jueves, 21 de marzo de 2019

"Rotundamente negra" - Shirley Campbell Barr




Me niego rotundamente
a negar mi voz
mi sangre y mi piel
y me niego rotundamente
a dejar de ser yo
a dejar de sentirme bien
cuando miro mi rostro en el espejo
con mi boca
rotundamente grande
y mi nariz
rotundamente hermosa
y mis dientes
rotundamente blancos
y mi piel
valientemente negra.
Y me niego categóricamente
a dejar de hablar
mi lengua, mi acento y mi historia
y me niego absolutamente
a ser de las que se callan
de las que temen
de las que lloran
porque
me acepto
rotundamente libre
rotundamente negra
rotundamente hermosa.


Rotundamente negra y otros poemas
Shirley Campbell Barr
Colección Torremozas
Ediciones Torremozas

miércoles, 27 de febrero de 2019

"El complot de las damas muertas" - Jessa Crispin


La librera de Mujeres & Compañía me advierte: ni damas, ni muertas, en este libro las mujeres brillan por su ausencia. Aun así, lo leo. Pero tiene razón. Una se acerca a Jessa Crispin básicamente por su faceta de ensayista feminista, y espera encontrar en todos sus libros pensamiento en esa línea. Precisamente, “El complot de las damas muertas” (por todas las diosas del olimpo, ¡el título se lo deben haber susurrado al oído arcángeles prehistóricos o las mismísimas musas de Pascal Quignard!) es un cuaderno de viajes de carácter autobiográfico, por lo que las referencias feministas, piensa una convencida, deben abundar. Pero, no: es aún peor de lo que me advirtieron.

Hablemos de la misoginia presente en “El complot de las damas muertas”.

Jessa emprende un viaje a través de Europa tras una mala época en la que la idea de suicidio cruza su mente a menudo. La excusa literaria es rastrear el paso de escritores que habitaran los lugares en los que va a vivir durante un tiempo (se queda aproximadamente un mes en cada localización mientras sigue trabajando telemáticamente). Pues bien, cuando empieza a introducir referencias femeninas en su narración, se trata fundamentalmente de mujeres-de, no mujeres-persona. Y se muestra muy dura con ellas, lanzando mil reproches del tipo “no tenía suficiente ambición”, “sus libros no son buenos por mil motivos”, etc.; en concreto, a Margaret Anderson la acusa de “tener demasiadas ínfulas” y se entretiene en ridiculizarla. Más adelante, resulta que Jean Rhys “le repele”. Y así sucesivamente. ¿Problema? Esto no lo hace con los escritores hombres. El comienzo es una Oda-A-William-James que consigue que se te atragante por sobredosis de azúcar, y en general cuando se trata de varones no encontramos esas críticas tan duras.

¿Por qué razón entonces escogería a esas autoras que rastrear, si no le gustan? ¿Para justificar un título perfecto (¡que lo es!)? No sé. Además, hay más o menos la misma cantidad de capítulos dedicados a hombres que a mujeres, no es que se trate de una sucesión de las autoras que la llevaron a recorrer Europa.

Hasta ahí mi crítica más dura; encontrarme esta misoginia tan poco velada entre líneas, me obliga a poner futuras lecturas de Crispin a la cola de prioridades.

p.21 El doctor Logi es menudo y rubio, y tiene esa maravillosa torpeza que adquieren los que pasan
demasiadas horas en compañía de hombres muertos.

Por lo demás; la primera escena, de drama-costumbrismo norteamericano, termina con la siguiente conclusión sobre la idea del suicidio: en realidad ella no quiere estar muerta, sino hablar con los muertos. A mí, estas sentencias oscuro-aplastantes, me conmueven. En ese instante me engancha.

La prosa es fluida, ágil, rápida, se notan sus ganas por entretener y plasmar un testimonio que trascienda lo periodístico, se esfuerza en escribir bonito. La sensación es la de estar perdiéndote el paisaje que corre veloz al otro lado de la ventanilla, por prestar demasiada atención a lo que ocurre dentro del vagón. Además, transmite esa sensación de dulce desorientación, de alivio de no saber dónde estás ni por qué que, a mí, personalmente, me hace mucha falta sentir a menudo. Cada vez más a menudo.

p.126 Empezaré una revista literaria. La llamaré Spolia, un término romano, por qué no. Significa usar las ruinas para construir un nuevo edificio.

Además de hablar de los autores cuyo rastro olfatea, se entretiene mucho analizando la historia de cada lugar que visita, valorando los diferentes puntos de vista desde donde se puede observar, y cómo cambian las conclusiones dependiendo de qué lugar habites (con todo lo que ello conlleva: tu posición en el mundo en un sentido amplio) y por qué.

p.129 No recuerdo cuándo me di cuenta de que me faltaba un collar (…) si eres amable con ellas, las hadas siempre están dispuestas a ayudarte. Así que unté un poco de mantequilla en la parte exterior de mi ventana, dejé un pequeño chupito de whisky, y les pedí que encontraran mi collar (…) una polilla enorme vino volando directamente hacia mi cara. Cogí lo primero que encontré para aplastarla, que fue un guante viejo que descansaba sobre la cómoda. En ese momento el collar perdido se deslizó fuera del guante y cayó al suelo.

Algo muy a favor de este libro: el fragmento (por desgracia demasiado breve) en el que desmonta el amor romántico y la monogamia heteronormativa. Ojalá Jessa Crispin desarrollando la idea y escribiendo sobre poliamor.

Finalmente, sobre la edición: no me gusta mucho Alpha Decay, en esta ocasión me he encontrado un poco lo de siempre, un baile de tildes injustificado si se hubiera realizado una corrección bien hecha. Por aquí tengo siempre mi contacto como correctora profesional de textos por si alguien quiere contratarme. Os juro que muchas veces lo haría gratis porque me supera encontrar errores cada dos, tres páginas. Como lectora me siento estafada y esto me impide disfrutar de la lectura, no sé si os pasa.

p.232 Mejor entonces quedarse en casa, donde estás a salvo y te cuidan, donde puedes mantener tu pureza y tu inocencia, de modo que tus padres no tienen que ir un día a identificar un cuerpo por la constelación de lunares que tienes en la espalda.


sábado, 16 de febrero de 2019

"Las lágrimas" - Pascal Quignard


Esta es una novela que habla de las vidas de los nietos de Carlomagno, los gemelos Nithard y Hartnid, pero a la manera Quignard. Es decir, que no es una novela histórica al uso. A Quignard le interesa la mezcla cultural que tuvo lugar en el nacimiento de Europa, con su ya habitual obsesión por el origen de los idiomas y su personalísima manera de expresarse.

El primer párrafo es un canto a los animales en tanto que seres vivos, amigos, hermanos. Facilita el ensueño a lo que podría haber sido una sociedad antiespecista y civilizada. No lo fue, en absoluto.

