lunes, 14 de marzo de 2016

Las luces nómadas - Esteban Martínez Serra



CAMIONES
¿Qué leyes actúan en este raro mecanismo
de la memoria? ¿Cómo se explica que recuerde
aquel camioncito con las bombonas de butano (…)
y no recuerde, en cambio, un beso de consuelo
o el tacto reparador de las manos de mi padre?
¿A qué extraña razón responde esta impostura?
¿Será que en esto de recordar, o de olvidar,
la invención propone el sabotaje?
Hijos, cuando en unos años me inventéis de nuevo (…)
recordad que vuestro padre fue feliz, a veces (…)


MORADAS
Hay casas con gatos,
aunque nadie los haya visto
merodeando entre los muebles.
Y casas con pájaros
—hasta enormes bandadas—
sin que por ello el aire se inquiete
en los estrechos corredores.
Incluso, lo sé, hay casas con lobos
que aúllan niebla equinoccial
por el ojo de las cerraduras,
 y casas con anacondas dormidas
y casas con tigres camuflados, expectantes.
En la nuestra, allá en la montaña,
sólo iridiscentes insectos de angustia
levantándose, algunas noches,
de los ojos inconcebibles de mamá.


CEMENTERIOS
¿Por qué aquí los cementerios
están en un lugar apartado y secundario,
a la intemperie de unos pocos hombres?
Yo quiero ciudades orgullosas de sus muertos,
que los dejen hablar libremente de sus cosas
en las plazas, bajo la sombra de un castaño,
en jardines familiares donde corre el vino
y los comentarios ociosos, pared con pared
de un centro comercial o de un teatro,
compartiendo patio con la escuela…
Si no es así, estar muerto será un agravio
y habrá que recordar que, ante la ley,
todos los hombres, sea cual sea su condición,
somos iguales.

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