleno siglo XXI cuando alguien acude en busca de atención y no encuentra personal psicológico feminista, o cuando una persona trans o no binaria se topa una y otra vez contra las estrictas reglas médicas que lo diagnostican como enfermo mental en mayor o menor grado, como disfóricos de género, neuróticos o seres que, en fin, no han sabido resolver satisfactoriamente un complejo de Edipo o una envidia de pene. Se convierten en monstruos. La sanidad cataloga a estas personas como monstruos y les llena el camino de baches. ¿Qué pasa cuando uno de esos monstruos es una persona con una sólida formación y señala con el dedo todo lo que está mal en las terapias del psicoanálisis? ¿Qué pasa cuando alguien se atreve a decir que quienes deben deconstruir su forma de trabajar son los profesionales que están alimentando una inercia que produce un profundo sufrimiento a un sector importantísimo de la sociedad, que en muchas ocasiones termina en suicidio?

Lo que encontramos en en este pequeño libro-joya es la transcripción del discurso completo tal y como Preciado lo concibió y jamás pudo terminar de leer en público. Me resulta muy inteligente y curioso que eligiera "Informe para una academia" de Kafka como excusa o punto de partida: el narrador de ese texto es un simio que tras aprender el lenguaje humano se dirige a una academia de altas autoridades científicas para explicarles qué ha supuesto para él transicionar de simio a humano tras su caza y posterior instrucción, pasando por un circo de animales. Es así como se siente Preciado dirigiéndose a su audiencia: como un monstruo encerrado en una celda de hombre trans.

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Pues bien, es desde esa posición de enfermo mental en la que ustedes me colocan desde donde me dirijo a ustedes, señores académios, permítanme que les tutee por un segundo, como un simio humano de una nueva era. Yo soy el monstruo que os habla. El monstruo que vosotros mismos habéis construido con vuestro discurso y vuestras prácticas clínicas. Yo soy el monstruo que se levanta del diván y toma la palabra, no como paciente, sino como ciudadano y como vuestro semejante monstruoso.

Hace unos días escuchaba una entrevista a una actriz trans donde, lejos de responder preguntas sobre su trabajo, toda la inquietud del entrevistador giraba en torno a cuestiones sobre sus traumas infantiles, las anécdotas de su transición, sus operaciones o cómo gestionaba el hecho de que todo el rato le preguntaran si se había operado los genitales: porque a estas alturas, parece que ya sabemos que esta pregunta no debe hacerse, pero aun así, se sigue preguntando de forma indirecta (de una forma pasivo-agresiva), de una manera que deja entrever sin lugar a dudas cómo la duda le corroe al entrevistador. ¿Eso qué importa, por qué a ti te importa? Lamentablemente, es súper habitual que, cuando se trata de entrevistar a personas trans, apenas se hable de otra cosa que de su condición de trans: ya puede haberse hecho súper famosa por su trabajo en una serie de televisión, haber descubierto la cura del cáncer o haber viajado a la luna en globo: siempre le seguirán preguntando cómo se sentía en la infancia, qué opina su familia de todo esto y qué demonios tiene entre las piernas.

En este discurso, Paul B. Preciado insiste de una forma directa y sin pelos en la lengua, en hacer ver a los profesionales del psicoanálisis la complicidad de sus terapias con la epistemología de la diferencia sexual heteronormativa. Me encanta la caña que les da, me encanta cuando les invita a poner en el diván por una vez a su propia institución. Para explicar el aparato psíquico, los psicoanalistas se basan en la diferencia sexual, sin tener en cuenta que es necesario eliminar de una vez por todas el binarismo de género, algo por lo que Preciado lleva luchando desde que se publicara ese maravilloso “Manifiesto contrasexual” que nos abrió los ojos a tantas. 

Nos recuerda que la Organización Mundial de la Salud (que, a pesar de todo, está muy lejos de ser una institución anarcoqueer) afirma que “el género típicamente descrito como masculino y femenino es una construcción social que varía según las culturas y las épocas”. Nos recuerda también que culturas antiguas y modernas utilizan taxonomías sexuales y de género no binarias, más fluidas y complejas que la taxonomía moderna occidental y globalizada (Samoa en el Pacífico, los primeros pueblos de América, la tailandesa tradicional, etc.) Uno de cada 1000-1500 bebés que nacen son intersexuales, pero no se les reconoce como no binarios y se les opera contra su voluntad según la opinión del médico de turno. En entrevistas a personas trans como la que comentaba antes, hay miles de testimonios donde explican otras aberraciones terroríficas como esta, por ejemplo, el momento en el que tuvieron que mostrar sus genitales a un “profesional cualificado” durante un juicio como única vía para conseguir el reconocimiento de su género en el documento oficial de identidad, pasaporte, etc.