Cuando me enteré de la publicación de “Las lágrimas”, ya lo quería. No sabía de qué trataba pero lo quería; incluso mientras leía, el hilo conductor estaba en un segundo plano: lo que me interesa de Quignard es que hace magia con el uso del lenguaje, que va más allá de un lirismo muy cuidado.

p. 23  
EL ORIGEN DEL SOMME
El primer color que se forma en la retina de todos los hombres, en el ojo del recién nacido, es el azul.
Ese color es azul como el mar que antecede a la tierra.
Azul como el mismo cielo, que los antecede a ambos.
Durante un largo tiempo el Somme no era más que un arroyito tan pequeño como el arroyo que brotaba de las fuentes revitalizantes de Saint Marcoul.
Sar era la chamana que tenía en su poder la bahía que abría el Somme en el mar del Norte. Y sus ojos de vidente eran tan azules como lo son los ojos de los niños recién nacidos. Una noche, en el fondo de sí misma, oyó a lo lejos a los islandeses, que llegaban en su barco. Entre los francos, sólo las mujeres tenían en don de la doble visión, porque sólo las mujeres, según decían, son en el origen tanto hombres como mujeres, es decir, tanto niños como viejos, es decir, tanto fantasías como fantasmas. 

Dicen en la ficha de este libro, en la web de la Editorial Sexto Piso, que “Las lágrimas” es el mejor libro de Pascal Quignard. Yo creo que el mejor libro de Quignard siempre es el primero que cae entre tus manos, porque es el que te inicia a él y te abre las puertas hacia su mundo.

p.43 Los abetos son los árboles favoritos de las nubes.

El espanto, la palabra en la punta de la lengua, el sexo, las religiones, en “Las lágrimas” están de alguna manera todas o casi todas las obsesiones del autor francés. Entremezcladas con el pasado, las batallas, la vida medieval.

p.120 (…) había constatado que los humanos que no amaban a los gatos sentían todos, sin excepción, aversión por la libertad.

“Las lágrimas” es un viaje a nuestro origen, a fin de interpretarlo desde el interior de las palabras. Todo lo demás, dados los orígenes de Quignard, sólo es música, o acaso silencio.


miércoles, 6 de febrero de 2019

"Pensamiento monógamo, terror poliamoroso" - Brigitte Vasallo


p.13 (…) he tratado de analizar cómo eso que en Europa denominamos monogamia es un sistema de control sobre los afectos que viene marcado por el neoliberalismo y que genera una forma de pensamiento constitutiva y necesaria a la construcción nacional europea y a su proyecto colonial. (…) Si algo me interesa del resultado es vislumbrar cómo desactivar este sistema en tanto que manera de relacionarnos con el entorno, con el mundo, más allá de si decidimos construir núcleos afectivos a dos, a cinco o a una (…) Para resistir a la violencia individualista, tejer redes rizomáticas.

Rizoma. Deleuze. Ay.

Sigo a La Vasallo en Instagram y una compañera me ha chivado que pronto presentará en Madrid este magnífico ensayo, (que yo compré en Barcelona pero no pude asistir a las presentaciones de allí por una diferencia de unos pocos días: por fin podré sacarme esa espinita).

Me interesa el poliamor como herramienta política, como instrumento contracultural, como guía básica y total para la supervivencia y el bienestar emocionales, como la forma definitiva de derribar todas las estructuras que se nos imponen con la educación por parte del entorno desde que nacemos: la familia, la escuela, los medios, las normas, las leyes. He leído mucho al respecto, pero no lo he comentado por aquí: estaba aprendiendo. Al igual que me sucede con el feminismo, hasta no sentirme bien informada me parece una torpeza hablar sobre ello; a menudo me sucede, surge el feminismo en una conversación con gente que no cita una sola autora, no controla los términos, las diferentes corrientes y frentes abiertos, etc. Replican argumentos-cuñao y frases que han leído en diagonal por Facebook. Suele ser gente que aún tiene Facebook. Háblales de poliamor, y ya verás (“Poli… ¿¿qué???”) 

El poliamor va de la mano del feminismo y de la teoría de género, para mí son temas tan diferentes como inseparables. Y aprender de todo ello me hace ser mejor y deconstruir mis propias barreras.
Brigitte Vasallo es carne de performance, ya nos lo demostró en su libro PornoBurka, de 2013 (del que ya os hablaré más adelante si me animo, puesto que mezcla toda la diversidad habida y por haber –de género, de origen, de orientación sexual, de modelo de familia, etc.– con el día a día en uno de los barrios más hostiles y pintorescos de esa españa profunda que es Barcelona, y como es algo que personalmente me pilla muy de cerca, sé que me voy a calentar escribiendo, y no quiero).

Su performance no termina cuando se apagan los focos o las redes sociales, sino que habla del poliamor desde su propia investigación y su propia experiencia vital. En “Pensamiento monógamo…” critica abiertamente la corriente de académicxs que estudian el poliamor desde la comodidad del sofá monógamo y se atreven a establecer teoría al respecto. Como quienes defienden la legalización de la prostitución bajo el paraguas del argumento “es un trabajo más” en estudios académicos muy eruditos, pero cuyxs autorxs no se prestan nunca a experimentar ni una jornada de ese “trabajo como otro cualquiera” y ser violadxs quizá más de 20 veces en un 8 horas para determinar con fundamento que sí, efectivamente, es sólo un trabajo más.

p.15 Para el discurso académico, somos objetos de estudio, gentecita que pone el cuerpo en algo que ni siquiera entiende, que no sabe explicar y que necesita de señores y señoras importantes, legítimas y mayoritariamente monógamas para analizar nuestra experiencia. Para estudiarnos desde eso que denominan “observación participante” nos “ayudan” con el activismo el ratito que dura su investigación. Denominar a eso participación es como llamar feminismo a que las mujeres entremos gratis en las discotecas. (…) Hay personas poliamorosas y no-monógamas investigando, pero ¿cuántas investigadoras* monógamas han abierto sus parejas, sus tripas durante el doctorado sobre poliamor, dejándose el corazón en todo ese proceso? El conocimiento necesita ser situado, y no se sitúa haciendo sándwiches para un poli-encuentro.

Transcribiría todo “Pensamiento monógamo…”, pero ya veis qué fluido y qué claro escribe Vasallo, hija legítima de la teoría también performativa de Paul B. Preciado, ese P.B.P. apareciendo con bigote en la televisión francesa aún bajo el nombre de Beatriz, grabándose en vídeo mientras se introduce dildos para honrar el fallecimiento de su maestro Foucault, escribiendo para su trabajo de fin de carrera el hito queer por excelencia “Manifiesto contrasexual”, adquiriendo testosterona en el mercado negro para administrársela fuera del circuito sanitario legal para no convertirse en una trans-sometida-al-sistema más…

¿Qué pasa cuando tu naturaleza no encaja en las estructuras sociales establecidas? Que la sociedad hace un alto en sus quehaceres cotidianos para señalarte con el dedo, para meterte el dedo en el ojo si te pilla desprevenida. Cuántas veces he escuchado a compañeras queer lamentarse, “cómo me gustaría haber sido normal, no haber sufrido por esto” y la impotencia que siento en esas ocasiones no os la puedo nombrar porque no hay adjetivos que la definan. Es la sociedad la que no es normal, la que se anticipó a tu llegada y estableció que te ibas a quedar fuera, que eras una ciudadana de segunda, que no valías una mierda.

p.61 El imaginario es tan potente, que no alcanzamos ni a plantearnos que lo disfuncional es el sistema y no nosotras.

