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domingo, 31 de enero de 2021

"Las inseparables" - Simone de Beauvoir

Hay veces en las que una evidencia médica certificando la causa de una muerte, no es suficiente. Para explicarse algunas pérdidas, muchas veces es necesario ir más allá y conocer el pasado de quien ha fallecido: no solo su historial médico, por supuesto, sino su recorrido emocional y vital.

Esto es lo que hace Simone de Beauvoir devolviendo a la vida por algunos instantes a su eterna amiga Élisabeth Lacoin, (Zaza) a través de “Las inseparables”. También lo hace en otras obras como “Cuando predomina lo espiritual”, “Los mandarines” o “Memorias de una joven formal”, de una forma más o menos extensa o evidente.

En “Las inseparables” todo gira en torno a la tierna amistad que unió a Simone con Zaza (Sylvie y Andrée en la ficción), aunque mejor cabría hablar de devoción, por parte de la primera. En un jovencísimo siglo XX, inmersa en una estructura social férreamente patriarcal y religiosa, la joven Simone ni siquiera cuenta con referentes que expliquen ese sentimiento que la inunda y que no encaja en la definición de amiga. Como un instinto muy fuerte que no sabe explicar y mucho menos manejar, Simone se conforma con tener a Zaza cerca y procurar que sea feliz.

Si leemos esta historia conociendo mínimamente el pensamiento de Simone, resulta aún más chocante ubicar a la Simone niña y adolescente dentro de un círculo donde la religión católica y, por tanto, la represión, era la norma imperante. Una niña como ella estaba destinada a renunciar a su integridad, personalidad y sus sueños a cambio de los deseos de su entorno: pasar desapercibida y casarse “bien”. 

A este respecto, hay una frase que me ha dado que pensar. 

“(…) todo habría sido más sencillo si, como yo, [Andrée] hubiera perdido la fe en cuanto su fe perdió el candor” (pág. 84)

La verdad es que resulta abrumadora la maestría con la que está escrita esta dulce y triste historia: es la marca de la casa de Simone de Beauvoir. El caso es, que todo habría sido muy diferente para la desdichada Zaza si la culpa, el pecado, el tormento, el infierno… y demás cuentos chinos que solo sirven para oprimir, no hubieran marcado su vida.

A los niños es sencillo engañarlos con cualquier cosa. Es lo que me transmite la frase de Beauvoir: también ella había sido estafada con el cuento religioso pero, por suerte, tuvo la suficiente claridad de pensamiento cuando, ya pre adolescente, alcanzó el uso de razón y abandonó de un plumazo todas esas imposiciones al darse cuenta del grave daño que provocaban.

Me gusta mucho, muchísimo, cómo está escrito. Quienes me conocen saben que el argumento me resulta secundario ante una redacción impecable. La narración deja a Simone en segundo plano y aunque habla de la amistad entre ambas, se centra sin rodeos en su adorada Zaza. Hay pasajes increíbles como este:

"¿Le habría dado pena a Andrée que nos impidieran vernos? Menos que a mí, seguramente. Nos llamaban «las dos inseparables» y ella me prefería a todas las demás compañeras. Pero me parecía que la adoración que sentía por su madre tenía que ir en menoscabo de sus otros sentimientos. Su familia era primordial para ella, se pasaba muchos ratos entreteniendo a las pequeñas, que eran mellizas, bañando y vistiendo a esas masas de carne inciertas; le hallaba sentido a todo cuanto balbucían y a sus muecas ambiguas; las mimaba amorosamente. Y además, estaba la música, que ocupaba un lugar importante en su vida. Cuando se sentaba al piano, cuando se colocaba el violín entre el cuello y el hombro y escuchaba con recogimiento la melodía que le brotaba de los dedos, yo tenía la impresión de oír cómo se hablaba a sí misma: comparadas con ese prolongado diálogo que seguía adelante en secreto con su corazón, nuestras conversaciones se me antojaban muy pueriles. A veces, la señora Gallard, que tocaba muy bien el piano, acompañaba la pieza que Andrée interpretaba al violín, y entonces yo me sentía completamente al margen. No, nuestra amistad no le importaba tanto a Andrée como a mí, pero yo la admiraba demasiado para sufrir por eso" (pág. 24)

Esta historia no deja de ser una reivindicación de la necesidad de enseñar la diversidad desde la infancia, así como la importancia de tener referentes. Si eres una mujer que se enamora de su amiga, ¿cómo no te va a volver loca no saber lo que sientes? Y, si acaso puedes barruntarlo, ¿quién te comprenderá y te tranquilizará porque no estás loca por estar sintiendo algo perfectamente natural? Por menos ha habido muertes.