Si no conocéis la historia de Paul, os invito fervientemente a descubrirla. Desde el ya citado “Manifiesto…” pasando obligatoriamente por “Testo yonqui” y uno de los más recientes “Un apartamento en Urano”. Derriba barreras, abre camino, inspira, es increíble. Se declara un disidente del sistema sexo-género. Experimentó con su propio cuerpo administrándose testosterona que adquiría en el mercado negro; aceptó identificarse como transexual y enfermo mental para que el sistema médico-legal pudiera reconocerle como un cuerpo vivo humano. No os perdáis la historia de su cambio de nombre, donde mantuvo el “Beatriz” que se le adjudicó al nacer tras el “Paul” de su elección a pesar de las reiteradas negativas de los guardianes del sistema heteronormativo institucional, que tuvieron que claudicar cuando Paul les preguntó por qué “José María” sí, y “Paul Beatriz” no.

Ahora que está en boca de todos el feminismo, las terf, la transexualidad y a muchos todo esto les pilla sin tener aún una perspectiva propia, es necesario formarse. Las opiniones al respecto que suelo escuchar por ahí solo están basadas en comentarios breves leídos al azar en redes sociales, o cuñadismos similares. Nunca suelo decir que un libro o un autor son necesarios: Preciado y sus libros sí lo son, necesarios e imprescindibles. Es más, creo que la sociedad nunca le agradecerá lo suficiente su aportación a la causa.


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No pueden seguir afirmando la universalidad de la diferencia sexual y la estabilidad de las identificaciones heterosexuales y homosexuales en una sociedad en la que es legal cambiarse de sexo o identificarse como persona de sexo no-binario, en una sociedad donde hay ya miles de niños que han nacido de familias no heterosexuales y no-binarias. Seguir practicando el psicoanálisis con nociones de diferencia sexual y con instrumentos clínicos como el complejo de Edipo sería hoy tan aberrante como pretender seguir navegando por el universo con un mapa geocéntrico ptolemaico, o como negar el cambio climático o afirmar que la Tierra es plana.

Hoy, es más importante para ustedes, señoras y señores psicoanalistas, escuchar las voces y los lenguajes de los cuerpos que el régimen patriarco-colonial ha excluido que leer a Freud y a Lacan. Por favor, no busquen refugio en los padres del psicoanálisis. Su obligación política es cuidar de los hijos, de las hijas, de les hijes, no legitimizar la violencia de los padres. Ha llegado el tiempo de sacar los divanes a las plazas y de colectivizar la palabra, de politizar el inconsciente.

Liberen a Edipo, únanse a los monstruos, no escondan la violencia patriarcal detrás de los deseos aparentemente incestuosos de los hijos, y pongan en el centro de su práctica clínica los cuerpos y las palabras de los que han sobrevivido a la violación y a la violencia patriarcal, de los que ya viven más allá del núcleo familiar patriarcal, más allá de la heterosexualidad y de la diferencia sexual, de los, las y les que buscan y fabrican una salida.


sábado, 10 de noviembre de 2018

"Queer: una historia gráfica" - Meg-John Barker y Julia Scheele


Por alguna absurda razón, tenía reticencias sobre este libro antes de leerlo. Más que absurdas, porque la editorial Melusina no me ha decepcionado nunca, es más, me ha dado siempre grandes alegrías. Creo que es porque el diseño de cubierta me espantaba (lo sigue haciendo). El interior tiene ilustraciones de estilo cómic muy cuidadas, pero ese diseño para una primera impresión... en fin.

"Queer..." es un libro divulgativo que resume los grandes hitos de la teoría queer en orden cronológico para hacerla llegar al público. Es un libro muy necesario porque, como se comenta a lo largo de la obra, a menudo se ha criticado al movimiento por ser demasiado críptico y sólo apto para la comunidad académica de la cual procede, convirtiéndolo en un producto elitista. Por ejemplo, hace unos años Judit Butler ganó un premio a la obra más incomprensible.