Pensadlo, la heteronormatividad dirige nuestras vidas. La arquitectura es heteronormativa (el dormitorio de matrimonio y las habitaciones de los niños, una rosa, una azul); las webs de viajes y paquetes-experiencia son heteronormativas (escapada hetero-romántica, packs de bienestar para ella, ―porque al macho no le interesa cuidarse, a él le venden coches tan grandes como el tamaño de pene que nunca alcanzará―, organización de bodas en torno a la novia, que es a la única que le preocupan esas cosas); la publicidad y los medios de comunicación son heteropatriarcales y sexistas (para vender cualquier cosa colocan el foco en una mujer semidesnuda, ella hace las cosas en casa, él ayuda); los formularios administrativos son heteronormativos y patriarcales (casilla para el nombre de papá, en segundo lugar casilla para el nombre de mamá, si acaso “tutor”, no hay cabida para una familia poli); el modelo 145 es heteronormativo, patriarcal, monógamo y machista (puede que seas hombre y tengas una mujer a tu cargo, viceversa no se contempla, ¿porque... tú no serás un calzonazos mantenido, verdad?) Y así hasta el infinito, hay ejemplos flagrantes para llenar una vida. Ésta, por ejemplo.

¿De verdad has elegido ser hetero y monógama? ¿Habiendo nacido en un mundo sin estímulos heteronormativos, sin estructuras pre-diseñadas, habrías terminado por “elegir” el mismo modo de vida? ¿De veras lo crees?

Nuestra capacidad de elección es tan limitada y tan falsa (es sólo una percepción de libertad, no es real) que hay mares de bibliografía filosófica al respecto, podéis informaros.

Sin embargo, no estoy de acuerdo en todo lo que enuncia Vasallo en este libro. Por ejemplo, en un capítulo titulado “Las herramientas del amo no desmontarán la casa del amo” afirma que el poliamor no es para todo el mundo, sino solo para aquellas personas que habitan los márgenes de los márgenes, las que están “hechas de otra pasta. A base de hostias, pero de otra pasta”. No sé si esto es fruto de la impotencia y la rabia por haber sufrido mucho en su vida, lo cual lamento, pero al llegar a este punto me dolió que su idea del poliamor no fuera de verdad inclusiva, puesto que existe mucha gente que (creo) habita esos márgenes porque a pesar de los privilegios que les han venido dados no comparte ningún tipo de convencionalismo social, no sé, supongo que es un tema más complicado que todo eso, pero no me convenció. Y hay más cositas, pequeñas, pero es que en general estoy muy a favor de este libro y quiero priorizar su capacidad de abrir debate y generar pensamiento nuevo, así como la enorme gravedad de la heternorma hegemónica: tenemos que dinamitar eso de una vez por todas.

p.136 (…) tan disidente y sospechosa es una persona desafectada por el sentimiento nacional como una persona desinteresada en tener pareja.

Estoy muy a favor de este libro porque estoy muy a favor de cualquier herramienta que sirva para destruir las estructuras impuestas que nos embrutecen. Hace falta un gran interés personal y mucha fuerza de voluntad para salir del rebaño y observar desde los márgenes. Porque lo que se ve desde allí, no es bonito. Desde los márgenes se adquiere consciencia de que nuestro día a día se desarrolla en una distopía aterradora, en la sociedad del espectáculo de Guy Debord y el gran hermano de George Orwell, en cualquier capítulo de Black Mirror. 

Personalmente, me aterroriza el hecho de saberme cosificada por la mirada de los señoros de mierda cada-vez-que-pongo-un-pie-en-la-calle, de ponerme en riesgo real de muerte si se me ocurriera la peregrina idea de comenzar una relación con un tío machista; así como el hecho de estar absolutamente rodeada de cómplices de asesinato que si no cosifican a la mujer, sí lo hacen con los animales porque están muy ricos. No sé, adquirir consciencia de todo esto es sumamente doloroso pero te hace más libre, hace que en la medida de lo posible tus elecciones no estén condicionadas por un rebaño, por un anuncio en la tele, por una oferta en el súper. Pero insisto, es necesario ese impulso primero de querer saber, y una vez que empiezas a saber darte cuenta de que cuanto más lees, más consciente eres de lo mucho que te queda por aprender.

*El femenino de Vasallo incluye a los hombres. De nada.

p.19 Quien se ofenda por ser nombrad* en femenino, encontrará en este libro motivos muchísimo mayores de ofensa.


jueves, 31 de enero de 2019

"Introducción al límite" - María Alcantarilla


Cuando hace tiempo leí “La edad de la ignorancia” y descubrí a María Alcantarilla, supe que se trataba de una de las grandes.

La recomendé muy seriamente entonces. Me impactó la manera en que hablaba de la necesidad de recuperar el instinto y la inocencia, como una filosofía de vida para sobrevivir en el mundo adulto o, mejor dicho, para ser más feliz y más real en él.

Si os acordáis, os contaba que en “La edad…” había un vaivén de géneros cuando la poeta hablaba en primera persona. Quienes me seguís sabéis que me parece importantísimo utilizar un lenguaje inclusivo no binario, ya que el lenguaje es realmente nuestra única arma para acabar con la lacra patriarcal. Además, mis lecturas siempre incluyen algún tratado sobre teoría de género. Pues bien, en esta ocasión los primeros versos ya nos hablan en un masculino “descarado”. ¿Estamos ante poesía queer? ¿Poesía que no entiende de géneros? ¿O que los entiende tan bien que los utiliza en cada momento según corresponda? Porque si hay algo de esto, me encanta: es algo que se añade a lo genial que ya me parecía la poesía de María antes.

Lo que aquí tenemos son poemas que tratan de la manera de explicarse las ausencias, de dar otra forma a la idea de la muerte, del no-retorno. Habla de lo que nos cuentan acerca de la pérdida, en contraposición a lo que sentimos llegado el caso.

p. 83 
Pero ¿no es el dolor otra fisura,
otro modo de estar y de entender
que quienes viven
aún deben darle al mar todas sus olas?

