domingo, 21 de febrero de 2016

Psicoquinesia



Escarbo con los dedos la arena del suelo de Madrid. Estoy en la orilla del río y los colores son tan insoportablemente hermosos que me han paralizado. La tierra se me cae entre los dedos tan deprisa como lo haces tú, te recuerdo entre una bruma de humo azul, juro que eras de cristal, es imposible que no lo haya soñado.

La orilla no esconde ningún tesoro en una caja de hojalata, ni gatos callejeros enterrados, en este río nunca han flotado botellas con mensajes dentro, nunca nadie escribió tampoco nuestros nombres en el agua: pero juro por estos colores que ningún puto poema de métrica olvidada sabrá jamás lo que hicimos.

Cierro los ojos… y te veo de espaldas saliendo de mi habitación, cierras con cuidado la puerta sin hacer ruido, ahora me asomo a la ventana de puntillas, te veo cruzar la calle, el mejor recuerdo siempre es aquel en el que os alejáis dejándome exhausta.

Me confundes, pero no sabes que es tu indiferencia lo que me mantiene viva, que acecharé lo prohibido hasta encontrar su guarida y cuando lo encuentre… no, cuando por fin lo encuentre no llamaré a tu puerta para que salgas a jugar.

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