Sin embargo, esto no es del todo justo porque otras ciencias no se juzgan bajo ese mismo rasero, ningún ciudadano medio exige, por ejemplo, que la teoría de cuerdas sea accesible para su nivel limitado de estudios primarios. Lo que sucede es que la teoría queer surge de las calles, de un movimiento social que empieza en el individuo, continúa en el grupo y por tanto sucede que lo personal es político: la gente rápidamente encierra el conocimiento nuevo en su pequeña cajita de limitada experiencia vital y se queda, en la mayor parte de los casos, con las cuatro soflamas que se hacen virales por redes sociales (muchas veces equivocadas o demasiado imprecisas). Esto mismo sucede con el tan maltrecho feminismo, otra teoría social que va de la mano de la teoría queer y que tan mal se entiende. Lo que sucede es algo así: se educa poco y mal  se lee poco y al revés  la red se llena de basura que poco o nada tiene que ver con el feminismo.

En "Queer..." se despejan y aclaran muchos conceptos clave y se resumen en pocas palabras las ideas que han aportado los principales autores. Algunos como Butler y Foucault disponen de más páginas que otros: ellos se consideran los máximos exponentes de las cuestiones de género y de la sexualidad, respectivamente.

También hay espacio para explicar el significado y la importancia del los feminismos negros, imprescindibles para entender el movimiento tal y como lo entendemos en estos momentos, mientras sigue su evolución y su lucha, que ya es imparable.

Mientras los límites de la teoría queer se desdibujan cada vez más, haciendo que sea complicado definirla con exactitud, el género recorre a su vez su propio camino y se dirige a un lugar sin límites ni normas a seguir: si el masculino es el blanco y el femenino es el negro, o viceversa, existe un espectro tan amplio de posibilidades con respecto al género como tonalidades en la escala cromática, y cada individuo es libre de situarse en el punto donde se sienta más cómodo o deambular entre varios, todos o ninguno. Asímismo, el femenino y el masculino como conceptos artificiales creados por los costumbrismos y la inercia de los hábitos en las diferentes sociedades, también desaparecen tras la pregunta: ¿pero quién determina qué es y qué hay detrás de cada concepto? Ya que la respuesta de la biología quedó obsoleta hace décadas y ya se ha comprobado que los roles son aprendidos.

"Queer...", en fin, es interesantísimo y no se lee tan rápido ni es tan banal como podría hacer pensar el formato con viñetas. El contenido es muy pertinente, actual e incluye una larga lista de bibliografía para ampliar contenidos. Me hace mucha ilusión recomendar este libro en el día que es noticia que Escocia (¡ese maravilloso país que no me canso de visitar!) hace historia porque será el primer país en impartir educación LGTBIQ+ en las escuelas. Enhorabuena escoceses, mis respetos.

sábado, 7 de julio de 2018

"Encontraste un alma" - Edith Södergran (fragmentos)


DOS DIOSAS
Cuando viste el rostro de la felicidad te sentiste decepcionado:
esa mujer durmiente de rasgos vagos,
la más adorada y la más nombrada,
la menos conocida de todas las diosas,
que reina sobre los mares con calma,
los jardines en flor, los interminables días de sol,
y te decidiste a no servirla jamás.
De nuevo se te acercó el dolor con el abismo en los ojos,
la diosa jamás invocada,
la más conocida y menos comprendida de todas,
que reina sobre los mares tempestuosos y los navíos echados a pique,
sobre los presos con cadena perpetua,
y sobre las onerosas maldiciones que con los niños descansan
en el vientre de sus madres.

VIERGE MODERNE
No soy una mujer. Soy un neutro.
Soy un niño, un paje y una decisión valiente,
soy un rayo risueño de un sol escarlata...
Soy una red para todos los peces voraces,
soy un brindis en honor de todas las mujeres,
soy un paso hacia el azar y la ruina,
soy un salto hacia la libertad y el yo...
Soy el susurro de la sangre al oído del hombre,
soy la fiebre del alma, el deseo y la negación de la carne,
soy una señal de entrada a nuevos paraísos.
Soy una llama, buscadora e insolente,
soy agua profunda pero atrevida hasta las rodillas,
soy fuego y agua en comunión libre y leal...