En una entrevista concedida por la autora, explica que este poemario gira también en torno al “lenguaje como forma de construir, en primer lugar, una identidad y, en segundo lugar, un marco relacional con el resto de personas”. Esa forma de enfrentarse a la literatura me parece hermosa y muy necesaria. Así, la escritura es la manera de dar forma física a los pensamientos y conseguir hacer de todo eso algo útil, que parta desde dentro hacia fuera, y que sea verdad. “Introducción al límite” es, un poco, una manera de purgar (o de sanar) todo aquello que no digo porque fuera del marco poético, además de inentendible, perdería sentido (…) sigo siendo un poco abstracta, me parece que en este libro hay un esfuerzo por traer la idea a tierra".

El poemario se distribuye en cuatro apartados: “Umbral” hace las veces de bienvenida o declaración de intenciones; “Proyección de perspectiva” habla de cuestiones tan dispares y cercanas a la vez como son la maternidad, el odio entre los hombres, el mundo hostil en el que se desarrolla todo, los hijos no deseados, los recuerdos de la infancia, etc. En este apartado hay siete poemas cortos, mas uno largo y denso al más puro estilo Juan Carlos Mestre que brilla y roba el protagonismo al resto. “Punto de fuga” se divide en poemas cortos o muy cortos y lo que más encontramos son pequeñas reflexiones en torno a la muerte.

p.62 Sospecho que no nos conocemos, que existe entre nosotros una sombra parecida a la que el cielo proyecta en las tormentas

No tiene miedo a volver la mirada hacia las cosas menos amables. Por último “Un segundo después” analiza la forma en que morimos y sí, es un tanto tétrico y cruel, pero también realista al mismo tiempo.

p.69 
Quizá la enfermedad sea otro lenguaje.
Quizá aquel hombre sepa
que ha llegado el momento
de intentar aprender un nuevo idioma.

Me sigue alucinando su control sobre el ritmo interno de los versos, su gusto en la elección de las palabras, el modo en que las encadena, como un baile. Cada vez veo que hay más defensores de esa pseudo-poesía que en realidad es un montón de juegos de palabras enlazados, afirman que como les conmueve, es poesía, y me pregunto si todos son filólogos o qué demonios pensarán entonces cuando se enfrenten a poesía de verdad. A un libro como este. En fin.

Sin duda, “Introducción al límite” supone una evolución con respecto a “La edad…”, aunque os prometo que ese poemario ocupa un espacio muy especial en mis estantes. “Introducción…” quizá sea una proeza técnica, una colección de textos más oscuros y maduros, en los que esa destreza de la que os hablaba, se hace más patente.

Además, aunque principalmente nos hable de muerte y enfermedad, que son lugares a los que habitualmente preferimos no mirar, también hay espacio para la ternura y la belleza en este poemario.

p.87 
El milagro y su discreta persistencia
también es invisible.
Hay un hombre observando cómo un mirlo
defiende su terreno
mientras él se pregunta por la vida;
una anciana limpiándole la flema
a un marido lejano
que olvida cada día
hablar con su memoria
pero sabe a quién ama
y acaricia la sombra compartida
como un niño regala la torpeza.
Hay un perro lamiendo
la herida de su dueño, entre basuras,
y alguien mira con celo
la pericia animal y los afectos
como si esto pudiera consolarlo
mientras calla su voz y vuelve a casa.
Porque el milagro y su impúdico tamiz
de gallinita ciega
que nos muestra los pasos acertados,
mientras los desoímos,
inunda cualquier calle.
No es ciego aquel milagro que sucede:
también el corazón cierra los ojos.


domingo, 27 de enero de 2019

"El cuadro del dolor" - Ana Castro


“El cuadro del dolor” es el debut poético de la jovencísima y talentosa Ana Castro. Es un libro que parece haber sido escrito por necesidad, por plasmar sobre el papel el dolor que se empeña en no abandonarla y que, por ser invisible, es necesario nombrarlo para conseguir la empatía y la comprensión de los demás. Pero esa es solo mi impresión.

Hay un bosque de agujas de pino en mi vientre.

Ana Castro es una Frida Kahlo andaluza para quien los avances médicos de este siglo XXI no son suficientes, nada consigue eliminar el dolor que siente. Toda esa ciencia a su disposición y sin embargo: operaciones, salas de espera, cicatrices, tratamientos y medicinas. Pero el dolor persiste.

Los médicos impotentes, a veces avergonzados, a veces pidiendo perdón y sólo son capaces de repetir entre ellos como un mantra: “el cuadro del dolor… el cuadro del dolor…”

Pero el dolor no,
el dolor es transparente-casi-invisible
acaso una vibración en el rostro
o una súbita contracción del vientre.
por eso hay que nombrarlo, decir MI DOLOR

Si la seguís en redes sociales, donde a veces comparte pinceladas sobre su vida en los centros de salud, también descubriréis que hay médicos que no creen su dolor, lo cual es algo ya doloroso en sí mismo: como no encuentran la causa física suponen que su dolor tiene un origen psicosomático, le dicen en su cara que el dolor está solo en su cabeza, que son imaginaciones suyas, que en realidad no tiene ningún dolor. He vivido tantas situaciones rocambolescas y bizarras en las consultas de la Seguridad Social que yo la creo: creo en su dolor y algo en mí se retuerce de impotencia por querer extirparlo.

Otro dolor añadido es la añoranza de la hija que no puede tener. Planea entre las páginas de este poemario tan pálido como una pena complementaria, por si no había ya bastante sufrimiento.

Y NO. El dolor no es normal,
es extraordinario:
es confeti tóxico y mariposas oscuras
prendidas en la lengua.
Pero cuando la piel se agrieta
y rugen los murciélagos dentro
y la vista se nubla porque el ruido en el abdomen,
y los puños golpean el vientre desde dentro,
entonces, justo entonces,
si me preguntas de nuevo al borde de la puerta
del despacho o al salir del baño, te diré eso:
me duele lo normal.
Mi dolor normal:
erupciones volcánicas de colores,
un espectáculo pirotécnico privado.

Su poesía es la de las cosas sencillas: la madre, la casa, los gestos pequeños, las mujeres cuidándose entre ellas. Tras pasar las primeras páginas y cuando el dolor empieza a empañar todas esas imágenes, a hacerse protagonista, dejando a la autora impedida para la vida que llevaba antes, se me han caído las primeras lágrimas y he tenido que posponer la lectura un buen rato.

Recuerdo una frase que repetía alguien a quien creía conocer: “El dolor es sólo dolor”, cinco palabras que reducían el dolor al plano físico del que no debía dejarlo salir, relativizando así los padecimientos corporales en contraposición a las heridas sentimentales. Algo así como una filosofía de vida para quienes están condenados a convivir con los analgésicos.

y noto que la vida bulle pero no me alcanza.

Y todo ese sufrimiento que no acaba, transformado en arte. Enhorabuena, Ana Castro.


jueves, 24 de enero de 2019

"El orden del tiempo" - Carlo Rovelli


Es un auténtico privilegio aprender sobre el funcionamiento intrínseco del tiempo en una ciudad donde parece haberse detenido: o, al menos, donde la experiencia de la cadencia de su transcurso poco tiene que ver con la vivida en otros lugares. Cádiz.