Es más, no se trata solamente de la normalización del lesbianismo sino, también, de la bisexualidad: algo perfectamente normal que le sucede a la pequeña Simone es enamorarse de una amiga en un contexto donde se segregaba por géneros (colegios de monjas y demás) sino interesarse también por hombres cuando por fin tiene la ocasión de rodearse también de ellos. Algo que no invalida su atracción por las mujeres, dado que no se trata de dos orientaciones sexuales que pueden convivir, sino de una orientación como tal, la bisexualidad, que suele menospreciarse y relegarse a una fase y todo tipo de tópicos discriminatorios muy dañinos. Simone la defendió en su vida y en su obra con sabiduría y coherencia. Todo lo demás, son traumas.


jueves, 19 de julio de 2018

"Moxie" - Jennifer Mathieu


"Moxie" es una novela feminista para adolescentes, con todas las particularidades de las historias pop norteamericanas pero que, en este caso, sólo se usan como un marco para visualizar la opresión de las mujeres.

La protagonista, Vivian Carter, bien podría ser una de las hermanas Wakefield de “Las gemelas de Sweet Valley”, o Bella de “Crepúsculo”, o cualquiera de tantas y tantas protagonistas femeninas sometidas de las últimas décadas destinadas a un público muy joven... si éstas hubieran sido dotadas de más personalidad y se hubieran resistido a que las absorbiera el sistema, si no hubieran accedido a hacer lo que los demás querían que hicieran.

La acción de "Moxie" se desarrolla en un pequeño pueblo costero del estado de Texas, donde las costumbres parecen inamovibles y de una generación a otra se heredan los tópicos. La jerarquía social en el instituto es tan férrea como siempre vemos en la literatura y en el cine estadounidense (también la realidad es así): sobre un fondo de taquillas metálicas desfilan las animadoras y los deportistas por el centro del pasillo, mientras les observan con una mezcla de desdén y envidia los grupos de chicos y chicas procedentes de familias con nivel adquisitivo más bajo, los y las patitos feos, nerds, queers, darks, racializades, introvertides y un sinfín de casuísticas en las que en mayor o menor medida nos podemos identificar.

“Moxie” aborda la mayoría de terminología y complejidad feminista que cabría esperar para que una novela de este tipo valiera la pena. Cumple con creces. Quizá flojea en algunos momentos, como cuando en la página 40 desperdicia una ocasión de oro para citar a Virginia Woolf, precisamente cuando la protagonista reflexiona sobre la necesidad de disponer de un espacio seguro para crear cosas, y qué pasaría si todas las mujeres compartieran entre ellas esas creaciones. Pero contiene reflexiones muy acertadas en todo momento, mientras asistimos a la evolución de la protagonista, que recorre la senda del feminismo de forma intuitiva desde el inicio, y poco a poco se va fortaleciendo en él de una forma maravillosa.

La manera en que dice la palabra feminista de forma tan relajada, tan natural, me alucina. Claudia asiente con la cabeza y sonríe con educación, pero arquea ligeramente las cejas. He oído a mi madre utilizar la palabra feminista cuando habla con amigas por teléfono. (“En serio, Jane, como feminista, esa película me ha cabreado.”) A las Riot Grrrl les interesaba el feminismo, obviamente, pero hasta este momento en el gimnasio no había pensado en que fueran feministas, sino que pensaba que era un grupo de chicas que molaban mucho y que no estaban dispuestas a aguantar tonterías.