LA PRINCESA
Todas la noches se dejaba acariciar la princesa.
Pero el que acaricia sólo acalla su propia hambre
y el deseo de ella era una mimosa tímida, un cuento con los ojos
muy abiertos ante la realidad.
Nuevas caricias llenaron de un sabor agridulce su corazón
y de hielo su cuerpo, pero su corazón aún quería más.
La princesa conocía cuerpos, pero buscaba corazones;
jamás había visto un corazón que no fuera el suyo.
La princesa era la más pobre de todo el reino:
había vivido de ilusiones demasiado tiempo.
Sabía que su corazón debía morir y desmoronarse por completo,
pues la verdad corroe.
La princesa no amaba las bocas rojas, le eran extrañas.
La princesa no reconocía los ojos embriagados con hielo al fondo.
Todos eran hijos del invierno, pero la princesa era del sur más
lejano y no tenía caprichos,
ni dureza, ni tapujos, ni astucia.

*


domingo, 24 de diciembre de 2017

Foucault para encapuchadas - Manada de Lobxs


"Foucault para encapuchadas" no es un libro que espere ser reseñado. Es una herramienta para la lucha diaria, un manual terminológico básico para todo aquel que detecte la heteronorma imperante en la sociedad, y renuncie a formar parte de ella, así como del binarismo que embrutece a las masas, y al capitalismo hostil.

Lejos de conformarse con migajas, "Foucault para encapuchadas" no pretende que se incluya a las minorías para que pasen a formar parte del sistema haciéndoles un favor, no quiere bodas de gays ni lesbianas paridoras: quiere destruir el sistema. Aquí se denuncia lo que hay tras la máscara de lo gay friendly, la sociedad que a diario humilla, segrega y nos ataca con violencia física y verbal. La farsa detrás de la supuesta inclusión de todo aquel que no cumpla los requisitos para ser admitido.

Todos los textos se basan en la obra de Michel Foucault, Judith Butler, Gilles Deleuze, Felix Guattari, Tiqqun, Beatriz Preciado, Paco Vidarte, Monique Witting y muchos más. El enfoque parece claro, y personalmente me parece absolutamente correcto.



p. 11
La mujer es el artefacto político que no consigue asumir la soledad, siempre en busca de quién la complete, de quién la ampare, la proteja, la cobije, la resguarde, siempre esperando al príncipe o -la princesa- azul, siempre aguardando algo que estimule su abúlico tedio existencial femenino hegemónico de ángel del hogar sin más afirmación que su melancolía. La soledad en el desierto es la forma que reviste el medio de encuentro de quien procura desertar de las formas del yo-soy- mujer, llevándose en la retirada y el éxodo las armas y los afectos necesarios.

Nos borramos, difuminamos el universal que en nuestra especie humana heterocentrada propaga la muerte de todos los existentes para emprender la fuga, el exilio, fuera de los estratos del control, fuera de las lógicas binarias varón- mujer/humano-animal/heterosexual-homosexual, combatimos para devenir múltiples. No más lágrimas.

p. 25
Es decir, los malos e indóciles sujetos de las políticas sexuales que no dejan dormir en paz al bebé concebido con la costosa inseminación artificial de la amorosa pareja lésbica profesional blanca y exitosa, que se ha casado por civil para poder heredarse los bienes de la propiedad privada obtenidos en cargos gerenciales como periodistas clasificadas. Cualquier parecido con tu jefa no es pura coincidencia.

p. 32
El devenir no constituye un punto de llegada, ni una evolución ni algo en lo que hay que transformarse. Tampoco se trataría de una identidad disidente o una mera alteridad opuesta a la hetero-norma, como la de los homosexuales. No es algo que se produzca al nivel de la imaginación o del sueño, ni una imitación que responda al orden de la identificación, ni al de la asimilación, no tiene que ver ni con ser, ni con parecer, ni con producir, ni con equivaler...

Por el contrario, el devenir es una expresión relativa a la economía del deseo, cuyos flujos proceden mediante afectos, el contenido propio del deseo, ya que desear es pasar por devenires. Todo devenir forma un bloque que supone el encuentro o relación de dos términos heterogéneos que se desterritorializan mutuamente. Molecular, minoritario, nómade, opera mediante la disolución del orden molar de las identidades. El devenir pertenece al orden de la alianza (no de la filiación) y del rizoma (distinto de un árbol genealógico); siempre una multiplicidad (a diferencia de las identidades que suponen individuos que las encarnan) en vinculación con una micro-política de contagio y de afectación (la epidemia es anti-herencia: no heredamos la disidencia del movimiento LGTB), entendiendo los afectos no como sentimientos personales sino como potencias de manadas que hacen vacilar el yo.

