martes, 28 de junio de 2016

El derecho a desaparecer



Puede que sea algo que no requiera de ningún tipo de explicación. Que sea así y ya está. Que haya gente que te siga durante un tiempo sin que aparentemente haya una razón para ello, que finalmente te dé alcance y te obligue a detenerte un momento en tu camino. Quizá sujetándote levemente por un brazo que se inundará de calor durante ese brevísimo instante.

Cuando menos te lo esperes, pondrá delante de tus pies unas piedrecitas, una, dos o tres o un montoncito. Quizá incluso sean pequeñas piedras muy bonitas y brillantes que te gustaría coleccionar. Las guardas y las colocas en algún lugar visible del recibidor. O das un pequeño salto para esquivarlas y poder seguir tu camino otra vez tranquilamente. Y para entonces esa persona ya habrá desaparecido, no percibirás ningún rastro de su olor ni verás la polvareda de sus pies que van huyendo.

Y entonces te preguntarás por qué se habrá tomado la molestia, el tremendo esfuerzo de darte alcance y llegar hasta ti si total en realidad no te ha hecho nada y todo esto le ha costado un gran desvío en su camino. Pero algo sí habrá cambiado y es que recordarás ese brevísimo instante de calor, ya siempre te preguntarás ese por qué y quién, quién demonios era realmente esa persona.

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