Un hilo rojo ya muy envejecido me une a este lugar, donde pasé unos meses, hace diez años. Diez. En estos últimos días no he podido dejar de pensar en esas casualidades, tan perfectamente simétricas, que hacen que a veces los círculos se cierren de formas tan perfectas.

Mi madre me dijo que lo que fui a hacer a Cádiz antaño, me devolvería algo en algún momento del futuro. Quién sabe qué me habrá llevado, pero he pasado unos días muy felices en esa hermosa ciudad, embelesándome con el espectáculo increíble de las puestas de sol con esa orientación de las playas tan privilegiada.

p.11 “En el mundo sin tiempo debe de haber algo que en cualquier caso dé origen al tiempo que conocemos, con su orden, su pasado distinto del futuro y su tranquilo fluir. De algún modo, nuestro tiempo tiene que emerger a nuestro alrededor, a nuestra escala, para nosotros.

Sobre todo, he reflexionado mucho en torno al concepto tiempo, mientras caminaba sobre la arena o buscaba sitios para comer donde no se sacrificaran inocentes (os recomiendo encarecidamente La Veganesa, merece la pena ir hasta Cádiz sólo para comer ahí), ya que una de mis lecturas de estos días fue este ensayito del físico teórico Carlo Rovelli, uno de los fundadores de la gravedad cuántica de bucles.

En general, las personas no sabemos nada sobre el tiempo. Damos por hecho que transcurre de la misma manera en que lo percibimos con nuestros sentidos tan imperfectos, y no es así.

p.16 “La capacidad de comprender antes de ver constituye el corazón del pensamiento científico. En la antigüedad, Anaximandro comprendió que el cielo continúa bajo nuestros pies antes de que hubiera barcos que dieran la vuelta a la Tierra. En los comienzos de la era moderna, Copérnico comprendió que la Tierra gira antes de que hubiera astronautas que la vieran girar desde la Luna. Del mismo modo, Einstein entendió que el tiempo no transcurre de manera uniforme antes de que hubiera relojes lo suficientemente precisos para medir la diferencia.

No he podido quitarme esta cita de la cabeza, mientras leía este ensayo: “Las cosas que me pasan sólo pasan: son como fantasmas que se arrojan de repente desde el futuro al pasado – haciéndote al pasar un guiño. Como pasa el viento.” Pertenece a Miguel Morey, en su maravilloso “Deseo de ser piel roja”.

También recordaba a manudo a los Mondoshawan de “El quinto elemento”, afirmando con parsimonia: “el tiempo no es importante, solo la vida es importante”.

En la inquietante película “La llegada”, los extraterrestres regalan su idioma a los humanos, el heptapodo, creado para esa película y que se basa en la hipótesis de que la lengua que hablamos determina la forma en que conceptualizamos y clasificamos la realidad. El lenguaje heptapodo es lo mismo que el pensamiento, inseparables uno del otro, por eso cuando se aprende este “idioma” se es capaz de ir más allá, se aprende también una nueva forma de comprender y asimilar el tiempo, se es capaz de percibirlo como algo circular, en el sentido de que no hay un pasado ya remoto y un futuro por conocer, sino que todo forma parte de una misma cosa: pasado, presente y futuro son, sencillamente, al mismo tiempo. Los símbolos en que esto se plasma, son asimismo circulares, y una búsqueda rápida en Google os mostrará la cantidad de gente que se ha tatuado esos diseños inventados (son extraños pero de alguna manera, hermosos).


p.26     
ΔS ≥ 0
Se lee: “Delta S, es siempre mayor o igual a cero”; y a esto se lo denomina el “segundo principio de la termodinámica” (el primero es la conservación de la energía). Su contenido es el hecho de que el calor pasa solo de los cuerpos calientes a los fríos, y nunca al revés.
Perdóneme el lector la ecuación: es la única del libro. Es la ecuación de la flecha del tiempo; no podía dejar de escribirla en mi libro sobre el tiempo.
Es la única ecuación de la física fundamental que conoce la diferencia entre pasado y futuro. La única que nos habla del fluir del tiempo. En esta inusual ecuación se oculta todo el mundo.
Quien lo desvele será un desventurado y simpático austríaco, nieto de un fabricante de relojes, un personaje trágico y romántico a la vez: Ludwig Boltzmann.
Es Ludwig Boltzmann quien empieza a vislumbrar lo que se oculta tras la ecuación ΔS ≥ 0, lanzándonos a uno de los saltos más vertiginosos hacia nuestra comprensión de la gramática íntima del mundo.


El tiempo transcurre de forma diferente para un reloj inmóvil que para un reloj en movimiento. Las masas, al igual que la velocidad, también ralentizan el tiempo; pasa más rápido a mayor altura que más cerca del núcleo de la Tierra. Aunque no seamos capaces de percibirlo. Es difícil asumir toda esta información cuando nos regimos por el Tiempo Universal Coordinado (UTC), que es ajustado e impreciso, acorde a la astronomía y basado en complejos cálculos y observaciones. También, por husos horarios, que suma o resta una hora según estemos de un lado u otro de las líneas virtuales que se dibujan sobre los mapas, a fin de homogeneizar la medida del tiempo en el planeta de forma ligeramente imprecisa, pero al fin y al cabo práctica.

Me ha faltado que Rovelli profundizara en algún momento en el experimento imaginario del gato de Schrodinguer, que fue concebido como una parodia para poner en tela de juicio y escarnio público las paradojas (y, a priori, contradicciones) de la física cuántica (algo puede ser y no ser al mismo tiempo). Pero lo que se hizo famoso… fue el gatito.

“El orden del tiempo”, además de un ensayo divulgativo sobre la paradoja espacio-temporal, es un hermoso conjunto de reflexiones filosóficas y poéticas que no pierden de vista la física. Un texto de esta naturaleza no tendría cabida en las publicaciones académicas, por lo que sospecho que se trate de una concesión que se hace el autor a sí mismo, o más bien de un capricho, para transmitir sus conocimientos al gran público de la forma más hermosa de la que es capaz: solo por eso, este libro me parece una joya.

p.93 También eso es el tiempo. Un extraño distorsionador de perspectivas. 

También, a raíz de todo esto, os recomiendo la película “Las leyes de la termodinámica”, que intenta establecer, como en un juego, relaciones entre estas leyes y las del amor romántico de pareja heterosexual y monógama… ya lo sé, pereza. Pero, por lo demás, es muy entretenida y se aprende sobre física, además si conocéis Barcelona podéis jugar a adivinar las localizaciones.

p.36 Ahora no significa nada.

miércoles, 23 de enero de 2019

"Oculto sendero" - Elena Fortún


Elena Fortún nunca debería haber tenido que esconderse.

