viernes, 22 de julio de 2011

"La vida en llamas" - Luís Alberto de Cuenca


TERROR QUE SALVA

El terror está ahí fuera, donde comienza el mundo
y termina la paz augusta de los libros,
en las espesas sombras de las que se compone
la realidad. Y sólo podemos superarlo
por medio del terror fantástico, ese género
literario que sirve de refugio seguro
frente a las inclemencias del exterior, la llave
que nos abre la puerta del consuelo, la única
barricada posible contra el miedo de ahí fuera.
Y ese terror ficticio no nos atemoriza
ni nos llena de angustia, sino que nos defiende
del otro, del real -de la vida-, y nos salva.


BRUJAS SUICIDAS EN UN BAR

Las brujas. Sus escobas alineadas
en el aparcamiento intergaláctico.
No dejan de beber estas mujeres
torvas, estas mujeres innombrables.
Van cayendo las copas, las botellas,
hasta que al fin las brujas se desploman,
muertas, en el parqué, sin que se inmuten
los cantantes de jazz, los camareros
ni los libros de cócteles que abruman
la barra del local. Las brujas mueren,
entre estertores viles y grotescos,
y nadie se detiene ante sus cuerpos,
aunque sea tan sólo a vomitar
sobre ellos, o a rezar una plegaria
por su eterno descanso. Llega el día
a la luna mediana del planeta
que eligieron las brujas para hacerse
el haraquiri etílico. Las luces
del día, sanguinarias como espadas.
Luces que ciegan a las criaturas
de la noche y trastornan sus espíritus.
En cuanto a las escobas, nadie sabe
para qué sirven, ni le importa a nadie
qué ha sido de sus dueñas.

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