p. 34
De hecho, el cuerpo heterosexual es uno de los artefactos del Capitalismo Global Integrado Heterosexual más exitoso en el arte de gobernar con los que cuenta la sexopolítica decimonónica, producto de una división del trabajo de la carne según la cual cada parte del cuerpo se define respecto a su función reproductora y productora de feminidad o masculinidad (es decir, la estratificación). En tanto régimen político, el CGIH opera desde la heterosexualidad para asegurar la relación estructural entre producción de identidad de género (femenino/ masculino) y la distribución sexuada de ciertos órganos (llamados “genitales” u “órganos sexuales o reproductivos”) y no otros, según un orden binario que se pretende estable y definitivo. El régimen otorga a cada parte de nuestro cuerpo una función única y por supuesto heterosexuada, convirtiendo -subrepticiamente- los órganos de reproducción en órganos sexuales. Lo que estamos queriendo decir es que si por casualidad tu placer sexual adulto pasa por chuparte el dedo gordo, este sistema de ordenamiento de los hechos humanos y no humanos, conscientes y no conscientes, te establecería como perverso, y luego pasarás a ser objeto de control, corrección y normalización dentro de las lógicas heteronormativas. Pero no nos quejamos, no queremos que nuestra perversión sea aceptada, lo que deseamos es destruir este régimen.

p. 43
Heterosexuales paridoras de misóginos, criadores de fascistas, novias románticas encubridoras, madres que piden perdón por lo que ustedes mismas les inculcaron a sus hijos, padres amedrentadores homofóbicos futboleros, caeremos sobre ustedes como Furias, con la alegría descomunal de travestis cuchilleras, de tortas camionabomberamotoquera asesinas, de maricas emplumadas armadas con su sangre. No tenemos miedo de morir como Daniel, ni como Pepa ni como ninguna otra de nuestras amigas, tenemos miedo de vivir como ustedes.


lunes, 4 de septiembre de 2017

10 ingobernables: historias de transgresión y rebeldía - June Fernández


Llego a “10 ingobernables” gracias a las acertadas recomendaciones literarias de la actriz Amarna Miller. En este libro se cuentan diez historias recogidas por June Fernández entre 2012 y 2016 en diferentes lugares de España y América Latina. Todas ellas tienen en común una perspectiva feminista y un pasado de lucha y opresión machista y/o heteropatriarcal de mierda: historias feas de maltratos físicos y psicológicos sufridos por el colectivo oprimido formado por mujeres (agredidas por el hecho de ser mujeres), hombres gays (y hasta aquí los únicos cuya problemática tiene cierta visibilidad en la sociedad), lesbianas, bisexuales y personas no binarias, intersexuales y un largo etcétera.

p.7 Tiene barba porque su cuerpo de mujer es así. No le da la gana afeitársela.

Según avanzo en la lectura con los pelos de punta y el corazón encogido, me doy cuenta de que acercarme a estas historias es una necesidad para mí, suponen una fuerte dosis de cruda realidad y son un ejercicio de empatía en sí mismos. Recuerdan que hay muchas formas de ser humano, y que ser inhumano no es una opción válida.

p. 9 Cuando la escritora Jeanette Wintessen, recién cumplidos los dieciséis años, le contó a su madre que se había enamorado de una chica, esta le espetó: “¿Por qué ser feliz si puedes ser normal?”

“10 ingobernables” es uno de esos libros que da gusto sostener entre las manos, no sólo por su preciado contenido sino también por lo bien editado que está. Antes de cada capítulo nos ofrece una caricatura sencilla (todos los dibujos realizados por Susanna Martín) del personaje que va a protagonizar la siguiente historia, y es curioso verlo al principio sin que nos transmita casi ninguna información, y regresar a él después de conocer su odisea personal y haberle tomado cariño, algo así como ponerle cara a su historia a pesar de haberlo visto antes de tener datos.

p.42 Antar no nació en el cuerpo equivocado. La sociedad se equivoca cuando le exige que elija, que se posicione, que se identifique como mujer o como hombre, porque si no, es un monstruo.

p.45 Antar no quiere pedir permiso a la psiquiatría y tampoco quiere un cuerpo con cicatrices. No es su cuerpo el que hay que corregir.