Encarnación Aragoneses Urquijo (1886-1952), conocida como Elena Fortún desde 1928, año en el que se empezaron a publicar las primeras historias sobre el enorme personaje literario Celia, hizo soñar a niñas durante generaciones. Hizo, porque ahora no sé qué leen. Quién sabe, quizá algunas sigan leyendo a Celia (os recuerdo que mis femeninos siguen incluyendo a los varones: de nada).

En 2016 vio la luz “Oculto sendero”, una obra que la autora siempre mantuvo exactamente eso: oculta. Quienes han vivido oprimidas y traumatizadas por esta sociedad inhumana o por sucesos especialmente hostiles, difícilmente abren su corazón, aunque pasen décadas y el horror ya haya quedado atrás. Nunca queda atrás realmente, mientras el mundo siga siendo hostil y no se eduque en la empatía ni en el aprecio y cuidado por la vida… es comprensible que todo lo no hegemónico se oculte, por miedo a los ataques. Fortún sufrió una larga agonía antes de su muerte y pidió que se destruyeran sus manuscritos más comprometidos. Escrito a máquina con tinta morada se encontraban “Oculto sendero” y “Celia en la revolución”, que se desarrolla en el contexto del exilio durante la Guerra Civil española.

En esta novela con tintes autobiográficos, donde no sabemos qué es ficción y qué es verdad, tenemos a una protagonista que comparte muchos paralelismos vitales con la autora. Vive oprimida por una serie de convencionalismos sociales ante los que se rebela en la medida de sus fuerzas y posibilidades: por ejemplo, un matrimonio que no desea.

Casarse fue un disparate.

Hay una escena en las primeras páginas, cuando la protagonista aún es muy pequeña, en la que comparte una comida con su familia de brutos, en un restaurante. En seguida, la niña se fija en una mesa cercana donde almuerza una pareja de mujeres de aspecto andrógino, que desprenden un magnetismo en el que de alguna manera esa niña se refleja. Su visión le hace sentir cómoda y le encantaría poder estar con ellas, aprender de ellas, ser como ellas. Libres, hermosas: hermosas en tanto que libres.

Su “tradicional” y espantosa familia se encarga de reprimir sus instintos naturales y de obligarla a naturalizar lo fingido, lo convencional, todo lo que se espera de ella. Critican todas las identidades que no encajen en su rancia moral, a la que no cuestionan. La primera escena de la novela representa un berrinche de la niña cuando recibe un vestido “de princesita” en lugar del traje de marinero con gorra que había pedido y con el que soñaba. La androginia, en fin, el rechazo por lo “femenino impuesto” ya habitaba en ella antes aún de tener referentes, de saber qué era o de ponerle nombre.

Es una delicia leer esta novela porque en el fraseo encontramos a la Elena Fortún de “Celia” pero, a la vez, es muy duro conocer los detalles de una experiencia vital tan dolorosa por culpa de la imposición del (hetero)patriarcado, y explorar las zonas más oscuras (en tanto que ocultas) de la identidad que nunca pudo mostrar libremente. Una vez más, tenemos una historia de homosexualidad reprimida, rodeada de todo tipo de dolor, catástrofes y miserias. Hay lugar para la esperanza, eso sí, pero no seré yo quien os destripe el contenido de los últimos capítulos.

En la vida real, Elena Fortún se escondía en el baño para escribir las novelas de Celia, porque a su mierda de marido le parecía mal que su mujer ganase más dinero que él con un trabajo, para más inri, intelectual.

Creo que esta lectura puede ser interesante para todas aquellas personas que quieran ponerse en los zapatos de otra que haya sufrido violencia a causa de su orientación sexual, también para quienes no puedan pensar en los libros de Celia sin añoranza o, en fin, para cualquier persona con sensibilidad y empatía.

En mi caso, he llegado a este libro porque desde hace tiempo, en las bibliotecas públicas de la Comunidad de Madrid, hay un espacio para todo tipo de materiales relacionados con la cultura queer. Aunque es una desgracia que esto tenga que llevarse a cabo para poder normalizar de una vez algo que es perfectamente normal, es una buena idea en tiempos en que la visibilización todavía es necesaria. Cuando vi el cartel y los colores de la bandera arco-iris en los tejuelos, me produjo curiosidad, ¿qué títulos y qué películas habrían seleccionado? ¡Pero si podrían identificar más de la mitad de la biblioteca como queer!

Por último, hay un detalle grave que no quiero dejar de comentar. En el comienzo de este libro hay una nota de las editoras aclarando que el manuscrito original estaba plagado de erratas y que, por tanto, ha sido convenientemente corregido. Tengo que respirar hondo antes de seguir.

(Oh benévolas editoras, os alabamos).

Soy licenciada en Biblioteconomía y Documentación, tengo el título de Corrección profesional de textos (podríais contratarme), escribo reseñas desde hace más de 10 años y conozco bien el mundo editorial: los libros se han de corregir, siempre, igual que se maquetan también siempre, o se traducen a veces. No hay más. La figura de la correctora ortotipográfica o de estilo, es necesaria: esa intervención, previa a la publicación, no hace mejor ni peor la labor de la autora del texto (recordad que mis femeninos siguen incluyendo a los hombres: de nada). Necesaria, decía, porque somos humanos e imperfectos. Indicar que la autora dejó un manuscrito plagado de erratas es una falta de respeto y una evidencia de profundo desconocimiento de los procesos de la industria editorial. Muchas autoras entregan verdaderos truños que han de rehacerse casi por completo, pocas veces revisan los textos en pruebas, ya maquetados y corregidos, ni participan en ninguna fase del proceso editorial; también muchas veces se publica de cualquier manera, vendiéndose por tanto libros defectuosos, y las lectoras los compran sin percatarse de ello, porque la corrección gramatical y ortográfica no es precisamente un valor en alza. Yo cada vez encuentro más erratas, ¿no os pasa?

¿Sabéis qué es lo mejor de todo? Que el libro está corregido con el culo mal. Las tildes diacríticas están mal ¡casi todas!, el leísmo navega a placer entre las páginas y las rayas de los incisos en los diálogos están mal puestas ¡¡todas!! ¿Qué demonios han corregido exactamente las editoras, con su excelsa benevolencia y su buen hacer? ¿¡Qué!? ¿Quizá cosas que estaban bien en el original…? Porque de otra forma no se explica una cantidad tan exagerada de meteduras de pata. Espero de verdad que disfrutéis de la lectura, a pesar de todo.



miércoles, 16 de enero de 2019

"Historia de una mujer plantada" - La Shatunga


Acaba de salir a la venta la “Historia de una mujer plantada”, escrito por La Shatunga.

¿Queréis saber más?

Pues no mováis vuestro culamen del sofá-silla-sillón /barra/ cama resacosa, ¡y seguid viendo el vídeo!

Con esa frase introduce Carmen, conocida como La Shatunga en YouTube, las anécdotas que cuenta en los vídeos de su canal los domingos por la mañana.

