sábado, 7 de marzo de 2015

"Los dientes del corazón" - Ramón J. Soria Breña


Nos encontramos ante una recopilación de relatos muy particular, puesto que tiene como leitmotiv la comida, desde el punto de vista de un escritor especialmente exquisito en cuestiones culinarias que, con esta colección de relatos un tanto hedonista, ha sabido unir a la perfección dos de sus mayores pasiones, que son la literatura y la cocina. “Los dientes del corazón” reúne más de cuarenta relatos breves y cada uno de ellos juega a ser una receta, aunque lo que encontramos al empezar a leer es mucho más que eso: la explicación de un plato rodeado de una situación, un hilo argumental, de la vida misma.

Ramón J. Soria Breña es el responsable de un blog en el que encontramos los textos culinarios que componen este libro, y otros muchos más. Este blog existe desde 2008 y navegando por él podemos encontrar absolutamente cualquier tipo de receta que deseemos, y junto a ella, una historia que difícilmente nos defraudará. Ramón también ha escrito novelas de aventuras y prepara nuevos proyectos literarios relacionados con la comida.

Recetas noveladas

Según cuenta el propio Ramón J. Soria en una entrevista, le resulta imprescindible dedicar tiempo y esfuerzo a salvaguardar la cocina tradicional del desdén y el olvido al que se está viendo abocada en los tiempos de superficialidad que por desgracia vivimos. Cada vez se dedica menos tiempo a cocinar buenos platos elaborados a base de productos frescos. Por un lado, la calidad de todos los productos se ve disminuida porque la necesidad de abastecer a una población tan exageradamente grande implica manipular de forma artificial animales y plantas para que sean comercializables rápidamente.

Por otro lado, la popularización de la comida rápida (también conocida como comida basura y no sin motivo), y la falta de tiempo de la población sobreexplotada en sus trabajos, da al traste con la más mínima posibilidad de dedicar tiempo a disfrutar de la elaboración y la degustación de buena comida casera. Desde la noche de los tiempos, comer era un acto social que implicaba muchas otras cosas beneficiosas para la sociedad; ahora (imagínense una triste ciudad dormitorio) se trata de un acto que muchas veces se realiza en soledad, con productos de mala calidad, precocinados, envueltos en plásticos, de procedencia dudosa… mientras, para colmo, se ven en televisión concursos de cocineros atacados de los nervios que para nada transmiten el amor por la buena mesa.

Ramón J. Soria Breña es antropólogo y especialista en cuestiones alimenticias, trabaja como crítico culinario y también es experto en técnicas de supervivencia. Pensamos que ha cumplido con creces su objetivo al escribir estos relatos si pretendía activar de nuevo en el lector las ganas por preparar su propia comida artesana cuidando cada detalle.

Algunos ingredientes de más

Cuando uno se enfrenta al reto de comentar una obra tan especial como esta, puede caer rápidamente en el error de propasarse con el empleo de metáforas culinarias haciendo juegos de palabras del tipo: “este libro les dejará satisfechos”, “no esperen al postre para probarlo”, “relatos jugosos en su punto justo de sal”, “una lectura que no empalaga”, “para todos los paladares”, etc., todos ellos horrorosos, innecesarios y pueriles. Pues bien, los dos prólogos de los que podría prescindir este libro son exactamente así, y pueden ustedes obviarlos, si les parece oportuno seguir mi ejemplo.

Dicho lo cual, hay otro aspecto, en este caso propio ya de los relatos, que no quiero dejar de afear, sin menospreciar en absoluto la obra en su conjunto, que me parece una delicia. Se trata de la exagerada relación que el autor establece entre la comida y el sexo. Quizá si solamente encontrásemos unos pocos cuentos en los que los personajes jugasen a mezclar sexo y comida, podría aceptarlo y darlo por bueno, pero la realidad es que termina resultando molesto, por la insistencia.

Y es una lástima, porque los textos, insisto, poseen una gran calidad. Sin embargo, el personaje principal, que suele encajar en el mismo esquema en la mayoría de casos (hombre heterosexual de mediana edad, con gran gusto por la buena mesa, saber hacer en la cocina, con fuertes inclinaciones intelectuales y muy mujeriego) suele protagonizar multitud de escenas en las que conquista a una mujer preparando para ella algunos platos especiales y las escenas sensuales y/o sexuales se entremezclan en demasiadas ocasiones con la comida. Independientemente de los gustos personales de cada posible lector, la realidad es que tal insistencia, en la literatura (y perdón por la licencia en el juego de palabras) empalaga.

Regreso a los orígenes

Este libro destaca porque logra contagiar al lector las ganas por la buena cocina. Además, el lirismo que desprende su prosa sencilla y directa es una reminiscencia a los orígenes: con una descripción simple y nada engolada de una escena familiar en la que la cocina es el punto alrededor del cual gira todo lo demás, es capaz de transportarnos al mundo que nos está siendo arrebatado y en el que verdaderamente querríamos vivir.

Lo que nos propone es el lugar del que procedemos, es decir, el que existía antes de que una pantalla de cristal se interpusiera entre nuestros ojos y la realidad desde que nos despertamos hasta que nos volvemos a dormir. Vivimos en una burbuja irreal, creamos necesidades que sólo pueden satisfacer impulsos binarios y nos alimentamos de compuestos químicos que seríamos incapaces de imaginar. ¿Por qué? Toda esta pérdida de calidad de vida se lleva a cabo en nombre del progreso, y el progreso nos anima a pensar que es lo mejor que nos puede pasar. Así la rueda nunca deja de girar, pero podemos detenernos un instante y dejar que los relatos, tan sencillos y sabios de Ramón J. Soria nos sacudan por los hombros y nos griten la verdad.


Reseña publicada originalmente en El Mar de Tinta.

1 comentario:

  1. Comparto tu crítica en los "peros" que pones, tienes razón. Y te agradezco todas las cosas buenas que dices del libro. Hace muchos años, cuando comencé a pensar que había hueco en la red para un blog "de cocina" que no fuera "de recetas", pensé que una de las formas de hacer "la cocina" o "cocinar" interesante era mezclarla con "el amor", pensaba que ese "hilo" o pretexto narrativo podía ser estimulante, sin ser original, porque ese camino ya lo había abierto Laura Esquivel. Lo he pasado muy bien con el blog y luego con el libro. Siento la cocina como una militancia, porque los datos indican que cada vez cocinamos menos y comemos peor, a pesar de tanta TV culinaria y tanta moda. Pero, lo repito, muy agradecido por tenerte como lectora y crítica. Un saludo. R.

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