miércoles, 15 de octubre de 2008

"La interminable historia de Nory" - Nicholson Baker

Es este un librito curioso que no se disfruta por la calidad de su prosa sino, más bien, por el mensaje que transmite en cada página. Una vez que te acostumbras a que casi todo el tiempo se encuentren faltas de ortografía y de redacción (como si lo hubiese escrito un niño) se hace de lo más ameno. Además, estas erratas hacen que parezca más real, que te creas mejor la historia.

Lo que a un niño se le puede pasar por la cabeza, es infinito. Y las deducciones filosóficas que Nory efectúa encierran en la mayoría de los casos mucha razón.

Es imposible no recordar el ambiente de tu propio colegio, las relaciones que se establecen entre los niños de la clase, el miedo por la noche, las excursiones con los padres, tu mejor amigo/a, la sensación que producía el que un profesor te otorgara una muy buena nota, o cuando mandaba callar a la clase...

Desde las primeras páginas se le coge cierto cariño a Nory. Es uno de esos libros a los que regresas a continuar la lectura con agrado cuando tienes un rato.

Como muestra, un fragmento.

"(...) Al que sumergieron no fue a Hércules. Nory aprendió el nombre correcto en otra clase de clásicos: Aquiles. La madre de Aquiles estaba disgustada porque Aquiles no era completamente inmortal, así que lo sumergió de cabeza en la laguna Estigia. La laguna Estigia llevaba de los Vivos a los Novivos, en otras palabras, a los Muertos. Lo sujetó apretando fuerte por la parte de atrás del pie, encima del talón. <>, se preguntaba Nory. <<¿No habría muchas posibilidades de que se escurriese del todo?>>

Se imaginaba a un bebé desnudo colgando de una pierna, terriblemente asustado, con la cara roja, encendida de gritar, dando patadas tremendas con la otra pierna. El agua fría le haría boquear desesperadamente al pobecito y se le metería directamente por la nariz, puesto que tendría los agujeros para arriba. El agua en los senos nasales puede doler de verdad. Si la diosa quería de verdad a su hijo, tendría que haberse metido ella en el agua y luego coger a la criatura por la cintura de la orilla, boca arriba, con una mano a cada lado, e ir metiéndolo y cuando las manos de ella le estuvieran cubriendo la piel, cuando ya casi flotase, podría soltar una mano durante un segundo, luego cogerlo, luego solta la otra mano, y luego cogerlo. También había que tener cuidado de mantener la cabeza para arriba. El tobillo no era, ni un sitio práctico ni seguro para sujetar a un niño recién nacido."

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