Sin embargo, y mucho más importante, es que a través de todos y cada uno de los veinticinco capítulos se mantiene latente el concepto de sororidad, eso que tanto echo de menos a menudo. La protagonista, Vivvy, siente la necesidad de denunciar de alguna manera todos los abusos de corte machista que se producen en el instituto. No tiene apenas referentes (sólo nociones sobre el pasado rebelde de su madre y algunos grupos musicales compuestos por mujeres guerreras) ni sabe qué medios tiene a su alcance para denunciar lo que considera injusto, pero consigue canalizar esa rabia de una manera creativa e inteligente que ayudará a muchas chicas. Crea un fanzine anónimo que reparte por los baños de chicas del instituto llamando a la acción con pequeños gestos. Rápidamente comprueba cómo se unen a este movimiento muchas chicas, tanto de su entorno como de otros grupos, y también algunos chicos sensibles que no son como la mayoría.


En este sentido, es encomiable la sensibilidad de la autora para plasmar esa hermandad entre mujeres a la que me refería: sin dejar a un lado la superficialidad de la adolescencia, hace crecer a sus personajes por el camino correcto. De forma instintiva, recrean un entorno de feminismo interseccional que da cabida a todas las mujeres sin excepción. Es precioso ver cómo se suman al movimiento “moxie”, a través de diferentes sucesos, chicas de todo tipo: negras y blancas, ricas y pobres, queer y hetero, empollonas y pasotas, etc.


A lo largo del marco de una ventana diminuta junto a la cama de Lucy hay una fila de Post-its amarillos. En cada uno hay una palabra y juntas forman una frase en vertical: EL SILENCIO NO TE PROTEGERÁ. Cuando Lucy ve que lo estoy mirando, me dice que es una cita de un poema de Audre Lorde.


También, a través del chico de quien se enamora Vivvy, tenemos reflejada la complejidad de la figura del muchacho sensible, aliado feminista, cuya educación inevitablemente patriarcal produce a veces roces con las chicas “moxie” que, en lugar de apartarle como un apestado, se toman la molestia de ponerle las gafas moradas y explicarle que la empatía total es más difícil cuando no se ha sufrido la opresión machista en la propia piel. De esta forma, se liman las asperezas y se mantiene al muchacho del lado correcto del movimiento:


Me siento frustrada con él pero también conmigo misma por no ser capaz de encontrar las palabras para explicárselo. Estoy totalmente segura de que no lo hace a propósito, pero Seth es un chico y nunca podrá saber lo que se siente al caminar por el pasillo y saber que te están juzgando por el tamaño de tu culo, o por lo grandes que tienes las tetas. Nunca entenderá lo que se siente al cuestionar ciertas decisiones y tener que pensarte dos veces la ropa que te pones, cómo te sientas o caminas o estás de pie por si no llamas la atención de manera adecuada, o peor aún, por si llamas la atención de manera equivocada. Él nunca sabrá el miedo que da y lo mal que te hace sentir la sensación de que perteneces a algún Monstruo que ha decidido que puede cogerte y tocarte y clasificarte cuando y como quiera.


En el instituto los ataques machistas comienzan con comentarios denigrantes y frases que incitan al odio hacia las mujeres, impresas en las camisetas de los alumnos varones más salvajes. Los profesores lo dejan pasar como una chiquillada sin llamar la atención sobre el asunto ni percatarse de su gravedad. Poco después, se pone de moda una técnica de violencia que consiste en acosar físicamente a las chicas por los pasillos con tocamientos rápidos que los acosadores hacen pasar por no intencionados. Da miedo de verdad porque para ellos es solo un juego, ni siquiera creen que están haciendo algo mal, siguen entendiéndose a sí mismos como buenos chicos, solo quizá un poco más gamberros que el resto. Socialmente y a diario se aceptan también muchos de estos repugnantes gestos, sin valorar que son un delito en sí mismos, y el primer paso para que todo acabe en el cementerio.

Ellas cada vez están más asustadas e indignadas. La medida del instituto, sin embargo, es restringir la vestimenta de las mujeres (sacan de clase aleatoriamente a chicas vestidas con camisetas de tirantes, por ejemplo, o a las que se han desarrollado más rápido que las demás, y les obligan a pasar el resto de la jornada "tapadas" con camisetas gigantes de deporte), denigrándolas hasta el punto de convertir a las víctimas en culpables, haciendo que ellas crean que les provocan, y dando alas a los alumnos machistas para continuar con los ataques.