Se trata de un canal de humor sin pretensiones, en el que el protagonismo recae sobre las anécdotas absurdas y descabelladas que le pasan a nuestra autora. Es una de esas personas a las que siempre le pasan las cosas, que sabe cómo empieza su día pero nunca cómo va a acabar. Que vive aventuras porque nunca le da la espalda a una ocasión para hacer alguna locura, es decir, que vive la vida porque deja que le pasen cosas.

Su encanto reside en su particular forma de expresarse, alterando las palabras para conseguir que suenen divertidas. También en el hecho de que ella misma se ríe de las situaciones más absurdas y contagia esa alegría con actitud de “por qué no” y “qué más da”, y sobre todo “hemos venido a pasarlo bien, que son dos tardes”.

Aunque en su canal se pueden encontrar vídeos con tutoriales de maquillaje o recomendaciones de productos de cosmética, creo que no son más que excusas para darle forma al mismo y participar de la comunidad de YouTube, donde aporta un soplo de aire fresco y diversión, con humor blanco con cero cantidad de vanidad.

¿A qué viene este libro entonces, es otro libro más de una youtuber? Bueno, en parte sí, para qué lo vamos a negar. Carmen no es escritora y sus anécdotas en este libro son casi una transcripción de lo mismo que te diría hablando.
¿Y...?
Insisto, se trata de un producto sin pretensiones, yo no diría que esto es literatura sino simple entretenimiento en forma de libro. Ojo, mi intención no es menospreciarlo, es describirlo lo más exactamente posible para que nadie se llame a engaño. No es el tipo de libro que consumo, pero fue una grata excepción que me amenizó un viaje en tren el otro día (se lee rapidísimo), me hizo reír y he visto bastantes vídeos de La Shatunga, que me parece buena tía y me cae bien, por eso lo recomiendo, sin más.

Resulta que, durante estos últimos años, cuando iba contando más y más anécdotas en YouTube, le empezaron a preguntar cada vez de forma más insistente si es que no tenía anécdotas de citas amorosas: su ejército de seguidoras quería saber qué pasaba con La Shatunga en esas situaciones, ¿se convertía en una persona seria y aburrida? En absoluto: ella respondía que tenía mil anécdotas de ese tipo pero que se reservaba para el día en que escribiera el libro que se titularía "Historia de una mujer plantada", como así fue, porque a ella le habían dado plantón sus ligues y parejas de las formas más rocambolescas que se pudiera imaginar, y que el día que todo aquello saliera a la luz el libro sería un exitazo.

Hace unos meses, llegó ese día, en el que la editorial Planeta le escribió un e-mail proponiendo que escribiera un libro porque se lo querían publicar. Y aquí lo tenemos.

¿Qué le pasa a La Shatunga en el amor? Que está enamorada de la idea del amor y busca desesperada a alguien que le dé forma, que se ha tragado el mito del amor romántico y se le ha hecho bola. Es una de esas personas que buscan una relación seria en una aplicación de ligar, y que no van de farol. En este sentido, es mejor tomarse este libro como puro entretenimiento sin más, porque si nos paramos a analizar cualquiera de las historias que lo componen, en realidad nos daremos cuenta de que se trata de historias muy tristes, de una mujer que siente la necesidad de completarse con una pareja masculina, o que no se siente reforzada y segura sin una presencia parejil a su lado. No sé. Ella misma admite haber hecho cosas muy absurdas “por amor” (arrastrarse nunca es amor) y en el prólogo avisa de que esas historias, narradas en orden cronológico, son también una prueba del paso del tiempo y de su madurez a lo largo del mismo: pero esas excusas no me convencen.

"A los dos minutos salí de casa con la excusa de que no había comprado leche sin lactosa y no volví nunca más. 
Puede que tras leer esto os alegréis por mí, porque por una vez no me han plantado, no me han dejado esperando durante horas como una tonta esperanzosa, no me han engañado con otra o directamente no han pasado de mí como de la mierda, pero no os confundáis. En realidad, yo no le dejé, Carmen no le dejó, en todo caso quien le dejó fue una tal Eva Nasarre con ojos negros, porque esa era la persona con la que él quería vivir, con la que él quería salir a practicar sus mierda de excursiones deportivas, a la que quería lavar el pelo con sus pociones mágicas y a la que quería presentar a su madre. 
Yo no existía. Yo simplemente había pasado a ser un óvulo fértil en su fantasía.

Creo que Carmen también tenía una idea muy clara en la cabeza, y que a cada chico que conocía le intentaba meter en el molde para localizar qué parte le apretaba o de dónde le quedaba flojo. Y supongo que cada uno tiene su forma de elegir compañía y sabe qué le conviene, pero echo en falta ese dejarse llevar que considero tan necesario. Ella exigía “unos mínimos” que pasaban por una apariencia física muy concreta y unos gustos musicales también muy concretos. Poco más. Y no me parece nada maduro ni fiable: después de leer el libro y ver cómo se desenvuelve en el terreno afectivo, tengo claro que yo no habría querido salir con ella. Su perfil sería uno de esos tan cerrados que entre líneas transmiten que esa persona en realidad está enfadada, y se traduciría en “no quiero pijos ni pedantes ni chonis ni ni ni…”, es decir, un perfil lleno de prejuicios, tabúes o carencias afectivas enquistadas.

Y esto es culpa de esa represión a la que todas estamos sometidas (el femenino también incluye a los tíos: de nada), el control político que supone el sistema monógamo y de la familia clásica y establecida. Solo hay un colectivo muy reducido de personas (se llaman poliamorosos) que viven y se dejan fluir fuera de ese sistema y pueden tener un círculo afectivo compuesto por una persona que les aporte unos valores y cubra unas necesidades, otra persona con otras cosas, y así sucesivamente. Puedes tener, básicamente, una pareja para follar, otra para tener hijos y otra para hablar de Faulkner en pelotas, donde el respeto, la independencia y los cuidados sean la base para que todo funcione. Pero no nos educan en eso. Ya me he vuelto a ir por las ramas. O no.


viernes, 11 de enero de 2019

"Este torcido amor: la ternura de las ahogadas" - Txus García


Txus García ya nos lo confirmó en “Poesía para niñas bien”: que era un trovador cuir adelantado a su época (mejor: su época retrasada con respecto a él) que no tenía que demostrar nada, que era auténtica y que no pretendía encajar en ningún molde socialmente predeterminado, y que si con sus palabras, de paso, iba a perturbar a alguna mente retrógrada y binaria, iba a gritar más alto y hacer que mereciera del todo la pena. Lo ha vuelto a hacer, en "Este torcido amor: la ternura de las ahogadas".

Por eso, tu hija te ha salido trovador.

