jueves, 3 de agosto de 2017

Eres culpable e ilegal: cógelo todo



MÁS RAZONES PARA LA ESCRITURA
Qué inmensa la tristeza de un cuerpo que has amado,
qué abandono tan cruel su peso entre las sábanas
señalando inequívoco las ausencias futuras:
la muerte, el desamor, la enfermedad, el tiempo.
Perfecto en su belleza de un instante. Inasible.
No hay modo
de retenerlo así. Ni las palabras
podrían suspender esa condena
de la fugacidad: escribe y calla.
Que un verso lo sostenga en el vacío,
que milagrosamente se eternice
cuanto vas a perder.
            No es suficiente
que hayas amado mucho y hasta el fondo.
Antes de que la luz se apague, escribe.
Escribe, escribe, simplemente escribe.

JOSEFA PARRA
Cádiz, 1965

   *

ALGUIEN SALVAJE
                      ¿A quién quieres resistirte?
                      Álex Gil
No ves que el virus entra
ya en los cuerpos, viene
cabalgando en los hombros
de todos nosotros. No temas,
si no es el virus será el tiempo, el dinero,
o el otro quien te tuerza. Deja de invocar
al plástico o a tus cremas para negarte
a ser una vieja vencida en un resort turístico.
Las listas de los más vendidos
se hacen sin ti, niñas limpias ocupan
tu puesto bajo tus esposos. Pero
también, date cuenta por fin,
si estás fuera de foco serás libre,
nadie mira más allá de los programas
televisados;
ahora puedes entrar a donde quieras,
eres culpable e ilegal: cógelo todo.
Que el barro de las lluvias
ácidas y ralas de este clima huraño oculten
la huella hendida que vas dejando
tras tu paso.

CRISTINA MORANO
Madrid, 1967


   *

UN RECUERDO
Nos decían que tuviésemos cuidado, que al menor descuido los hombres nos harían cosas malas. Esa expresión llevaba en su sonido el agua de las alcantarillas, algo sucio, y oscuro, como los senderos del bosque. Sin embargo, la dejábamos posarse en nuestras bocas para sentir la viscosidad de lo desconocido.
En los portales, tendidas bajo débiles bombillas, nos traspasaba las nalgas la dureza fría de las losas, y apretábamos las piernas una contra otra para descubrir el brillo de la perla rosada. Nos examinábamos las lapas de los pechos. Chupábamos cucharillas.
A continuación, nos ajustábamos los calcetines blancos y corríamos de calle en calle con la cartera de la escuela en volandas. Nuestras rodillas eran palomas confiadas; los lazos del pelo, señuelos deseosos.
Y no decíamos ni palabra. Dejábamos que los días pasaran tan solo, y nos llegase la edad de dejarnos tocar.

UNA REVELACIÓN
He encontrado un gato muerto atrapado en el sótano. Su piel parecía un retal de terciopelo arrugado. Estaba ya hueco por dentro, pero se distinguía la cabeza acurrucada entre las patas.
Tocar ese cadáver con la punta del pie me ha revelado la forma en que quiero morir.
Ha tenido una triste muerte el animal, triste pero limpia: se ha deshecho de su envoltorio con total discreción.
También de la gaviota que anidaba en el tejado y obstruía con sus plumas y su mierda el canalón no quedó más que el plumaje vacío.
No quiero sillas a mi alrededor del día de mi agonía, ni dedos palpándome el pulso, ni aliento de dudas atando con su ancla al nombre a punto de escapar: ¿ya? c’est fini? ¿y ese parpadeo?
Muera yo como una bestia humilde en la médula de la soledad.
Para después resecarme, endurecerme y vaciarme sin manchar con mi imagen las pupilas de los que amo.

MIREN AGUR MEABE
Lekeitio (Vizcaya), 1962

   *

II
Éste era el sentido
de la profanación
éste el sabor de lo que tanto tiempo
habías masticado. No hacerse
sino
deshacerse.
No hablar
sino callar.
El que espera.
El que recibe.
Besa primero al huésped y le brinda
un espacio
        ofrece
pero no
violenta no atosiga.
Para desmoronarte
así
te habías construido.
-sólo
lo inflexible se rompe-.
Ahora desaprendes la trampa
del lenguaje.
        Lo que dice
tu cuerpo no tiene
boca.

ADA SALAS
Cáceres, 1965
  
(Tras)lúcidas
Poesía escrita por mujeres (1980-2016)
 
Edición de Marta López Vilar
Bartleby Editores


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