A partir de aquí la historia continúa cada vez con más chicas, y algunos chicos, sumándose al movimiento feminista (visibilizado en todo momento bajo el término “moxie”), llamando a la acción con reivindicaciones silenciosas pero visibles, hasta llegar a convocar una manifestación pacífica cuando la situación se agrava. Llama la atención que no se diga nada relativo a que las víctimas lo comuniquen en casa, que madres y padres no salgan en defensa del alumnado, y que la falta de apoyo por parte de la dirección del centro no les lleve directamente a denunciar a la policía.

En todo momento se mantiene el tono de perfecta novela juvenil estadounidense (lenguaje, descripción de los diferentes escenarios, costumbres culturales, etc.) y los altibajos en las acciones moxie mantienen viva la emoción de la trama, que en los últimos capítulos se intensifica hasta un final vibrante que mantiene viva la esperanza en las nuevas generaciones, justo lo que yo [no estaba convencida pero] esperaba encontrar en este libro.

Según la OMS, actualmente la violencia contra las mujeres es un problema de salud global de proporciones epidémicas. Mantener una relación de pareja supone un grave riesgo de sufrir agresiones (una de cada tres mujeres mayores de 15 años lo ha sufrido, pero las cifras no recogen la grandísima cantidad de sucesos que no se denuncian); pero basta con poner un pie en la calle para ser objeto de violencia de género, cualquier hombre es susceptible de convertirse en un agresor, no es necesario que pertenezca al entorno de la víctima.

Así que quería saber exactamente qué puede encontrar una persona adolescente en la literatura feminista actual, qué se puede encontrar en las mesas de novedades ahora mismo, porque necesitaba algo a lo que aferrarme para mantener la esperanza en generaciones más jóvenes que la mía. Quería comprobar que todos los esfuerzos no están siendo en vano y que este repunte terrorífico de violencia machista al que asisto a diario, no es más que una última descarga inhumana antes de extinguirse para siempre y de una vez por todas.

―Amiga, ¿qué harías si mañana mismo desaparecieran de la faz de la Tierra todos los hombres?
―Salir a pasear de noche.


Leía este comentario en redes sociales estos días y no se me va de la cabeza. Ser mujer es eso, vivir con miedo CONSTANTEMENTE. Con casco y cazadora, conduciendo en moto, me han llegado a decir por las calles de Madrid: "¡Bonita, ¿cuánto cobras!?" Pero es diario (también es cierto que en otras ciudades no me pasa a esos niveles y con tanta frecuencia: Madrid da asco). Y eso a pesar de los privilegios que supone ser blanca y cisgénero y poder pagar las facturas a fin de mes. Pero cosificación y denigración constante. Así que en cualquier otro caso no quiero pensarlo porque es que, llorar a diario.

Por eso necesitaba este soplo de aire fresco. Enhorabuena Jennifer Mathieu, ojalá todos los adolescentes, todo el mundo dibujando en sus manos corazones y estrellas, siguiendo esta iniciativa maravillosa de visibilización y reconocimiento moxie que recomiendo efusivamente a jóvenes, formadores y tutores.

Ojo a la dedicatoria, gloriosa.

jueves, 15 de marzo de 2018

"Ahora que sólo somos incendio" - Raquel Beck (fragmentos)


“Ahora que sólo somos incendio” es un libro con un diseño de cubierta espectacular que no se corresponde con el contenido un tanto mediocre (en el sentido, diría yo, de inmaduro), un conjunto de poemas donde apenas se encuentran retazos de poesía: lo que sí hay es un buen puñado de juegos de palabras, rimas fáciles en consonante, emociones almibaradas de amor preadolescente y toda la parafernalia de poesía “instagram” que demandan las nuevas generaciones. Adjetivos con filtro “valencia” para salir del paso con la primera idea que se viene a la cabeza. No lo recomiendo en general (el efecto de esta lectura es puro placebo, cualquier lector exigente comprobará que el contenido es relleno inservible) pero, insisto… mirad qué cubierta más bonita, está realizada por Nuria Bardón Casado.