La realidad de Txus García es la de la visibilidad y el activismo, una voz cuajada de matices que se nutre de los ecos de Gloria Fuertes y que navega entre géneros masculinos y femeninos yendo más allá, sin miedo a mostrarse vulnerable en sus versos, siempre tan narrativos. Es curioso porque este libro, de la editorial Bellaterra, indica en la cubierta que se trata de narrativa, y no lo es. Los únicos textos en prosa son los dos prólogos (¡dos!) que anteceden a los poemas de Txus.

Me han gustado mucho las ilustraciones, realizadas por Antonio García Villarán, un autor al que no sigo pero sé por redes que es amigo de la adorable pareja formada por Jaime Altozano y Ter (Tercosmicqueen), que me encantan, así como de Txus, por lo que ya me cae bien de manera rizomática. En especial me han flipado los retratos que Antonio ha hecho de Gloria Fuertes y de la propia Txus, y también me ha gustado el hecho de que la cantidad de ilustraciones no sea exagerada (no es algo contradictorio, cuando compras un libro porque te interesa el texto, te puede saturar la inclusión exagerada de imágenes, además pocas veces me gustan los ilustradores que se eligen, los estilos artísticos, etc.)

Lo transgénero, lo canalla, lo transgresor, lo performativo, lo provocador, lo mamarracho, lo inclusivo, lo rebelde, lo queer en el más amplio sentido del término, tiene cabida entre estas páginas.

Del prólogo de Meri Torras:

“Ricardo Llamas, en la introducción a Teoría torcida. Prejuicios y discursos en torno a la homosexualidad (Siglo XXI, Madrid 1998), propone la siguiente traducción de queer, precisamente por su etimología: «Teoría queer, en definitiva, es decir, rarita. O, si apelamos a la etimología latina del término (torquere), sencillamente, teoría torcida» (xi). Aunque no haya usado el término ni una sola vez, la poesía de Txus García puede ser más cuir que nunca en Este torcido amor (la ternura de las ahogadas).

Hay textos sexuales, sobre la crudeza de la vida adulta, familiares, de denuncia, sobre la precariedad laboral, de los bajos fondos urbanos, otros que creo que no entiendo pero me da igual, me gustan; también hay fragmentos como estos, que me reconcilian con la vida, con mi instinto gótico y con mis fantasmas:

Me duermo junto a tu sombra,
el surco que dejaste
hace tres meses
al irte de ese modo.
Sin un beso,
sin revolcarme con un poco de odio,
sin una despedida,
digna de una muerta
y una esquela en nuestro diario.

Hay espacio para ajustar cuentas con amores pasados y presentes, incluso con aquellos que nunca existieron y que no por ello son menos ciertos (me apasionan esos juegos literarios muy a lo Schrödinger en los que se logra hacer convivir algo y su contrario al mismo tiempo, me hace muy feliz convivir con las contradicciones, en general, y verlo plasmado sobre el papel es tranquilizador, supongo). Familia elegida y genética, o casi, viajan entre líneas. Me ha encantado.

El recuerdo tiene su propio idioma, su propia
textura, su propia melodía secreta, su propia
arqueología y sus propias limitaciones: también
puede lastimarse, robarse y avergonzarse.
Elie Wiesel

Cariátide jurásica,
musa vertebrada,
sientes deseo primario,
antropomórfico. 
Los ojos me lloran
escombros.
Arqueóloga febril
los clasifico:
limpio el esqueleto
triturado
de tu promesa. 
Costumario antiguo,
cuneiforme en la memoria,
ferocidad encubierta,
paleografía ósea. 
El nicho lleno de sábanas
de matrimonio.
Mi mausoleo de penalidades. 
Compartimos polvo,
ceniza,
putrefacción. 
Un amor
rancio.

domingo, 6 de enero de 2019

"Hermano de hielo" - Alicia Kopf


Alicia Kopf es el nombre artístico de Imma Ávalos. Me desconcierta leer esta información en la primera solapa del libro: algo así como "Alicia Kopf es el nombre artístico de la autora" me habría resultado más intrigante e interesante, pero no, ni siquiera le hace falta una búsqueda rápida en Google al lector más curioso, ¿para qué un nombre artístico entonces? Sigo leyendo.

El hilo conductor de "Hermano de hielo" comienza siendo una fascinación poética y delicada por los lugares congelados del planeta. Una bonita excusa para introducir delicadamente algunas pinceladas referentes a la enfermedad mental de su hermano, con metáforas y paralelismos muy oportunos, sin exposición de la intimidad familiar ni retazos de traumas infantiles o carencias afectivas. Muy moderno, muy experimental, muy Alpha Decay, muy todo está inventado pero he aquí mi aportación a la causa literaria.

pág. 176 Las narraciones en tercera persona son vallas de seguridad. Los narradores omniscientes, pura arrogancia. Quizás pienso esto porque no soy escritora, sino sólo una exploradora de mis posibilidades textuales, que son limitadas.

(O cómo meter siglos de literatura en dos grandes sacos de inseguridad y arrogancia).

El hielo poco a poco se derrite y de pronto descubrimos que no era más que un decorado, un fondo para ambientar, la escenografía audiovisual de una obra de teatro donde una hija le arroja los trapos sucios a la cara de su madre cuando ha conseguido captar la atención de todo el público en un día de aforo completo. En fin, que esa promesa de literatura delicada con continuas referencias a las expediciones polares se convierte en un cajón donde volcar su frustración vital con tan mala leche y poco gusto que llega a incluir transcripciones de conversaciones de chat con su madre y de la cosa polar no se vuelve a saber nada.

pág. 189 ¿Me he metido en todos estos líos para escribirlos  después? ¿Me he creído una relación increíble para ver adónde me llevaba narrativamente? ¿Quizás la escritura me reclamaba y lo he volatilizado todo sin darme cuenta cuando he llegado al límite? Escribir es el veneno y la cura. O, como dice Lispector, escribir es una maldición que salva.

Resulta que "Hermano de hielo" es una biografía más o menos novelada, con reflexiones poéticas interesantes del tipo "secretamente, siempre he pensado que todas las piscinas del mundo se comunican" (pág. 84) y muchas páginas de la noche catalana profunda por donde pulula ella personalizando el estereotipo básico de estudiante de bellas artes con futuro detrás de una barra de bar, vigilando salas de museo o, si se da bien, creando cualquier cosa artística que sólo la clase alta podrá comprar. Que cree irradiar una energía femenina y espectacular que atrae a los hombres, cuando en realidad está siendo víctima de acoso sexual callejero; que le hace un flaco favor a la causa feminista, o en cualquier caso se hace un flaco favor a sí misma y, de paso, a quien la lea y se trague el discurso de femme fatal desorientada.

Apropiado para amenizar un viaje de fin de semana con vistas a montañas de cima nevada. En este enlace hay un capítulo de lectura libre que la editorial proporciona a través de su web. Personalmente, he leído hasta el final pero me ha quedado fría, si esa era la intención por la que incluir el hielo por todas partes, en mi caso lo ha conseguido.

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