Otra cosa que me gusta mucho de este libro, es que está plagado de referencias bibliográficas que enriquecen el contenido precisamente porque le añaden la posibilidad de seguir leyendo. Es palpable que su autora, June Fernández (Bilbao, 1984), creadora de Píkara magazine, es un gran referente en el feminismo español de los últimos años, cuyo trabajo visibiliza la realidad de mucha gente oprimida por un sistema social y político arcaico e inválido, que prioriza cuestiones políticas y económicas a las vidas humanas.

p.64 Como buenos okupas, no accedieron a la negociación. Juanita se recuerda abrazada a otras quince personas dentro del edificio, viendo cómo la pala de la excavadora se cernía sobre el techo de uralita. “Los policías nos cogieron una por una en brazos”, cuenta con coquetería, como si una parte de ella hubiera disfrutado de ese instante de película de Hollywood.

p.72 ―¿Cómo vas a pasar la Nochevieja, Juanita?
―Igual con las amigas del pueblo, pero tampoco me importa pasarla sola. Hago mis rituales.
―¿Qué rituales?
―Me los invento. Con el fuego es fácil. O hago como las brujas: me fumo un porro de más, y vuelo.

También me gusta de “10 ingobernables” la manera en que está escrito, con frases igual de descriptivas que emotivas, nos acercan a unas vivencias muy dolorosas pero con la dosis de humor necesaria para seguir luchando.

Leo historias de años de agresiones, de inexistencia o ineficacia de la justicia; historias en las que a la pobreza se unen gustos o formas de ser que se salen de lo normativo y que dificultan aún más el salir adelante mientras todo tu entorno te resulta hostil. Y sin embargo me siento incapaz de sentirme feliz por mis privilegios de mierda. Mi coeficiente intelectual, mis medidas corporales o el color de mi piel no me suponen conflicto alguno, no tengo carencias afectivas que me obliguen a entablar relaciones insanas, ni frustraciones internas que necesite desahogar con nadie. O bien establezco relaciones sanas y 100% libres, o hago planes a solas sin que nada ni nadie me impida disfrutar de mi libertad e independencia (home is wherever I’m with me).

Y sin embargo, salgo a las calles de Madrid, que se ha convertido en una selva de acoso sexual callejero, y lo más bonito que respondo a diario a los machitos de mierda, es que se mueran. Nunca una lesbiana me agredió por la calle, luego el problema no radica en el espacio que ocupo en el mundo o en la imagen que proyecto en público: el problema son los tíos. Nuestros privilegios como mujeres jóvenes, independientes, emancipadas, tatuadas y vestidas como nos da la gana, se transforman en un problema cuando tenemos miedo de volver solas a casa por la noche; o cuando incluso a plena luz del día y por el centro, se acerca de frente por la acera un tío y nos sorprendemos pensando “ojalá que no le guste, ojalá que no me diga nada”.

Tener inquietudes culturales e intelectuales no mejora mucho las cosas en según qué situaciones, una vez salimos de entre las estanterías: por ejemplo, la inmensa mayoría de nuestros ligues potenciales masculinos, sólo valoran unos cánones de belleza preestablecidos que a veces pueden ser matizados por filias personales (con las chicas funcionan otros códigos). En el caso de que nuestra materia gris les sirva como aliciente, lo hace en tanto en cuanto apuntarse el tanto cuenta doble, “Wow, he conseguido engañar a la sabihonda comelibros, +20”.

Leo otras realidades de la mano de June Fernnández y se reafirma mi capacidad para la empatía mientras pienso que a pesar de que mi vida no es perfecta, lo he tenido muy fácil. Pero también a veces siento que me ahogo y que me choco contra un techo invisible de cristal, soy humana y necesito desahogarme.

Mi absurdo privilegio por nacer en un lugar que no elegí, se acaba cuando viajo a algún lugar de fuerte tradición racista, o escucho según qué comentarios despectivos y de repente me siento guiri, paya, gallega, yuma, bárbara, extranjera; charnega en el ¿país? que inventó lo de sudaca y pan tumaca. Pero quién les ha metido qué coordenadas de qué fronteras a la gente. Tienen muchos motes para nombrarme todos aquellos a quienes yo solo veo humanos mientras sigo siendo incapaz de distinguir líneas raras en el suelo.

No soy tan pendeja (este término se usa en México y me hace gracia usarlo a veces) como para querer cambiarme la vida por la de quienes lo tienen absolutamente todo en contra, pero a la vez me siento incapaz de creerme superior a cualquier ser humano a causa de mis privilegios de mierda. Mis privilegios no me hacen feliz, o no soy feliz, en fin, a pesar de mis privilegios.

Este libro me ha hecho replantearme de nuevo muchas cuestiones y creo que es válido para una gran cantidad de tipos diferentes de lectores, así que lanzo mi recomendación para que a quien le apetezca la atrape al vuelo.

jueves, 29 de junio de 2017

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