VOY A SALIR A MI ENCUENTRO
Soy dos pasos que se mezclan con la gente.
Varias huellas que se borran
pero la piel sigue tatuándose donde siempre.
Soy un gato que maúlla detrás de la puerta
pero huye si ve la caricia enfrente.
A centímetros del miedo siempre he querido más fuerte.
Soy un puñado de recuerdos que se quieren revivir.
Un corazón que espera
aunque nadie vaya a venir.
Una vela que ha aprendido
que un soplo apaga más
de lo que dice cumplir.

*

Cierra el libro.
Tú deberías dejar de leer esta historia
y yo debería dejar de escribirla.
Pero antes quiero pedirte un último favor.
Sonríe,
colorea el mundo
aunque yo no sea el motivo.

sábado, 21 de marzo de 2015

"Deseo que venga el Diablo" - Mary MacLane


En el año 1902, una joven estadounidense escribió este relato autobiográfico en el que narraba el día a día de su vida gris, pero sobre todo los deseos de colores con los que soñaba en un futuro no muy lejano. Consiguió crear una gran polémica por evocar la figura del diablo como medio para conseguir el éxito y la fama que deseaba fervientemente, e incluso en un primer momento el libro se publicó con el título modificado (“La historia de Mary MacLane”) para poder comercializarse. La joven escritora consiguió que diferentes medios le pidieran su colaboración y tuvo una vida corta a lo largo de la cual vivió tal y como quiso.

Mary MacLane
Es posible que al principio Mary MacLane os caiga mal, muy mal. Pero sentiréis ternura y quizá admiración por ella más tarde, pero solo si llegáis a entenderla. Eso requiere un ejercicio por vuestra parte que no todo lector está dispuesto a hacer. Su historia no es trepidante ni vive mil aventuras, al final no sabemos si el asesino es el mayordomo porque no hay ningún cadáver en la primera página… pero es que lo que tenemos entre manos es mucho más valioso que todo eso, se llama Literatura y se trata de una de esas ocasiones en las que la conexión mágica entre autor y lector atraviesa el tiempo y el espacio y, sencillamente, sucede.

Antes de nada, hay que entender a Mary MacLane dentro de su contexto: se trata de una joven de 19 años nacida en 1881 que observaba aterrada a su alrededor, siendo cada vez más consciente del futuro desolador que le esperaba: una vida simple y anodina, sin salir del pequeño pueblo en el que nació, viviendo a la sombra de un futuro marido al que atender y dar hijos… fue sensata, y muy valiente, y se dio cuenta de que quería vivir SU vida, aunque le costara más, aunque fueran a señalarla siempre con el dedo por no ser quien se esperaba que fuera. Y, ¿ha cambiado mucho todo eso después de cien años? No puedo decir que mucho. Han cambiado leyes, algunas cuestiones prácticas, evidentemente ahora lo tenemos más fácil las que no queremos ser “mujeres virtuosas” de lo que lo tenían entonces. Pero seguimos siendo señaladas con el dedo, y hay fuertes corrientes de individuos retrógrados (entre quienes se encuentran multitud de mujeres, y ése realmente es el verdadero problema) que siguen queriendo conminarnos entre baberos y fogones.

La publicidad de Seix Barral intenta vendernos a Mary MacLane de una forma superficial y rápida diciendo que fue la precursora de los blogs. Incluso en el prólogo de Luna Miguel (pueril y esforzado, que hasta nos saca la sonrisa que aparece viendo a un niño jugando a ser mayor, concentrándose en no salirse de los bordes cuando pinta en un papel) se dice que tiene aptitudes cibernéticas, sin explicar el por qué con argumentos sólidos: es muy fácil deslumbrar con una sentencia brillante… vacía de contenido. Y muy infantil también.

Mary MacLane fue una chica insatisfecha durante su primera juventud y quería que la Fama y la Felicidad aparecieran de la nada y llenaran de color su vida gris: esto le sucede a mucha gente que,  creyéndose genios, convencen a su entorno más cercano de su genialidad, se escudan en que el mundo no está preparado para ella y permanecen en ese estado de comodidad hasta el fin de sus días.

Pues bien, MacLane tenía muy claros sus objetivos y para ello escribió este libro, creó polémica, ganó dinero y con ese dinero se fue (atención: se fue, en pleno comienzo del siglo XX siendo una mujer extremadamente joven, sola y procedente de un entorno rural estadounidense), vivió su propia vida como le vino en gana y jamás contradijo la esencia de los pensamientos que ya de adolescente comenzaron a fraguar la que sería su personalidad definitiva. Una personalidad original y pura, que no estaba basada en nada, fuerte y arriesgada, que no necesitaba de otra más fuerte y dominante que tirase de ella. Bien por Mary MacLane, fuera quien fuese.

¿Fue transgresora? Sí. Pero no por el hecho de escribir un diario (porque se trata de un diario, o un retrato personal como ella prefiere llamarlo, en ningún caso un blog como Seix Barral y Luna Miguel quieren hacernos creer), sino porque no plasmaba en él las típicas aspiraciones de una adolescente de su época. Aunque estuviera equivocada en las formas (algo totalmente lógico en un espíritu joven de cualquier siglo), el trasfondo de todo lo que pensaba era muy sólido y muy puro, estaba muy segura de cómo quería vivir su vida y en eso hay que reconocerle un gran mérito.

Escribe con estilo, cita a Shakespeare en más de una ocasión, a Dickens, a Byron. Disfruta asimilando nuevos conocimientos y es capaz de apreciar la belleza de las cosas pequeñas, nos va a caer bien. Como decimos, adolece de toda esa rebeldía propia de la juventud pero desde luego encontramos el suficiente material entre sus escritos como para considerarla una precursora y un modelo a seguir. Es necesario liberarse de prejuicios antes de leerla (será mucho más fácil si no tenemos ninguno ya en el primer momento, desde luego), y coger con pinzas todas aquellas cosas que dice y que nos hacen pensar que va de farol porque, obviamente, muchas de las cosas las dice para provocar, no piensa todo exactamente tal y como lo expresa, y en cualquier caso el lenguaje es siempre limitado.

En fin, se termina este libro admirando a Mary MacLane y comprendiendo con ternura su naturaleza: a los 19 años quería ser feliz y aún no sabía que quienes analizan las cosas al nivel que ella lo hace, nunca lo es.

El discurso apasionado de Mary MacLane ha atravesado cien años para venir a ponerle voz a nuestra coetánea silenciosa Emily the Strange, si me permiten la comparación: si alguien alguna vez se ha preguntado qué pasa por debajo de la hermosa cabellera de la preciosa niña oscura de los gatos (más allá de las breves sentencias que ella nos brinda), aquí tienen una posible respuesta muy aproximada.

¿Por qué este libro no es un libro más? Porque MacLane era capaz de escribir a pinceladas, otorgando a cada instante un fondo de color, o luz, o contornos o incluso movimiento a todo aquello que escribía, haciendo que la siempre mágica conexión entre autor y lector fuera esta vez un poco más allá. Escribió este libro en tres meses, y unos diez años después redactó un epílogo que nos espera como brillante traca final en las últimas páginas del libro. Ya les he presentado a Mary MacLane: ahora, disfruten de su fantasma.

Mary MacLane
Reseña publicada originalmente en la web Anika entre libros.

domingo, 20 de noviembre de 2011

"Lulu" - Mircea Cărtărescu


Hace unos días afirmaba que "Cegador" desprendía la luz rara de lo grotesco. “Lulu”, libro en el que Cărtărescu explora las claves de su adolescencia, también encaja bajo esa definición: el texto comienza de una forma más objetiva y lineal pero, a medida que avanza, se sumerge igualmente en las aguas de lo soñado.

“Lulu”  es un experimento: supone un punto y aparte en la carrera literaria de Mircea Cărtărescu. Hasta el comienzo de la redacción de “Lulu”, había tenido mucho éxito, sobre todo con sus relatos, y adquirido reconocimiento mundial. Pero hay algo en su interior, una puerta que permanece cerrada desde hace muchos años, que le impide seguir adelante con normalidad, por eso se retira para escribir el texto que le eliminará de todas formas: si no consigue abrir esa puerta a golpe de pluma, morirá ahogado por su propia angustia y le encontrarán, ya descomponiéndose, volcado sobre el texto, fundiéndose con él.

(...) Mi sangre debe de haberse mezclado con remolinos de aire y debe de haberse cargado de islas de cuajo. Envejecido por filones de linfa, saliva, bilis y esperma, mi sistema arterial ha reventado como los viejos conductos de gas y, sin embargo, tengo que dominar los locos latidos de mi corazón, las dilataciones y contracciones de mi cerebro, que bombean adrenalina, tengo que permanecer lúcido hasta el final. Hay que mirar al drama cara a cara, aunque sea solo por un instante. Luego la hemorragia puede irrumpir en los subterráneos de la mente, puede rebosar por las encías y la nariz y caer sobre estas hojas, empaparlas y transformarse en el quinto humor, el jugo azul de la tinta. Me encontrarán como siempre he querido: putrefacto desde tiempo atrás, con la cabeza derrumbada sobre mi manuscrito, pegado a él, uno con él... Él, carne de mi carne; yo, texto de su texto...

Si, por el contrario, consigue abrirla y arrojar luz sobre ese recuerdo oscuro, una parte de él también habrá muerto, pero esa muerte supondrá desprenderse del peso que le atenaza y adquirir alas para comenzar a volar, de una vez por todas libre.

Por eso, “Lulu” es un viaje mágico a las profundidades de la mente. Cărtărescu recorre los lugares más oscuros de su conciencia, a través de recuerdos más o menos vagos, infectados de sus obsesiones y repletos de las mismas imágenes que ya se esbozaban en “Cegador” y que constituyen sus filias y fobias más recurrentes, esforzándose en todo momento (dejándose la piel) por desentrañar las oscuridades de cada instante de su pasado. El lector hace con él el descenso y camina pesadamente por estancias cubiertas de lodo, de mariposas devoradas por horribles arañas, repentinas luces cegadoras, miedos atávicos y sonidos orgánicos de procedencia desconocida. Impresionante y magistral, “Lulu”.

(...) Cuando metían goles aullaban todos al unísono, los gritos de las chicas tapaban entonces los trinos y el susurro de los árboles. ¿Con qué podía enfrentarme a ellos? ¿Con mis miserables versos? ¿Con mi camisa de nylon? ¿Con mis ojos, que no podían fijarse en ningún objeto porque ningún objeto de este mundo les interesaba?

martes, 13 de septiembre de 2011

"Deseo de ser punk" - Belén Gopegui


Leer "Deseo de ser punk" es una experiencia similar a escuchar una de esas canciones inmortales, desgarradas, salvajes, de las que "no suenan sino que te atraviesan por dentro". Con los ojos cerrados y el volumen muy alto.

Es la voz de una adolescente que no se centra exclusivamente en la revolución hormonal propia de la edad, en los chicos, cotilleos, amigas-barbie y centros comerciales, como es la tónica habitual en las secciones de libro juvenil actual (por no hablar de los elfos-fantasma que luego resultan ser vampiros). Al contrario; recrea a la perfección los pensamientos que todos hemos tenido al atravesar esa etapa de nuestra vida, cuando se buscan con anhelo aquellas cosas que te reflejen e identifiquen: amigos con gustos similares, la ropa, sobre todo la música y la literatura... o lo que es lo mismo, la búsqueda de un código, como lo define Gopegui a lo largo de toda la novela. Teniendo la música rock (referencias continuas a letras de canciones y temas míticos) muy presente en todo momento.

Me ha encantado que el libro me absorbiera ya en las primeras páginas con frases increíblemente bien escritas y cargadas de significado. Luego, cada personaje que aparece es memorable y brillante, si fueran actores en una película diría que todos, sin excepción, han estado tremendos.

Es un libro muy recomendable para adultos porque verán reflejada parte de su propia adolescencia y disfrutarán de literatura de buena calidad, pero también para niños que empiezan a interesarse por novelas que se encuentran a medio camino entre "juvenil" y "adulto", porque a esas edades es muy importante que no estropeen una etapa crucial en sus vidas leyendo textos de más que dudosa calidad como las "Canciones para Paula" por citar sólo un ejemplo, porque habrán errado el camino. Y una pequeña piedra en ese tramo puede suponer el abandono.

Sublime y sorprendente, en definitiva. Seguiré buscando a Gopegui en los estantes. Siguiendo una recomendación altamente fiable, el próximo será "El lado frío de la almohada".


Creo que el rock me está gustando porque vive con la muerte, la sabe.




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